Sunday, November 20, 2016

LA VERDADERA HISTORIA DEL MAGNICIDIO DEL GENERAL ULISES HEUREAUX OCURRIDO EN LA VILLA HEROICA DE MOCA EL 26 DE JULIO DE 1899, Y SUS CONSECUENCIAS

NOTIHISTORIADOMINICANA


Presidente General Ulises Heureaux (Lilís)





“….este pueblo, uno de los de más acción que ha tenido el mundo, se ha malgastado siempre en la indecorosa tarea de destruirse a sí mismo.  Revoluciones tras revoluciones han ensangrentado el suelo de la patria, y ninguna ha sustentado un programa luminoso.  Todas vitorean un caudillo, casi siempre machetero, las más de las veces peor que sus antecesores.  Y se ha visto el caso que lo que proponía un caudillo era rechazado por el bando contrario como atentatorio a la soberanía nacional y al ser derribado ese caudillo, el bando contrario enarbolaba la bandera de aquel, que le había servido de pretexto para derrocarlo.
José Ramón López [1]

La desaparición de la dictadura del general dominicano Ulises Hilarión Heureaux Lebert (a) Lilís fue el resultado de la conspiración articulada por sus opositores políticos durante una reunión de los complotados  realizada en la hacienda de don Ramón Cáceres Vásquez (a) Mon,  ubicada en la comunidad de Estancia Nueva en la provincia de Moca, hoy Espaillat.
 Los implicados fueron los señores: Horacio Vásquez Lajara, Ramón Cáceres Vásquez (Mon), Casimiro Cordero, Doroteo Rodríguez, Domingo Pichardo, Pablo Arnaud H., Blas de la Maza, Manuel Cáceres, Evaristo Nivar, y José Brache –en ese momento era el Secretario de la Gobernación de Moca-, quienes eran la viva expresión de una juventud idealista decididos a actuar con firmeza y resolución, y, optimistas y desafiantes decidieron - en esa reunión vespertina realizada el 25 de julio de 1899- poner fin a la larga noche de opresión que arropaba al pueblo dominicano desde 1882.  Y un poco más tarde se unieron a ellos: los hermanos Ramón (Mon) y Jacobito De Lara, Vicente de la Maza, y otros jóvenes mocanos.
La muerte violenta del general Ulises Heureaux Lebert (a) Lilís ocurrió en la villa heroica de Moca en 26 de julio de 1899.  Sin embargo, se conoce muy poco sobre cómo fue ultimado el Pacificador de la República.  Veamos los detalles: Mucho antes del famoso magnicidio, se sabe el Dictador fue advertido por la curandera y vidente “Comai” Dominga Mañón, quien personalmente le advirtió que se cuidara durante su viaje y estadía en la región del Cibao, alegando que ella había tenido un sueño en el cual aparecía un hombre disparándole a Lilís por la espalda.  Sin darle la mayor importancia a la advertencia de la vidente, el general Lilís hizo su viaje por la vía marítima a bordo del barco "El Presidente" –uno de sus tres vapores de guerra- el cual lo transportó con todos los oficiales integrantes de su estado mayor desde Santo Domingo hasta la bahía de Samaná, desembarcando Lilís en el puerto de Sánchez.  Cuando el presidente Heureaux arribó al muelle de esta laboriosa población despidió a casi todos los miembros de su comitiva civil y militar, incluyendo a su Estado Mayor bajo el mando del general Jorge Núñez así como a los militares integrantes de su escolta presidencial.
Desde el muelle de Sánchez, el Presidente Lilís utilizó los servicios del ferrocarril para viajar por tierra hasta la ciudad de La Vega pasando por las estaciones del tren ubicadas en las poblaciones de Arenoso, Villa Riva, Hostos, Castillo, Pimentel, y San Francisco de Macorís, y una vez en su destino, desde La Vega, viajaría a lomo de caballo hasta Moca, y desde esa a la ciudad vecina de Santiago de los 30 Caballeros, en donde pensaba utilizar el Ferrocarril Central Dominicano o ferrocarril Santiago-Puerto Plata[2] para viajar a esta última urbe portuaria de la costa norte dominicana, desde donde -según su plan- retornaría a Santo Domingo en el barco le esperaba en el muelle de aquella ciudad costera.
Los militares que le acompañaron en este último viaje fueron solamente dos oficiales de su escolta seleccionados por su destreza con las armas y por su probado valor: el leal Guarín González y el bizarro capitán de caballería  Demetrio Rodríguez.   La historia oral le atribuye a Lilís haber dicho al iniciar la marcha: “Vamos solos y el que tenga miedo que compre un perro prieto”.
Otra advertencia hecha a Lilís antes del magnicidio provino del general Zoilo García Arismendy, el rico y leal gobernador de la provincia de La Vega, quien le expresa personalmente al Presidente  que tenía informes sobre la existencia en la ciudad de Moca, la cual visitaría, de una trama conspirativa en su contra con el fin de quitarle la vida, no obstante, el general Ulises Heureaux, valiente e impetuoso, salió de La Vega en 25 de julio rumbo al pueblo de Moca, llegando casi solo, ese mismo día, a esta urbe de apenas dos mil almas, desoyendo las recomendaciones de sus colaboradores y esbirros, quienes le exhortaron no visitar la citada población debido a la existencia de un plan para atentar en contra de su integridad física.
Desde que El Manco Lilís tocó la población de Moca despidió a los hombres armados aportados por el general don Zoilo García para darle protección, unos 20,  a quienes gratificó con viáticos  y obsequios monetarios, e incluso, se conoce que durante la noche de ese día asistió a un baile en su honor en dicha ciudad cibaeña, estando presente lo más granado de la sociedad mocana.  Después de permanecer allí hasta el día siguiente, realiza ciertas y necesarias visitas de cortesía, y sostiene reuniones con la elite política de aquella ciudad.
Concluida su visita, el general Heureaux se despidió de sus amigos y partidarios, especialmente de su compadre don Jacobo De Lara y de don Carlos M. De Rojas, pero cuando toma rumbo al camino que conduce a Santiago pretexta ante sus dos escoltas un olvido para justificar su retorno al almacén comercial de su amigo y compadre don Jacobo De Lara, alegando haber dejado inconcluso un negocio de muebles, pidiéndole a sus acompañantes Demetrio Rodríguez y Guarín González que le esperasen en la salida a Santiago, y después de regresar al comercio de don Jacobo, mientras ojeaba con la ayuda de sus dos manos un catálogo de muebles, muy concentrado en su observación, y hallándose en compañía de sus amigos: los señores: Jacobo De Lara, Carlos M. Rojas, y Lucas Guzmán, a eso de las 4:00 P. M., uno de los conspiradores envió a un limosnero para distraerlo al solicitarle su socorro, lo cual obligaría a Lilís a moverse saliendo al balcón del negocio, y meterse la mano buena en la faltriquera para sacar dinero que donaría al mendigo, momento oportuno para que Jacobito de Lara, de 17 años y ahijado de Lilís, aprovechará la ocasión –oculto detrás de una puerta de dos hojas- disparándole a poca distancia e hiriéndole superficialmente en la nuca donde le produjo un raspón y la perforación de una oreja.
Jacobo De Lara hijo
Fue el primero en disparar a Lilís oculto tras una puerta y le  produjo un simple raspón
La sorpresa de este ataque artero inesperado fue hábilmente aprovechada por Ramón Cáceres (Mon), quien era un excelente tirador,  acercándose al Presidente herido, tomándole desprevenido y haciéndole un certero disparo a su mano izquierda el cual también le hirió en la cadera.
Ramón Cáceres (Mon)
  Esto lo hizo Mon Cáceres, según un testigo ocular “porque él sabía que Heureaux  sacaba el revólver con la mano izquierda, para ponérselo en la derecha, la manca, con la cual disparaba.[3]  De inmediato, mientras Heureaux vanamente trataba desenfundar su revólver con la mano herida, Mon Cáceres le hizo a seguidas cuatro balazos en el pecho, casi a quemarropa, dejándole tambaleante.
En aquella época se comentaba en Moca que Lilís reaccionó en su defensa, e hizo un disparo con el cual ultimó al limosnero Eugenio Ignacio (a) Pío de un balazo en la boca, y luego corrió agonizante por la calle hasta caer al pie de una mata de guásuma, momento que aprovecha Ramón de Lara  para disparar precipitadamente con su revólver un quinto balazo sobre el pecho de Lilís quien había caído boca arriba ya moribundo, terminando el otro Mon la difícil tarea iniciada por su hermano Jacobito.
 En total, el cuerpo de Lilís fue acertado por seis disparos aparte del que hizo Jacobito De Lara que sólo le produjo una simple herida superficial, con el cual fueron siete.  Esto lo confirma el médico que le practicó la necropsia al cuerpo del general Heureaux.  Según el Dr. Buenaventura Refugio Báez y Labastida (Capitán Báez) en carta a su madre, Tenía el Presidente cinco balazos en el pecho, uno sobre la cadera izquierda que le hirió el brazo izquierdo, y uno en la nuca, que es un simple raspón.[4]
Lo que se sabe de seguro es que la ofensiva contra Lilís la iniciaron los jóvenes conspiradores encabezados por Horacio Vásquez quien posiblemente contaba con el apoyo económico y político de la casa comercial Cosme Batlle, a la cual había servido como administrador del Almacén en la ciudad de La Vega,  y Jacobito De Lara y su hermano Ramón quienes fueron previamente estimulados por Juan Isidro Jimenes quien aprovechó una visita de Jacobito de Lara a Paris para condicionarlo contra Heureaux.
Sobre la versión que destaca el papel protagónico de Jacobo de Lara hijo en el ajusticiamiento del Dictador se conoce muy bien que  esta explicación ha sido confirmada incluso por una de las hijas de Lilís, quien ha sostenido que -por la información de primera mano que le ofreció don Jacobo de Lara- el primero en disparar fue su propio hijo Jacobito, por demás ahijado de Lilís, aunque luego los demás conspiradores que dispararon fueron Ramón Cáceres y Ramón De Lara, este ultimo dejó caer sobre su cuerpo convulsionante un disparo de gracia en el pecho.
El cadáver de Lilís fue levantado por el coronel Cunete Pérez, acompañado de Manuel M. Molina y Leopoldo Comprés.  Don Ezequiel Hernández, a la sazón Fiscal de Moca, halló en poder del Dictador muerto un rollo de billetes de RD $ 5.00 y $2.00 pesos de denominación los cuales usaba para regalar a los pedigüeños; un reloj de oro con leontina; unos espejuelos con montura y estuche de oro que no aumentaron ni la previsión ni la visión del Tirano; cuatro botones de oro para pechera que no ayudaron a detener los tiros que rompieron su pecho; dos anillos de oro con piedras preciosas que con el tiempo se hicieron feas; un revólver Smith-Wesson de 9 mm., que no le fue útil para repeler a sus agresores, y en fin, estos bienes les fueron entregados a don José de Jesús Álvarez para que a su vez los entregara a los herederos del poderoso difunto.  Su cuerpo, perforado por las balas e inerte, fue bañado y arreglado por el Dr. Morín y por el farmacéutico Manuel María Sanabia, y luego trasladado a Santiago por el general Pedro (Perico) Pepín.
Cadáver de Lilís
Existen varias versiones fantasiosas sobre la muerte de Heureaux.  Una de estas es autoría de Eugenio Deschamps quien describe la muerte de Heureaux de esta forma:
Un grupo de jóvenes de la ciudad de Moca elaboró el audaz proyecto de aprovechar la llegada allí del Presidente para quitarle la vida.”
“Al despedirse ya, con dirección a Santiago de los Caballeros, el 26 de julio de 1899, daba unas ordenes en una casa de comercio, cuando Jacobo de Lara, hijo, que estaba dentro, le disparo el primer tiro, mientras Ramón Cáceres, que le aguardaba fuera, dispárale en el pecho, al salir Heureaux, los seis de su revólver.”
Con estos siete balazos en la cabeza y en el pecho no caía aquel hombre aun; aunque sin fuerzas como es de presumir (muerto ya, decíame un testigo), caminaba maquiavélicamente, dando traspiés sobre su agresor, los ojos fijos y desmesuradamente abiertos, el revólver en la diestra, sin poder disparar, gritándole con voz honda, que ya no es voz humana “!asesino!...!asesino!”[5]

Por su parte Benjamín Sumner Welles afirma lo siguiente:
Mientras el presidente hablaba con un  funcionario en la puerta de la oficina provincial de la Administración de Hacienda, Cáceres avanzó sobre él. Le apuntó con su revólver, le disparó al cuerpo, y otros disparos, procedentes de su revólver y del de De Lara, fueron hechos en rápida sucesión. Dieron todos en el blanco.”
“Al sacar instintivamente su pistola con la mano derecha, Heureaux, respondió a los disparos. Pero aquella mano, mutilada años atrás en una lucha en Haití, fue lenta en la respuesta; la bala se desvió sin rumbo, y mató a un pordiosero que se estaba agachado en una calle cercana. Por último, un disparo del revólver de Cáceres, penetró por la boca de Heureaux y le atravesó la base del cráneo. El dictador cayó al suelo. En un instante su cuerpo fue acribillado a balazos, y Cáceres escapó con su compañero de la escolta armada de Heureaux, montó en su caballo y huyó del pueblo.”[6]

Tal como afirma el doctor García Lluberes en su artículo antes citado:
Pedro Troncoso Sánchez hace a su vez en la página 102 de su Ramón Cáceres, otro relato tan infiel como el de Sumner Welles.  Expresa Troncoso: «Descarga (Heureaux) todos sus tiros (sic) y dos de ellos matan a un conocido pordiosero, Eduardo Ignacio, a quien el lance sorprende sentado en una acera cercana.  El último disparo se lo descarga Mon casi a quemarropa y enseguida muestra la boca deshecha y sangrante. La bala le ha salido por la nuca.[7]

Joaquín Balaguer en su obra “Los Carpinteros” ofrece esta novelesca versión:
En la mañana del día siguiente al de su arribo, con las polainas puestas y calzadas las espuelas, Heureaux visitó el establecimiento de su amigo Don Jacobo de Lara, y se sentó, como exprofeso, en una silla que colocó de espalda a una de las puertas que daban acceso a la calle. En el curso de la conversación, la cual versó sobre cosas banales, alcanzó a oír, en el interior de la casa, la voz de Ramón Cáceres que intercambiaba algunas palabras con el hijo del dueño del establecimiento.  Expresó sorpresa sobre la presencia en el lugar de ambos jóvenes. Recibió como única respuesta una primera bala que le hirió mortalmente. Se puso en pie para hacer frente a otro de sus atacantes, pero las fuerzas le flaquearon y cayó de rodillas al tiempo que hacía esfuerzos para desenfundar el revólver con la mano izquierda y empuñarlo con la derecha que tenía casi inválida. El último tiro, el llamado de gracia, lo recibió en la frente, disparado por Ramón Cáceres.”[8]
Muerto el Tirano, el poder cayó en manos del Vicepresidente de la República, general Wenceslao Figuereo (a) Manolao, quien apenas contó con el apoyo de los ministros del gobierno y del presidente del Congreso don Isaías Franco.
Los miembros del Congreso, tras conocer sobre su muerte, decretaron nueve días de duelo, y don Isaías Franco, presidente del Congreso, en el discurso pronunciado ante el nuevo presidente de la República, general Wenceslao Figuereo (a) Manolao, le aseguró que tendría el apoyo del poder legislativo de la Nación, diciendo que la noticia sobre la muerte de Lilís: “había causado dolor intenso al congreso, que vio ausentarse para siempre tan trágicamente, al ciudadano cuyos esfuerzos lograron consolidaron la paz de la República.”
 Por su parte, los militares, con más sentido de unidad y de lealtad, desde la vieja fortaleza ubicada en la ribera occidental de la ría del Ozama pusieron en actividad las baterías y disparaban un cañonazo cada 15 minutos.
El jueves 27 de julio el Listín Diario titula: “Sensacional.  Muerte del General Heureaux.  La Insólita Noticia.  Detalles Oficiosos. Expectación”.  El entierro se hizo en la Catedral de Santiago el día 28 de julio en medio de un temporal violento.
Ni los dineros de los empréstitos, ni sus espías, y mucho menos el poder militar con que contaba, pudieron impedir su muerte.  Con este famoso magnicidio comenzó a reivindicarse la libertad conculcada.  Debido a la muerte violenta de Heureaux no se concluyó un nuevo acuerdo de empréstito que el dictador se hallaba negociando con el prestamista inglés F. H. Morris, lo cual revela el grado de insolvencia económica del gobierno en el año de 1899.
Por lo tanto, en la República Dominicana la historia del siglo XX quedo iniciada, desde una perspectiva real, con la decapitación violenta de la tiranía del presidente general Ulises Heureaux.
 Pero, a pesar de las medidas de contrainsurgencia implementadas por el presidente Wenceslao Figuereo con el respaldo de sus leales tropas azuanas y sanjuaneras, y de la terrible represión desatada sobre los victimarios del Dictador, muy pronto don Horacio Vásquez Lajara y Ramón Cáceres iniciaron una rebelión armada en la comunidad de San Francisco de Macorís, en la región del Cibao, en donde ambos habían buscado refugio en la hacienda de don Tomás Ureña en la comunidad rural de El Pozo, cuando eran perseguidos por los militares al servicio del gobierno descabezado.




REFERENCIAS:
[1] José Ramón López en La política del momento, Escritos Dispersos, II, Santo Domingo, 2005.
[2] Dicho ferrocarril fue construido durante una de sus administraciones gubernamentales, e inaugurado por él en fecha 16 de agosto de 1897 (Nota de Francisco Berroa).
[3] La información la ofreció Cipriano Bencosme al doctor Alcides García Lluberes, quien lo atestigua en su artículo titulado “El día histórico 26 de julio de 1899”, en : Constancio Cassá (compilador) El Dr. Alcides García Lluberes  y sus artículos publicados en el periódico Patria de 1965. Archivo General de la Nación. Volumen CXCIX.  Santo Domingo, 2013, P. 65.
[4] Ídem. P.64.
[5] Cassá, Roberto et al.  Eugenio Deschamps, Antología, Archivo General de la Nación, Santo Domingo, 2012, P. 547-8.
[6] Benjamín Sumner-Welles.   La Viña de Naboth. La Republica Dominicana, 1844.1924, Sociedad Dominicana de Bibliofilos, Santo Domingo, 2006. Tomo II, P. 44.
[7] Constancio Cassá (compilador) El Dr. Alcides García Lluberes  y sus artículos publicados en el periódico Patria de 1965. Archivo General de la Nación. Volumen CXCIX.  Santo Domingo, 2013, P. 64.
[8] Balaguer, Joaquín.  Los Carpinteros. Editora Corripio, Santo Domingo, 1988.  6ta. Ed., P. 245.

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