Saturday, August 10, 2019

La muerte de Eugenio María de Hostos en Santo Domingo

NOTIHISTORIADOMINICANA

Por:
Francisco M. Berroa Ubiera
Historiador

El educador puertorriqueño don Eugenio María de Hostos murió en Santo Domingo el 11 de agosto de 1903 viviendo en la más absoluta pobreza.  Ni siquiera tenía una casa propia dónde vivir, razón por la cual salió a caminar por la ciudad muy temprano para buscar una casa de alquiler el día 24 de abril de 1903.
            En esa búsqueda recorrió algunas calles de la ciudad de Santo Domingo, y ese mismo día escribió en su Diario estas líneas:
«Ayer, yendo en busca de casa de alquiler, recorrí algunas calles de la ciudad. Me dejaron la impresión de lugares desolados: poca gente transitando; muchas de ellas con armas en las manos, y algunas miradas torvas.»
«Que eso suceda entre gentes sin cultura, armada para satisfacer hambres y pasiones, nada extraño; pero que yo mismo, poco después, conversando con un casi extraño, pudiera mostrarme tan apasionado, aunque era pasión de bien descargándose igualmente sobre todos, eso sí que es extraño.»[1]
            El maestro reflexiona y escribe:
«Pero vistas de cerca las causas de las miradas torvas de los incultos y la causa del sañudo apasionamiento de los apasionados del bien, tan naturales son las unas como las otras causas. Es que en un tal medio social, actúa con tal fuerza la sensibilidad orgánica, u obsta a la sensibilidad psíquica una tal fuerza de presión social, que los unos, la inmensa mayoría, exhalan neurosidad y los otros, los poquísimos, tienen que redoblar con esfuerzos nerviosos la fuerza de razón y de conciencia que se gasta y se desgasta contra la pasividad que tienen para el bien las multitudes obsesionadas por la tradición de odios y sangre». [2]
«Yo mismo, que no he hecho en este pobre país otros esfuerzos que los indispensables para vencer la apatía de las gentes e inducirlas a combatir contra la ignorancia, yo mismo me siento rodeado de animosidades. A poco de regresar descontento de la calle, una de las madres de antiguos normalistas me mando a decir que me fuera cuanto antes para Cuba. El porqué de aquella urgente recomendación era que había oído decir a individuos cualesquiera que pasaban por delante de la Escuela Normal, en donde he tenido que acogerme [a vivir con su familia]: “Deberían obligarlo a salir de ahí.»[3]
            Otro día el maestro se quejaba de la indolencia de los gobiernos para pagarle sueldos atrasados, diciendo:
«Esa causa de natural y aun urgente resolución para un padre de familia es la negligencia que todas las administraciones muestran en pagarme: la de Jimenes quedo debiéndome tres o cuatro mensualidades; la de Vásquez, dos o tres, después de haberme rebajado en un treinta y tantos por ciento un sueldo que era de ley. Esta [Woss y Gil] comienza por rebajarme en treinta por ciento el ya rebajado sueldo, y por no pagarme ni un solo día de los ya pasados desde el donoso decreto en que se somete a ración o pago diario el sueldo de los civiles, como el de los militares.»[4]
            De Hostos se refiere luego a las promesas que personalmente le hizo el presidente Alejandro Woss y Gil para resolver el problema de su salario, y al intercambio epistolar que sostuvieron, en donde el maestro llegó a decirle al presidente que: «Aquí hay gentes que opondrán cualquier cosa, y de cualquier modo a mis deseos de reforma.»
            Y luego dijo: «En resumidas cuentas, nunca se llega a cuentas con estos políticos. El presidente de hoy hará lo que el de ayer y lo que el de antes de ayer[5]
            El 16 de mayo de 1903 Hostos visita al Ministro Enrique Henríquez para que se hiciera cargo de sus créditos en contra del estado a cambio de una suma que le alcanzara para viajar a Cuba.  Este le dijo con palabras y números que era imposible.
            Más adelante Hostos diría: «Yerba es lo que necesitan nuestros pueblos», refiriéndose a los de nuestro origen en América.
            Y luego agrega:
«No yerba en forma de colonización y de educación”, como allí dije: lo que necesitan nuestros  pueblos, además de colonización para darles ejemplo de trabajo y orden, y además de educación, para iluminarles la conciencia, es don de gentes para esclarecer el que ellos tienen, y ciencia de buen gobierno para poner a producir riqueza moral en esta almas sociales, que, al fin y al cabo, son como estos suelos nacionales: todo riqueza en bruto.»
            El 1ro de junio llega el día de las elecciones y don Eugenio escribe:
«El sábado por la noche fue primer día de la diversión electoral. Comenzaron los comités electorales a funcionar, y entre cohetes, comparsas, música para el acompañamiento y discursazos se dio principio a la repetición de la comedia que se ha estado representando en el país desde que él es él.»
            Otro día se quejaba del dolor que sentía en las piernas y en la ingle o dolor inguinal, posiblemente ocasionado por la gran distancia que tenía que caminar diariamente, algunas veces bajo copiosa lluvia y transitando por caminos polvorientos o enlodados. Desde donde vivía en una estancia en las proximidades de Güibia el maestro Hostos debía caminar cada día cuatro veces el mismo trayecto: dos en la mañana y dos en la tarde, para ir y regresar de la casa a la escuela.
            En el trayecto se alegraba viendo volar las mariposas multicolores y respirando aire puro de la campiña o los olores salitres que del mar le llegaban.
            De esa manera la vida se le iba poco a poco trabajando y amando este pueblo dominicano.  Los sacrificios que hacía no le importaban, y escribía en su intimidad: Dice haberle comunicado a un hijo de Enrique Henríquez que persistía en su idea de abandonar el país porque:
«1. En que es inútil mi permanencia en un país a donde sólo me trajo la esperanza de hacerle el bien que yo compendio en la idea de la colonización y la educación; 2. A la guerra abierta o solapada que me han hecho algunos de los llamados notables del país; 3. En el sitio por hambre a que me han reducido[6]
            Aquí lo tenemos enterrado y olvidado en sus ideas. Sabemos que se quiso marchar pero sus precarias condiciones económicas lo impidieron.
            Poco antes de morir entre nosotros hizo este soliloquio:
«…Al fin y al cabo, dice razón la voz que de continuo razona en mi conciencia la necesidad de alejarme de un país en donde ya no se sirve para el bien.»
«La creciente convicción de la imposibilidad de hacer ninguno de los bienes que yo quería para este pobre querido país, me patentiza la necesidad de arrancarme de él; pero lo quiero tanto, y me he arraigado tanto en él la costumbre de vivir en su oscuridad, que me va a costar trabajo arrancarme de él. Por eso, y porque conviene que mi pobre familia salga de este medio, aunque sin mí, hasta a proyectar he llegado el modo de quedarme a trabajar aquí para que ella pueda vivir en otra parte[7]
            El 6 de agosto de 1903 escribió en su diario por última vez. Falleció pocos días después en Santo Domingo, hastiado y cansado, el 11 de agosto de 1903.
            Don Pedro Henríquez Ureña definiría su estadía en la República con estas palabras:
« Volvió a Santo Domingo en 1900, a reanimar su obra. Lo conocí entonces: tenía un aire hondamente triste, definitivamente triste. Trabajaba sin descanso, según su costumbre. Sobrevinieron trastornos políticos, tomó el país aspecto caótico, y Hostos murió de enfermedad brevísima, al parecer ligera. Murió de asfixia moral.»[8]
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[1] Eugenio María de Hostos. Obras completas: Ed. conmemorativa del gobierno de Puerto Rico, 1839-1939.Editor             Cultural, s. a., La Habana, 1939. Vol. II. Diario. P. 394.

[2] Eugenio María de Hostos. Obras completas: Ed. conmemorativa del gobierno de Puerto Rico, 1839-1939.Editor              Cultural, s. a., La Habana, 1939. Vol. II. Diario. PP. 394-395.
[3] Ibídem, P. 395.
[4] Ibídem.
[5] Ibídem.
[6] Ibídem. P. 400
[7] Ibídem. P. 402.
[8] Eugenio María de Hostos. Antología. Prologo por Pedro Henríquez Ureña, selección, arreglo y apéndice por Eugenio Carlos de Hostos. Imprenta, Litografía y Encuadernación J u a n  B r a v o, 3 Madrid, 12 de octubre de 1952. P. 18

Monday, July 15, 2019

La Muerte de Juan Pablo Duarte Diez y su fotografía



NOTIHISTORIADOMINICANA
Por: Francisco Berroa Ubiera
Historiador



Nuestro dilecto amigo, el historiador y profesor Filiberto Cruz Sánchez escribió estas líneas en su portal de Facebook en fecha 15 de julio del 2019:
DUARTE MURIÓ EL 16 DE JULIO. Algunos medios impresos y ciertos periodistas dominicanos, repiten cada año, sin indagar nada, que el general Juan Pablo Duarte, nuestro único Padre de la Patria, murió en Caracas, Venezuela, el 15 de julio de 1876, repitiendo de ese modo un desliz de su devota hermana Rosa Duarte que, al igual que mucha gente de su tiempo, pensaba que los días iniciaban con la "salida" del Sol. Hoy sabemos que los días empiezan a las 12:01 A. M. y que el ilustre General murió EN LA MADRUGADA del 16 de julio de 1876.”[1]
            Sobre la muerte de Juan Pablo Duarte se sabe que se produce después de varios días de agonía hallándose el patricio instalado en una casa propiedad de su tío Mariano Díez, ubicada en la Parroquia de Santa Rosalía, entre las esquinas de Pájaro y Zamuro, No. 54. en compañía de sus hermanas más queridas: Rosa y Francisca, y que su deceso se registra en la madrugada del 15 de julio de 1876 siendo las 3:00 de la mañana.  Rosa Duarte hizo constar la hora y el día en su diario.  Pero ella no fue la única en dejar constancia de su fallecimiento.
            Su Acta Civil de Defunción de fecha 15 de julio de 1876 es como sigue:
Registro Principal, Caracas. Parroquia de Santa Rosalía. Defunciones 1876, Acta N° 106, Folio 28.
Miguel Piña, primera autoridad civil del municipio de Santa Rosalía hago constar: que hoy quince de julio de mil ochocientos setenta y seis se ha presentado ante mi Vegas Fernández y Compañía, industriales y vecinos de la Catedral, manifestando que ha fallecido el GENERAL JUAN PABLO DUARTE, hoy a las tres de la madrugada entre las esquinas de Zamuro y El Pájaro; de las noticias que he podido adquirir aparece que el finado tenía sesenta años de edad, soltero, industrial y natural de la República de Santo Domingo e hijo legítimo de Juan José Duarte y Manuela Díez, difuntos.- El Jefe Civil M. Piña- E. Secto. Andrés Socarrás”[2]

            Además, El Diario de Avisos de Caracas, en su edición vespertina, de fecha 15 de julio de 1876, publicó la siguiente noticia:
Ha fallecido el Jeneral (Sic.) JUAN PABLO DUARTE, Caudillo de la Independencia Dominicana; y sus deudos y amigos que suscriben esperan de usted los acompañe a la inhumación del cadáver mañana a las 9 a.m. en la P. de Santa Rosalía. Caracas, julio 15 de 1876. Manuel Duarte, Enrique Duarte, José Ayala, Pdo. Francisco Tejera, Dr. Federico Tejera, A. S. de Vizcarrondo, Francisco Tejera, Marcos Guzmán, Felipe Tejera, Miguel Tejera, Andrés Tejera. Entre el Zamuro y el Pájaro.”[3]
Otra necrología escrita por don Félix María Delmonte fue publicada en el periódico El Observador número 5, Santo Domingo, sábado 29 de julio de 1876, cuyo texto reproduzco a continuación:
“JUAN PABLO DUARTE (NECROLOGIA)”
“El vapor venezolano Caracas nos trajo la infausta noticia del fallecimiento de ilustre compatriota el general D. Juan Pablo Duarte y Diez, acaecido en la cuidad de Caracas.”
“Dedicado desde sus más tiernos años al estudio y la meditación, aquel joven alma libre y entusiasta no pudo resignarse a vivir tranquilo al ruido de las cadenas de la patria. La idea de libertarla del yugo de Haití llegó a ser su único pensamiento; y a él lo sacrificó todo.”
“Infatigable en su propósito inició un número de amigos que ejercieron con su difícil apostolado: de levantar el ánimo de un pueblo subyugado y empobrecido durante veintidós años, y custodiado por las hordas feroces que la tradición de crímenes horrendos hacían más y más temibles.”
“Brilló por fin la aurora del 27 de Febrero de 1844, cuyo éxito colmó la noble aspiración de aquel patriota desinteresado, que no soñó jamás con otra gloria que con la de lavar la mancha de la ocupación y afrenta de su país.”
“Sin embargo: una parte de éste quiso por gratitud elegirle como su primer magistrado. El hombre de la idea redentora, era muy capaz de haber dado dirección a la cosa pública. El llevaba en su mente aquella creación política, encarnación feliz de sus largos ensueños, y sólo el por aquel entonces hubiera podido imprimir a la Revolución de Febrero el sello de su magnífica concepción, e impedido sus primeros desvíos y sus posteriores claudicaciones. El solo conato de aquella elección le valió un decreto de muerte conmutado en el de su destierro y de su familia: destierro que para ésta lleva la larga fecha de treinta años; y para él. . . la de toda la vida, exornado con la miseria, el desdén, la calumnia y la muerte en la tierra hospitalaria!!!”
Como el general Duarte brilló semejante a un meteoro, desapareció enseguida, puede decirse que era para esta generación un personaje casi extraño. Más aun: un ser a quien los odios políticos y la hiel de la persecución que todo lo envenenan, se propusieron hacer aparecer cubierto con el ridículo, para cercenar su gloria y empequeñecer la obra gigantesca de haber realizado sin recursos en 1844 lo que en 1824 fue de todo punto imposible a una generación en opulencia y que rebasaba en elementos de toda especie.
“Así pues, la juventud actual no ha podido tener puntos de contacto con el hombre de abnegación y sacrificio a quien la patria debe su existencia política y el puesto que ocupa entre los pueblos libres de América; porque no tuvo la ocasión de apreciar por sí misma la extensión de su talento y sus relevantes cualidades; y porque sólo ha podido aprender a juzgarle a favor de los relatos de enconados enemigos y de émulos envidiosos, empeñados en presentarle como un hombre sin mérito alguno, como una verdadera momia.”
“Pero a despecho de unos y otros, el general Duarte crecerá con los tiempos, mejor dicho, se elevará a sus verdaderas proporciones de héroe tallado a la antigua; y la posteridad, más justa siempre con los grandes hombres (porque no le importuna su presencia) concederá a su memoria el tributo de admiración y respeto que con tanto tesón le negaron sus contemporáneos.”
“Las grandes iniciaciones son siempre dolorosas; porque por una ley fatal entrañan el sacrificio del iniciador. Eso aconteció a nuestro ilustre conciudadano, para quien pedimos al Dios de justicia el eterno reposo de su alma pura y desinteresada.”
Año 1876”
            El doctor Federico Tejera certificó que Duarte murió de Tisis, en Caracas el 16 de julio de 1876.
Don Manuel de Jesús Galván a la sazón Ministro de Relaciones Exteriores escribió en la Gaceta Oficial del año 1876 lo siguiente: “...la historia al formar juicio sobre los actos de tan insigne patriota, no encontrará en toda su existencia, bien que fecunda y trascendental como pocas, ni una gota de sangre, ni una mancha de lodo.  Su memoria tiene derecho absoluto a las lagrimas y a la veneración de todos los dominicanos.”
Su entierro se produjo al día siguiente de su muerte, en 16 de julio de 1876 exactamente a los 38 años de fundar la organización política que liberó la nación de la dominación haitiana.
Sus restos mortales fueron enterrados en el Cementerio General del Sur, conocido para entonces como Tierra de Jugo.
Este camposanto había sido inaugurado por el Presidente Guzmán Blanco, seis días antes de su muerte. En la Oficina de Registros de dicho cementerio se halla su Acta de Inhumación registrada en el Libro de Actas 1, Folio 2 Vto., N° 23, del año 1876. (Frías Gálvez 1976: 17). Textualmente, dice así:
Julio 16. En esta fecha fue presentada a esta Oficina una papeleta de inhumación autorizada por el Señor J. B. Ochoa, actuario de la Jefatura Civil del Municipio de Santa Rosalía, por la cual consta que ayer á las tres de la madrugada falleció el adulto Juan Pablo Duarte entre las esquinas del Zamuro y el Pájaro, y que según certificación del Doctor Federico Tejera murió de tisis pulmonar. Firman: El Administrador. S. Quintero. El Adjunto. Manuel Yrazabal.”[4]
A los pocos días de su sepelio apareció una necrología de Juan Pablo Duarte escrita por el distinguido prócer puertorriqueño don Andrés Salvador de Vizcarrondo y Ortiz de Zárate el 17 de julio, luego publicada en el Diario de Avisos de Caracas el 24 de julio de 1876, sublimizando y elevando a su amigo antillano.

Tras su entierro, se ha dicho que:
“Rosa y Francisca atendían con amoroso cuidado la tumba de su hermano, al que consideraban un santo, y juzgaban sus restos "como una reliquia santa que las protegía, inspirándoles valor y resignación para llevar con dignidad y heroísmo su penuria y su martirio”': Así permanecieron las cosas hasta que a los ocho años de su muerte, en el 1883, el Gobierno Dominicano dispuso el traslado de sus restos a la Patria. Las Duarte se sintieron felices, y vieron en eso, una intervención de la Providencia que hizo a los "magistrados dominicanos abrir el libro de los inmortales para escribir en sus páginas la gloriosa apoteosis de uno de sus más preclaros hijos”.[5]
Cuando los comisionados del gobierno dominicano presidido por el general Ulises Heureaux fueron a Venezuela con el fin de repatriar los restos del general Juan Pablo Duarte, señores: Álvaro Logroño y José Francisco Pellerano, ellos encaminaron sus pasos a la residencia del general independentista puertorriqueño don Andrés Salvador Vizcarrondo quien vivía en Caracas en condición de exiliado político, como Duarte, y ambos se habían convertido en amigos entrañables.
El general independentista puertorriqueño Don Andrés Salvador de Vizcarrondo fue el líder militar de la primera conspiración independentista puertorriqueña, la del Regimiento de Granada acaecida en San Juan de Puerto Rico de 1838, y quien luego formó parte de la Revolución de Lares del 23 de septiembre de 1868 para liberar a Puerto Rico del colonialismo español.
Una vez le fue informada la misión de los comisionados, tras el papeleo burocrático necesario para la inhumación, el general Vizcarrondo, con su barba blanca y caminando con pasos lentos pero firmes, los guió y acompañó hasta el cementerio de Tierra de Juego, en el paraje Del Valle de Caracas en donde los restos de Duarte habían sido inhumados, correspondiéndole también contemplar su  exhumación, en 1884, de su inolvidable amigo y compañero de armas en la empresa de la independencia de las Antillas.
Y una vez fueron “Extraídos los restos del cementerio de Tierra de Jugo, se colocaron en una urna, y en la iglesia de Santa Rosalía, se celebró un servicio fúnebre en memoria de Duarte. La comisión dominicana presidió el duelo y al acto religioso asistieron diversas autoridades venezolanas.”[6]
Sus restos sacrosantos retornaron en una urna cineraria traídos de La Guaira en la goleta Leonor el 25 de febrero de 1884 por una comisión compuesta por los señores José Francisco Pellerano y Álvaro Logroño.  Al llegar los restos a Santo Domingo, el Ayuntamiento en pleno se trasladó al muelle del Ozama, donde los recibió de manos de la comisión que los trajo de Caracas.”
Antes de morir el patricio expresó: "Dios ha de concederme bastante fortaleza para no descender a la tumba sin dejar a mi patria, libre, independiente y triunfante".[7]  Corresponde a las nuevas generaciones responder a estas expectativas del padre de la nación dominicana.
Se conoce bien que una vez los restos del Patricio fueron sepultados en la Capilla de Inmortales en la Catedral Primada de América. Allí se celebró una Apoteosis donde se le rindieron grandes honras y honores.[8]
La imagen de Duarte en blanco y negro.


Dos años antes de su partida definitiva (en 1874) el fotógrafo venezolano Próspero Reyes captó con su cámara un rostro desgastado por los años y la tisis.  Posiblemente esta es la única fotografía del patricio.  Se observa un Duarte, en blanco y negro, de rostro enjuto; luce triste, melancólico, demacrado, y apagado; sus orejas son grandes como sus vuelos; su bigote espeso y abundante; como muestra de orgullo y de amor propio cubrió su calvicie con su propio pelo; era su cuello delgado y corto, sus hombros caídos, ojos profundos, perdidos, con párpados desplomados, con su frente amplia, mostrando sus huesos frontales, sin manchas y sin odios, era un hombre limpio aunque casi cadavérico.
            De Juan Pablo Duarte no se conocen otras fotografías aunque existe una amplísima iconografía duartiana, destacándose entre ellas la pintura de un Duarte joven hecha de memoria por Alejandro Bonilla, aprobada por su ex-novia, la señorita María Antonia Bobadilla (otra novia de Duarte fue Prudencia Lluveres, hermana del general Félix Mariano Lluveres.
            Además son bien conocidas las pinturas hechas por Luís Sanz (1890), Abelardo Rodríguez Urdaneta (1926), y Radhamés Mejía (1975)


Bibliografía mínima y referencias:
Ayala Lafée, Cecilia, Werner Wilbert, Ariany Calles.  Juan Pablo Duarte en la Venezuela del siglo XIX : historia y leyenda [texto] / – 1a. ed. – Santo Domingo : Banco Central de la República Dominicana, 2014.

Cruz Sánchez, Filiberto. DUARTE MURIÓ EL 16 DE JULIO.  Recuperado de https://www.facebook.com/filiberto.cruzsanchez?epa=SEARCH_BOX.

Patín Veloz, Enrique.  La muerte de Duarte.  Revista Proyecciones 19. Junta Central Electoral. Junio, 1970.

Pedro L. Bergés Vidal  Cronología de Duarte.  Tena Reyes, Jorge.  Duarte en la historiografía dominicana. Recopilación y notas bio-bibliográficas: Jorge Tena Reyes.  Índices Bibliográfico, Onomástico y de Materia: José Alcántara Almánzar.  SEEBAC.  Taller. 1976.

Tena Reyes, Jorge.  Duarte en la historiografía dominicana. Recopilación y notas bio-bibliográficas: Jorge Tena Reyes.  Índices Bibliográfico, Onomástico y de Materia: José Alcántara Almánzar.  SEEBAC.  Taller. 1976.




[2] Ayala Lafée, Cecilia, Werner Wilbert, Ariany Calles.  Juan Pablo Duarte en la Venezuela del siglo XIX : historia y leyenda [texto] / – 1a. ed. – Santo Domingo : Banco Central de la República Dominicana, 2014. P. 112.

[3] Ayala. Ibíd.
[4] Ayala. Ibíd. P. 113
[5] Patín Veloz, Enrique.  La muerte de Duarte.  Revista Proyecciones 19. Junta Central Electoral. Junio, 1970.
[6] Patin Veloz, Enrique, Ibídem.
[7] En: Espaillat, Ulises Francisco: opus cit., pp. 403-404.
[8] Ayala. Ibíd.

Monday, May 20, 2019

Breve historia de reelección y del continuismo presidencial en la República Dominicana.

NOTIHISTORIADOMINICANA

Por. FRANCISCO BERROA UBIERA
Historiador

           
General Pedro Santana
    

El primer presidente impuesto por la oligarquía fue el general Pedro Santana a quien se le dio el poder por ocho años (1844-1852), pero él renunció en 1848.

                Santana derrocó en 1849 a Manuel Jimenes, asumiendo el poder, para luego abandonarlo, dejando a Buenaventura Báez (1849-1853) en la llamada Silla de Alfileres.
General Manuel Jimenes
G
                El general Santana volvió a ser elegido en 1853 para gobernar cuatro años, pero renuncia a su mandato en 1855; le sucede el general banilejo Manuel de la Regla Mota, sustituido por Báez que fue impuesto por los españoles en 1856, sin elecciones, y se mantuvo hasta 1858.
General De La Regla Mota

                La Revolución de Santiago del 7 de julio de 1857 lo desaloja del poder, pero el país tenía dos gobiernos en 1857: Báez en el sur y José Desiderio Valverde, en el norte.
General José Desiderio Valverde

                Valverde trae a Santana del exilio, quien lo derroca tras la fuga de Báez hacia Puerto Rico, en 1858, gobernando como presidente dominicano hasta la anexión en marzo de 1861; luego fue gobernador español hasta su renuncia a principios de 1862.
                Finalizada la Guerra Restauradora (1863-1865) Buenaventura Báez logra su reinserción en el escenario político del país y alcanza la presidencia en tres ocasiones: 1865-1866; 1868-1874; 1876-1878, falleciendo en Hormigueros, Puerto Rico, en 1884.  Fue cinco veces presidente.
General B. Báez

                José María Cabral gobernó dos veces: Agosto-noviembre de 1865; 1866-1868.
                El caudillo militar general Ignacio María González dirigió los destinos nacionales de 1874 a 1876; de noviembre a diciembre de 1876; de marzo a mayo de 1878; y de julio a septiembre de 1878.
General Ignacio María González

                Dos veces gobernó Cesáreo Guillermo Bastardo.  Primero de marzo a julio de 1978, y luego de febrero a diciembre de 1879.
General Cesáreo Guillermo

                A estos le sigue el general Ulises Heureaux (a) Lilís.  Fue aupado para la presidencia por su mentor y guía general Gregorio Luperón para gobernar de 1882 a 1884, como presidente democrático, pero se enamora con tanta fuerza de La Hicotea –jocoso nombre dado a la Presidencia de la República- que a partir de 1887 Lilís decidió convertirse en su Catuán o macho de la Hicotea, sobre la cual se encarama de 1887 a 1889.  Pero Lilís recurre a la reelección indefinida y de paso, con una reforma constitucional, extiende el mandato presidencial a cuatro años, que era solamente de dos años.  Logrando gobernar de 1889 a 1893.  Se reelige y gobierna de 1893 a 1897.  Se reelige y gobierna de nuevo de 1897 hasta el día de su magnicidio ocurrido en Moca el 26 de julio de 1899.
General Ulises Heureaux (Lilís)

                Dos veces gobernó el general Alejandro Woss y Gil.  Primero de 1885 a 1887, y luego marzo a noviembre de 1903 tras dirigir la rebelión que expulsó del poder a Horacio Vásquez.
General Alejandro Woss

                El general Horacio Vásquez también gobernó más de una vez: Primero lo hace de agosto a noviembre de 1899; luego fue Vicepresidente de Juan Isidro Jimenes (1899-1902) a quien termina derrocando, instalándose en la presidencia de abril de 1902 hasta abril de 1903.  Vuelve a ocupar la presidencia en 1924 para gobernar hasta 1928, pero organiza una trastada constitucional denominada “reforma” para prolongar su mandato hasta 1930.  Logró su cometido pero desató al perro de presa llamado Rafael Trujillo, su jefe militar, que lo derrocó y se alzó con el poder.
General Horacio Vásquez

                La llamada Era de Trujillo inicia en 1930 y finaliza en 1961 con la muerte del tirano.  Durante esos 31 años el general Rafael Trujillo ocupa la presidencia, primero, de 1930 a 1934, pero luego dijo: “Seguiré a caballo”, y reelegido con más votos que votantes gobernó un segundo mandato presidencial de 1934 a 1938.  De 1938 a 1942 impuso gobierno títeres, pero era el amo.  Luego, en 1942 fue repostulado y gobierna dos periodos de cinco años cada uno gracias a su reforma constitucional de 1942 que extendió el mandato presidencia de cuatro a cinco años.  De esta manera el General Trujillo avasalla la nación por diez años: 1942 a 1947; se reelige de 1947 a 1952.  Concluido estos mandatos instala en el poder a su hermano menor Héctor B. Trujillo Molina quien gobierna de 1952 al 1957, y reelegido, es de nuevo presidente de bolsillo de 1957 hasta 1960.
General Rafael Trujillo
General Héctor Trujillo

Doctor Balaguer
                El otro reeleccionista fue el doctor Joaquín Balaguer.  Vice Presidente impuesto por Trujillo en 1957, fue también convertido en presidente en agosto de 1960, cargo que desempeña hasta el 31 de diciembre de 1961.  A principios de 1962 preside un Consejo de Estado por 16 días.  Sale del país y retorna en 1965.  Después de la invasión de Estados Unidos el doctor Balaguer fue impuesto en la presidencia por medio de una farsa electoral y gobierna tres periodos de cuatro años cada uno sobre la base de la reelección: 1966-1970; 1970.1974; 1974-1978.  Su salida del poder se produjo en 1978 con el triunfo del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), el cual mantuvo el control de la presidencia con dos de sus líderes: Antonio Guzmán y Salvador Jorge Blanco hasta 1986, pero el doctor Balaguer logra su reinserción en el escenario político y logra reelegirse de 1986 a 1990; de 1990 a 1994, y de 1994 a 1996, es decir, gobierna diez años.
Rafael Trujillo con Balaguer
                El legado de Balaguer fue dejar el poder al doctor Leonel Fernández en 1996 quien gobierna por primera vez hasta el año 2000.  Se enamora de tal manera del poder que logra ser reelegido en 2004 y en 2008, gobernando ocho años o dos periodos de cuatro años cada uno sobre la base de la reelección.
Leonel con Balaguer

                En 2012 llega al poder el líder del PLD Danilo Medina quien fue reelegido en 2016 hasta 2020.  Dentro del Partido de la Liberacion Dominicana (PLD) tanto Danilo Medina como Leonel Fernández aspiran a una nueva repostulación a la presidencia.
Presidente constitucional Danilo Medina (centro)
Leonel Fernández