Tuesday, September 18, 2007

HISTORIA DE LA BANDERA DOMINICANA



ESTA ES LA BANDERA DE LOS DOMINICANOS DESDE 1908




PRIMER LIENZO DOMINICANO (1844-1908)


NOTIHISTORIADOMINICANA


Por: FRANCISCO BERROA UBIERA, HISTORIADOR

La primera referencia a la bandera dominicana se halla en el Juramento de los Trinitarios del 16 de julio de 1838, redactado por Juan Pablo Duarte, que dice que la República Dominicana al momento de ser proclamada tendría: “Su pabellón tricolor en cuartos encarnados y azules, atravesados por una cruz blanca”.

Fue Duarte el que escogió los colores de nuestra bandera: Rojo, azul y blanco. Sobre el motivo para la elección de estos colores para la bandera dominicana existe un interesante artículo de don José Gabriel García titulado "La idea separatista", en donde el distinguido historiador explica la causa por la cual Dessalines eliminó el color blanco de la bandera francesa para diseñar la insignia de Haití, alegando que el líder negro consideraba que todos los males de su pueblo se debían a los "blancos" franceses.

Se sabe que para la enseña nacional, Duarte escogió el blanco porque: "Concibió la grande idea de separar los colores de la bandera haitiana [rojo y azul] con una cruz blanca, para significar de este modo al mundo, que el pueblo dominicano, al ingresar a la vida de la libertad, proclamaba la unión de todas las razas por los vínculos de la civilización del cristianismo"(Ver: Henríquez i Carvajal, Federico: Duarte, Santo Domingo, Biblioteca Nacional, 1987, P. 84.).

También, el blanco representa la cruz latina, la unión y la santidad; y los demás colores, el rojo la sangre derramada por los patriotas en la lucha por la libertad; y, el azul representa el color del cielo.

Descripción de la enseña nacional dominicana. Nuestra primera bandera tenía originalmente dos cuadriláteros superiores azules y dos inferiores rojos, separados por una cruz latina blanca, aunque posteriormente, con la reforma constitucional de 1908, en la nueva descripción de nuestro pabellón los cuadrados fueron alternados, es decir, dos superiores: Uno azul y otro rojo, y dos inferiores: Rojo y azul.

Sí bien la primera insignia del país fue ideada por Duarte, se sabe que la primera bandera fue confeccionada por la joven María de la Concepción Bona y Hernández (1824-1901), con la ayuda de su prima María de Jesús Pina, y fue empuñada y enarbolada por vez primera por Francisco Sánchez del Rosario en la puerta de San Genaro o puerta del Conde de Peñalba, cuando se proclamó la independencia a las 11:00 horas de la noche del 27 de febrero de 1844.

Cuando la Junta Central Gubernativa, una vez proclamada la independencia, decidió enviar al trinitario Juan Nepomuceno Ravelo a buscar a Juan Pablo Duarte que se había mantenido en Curazao a causa de un acceso de fiebre amarilla, éste viajó en la goleta Leonor, que zarpó de Santo Domingo capitaneada por don Juan Alejandro Acosta el 1º. De marzo de 1844, y por primera ocasión ondeó por el mar Caribe nuestra insignia tricolor.

Se sabe que también confeccionaron banderas María Trinidad Sánchez, María de Jesús Pina, Ana Valverde, Isabel Sosa, y las hermanas veganas María del Carmen, María Francisca y Manuela Villa, que confeccionaron la bandera que flotó a orillas del Camú en 4 de marzo de 1844, y en cuya casa se hospedó Duarte cuando visitó La Vega en 25 de junio de 1844.

Isabel Sosa fue la esposa del fundador de la marina de guerra Juan Bautista Cambiaso y Cambiaso, y se sabe que en mayo de 1844 él viajó en una goleta a Saint-Thomas para comprar armas, y que posiblemente usó una bandera cocida y bordada por su compañera.

En torno a la unión de las etnias existe un poema de Duarte: "La unidad de las razas", en el que se lee: "Los blancos, morenos, / cobrizos, cruzados, / marchando serenos, / unidos y osados, / la Patria salvemos / de viles tiranos, / y al mundo mostremos / que somos hermanos".

Queda claramente demostrado que fue Duarte el ideólogo de la enseña nacional, siendo el poeta Ramón Emilio Jiménez el autor del “Himno a la Bandera”, que dice:

Ya empezó su trabajo la escuela
Y es preciso elevarte a lo azul,
Relicario de viejos amores
Mientras reine la mágica luz.

Nos sentimos arder a tu influjo
La luz viva de un fuego interior
Cuando flotas alegre, besada
Por los cálidos rayos del sol.

¡Dios! Parece decir, ¡Oh Bandera!
La sublime expresión de tu azul;
¡Patria el rayo de vívida llama;
¡Libertad! Dice el blanco en la cruz.

Mientras haya una escuela que cante
Tu grandeza, bandera de amor.
Flotarás con el alma de Duarte,
Vivirás con el alma de Dios.

La bandera nacional fue sustituida por la bandera española al producirse la anexión a España en 18 de marzo de 1861, sin embargo, nuestra enseña no falleció con Francisco Sánchez, fusilado en el cementerio de San Juan de La Maguana envuelto en la insignia patria, por ordenes de Santana el 4 de julio de 1861, todo lo contrario, su sangre fecunda le abonó la nueva patria que resurgió en el cerro de Capotillo con los primeros rayos de sol el día 16 de agosto de 1863, al quedar iniciada la nueva guerra de liberación contra los españoles.

Sobre Francisco Sánchez se debe agregar que él y un grupo de patriotas organizaron y produjeron una expedición desde Haití contra el colonialismo español y contra Santana en mayo de 1861, sin embargo, los insurgentes fueron capturados, enjuiciados y fusilados en el cementerio de San Juan. A Sánchez le permitieron cubrirse con la bandera dominicana, y según Lugo Lovatón, Sánchez se hallaba “Sentado en su sillón, cubierto por la cruz de su bandera, ante el soberbio panorama de las montañas sureñas de San Juan, y a cielo abierto, pisando el sitio donde habrán de cavar su propia sepultura, el misionero de la gran jornada ha llegado al fin al remate de su destino terrenal.” (Lugo, II, 1948, P. 188).

De acuerdo con un relato de Benito Monción, tras el fracaso de la insurrección que se intentó contra los españoles en los pueblos del Cibao en febrero de 1863, los patriotas dominicanos se vieron en la necesidad de internarse en el territorio del vecino país, en donde permanecieron varios meses, y en agosto de 1863:

“El quince de agosto, a medianoche, dejamos a “David”; Cabrera y Santiago Rodríguez, a la cabeza de ochenta hombres, con destino a Sabaneta, y yo con treinta y seis, y una bandera -la de [Huberto] Marsán- para ir sobre Guayubín. Íbamos a recomenzar, con más vigor ahora y, al fin, con más feliz resultado, para la patria, la lucha que habíamos abandonado desde el 24 de febrero.
“Me amaneció en los “Cerros de las Patillas”, a vista de Dajabón y muy próximo campamento español de “Belair”, “Fuente de Belair”. Levanté en una altura la bandera dominicana, de manera que la viesen los españoles; seguramente la vieron, puesto que nos hallábamos muy cercanos...” (Monción, general Benito: De Capotillo a Santiago, Relación histórica, Comisión de Efemérides Patrias, Santo Domingo, 2002).

Y así, con la bandera dominicana proscrita hallándose empuñada en las manos levantadas del general Benito Monción se inició la nueva guerra de liberación nacional que tuvo un costó para España de unos $40.0 millones de pesos, y cerca de 25,000 bajas militares en apenas dos años de guerra.

Nueva vez el país fue militarmente ocupado por tropas de los Estados Unidos (1ro. de mayo de 1916 al 12 de julio de 1924), siendo prohibido el uso de la bandera nacional, sin embargo, el guerrillero nacionalista Muñiñingo Ubiera solía cubrirse en nuestro pabellón, para ir a combatir a las tropas norteamericanas en la feraces y escarpadas montañas orientales, siendo luego doña Ercilia Pepin, la insigne educadora de Santiago, quien confeccionó conjuntamente con sus alumnas todas las banderas que flotaron en esa ciudad del norte, engalanando los aires patrios, al producirse la retirada de las tropas norteamericanas en 12 de julio de 1924.

Existe un poema dedicado al pabellón dominicano: “Arriba el Pabellón” del poeta dominicano Gastón F. Deligne, comienza así:
I
¡Tercien armas! ¡Como quiera!
El acostumbrado estruendo
Ello es que el sol va saliendo
Y hay que enhestar la bandera.

II
Enfilado pelotón
De la guarda somnolienta
Al pie del asta presenta
Arbitraria formación.

III
Y hechas a las dos auroras
En que cielo y patria están
Pasan de largo en su afán
Las gentes madrugadoras.

IV
Ni ven el sol de la raza
Cuyos colores lozanos
Tremolan entre las manos
Del ayudante de plaza.

V
Ni del lienzo nacional
Fijo ya en delgada driza
Recuerda que simboliza
Toda una historia inmortal

VI
Pues cada matiz encierra
Lo que hicieran los mayores
Por el bien y los honores
Y el rescate de la tierra.

VII
El rojo de su gloriosa
Decisión, dice el oído.
Soy, dice, el Laurel teñido
Con su sangre generosa.

VIII
Es el azul de su anhelo
Progresista clara enseña.
Color con que el alma sueña
Cuando sueña con el cielo.

IX
El blanco póstumo amor
A sus entrañas se aferra
Dar por corona a la guerra
El olivo redentor.

X
Presenten armas, y ondea
El pabellón y se encubra
Bajo el sol que deslumbra
Y el clarín que clamorea.

XI
Ladra un can del estridente
Sonido sobresaltado.
Arde en aromas el prado
Rompe en trinos el ambiente.

XII
¡Que linda en el tope estás
Dominicana bandera!
¡Quién te viera, quién te viera
Más arriba, mucho más!

Thursday, August 23, 2007

PUERTO RICO Y SUS LUCHAS LIBERTARIAS

Por Francisco Berroa Ubiera, Historiador

Las primeras luchas sociales y políticas
La vocación de lucha de los boricuas es tan remota como los propios orígenes de este pueblo. Ya en 1508 la resistencia indígena a la dominación foránea se manifestó con actos de singular heroísmo, dignos de ser divulgados como ejemplos de coraje patriótico.
En 1511 el cacique Agueybaná el Bravo, mejor conocido como Agueybaná II, enfrentó a los españoles con la intención de echarlos al mar. Instalado en sus dominios de Guánica, valiéndose de Guarionex convocó a sus tierras a los demás caciques de la Isla, reuniéndose más de 3,000 indígenas quienes mataron a Cristóbal de Sotomayor, quién tenía a Agueybaná y a sus indios en encomienda, y asaltaron y quemaron la villa que éste había fundado y que llevaba su nombre: Villa de Sotomayor. De hecho Agueybaná no logró su propósito, porque en contra de los rebeldes se desarrollan:
“..Tres acciones de guerra: la expedición de Juan Ponce de León a las márgenes del río Yauco, donde sorprendió y derrotó un contingente de alrededor de mil indios; la escaramuza de Salazar contra seiscientos indios del cacique Mabodomoca, y el combate de Yagüeca, donde las fuerzas de Juan Ponce, levemente reforzadas por gente de Santo Domingo, hicieron frente a varios millares de guerreros indios. La batalla y la campaña terminaron con la precipitada fuga de los aborígenes, al ser muerto su cacique en la pelea. La pacificación no duro tres meses.” (Tomás Blanco: Prontuario histórico de Puerto Rico (Séptima edición), Río Piedras, ediciones Huracán, 1981. P. 27.)

Sin embargo la resistencia indígena se mantuvo, aunque muy débil y casi simbólica, hasta algunos años más tarde (1582).
A posteriori, Puerto Rico fue escenario de varias rebeliones o de conatos de rebelión desde fines del siglo XVIII. Durante el año de 1795 se produce una rebelión contra la esclavitud en Humacao y un conato de rebelón en Aguadilla con las mismas motivaciones.
En el año 1809 los propietarios de San Juan piden al gobierno que obligue a los jornaleros agregados sin tierra, a trabajar para los hacendados.
Luego, en 1812 se manifiestan las rebeliones anti-esclavistas de San Juan y de Río Piedras.
En 1821 el esclavo rebelde Marcos de Xioro se rebela en Bayamón, y en 1822 es cuando se produce la conspiración del general Docoudray Holstein (suizo), para crear la República Boricua con el apoyo de Venezuela.
Además, hubo otras conspiraciones en el siglo XIX entre las cuales se destaca la organizada por María de las Mercedes Barbudo en combinación con los independentistas de Venezuela. Veamos:
Particularmente se debe destacar que en el mes de mayo de 1820, el gobernador Juan Vasco Pascual proclama la restauración de la constitución de Cádiz en la isla, la cual había sido suprimida en España y en sus colonias por el Real Decreto del Rey Fernando VII dado en Valencia el 4 de mayo de 1814. Este último año se realizaron en la Isla unas elecciones para elegir los Espectadores a Cortes, siendo electo por Puerto Rico don Gabriel Ayesa y Lami (1763-1840), para asumir la representación insular en la legislatura del bienio 1815-1816, sin embargo, estas cortes no se llevaron a cabo por haberse declarado Fernando VII Rey absoluto en la Península, y por lo tanto Ayesa quedó imposibilitado de asumir su representación. Vino a ser en al año de 1821, cuando la Junta Electoral de Puerto Rico selecciona al liberal José Quiñones para representar la Isla en las Cortes españolas.
Para entonces, Arostegui, Gobernador Superior Político de Puerto Rico, en comunicación del Negociado Político, Negocio de Entrada y Salida de Buques, firmada en Arecibo el primer día de mayo de 1821 dispuso que se procediera a hacer con la mayor exactitud en ese, y en los demás puertos de la Isla "una relación circunstanciada y en manera que haga fe, de los buques así extranjeros como nacionales [españoles], que han fondeado, descargado y extraído efectos en ese puerto desde el año de 1812 hasta 1820, ambos inclusive, en que se comprenda con claridad el pormenor de su introducción y exportación" (Circular de Arostegui, Gobernador de Puerto Rico, a las autoridad portuaria de Arecibo de fecha 1 de mayo de 1821, en: AGPR: RG. 186: Records of the Spanisch Governors of Puerto Rico. Naval affairs, Naufragios-Vigías, Legajo Marina 1821, Box 282, Entries 184-191.)
A partir de 1821, entre los meses de julio y agosto, el asistente del gobernador Gonzalo Arostegui en el Negociado de la Seguridad Pública, señor Cayetano Natera, fue trasladado permanentemente a Bayamón para indagar sobre una conspiración que desembocaría en una gran rebelión de esclavos, en donde, de acuerdo con los informes se habían producido alzamientos aislados de esclavos, aunque se tenían informes de que se planeaba algo en grande. Una de las Notas del encargado de la Seguridad Pública decía:
“En la noche que precede no se ha observado novedad alguna en éste pueblo tocante a la rebolución [Sic.] de la Esclavitud de que se trata. Lo que pongo en su noticia de V. E. pa. [para] su inteligencia.
Dios Gue. [Guarde] á V.E. Ms. Ans. [Muchos Años], Bayamón a los 11 ½ de la mañana 28" de julio de 1821.
Cayetano Natera (Firmado)
Al Gob. G. Arostegui.”( AGPR: RG. 186: Records of the Spanish Governors of Puerto Rico. Goverment Agencies, Ultramar. Box 380, Entry 230)

Otra nota de fecha 25 de julio de 1821 de Natera en Bayamón a Arostegui dice: "En las inquisitivas y pesquisas que estoy practicando sobre la sublevación de los negros esclavos, cada momento hago nuevos descubrimientos, y de consiguiente aprehendo todos aquellos sospechosos, y me infiero sacar en claro...", aunque en claro no sacaba nada, de lo que sabía no decía nada, y los investigados y apresados pasaban "los 20 detenidos", en una persecución desesperada que no producía información alguna, a pesar de las palizas que se daban a los pobres esclavos encarcelados (AGPR: RG. 186: Records of the Spanish Governors of Puerto Rico. Goverment Agencies, Ultramar. Box 380, Entry 230).
Este mismo año (1821), el esclavo Marcos de Xioro se rebela en Bayamón, y luego escapa de la Isla, iniciando las autoridades una intensa búsqueda sin ser localizado en parte alguna, llegándose a creer que había escapado hacia la isla de Saint Thomas, motivo por el cual, y en respuesta a una carta del gobernador Arostegui, que le solicitaba informes al gobernador de la colonia danesa, éste le respondía, el 17 de agosto de 1821, en los siguientes términos: "...di las ordenes necesarias para la aprehensión del negro Marcos Xioro, perteneciente al Capitán Vicente Andino de esa Isla bajo el mando de V. E., en caso de hallarse en esta el mencionado negro" (Carta del Gobernador de Saint Thomas, C. Scholten, al Gobernador de Puerto Rico don Gonzalo Arostegui, de fecha 17 de agosto de 1821, traducida por el traductor del Gobernador Político Antonio Evaristo Geigel. En: AGPR: RG. 186: Records of the Spanish Governors of Puerto Rico. Political and Civil affairs. Cónsules, Panama-Saint Thomas. Entry 16, Box No. 32.).
Para entonces, el gobernador de Saint Thomas, Peter Carl Frederick Von Scholten, mantenía una permanente línea de comunicación con su contraparte español de Puerto Rico, e inclusive, hemos comprobado que España le hacía pagos periódicos por servicios varios que este prestaba a la corona española, incluyendo una labor de espionaje de cualquier actividad que pudiese poner en peligro la seguridad pública en la isla de Puerto Rico. Un empleado y agente del Negociado de la Seguridad Pública, el señor Antonio Evaristo Geigel era el traductor de casi todos los documentos que llegaban al Gobernador Político de Puerto Rico. Otro espía español destacado en Saint Thomas lo era el señor De Signy.
Un ejemplo de la colaboración entre el gobierno de Saint Thomas y el de Puerto Rico lo constituyó el hecho de que en una carta de C. Scholten, Gobernador de Saint Thomas al Gobernador Político de Puerto Rico, Don Francisco González de Linares de fecha omitida, le informa a éste sobre la detención y envió de José Cintrón, reclamado en Puerto Rico los días 10 y 14 de abril, el cual fue arrestado el día 2 de julio de 1822 por la Policía de Saint Thomas (AGPR: RG. 186: Records of the Spanish Governors of Puerto Rico. Political and Civil affairs. Cónsules Panamá-Saint Thomas. Entry 16, Box No. 32.)
Inclusive, otro informante del gobierno español, el curazoleño Francis de Chely, por conducto del Alcalde de Aguadilla Juan Martínez Acevedo le hizo saber al Gobernador Navarro sobre una supuesta conspiración que se organizaba en el Puerto de la Guaira. Por medio de una comunicación de fecha 18 ó 19 de mayo de 1822, Juan Martínez Acevedo informa desde Aguadilla al "Sor. D. José Navarro, Gefe Político Sup.or [Superior] e Intendente General de la Isla" que el día 20 de abril el curazoleño Francis de Chely le había hecho saber que en el puerto de la Guaira unos "corsarios insurgentes" preparaban una expedición en contra de Puerto Rico, y que estos corsarios disponían de tres buques mayores y cuatro embarcaciones más, de las denominadas entonces flecheras, y cada uno de estos barcos tenían 300 hombres de desembarco para tomar en la Isla los puertos de Aguada y Ponce, y luego pedir un rescate (Carta de Juan Martínez Acevedo, Alcalde de Aguadilla al Gobernador Don José Navarro de fecha 18 ó 19 de mayo de 1822, en: AGPR: RG. 186: Records of the Spanisch Governors of Puerto Rico. Naval affairs, Naufragios-Vigías, Legajo Capitanía General. 1822. Sobre Plan de ataque a Puerto Rico desde la Guaira. Box 282, Entries 184-191).
Esta denuncia no fue tomada muy en serio por el gobernador, quien a pesar de ello tomó medidas previsoras en las poblaciones que se decía que podían ser atacadas, y ordenó una mayor vigilancia de las costas.
En 1822 es cuando se produce la conspiración de Ducoudray Holstein para crear la República Boricua. Debo aclarar que el general Luís H. Ducoudray Holstein era suizo y fue auxiliar en la guerra separatista de tierra firme hasta 1816, y quiso promover una rebelión de negros contra blancos en Puerto Rico para crear la República Boricua, aunque su programa no contemplaba la liberación de los esclavos. Acompañó a Bolívar en varias campañas, y finalmente se aleja de éste. Se conoce una biografía crítica de Bolívar escrita por él, y publicada en Francia.
Desde el 10 de agosto de 1822 el vicecónsul español en Filadelfia había informado que un francés de apellido Wischaur estaba reclutando 200 hombres para una acción filibustera, de la cual el agente secreto en Puerto Rico era el mulato Pedro Duboy, nativo de Guadalupe y residente en Daguao, barrio de Naguabo. Duboy trató de sumar a su causa al colono francés radicado en Fajardo Monsieur de Saint Maurice, quien lo denunció al Alcalde del pueblo, por lo cual Duboy fue detenido e investigado, ocupándosele algunos documentos importantes. Posteriormente fueron fusilados frente a los esclavos de varios ingenios varios implicados en la trama en Guayama, cerca de Añasco, lugar escogido por Doucodray Holstein para hacer su desembarco. El 12 de octubre fue ejecutado Duboy por el delito de conspiración con extranjeros, en tanto Doucodray fue detenido en Curazao con dos buques, ocupando las autoridades de la isla las armas y las proclamas, y demás documentos que delataban la empresa.
Una carta del Gobernador de Saint Thomas al Gobernador de Puerto Rico del 8 de octubre de 1822, en la cual ofrece información sobre los mulatos Pierre Binet y Luís o Francois Pinau. Dice que la expedición preparada el 28 de septiembre de 1822 fue "preparada por el francés llamado Tunet, en otro tiempo Agente de la Convención [francesa] y Gobernador de la Guadalupe, y ahora bien conocido agente de Boyer"(AGPR: RG. 186: Records of the Spanish Governors of Puerto Rico. Political and Civil affairs. Cónsules Panamá-Saint Thomas. Entry 16, Box No. 32).
El 15 de noviembre de 1822, el gobernador de Saint Thomas, C. Scholten, envía una carta al Gobernador de Puerto Rico Capitán General Miguel de la Torre, y al Gobernador Político, Francisco González de Linares -vía De Signy- la cual dice: "Doucodray Holstein vino a esta Isla de la de Curazao el 1º de marzo y tomó un pasaporte el 6 de abril último para Puerto Rico. Este aventurero ha estado aquí antes, pero su conducta no dio jamás motivos de sospecha contra él" ( Ibídem.).
Carta del gobernador de Saint Thomas: Scholten, al gobernador de Puerto Rico de fecha 25 de noviembre de 1822. En esta, el gobernador de Saint Thomas dice estar seguro de que Pierre Binet reside en esa hace dos meses. Textualmente escribió:
“Este mulato es uno de los principales agentes de la expedición intentada en contra de esta isla [Puerto Rico], y de la cual aparecía como jefe Doucodray Holstein. Fue quien entregó las proclamas e instrucciones subversivas a su hermano político Pedro Dubou; y sus maquinaciones y crímenes están plenamente comprobados y justificados en la causa seguida contra este.”
“Pedro Binet no pertenece a nación ni gobierno alguno reconocido. Es un pirata que formando y siendo parte de una República llamada de Boriqua (Sic.) que debía establecerse en esta Isla, de no ser por el hecho de otra nación. ¿A cuál pertenece?”(Ibídem.).

En esta misma caja aparecen varias comunicaciones del Cónsul de Saint Thomas que indican que a fines del 1822 (entre noviembre y diciembre) existía una situación de alerta general en toda la Isla de Saint Thomas y en Puerto Rico, con el propósito de evitar la formación y organización de un grupo expedicionario que lanzara un ataque en contra de la isla de Puerto Rico.( Ibídem.) Inclusive, una carta sin fecha de C. Von Scholten, el Gobernador de Saint Thomas al de Puerto Rico, en donde informa que Pierre Binet no se encuentra en ese momento en esa Isla, y dice de él que llegó allí el 12 de septiembre de 1822 y volvió a tomar el pasaporte para Granada el 9 de octubre. Dice que el día 6 del mes de noviembre Binet fue delatado ante él como "un mal sujeto y peligroso en la isla". Agrega que envió la policía al lugar en donde este se domiciliaba, pero a los agentes les informaron que este ya había partido de la Isla (Ibídem.)
Además, hubo otras conspiraciones en el siglo XIX entre las cuales se destaca la organizada por María de las Mercedes Barbudo en combinación con los independentistas bolivarianos de Venezuela.
Asimismo, para aquellos lejanos años es que el rey español Fernando VII anuncia la abolición de la constitución, y establece plena y absolutamente sus derechos monárquicos en 4 de octubre de 1823, poniendo fin al trienio constitucional español iniciado en 1820.
Poco tiempo después, A. Linarez, en su calidad de encargado del Gobierno Superior Político de la Isla de Puerto Rico, en una comunicación con el membrete de Sección de Gobierno, Negociado Político, Negocio de Seguridad Pública, escribía al "Ex. Sor. [Excelentísimo Señor] Secretario de Estado y del Despacho de la Gob.n [Gobernación] de Ultramar" en fecha 24 de noviembre de 1823, con nota al margen que textualmente decía: "Reservado, dando cuenta del estado político de esta Isla a fin de q.e [que] S.M. se sirva dictar el remedio que sea necesario P.a [para] evitar los males de q.e está amenazada", por medio de la cual se hacía saber al funcionario real que el gobierno de la isla se halla en impotencia de los males que pudiesen sobrevenir, estableciendo por causa de la situación:
"La absoluta falta de recursos de toda especie", agregando hallarse preocupado "por la futura suerte de la Península; [y por] la absoluta ignorancia oficial de cuanto en ella ocurre; las ventajas de los enemigos en Costa Firme; hacen de continuo el más enorme daño a la sana y recta opinión". El estado ruinoso en que se encuentra la Hacienda Pública,-decía- es también uno de los más poderosos, y acaso el principal entre todos ellos de desorganización y desorden. Las exacciones son viciosas e injustas; el comercio sufre por el desorden y los caprichos de los empleados de hacienda y los que sólo aguardan su subsistencia de las cajas nacionales, gimen en la mayor miseria; despegándose cada día más de un gobierno en cuyo servicio no experimentan más que calamidades, se predisponen a abandonarlo, o cuando menos dejar de mirarlo con amor y lo sirven sin celo y sin afecto. Resulta de aquí que gimen y se quejan todas las clases de la sociedad que el gobierno político no puede contar ni con los particulares, ni con los empleados, ni con recursos extraordinarios, y se ve por esto reducido á un estado que solo puede ser halagüeño y lisonjero para nuestros enemigos".(Ver: Carta de A. Linarez, Gobernador de Puerto Rico, al Secretario de Ultramar de fecha 24 de noviembre de 1823, P. 2, 3, y 4, , en: AGPR: RG. 186: Records of the Spanisch Governors of Puerto Rico. Naval affairs, Naufragios-Vigías, Box 282, Entries 184-191).
Esta carta, aparte de hacer una descripción cuasi apocalíptica de la Isla y del colonialismo español en el continente, poniendo el dedo sobre la llaga de los males en la colonia, da una voz de alerta a las autoridades peninsulares al decir que: "peligra a cada momento el estado actual de un sistema de hacienda, que exaspera a todos y reduce a la nulidad al gobierno".(Ibídem, P. 4)

Santo Domingo y la solidaridad con los puertorriqueños
Tres años antes del Grito de Lares, en julio de 1865, la República Dominicana había logrado restablecer su independencia nacional después de varios años de dominación colonial española (1861-1865), y por lo tanto, Santo Domingo era en 1868, cuando se produjo el Grito de Lares, el único territorio en las Antillas mayores que había sido colonia española, y en donde se hablaba castellano, en donde se les podía ofrecer -en ese momento- a los perseguidos políticos de las demás Antillas españolas (aunque dependiendo de quién gobernara el país), un cierto apoyo material y político, un techo, ciertas garantías de protección personal, y apoyo político y moral, razones por las cuales consideramos que la República Dominicana, y los nacionalistas dominicanos representaron uno de los resortes básicos en la preparación del escenario que hizo posible la manifestación del Grito de Lares en Puerto Rico, y el Grito de Yara, en la isla de Cuba.
En este momento del análisis deben destacarse algunos de los antecedentes de la solidaridad de los dominicanos con los puertorriqueños: En 1821 José Núñez de Cáceres desde Santo Domingo se pronunció en favor de la causa de la independencia de Puerto Rico. Allí se planificó y organizó en 1824, en coordinación con un núcleo independentista puertorriqueño que existía en Bogotá, Colombia, una expedición armada hacía Puerto Rico, siendo los principales organizadores Carlos Rigoti, Andrés Level de Goda, el dominicano negro apellidado Castro, y el interprete Moloni, todos vinculados a un tal Escuté en Colombia.

El complot de 1835
Uno de los antecedentes de la independencia de Puerto Rico lo constituyó el complot organizado la noche de San Rafael -el 24 de octubre de 1835- en contra del gobernador don Miguel de la Torre, teniendo como jefe del movimiento a don Pedro Loizaga, capitán del Regimiento Granada, quien pretendió proclamar la independencia de Puerto Rico, sin embargo, este movimiento fue denunciado por el soldado Rufo Guío en la tarde del día 24 de octubre de 1835, por lo cual, el propio gobernador de La Torre visitó el Castillo de San Cristóbal, conversó con la tropa veterana y neutralizó esta tentativa de rebelión que contaba con el regimiento de Granada, establecido allí durante 20 años. Loizaga fue detenido y expulsado hacía Cádiz, España, en compañía de los oficiales: Teniente coronel graduado Capitán de Caballería don Manuel Marcado, el Capitán don Antonio Vizcarrondo y el segundo ayudante José Becever. Tras la expulsión de Loizaga las investigaciones continuaron, y el 26 de octubre de 1835, por medio de un procedimiento militar se pudo determinar que las Compañías Primera, Segunda, y Tercera, y la de los Granaderos del Regimiento de Granada estaban medularmente comprometidas, especialmente los cabos y sargentos Alonso Vásquez, Díaz, Abril, Santillana, Santos y otros, quienes planificaron liberar a Loizaga, preso en El Morro, contando con el apoyo de 1500 hombres, incluyendo mayoritariamente negros y mulatos criollos, y más aún: Casi la dos tercera parte del pueblo apoyaba la conspiración, según declaraciones de Becever (Ver: José Pérez Moris y Luís Cueto González Quijano: Historia de la insurrección de Lares, Editorial Edil, Río Piedras, 1975, 2ª. Ed. P. 40.)
Finalmente, después de una depuración de los militares detenidos e investigados, fueron deportados hacía Cuba, entre sargento, cabos y soldados, 23 individuos.
En una comunicación circular de fecha 31 de octubre de 1835, de La Torre establecía que la responsabilidad recaía sobre: "Un corto número de soldados del regimiento de Granada que motivaron la pasada zozobra", agregando que: "Tenían cierto carácter de gravedad y que se trataba de una conspiración cuyo objeto tendía a alterar el sosiego, no sólo de esta ciudad sino en la Isla entera". Refiriéndose a sus propios soldados establecía que contaba con "una policía activa [que] persigue a los hombres desmoralizados, sin oficio ni propiedades, convencidos de que únicamente en el desorden pueden hallar sus aspiraciones satisfechas...".( Ver: Ídem., P. 42)

La conspiración del Regimiento de Granada
Posteriormente fue descubierta una nueva conspiración en el Regimiento de Granada (1838) con la participación de los hermanos Vizcarrondo, actuando junto a su cuñado Buenaventura Valentín Quiñones, el capitán de infantería Lorenzo Vizcarrondo, y el Capitán de Milicias don Pablo Andino. Esta conspiración fue descubierta en 15 de julio de 1838 por el general Miguel López de Baños tras información que le suministró el Jefe Occidental del Regimiento don Juan Barranco, siendo apresados seis sargentos, tres cabos, y ocho soldados, es decir, un total de 17 militares. Los líderes de este intento emancipador, los hermanos Juan y Andrés Salvador Vizcarrondo, Ortiz Zarate y Buenaventura Valentín Quiñones fueron encarcelados, y fueron igualmente hechos presos como agitadores en el ejército los sargentos Francisco Salinas y Ezequiel Santillana. Los hermanos Andrés Salvador y Juan Vizcarrondo lograron escapar entre el 18 ó 19 de julio de 1838, sin embargo Quiñones, Andino, y Lorenzo Vizcarrondo fueron capturados. (De Andrés Vizcarrondo dice Sotero Figueroa que: "Allá en Venezuela, los puertorriqueños que arrimaban a la gentil Caracas encontraban, hace pocos años, a un viejo venerable de barba blanca y de ojos expresivos que lloraba al recordar la patria ausente, y que acogía con amor de padre a los paisanos que trasponían el dintel de su casa. La nieve de los años no entibió jamás el fuego de su corazón de patriarca, y por el año de 1869 contaba arribar a las playas de Puerto Rico con una gran expedición de valientes americanos" para luchar por la independencia de la Isla. (Figueroa, Sotero, 1976, P. 8.)
Todos los demás fueron juzgados sumariamente y sentenciados a la pena de muerte, siendo ejecutados el 6 de octubre de 1840, exceptuando los hermanos Vizcarrondo que lograron escapar hacía Venezuela. Ellos prepararon un golpe de Estado en contra de España, que fracasó porque uno de los soldados de la guarnición española se lo informó a su jefe con anticipación. El propio Betances llegó a decir que Vizcarrondo era el padre de la independencia de Puerto Rico por éste haber hecho el primer intento de independizarla.
Como se explicó en un capitulo anterior, desde el año 1838 el gobernador Miguel López de Baños puso en vigor el primer reglamento de La Libreta, denominado oficialmente Bando de Policía y Buen Gobierno, mediante el cual estaban obligados a registrarse todos los jíbaros pobres que no poseían tierras, conocidos como los sin tierra. Todos aquellos que no se registraban eran enviados a cárcel de La Puntilla si no acreditaban para estar colocados como jornaleros en una hacienda.
En 16 de julio de 1838 resultó muerto el sargento dominicano Sterling, victima del feroz gobernador español Miguel López de Baños, muerte que fue condenada en la República Dominicana por el propio padre de la independencia dominicana Juan Pablo Duarte, quien dicho sea de paso mantuvo una gran amistad con Andrés Salvador Vizcarrondo que fue la persona escogida por la familia Duarte para que leyera el panegírico en su entierro que fue en 16 de julio de 1876 en el cementerio de Tierra de Jugo de Caracas, Venezuela.
Extrañas coincidencias: el levantamiento del Regimiento de Granada fue el 16 de julio de 1838, ese día murió el dominicano Sterling, y ese día Duarte funda la sociedad La Trinitaria para dirigir la lucha contra los haitianos por la independencia nacional dominicana, Duarte fue enterrado en 16 de julio de 1876 en Caracas, y Vizcarrondo leyó su panegírico.
De acuerdo con las investigaciones realizadas por el fiscal don José María Ramírez, quien llegó a interrogar unos 16 testigos, esta nueva conspiración involucraba a las casas comerciales Negot y Blanes y la de Dalmau, dueño de una imprenta según confesara el testigo, el cabo primero Manuel Busengal, según el cual los comerciantes les habían garantizado la suma de 20,000 duros para repartir a la tropa, y quien afirmó haber oído decir de labios de uno de los hermanos Vizcarrondo: "Con independencia vivimos; de otro modo no".
En el proceso seguido a los involucrados en esta conspiración las autoridades contaron con un delator: Juan Alcoma, quien es considerado por Sotero Figueroa como la versión en 1838 del traidor Ibarra del año 1868.
El proceso seguido a todos los implicados en este caso concluyó el 23 de octubre de 1839, y el 18 de julio de 1840 descendió una Real Orden condenatoria estableciendo la pena de muerte contra los señores: Don Juan y Andrés Vizcarrondo, y a los sargentos Francisco Salinas y Ezequiel Santillana (andaluces), ejecutados los últimos en fecha 6 de octubre de 1840 con la aplicación del "garrote".
Para entonces José Ignacio Brau escribía a José de Luque que de cuatro partes de la población de la isla, tres y media estaban decididas a luchar por la independencia. (Véase: Figueroa, Sotero: Historia de los movimientos por la independencia de Puerto Rico en el siglo XIX: la verdad de la historia. Recopilación y edición Mimeografiada,y prólogo del Doctor Carlos Ripoll. New York, 1976. P. 4 y siguientes.)
Asimismo, en 1855 se produjo un botín en el batallón de Artilleros de San Juan que puso fin a la paz octaviana que imperaba desde 1840. Es indudable que el Grito de Lares superó todos estos antecedentes independentistas.

El Dr. Betances y el proyecto de independencia de Puerto Rico
El Dr. Ramón Emeterio Betances Alacán, nació en Cabo Rojo de Puerto Rico en 8 de abril de 1827, hijo de la señora María del Carmen Alacán con el dominicano Felipe Betances; su padre enviudó y le envió al niño a realizar estudios a Francia desde muy joven; mientras estudiaba medicina en París funda conjuntamente con Román Baldorioty de Castro, Segundo Ruiz Belvis, Alejandro Tapia, José Julián Acosta y otros jóvenes boricuas la “Sociedad Recolectora de documentos históricos de la Isla de San Juan Bautista de Puerto Rico”; graduado de Licenciado en Medicina en la Universidad de París retorna a Puerto Rico en 1855 para dedicarse al ejercicio de su profesión desde 1856, estableciéndose en la ciudad de Mayagüez, en donde se distinguió por su filantropía. Betances solicitó al Gobernador de Puerto Rico el 18 de mayo de 1858 su licencia para ejercer como médico de sanidad del puerto de Mayagüez. Fue considerado como republicano-liberal, y en las cortinas de los balcones de su hogar tenía los colores rojo, azul y blanco, de las banderas liberales; como manifestaba públicamente su repudió al sistema esclavista que se mantenía en la Isla, y su odio al coloniaje español fue desterrado en 1858, volviendo a Francia donde presenta su investigación de tesis y logra sacar el título de Doctor en Medicina, retornando a Puerto Rico en octubre de 1859.
En 1863 se inicia en la República Dominicana la guerra contra la dominación española fruto de la anexión hecha por el general Pedro Santana en 18 de marzo de 1861; durante esa guerra Betances fue sindicado (en 1864) como colaborador de la causa dominicana, y desterrado en junio de 1864 estableciéndose en Venezuela desde el 20 de junio, pero transcurridos cinco meses, en noviembre de 1864 vuelve a Borinquen.
Es bueno aclarar que también en 1864, debido a la guerra de restauración dominicana (1863-1865), se verifica un rumor sobre una posible invasión procedente desde Santo Domingo debido a la noticia de que don Domingo Delmonte, general dominicano y ex Ministro de Guerra y Marina, recorría el litoral de la Isla en un barco recabando información sobre las fuerzas españolas en Puerto Rico, lo cual motivó un estado de alerta de las fuerzas militares en las zonas costeras.
Incluso se tiene conocimiento de que el hombre de armas dominicano celebró reuniones anti-españolas en Cabo Rojo, Mayagüez, y San Germán con los boricuas Ramón Emeterio Betances y José Paradis, quienes ciertamente colaboraban con la causa dominicana. A Delmonte según el propio Betances, se le había visto “Recorrer el litoral de la Isla embarcado, hablando a bordo y en los puertos con las personas más conocidamente (sic.) desafectos a España”, y por ello destaca que el comandante militar de Cabo Rojo, el señor Perignat, notó que su curiosidad traspasaba los límites y que “se informaba sobre la organización, fuerzas y destino que tenía una compañía de artillería que en el mismo vapor se trasladaba a Samaná, al mismo tiempo que hablaba misteriosamente (Delmonte) con un puertorriqueño de conocidas ideas separatistas” (Alfau Durán, Vetilio, En el Listín Diario, Escritos (II), SEEBAC, Santo Domingo, 1994, el Grito de Lares, P. 35-39.)
De la misma forma, se sabe que en septiembre de 1864 el espionaje español tenía información sobre una posible compra de armas realizada por Betances aprovechando su estadía en Venezuela de la cantidad de 10,000 fusiles, y se decía que los tenía depositados en la isla Mona, y que en la nochebuena de ese año se produciría un levantamiento en Puerto Rico. En octubre de 1864 la actividad se hizo más intensa, y había en la población de la Isla un gran descontento porque "Puerto Rico estaba sin guarnición, sus soldados morían en Santo Domingo, sin gloria y sin que la nación supiera sus fatigas, sus sufrimientos y su agonía" (Figueroa, Sotero, Opus cit., P. 52.)
Se tenían informes confidenciales sobre reuniones de los conspiradores en el casino de Cabo Rojo, encabezados por Paradis, y de acuerdo con fuentes de la inteligencia española, en 1864, cuando los 300 soldados del batallón de Cádiz regresaron a Mayagüez casi moribundos, se sabe que:
"Se trató de promover sublevaciones parciales en los ingenios, con el objeto, se dice, de recibir fraccionados a los soldados que llegasen a contener el desorden y obsequiarlos con comidas envenenadas para deshacerse de ellos de este modo inconcebible entre otra clase de enemigos, pero que es un recurso admitido entre la gente que trata de arrojar a España de América, sin otro fin que saciar su inmoderada ambición, sus deseos de bota y de mando". (Ídem., P. 52-53).

Asimismo, a fines del año de 1864 a don Luís Padial Vizcarrondo la inteligencia española le involucra en labores separatistas tras regresar herido de Puerto Plata, República Dominicana, y con cierta frecuencia se le vio reunido con desafectos a España, viéndosele como el jefe de la conspiración, y en fecha 19 de diciembre de 1864 se le embarcó rumbo a la ciudad de La Habana en el barco "Pájaro del Océano". Nuevas conspiraciones comenzaron a orquestarse en Nueva York en 1865, con fines independentistas.
En 1866 la isla de Puerto Rico tenía una población de 646,362 habitantes; y cuatro años después, en 1870, esta población de redujo a 600,233 habitantes. En ese año de 1866 se produjo un plan de independencia de las islas de Cuba y Puerto Rico contando con el general mexicano don Manuel Quesada como posible Jefe del futuro ejército libertador. Inclusive, el 30 de noviembre de 1866 se produjo una conspiración independentista orquestada por Don Joaquín Goicuría. Para entonces José Ignacio Brau escribía a José de Luque que de cuatro partes de la población de la isla de Puerto Rico, tres y media estaban decididas a luchar por la independencia(Ver; Figueroa, Sotero: Historia de los movimientos por la independencia de Puerto Rico en el siglo XIX: la verdad de la historia. Recopilación y edición Mimeografiada,y prólogo del Doctor Carlos Ripoll, Profesor del Queens College, New York, 1976. P. 4 y siguientes.).
Inclusive, el 30 de noviembre de 1866 se produjo una conspiración independentista orquestada por Don Joaquín Goicuría.
En el año de 1867 se verificó un plan sedicioso con la participación de algunos soldados del Batallón de Artillería de la ciudad de San Juan que dio por resultado final el fusilamiento del cabo Benito Montero y del soldado Rafael Miguel.
Ese mismo año (1867) el gobernador colonial don José Marchesi ordenó el destierro de 14 boricuas amantes de la libertad, resultando expulsados de Puerto Rico los señores don Pedro Gerónimo Goyco, don Ramón Emeterio Betances, don Segundo Ruiz Belvis -abogado y Juez de Paz de Mayagüez, quien participa en la Junta o Comisión de Información de 1866 conjuntamente con Morales Lemus en Madrid-, Julián Eusebio Blanco, Rufino de Goenaga, y Carlos Elio Lacroix.
Tanto Betances como Ruiz Belvis viajaron clandestinamente a la República Dominicana, arribando por el sitio denominado Montalvo, en el sureste del país en 9 de julio de 1867, quienes desde su llegada comenzaron a soñar con un proyecto de independencia de Puerto Rico y de confederación de las Antillas mayores. El 16 de julio de ese mismo año (1867) se produce la publicación de una proclama revolucionaria en la isla de Puerto Rico.
En julio de 1867 el Dr. Betances y Segundo Ruiz Belvis viajaron a Nueva York para iniciar la implementación de su proyecto. El 12 de agosto de 1867 Betances aceptó y juró por la ciudadanía de los Estados Unidos en un juzgado neoyorkino, con el fin de usar su pasaporte norteamericano para tener facilidades de viajar sin ser molestado por los españoles; así viaja en 22 de agosto de 1867 con destino a Saint-Thomas en donde escribe su proclama del mes de noviembre de 1867 incitando a los boricuas a luchar por su independencia contra el colonialismo español, y proponiéndoles luchar por este programa denominado de “Los Diez Mandamientos de los Hombres libres”: 1) Abolición de la esclavitud; 2) Derecho de votar todos los impuestos; 3) Libertad de cultos; 4) Libertad de palabra, 5) Libertad de imprenta, 6) Libertad de comercio, 7) Derecho de reunión; 8) Derecho de poseer armas; 9) Inviolabilidad del domicilio del ciudadano, y 10) Derecho de elegir nuestras autoridades. Para aquellos lejanos años Saint Thomas fue el punto obligado de reunión de los patriotas puertorriqueños, dominicanos y cubanos que se hallaban en el exilio, por ello casi todos los próceres antillanos arribaron a esta Isla danesa.
En septiembre de 1867 regresa el Dr. Betances a la República Dominicana y el Ministro de Instrucción del gobierno de José María Cabral, don Pedro Francisco Bonó le ofreció la cátedra de medicina en el Colegio Central de Santo Domingo, sin embargo el gobierno de Cabral cayó, y Betances comenzó a trabajar en su proyecto de la independencia de Puerto Rico. (Don Pedro Francisco Bonó fue designado por el presidente Cabral Secretario de Estado de Justicia e Instrucción Pública y Encargado de Relaciones Exteriores desde julio hasta el 14 de diciembre de 1867.
Cuando Betances llegó a Santo Domingo en 5 de septiembre de 1867 el señor Bonó se alegró sobremanera porque había fundado el Colegio Central y necesitaba de un profesor de medicina para 50 estudiantes matriculados. En noviembre de 1867 Bonó escribe al cónsul dominicano en Nueva York diciéndole que le había ofrecido a Betances la cátedra de medicina del colegio fundado por él, y anotaba: “a Ud. Le doy las gracias más cumplidas por habérmelo recomendado, pues me prometo que es una de las mejores adquisiciones que la República pueda haber hecho” Mucho tiempo después, en 31 de marzo de 1885 Betances le escribe a Bonó y dice que le admira” (Rodríguez Demorizi: Los Papeles de Bonó: 1980, P. 153).
Encontrándose Betances en Santo Domingo el periódico El Monitor de fecha 7 de septiembre de 1867 -órgano del Gobierno Dominicano- publicó la reseña siguiente:
"Anteayer ha llegado a esta capital el doctor Emeterio Betances, joven muy apreciado por sus cualidades personales y considerado como facultativo de buena reputación. En Santo Domingo encontrará el doctor Betances una nueva patria que sabrá acogerle y distinguirle por sus méritos, por sus honrosos precedentes, y más que todo por sus generosos servicios que privadamente prestó a la república en los momentos de la guerra de la Restauración".( Reproducido en: Ibídem. P. 59.)

Inclusive se sabe que hizo un viaje clandestino a la vecina isla de Puerto Rico, desde donde viaja a Nueva York. Mucho tiempo después, el 7 de diciembre de 1867 llegó Betances clandestinamente a Santo Domingo en donde se enteró de la muerte de don Segundo Ruiz Belvis ocurrida en un hotel de Valparaíso, Chile, en 3 de noviembre de 1867, quien posiblemente murió envenenado por la inteligencia española.
Encontrándose Betances residiendo en la República Dominicana en calidad de exiliado político y contando con el apoyo de Gregorio Luperón fue que él logró articular un movimiento en la República Dominicana en donde fueron importantes auxiliares y participantes los generales Pedro Antonio Pimentel y José María Cabral; Betances pensaba en grande y por ello entendía que era necesario organizar desde el exterior un amplio movimiento libertario que incluyera individuos procedentes de todos los niveles sociales, no solamente militares.
Fue en 2 de enero de 1868 cuando Betances se reúne en nuestro país, la República Dominicana, con los señores: Juan Manuel Macías, Pujols, y con los generales Matías R. Mella hijo, y José María Cabral, para planificar con éstos el desembarco armado y la guerra independentista en Puerto Rico, dejando formalmente fundado el Comité Revolucionario de Puerto Rico.
Betances sale de Saint Thomas en fecha 26 de enero de 1868 con destino hacía Santo Domingo para hacer conferencias con Macias, Pujols de Estados Unidos, y con el dominicano José María Cabral. Su plan consistía en hacer la proclamación de una República Federal Antillana compuesta por las grandes Antillas.
Posteriormente Betances volvió a Saint-Thomas, y también viajó a Santo Domingo una vez más, desde donde organiza una expedición contra la dominación española en Puerto Rico que dará lugar al levantamiento armado de Lares de 1868. Desde Saint-Thomas mantenía comunicación con las sociedades secretas que fueron organizadas en Puerto Rico, especialmente las de la capital de la colonia: San Juan, y con la del Barrio Buena Vista de Mayagüez.
Desde enero hasta abril de 1868 Betances realizó varios viajes de Santo Domingo a Saint-Thomas, e inclusive, desde allí hizo varias remesas de armas, principalmente revólveres, machetes, y otro tipo de armas, las cuales compraba con fondos colectados entre sus partidarios en la Isla, y con cierta frecuencia también visitaba la República Dominicana.
En mayo de 1868 Betances suscribió un acuerdo de ayuda reciproca con el general Luperón para lograr la caída del gobierno de Buenaventura Báez en la República Dominicana, y provocar la expulsión del poder de Silvain Salnave en Haití quien había derrocado al liberal Fabré Geffrard en abril de 1867; ambas acciones serían el paso previo para facilitar la lucha contra España en Puerto Rico.
A tales fines brindó ayuda económica a los haitianos, y a Luperón le facilitó en calidad de préstamo la suma de $50,000.00 de los fondos de las juntas puestos a su cargo. Mucho tiempo después Luperón dijo que “El gran patriota antillano, el infatigable Dr. Betances, corrió a prestarle su dinero y su cooperación para comprar armas y pertrechos contra Báez” (General Luperón, Gregorio, Notas Autobiográficas y Apuntes históricos, Tomo I, Central de Libros, Santo Domingo, 1992, 2ª. Ed., P. 108.).
Estos fondos fueron finalmente pagados a Betances y a otros colaboradores de la causa dominicana. En 5 de julio de 1875 Luperón eleva una instancia al Congreso dominicano pidiendo el pago de esta deuda, finalmente saldada tras muchas discusiones y dilaciones.
El médico y patriota boricua también sufrió sus decepciones cuando los liberales puertorriqueños Calixto Romero y Julián E. Blanco le escribieron desde Madrid manifestándole que no se mezclarían en la lucha por la independencia en una clara manifestación de claudicación, incluido Román Baldorioty de Castro.
En el verano de 1868 Betances viajó a Curazao para gestionar armas y ayuda para la causa de la independencia de su patria. La insurrección de Lares originalmente se planificó para realizarla en fecha 24 de junio de 1868, pero por razones no bien conocidas se aplazó para el mes de octubre. Durante su estadía en Saint Thomas Betances organizó varias Juntas, todas presididas por él, durante los días 9, 11, y 16 de diciembre de 1867, manteniéndose en constante comunicación con Juan Manuel Macias, el representante de la Junta Revolucionaria de Cuba y Puerto Rico en la ciudad de Nueva York. Fue don Domingo Goicuría quien acudió a Saint Thomas en defecto de Macías en 16 de diciembre de 1867.
Desde la República Dominicana consiguió que se formaran Juntas Revolucionarias en distintas partes de la Isla, contando con la participación de hacendados, jornaleros, agricultores, artesanos, religiosos, milicianos y hasta esclavos, contando para materializar sus planes con el apoyo de dominicanos y venezolanos.
Por lo visto los nexos de Betances con los independentistas cubanos eran bien fuertes, y por lo tanto tenía un claro conocimiento de los planes insurreccionales de los rebeldes cubanos, tal es la situación, que en una carta de Betances dirigida a los señores Matías Brugman y Manuel Rojas les decía que la lucha en Cuba se iniciaría en septiembre u octubre de 1868, por lo cual, este conocimiento pudo ser el móvil que decidió mover la fecha de la insurrección de los puertorriqueños, planificada originalmente para el mes de junio de 1868, de tal suerte que coincidiendo con la cubana la reacción de los españoles podría estar más limitada.
Los españoles consideraban a los dominicanos, después de la gran derrota militar sufrida por España, como una "Turba de negros", o los estimaban como "soldados multicolores de la republiquilla dominicana", en tanto la guerra de Santo Domingo ejerció un considerable efecto en las islas de Cuba y Puerto Rico, en las cuales, según se sabe, al ver llegar a las tropas españolas:
"Mermadas y vencidas, que vencimiento es al retirarse ante el enemigo armado; al ver llegar a las playas de ambas islas españolas a los hasta entonces soldados iberos mustios, cadavéricos, y diezmados, si no por las balas, por el clima, los laborantes no tuvieron más que una palabra que decir: Mirad, y un ejemplo que poner: Santo Domingo, para probar que sus proyectos no eran quiméricos, para probar que no se necesitaban grandes ejércitos ni el heroísmo de Guillermo Tell para lanzar a los españoles de América".(Ibídem., P. 63.)
Cuando Betances escribe desde Santo Domingo al redactor del periódico La Voz del Cibao en 27 de septiembre de 1867 le dice que le escribe: “Con la esperanza de que, en cualquiera parte de las costas dominicanas donde vengan a abordar mis desgraciados compatriotas, los habitantes se dignaran darles una acogida digna de la proverbial hospitalidad de nuestros países, en la firme convicción de que los que vengan a sentarse en el hogar dominicano, son y serán siempre verdaderos hermanos” (Véase. Bonafoux, Luís, Betances, Instituto de Cultura Puertorriqueña, San Juan, 1987.)

Thursday, July 19, 2007

EL PUEBLO DE LARES ANTES DE LA REBELION DE 1868. LAS CONSPIRACIONES Y SUS CAUSAS

NOTIHISTORIADOMINICANA

AUTOR: FRANCISCO BERROA UBIERA, HISTORIADOR

El pueblo de Lares antes de la rebelión de 1868

La sociedad puertorriqueña, promediando el siglo XIX, en 1854, fue descrita así por don Federico Asenjo y Arteaga (1831-1893):

"Era un pueblo, que al rumor de las olas oceánicas, se conformaba con cosechar azúcar, café y tabaco, celebrar fiestas patronales, celebrar el natalicio de los infantes reales, reyear y coquetear con lechón asado, majarete, bienmesabe, almojábanas, y arroz con perico, acompañado de una música brava de discordes instrumentos donde nunca faltaban el tamboril africano y el guicharo indígena".[1]

Esta es la descripción de la vida cotidiana de un pueblo aferradísimo a sus tradiciones y fiestas, a sus juegos, y a ciertos hábitos alimenticios muy acendrados. No obstante, no se trata de la descripción de la sociedad civil y política con realzados anhelos de independencia, e interesada en acabar con el régimen colonial iniciado por los iberos en 1508, y dilatado hasta la segunda mitad del siglo XIX.

La isla de Puerto Rico y sus habitantes no se sumaron en los tiempos iniciales del siglo XIX temprano a los afanes independentistas de los pueblos hispanoamericanos, sin embargo, esta situación no impidió la manifestación de un intento de independencia: El Grito de Lares (23 de septiembre de 1868), comunidad borinqueña que observada en el contexto general de la descripción otrora realizada por don Federico Asenjo y Arteaga no constituía una excepción.

En 1832 Lares era un barrio del Pepino, convirtiéndose posteriormente en un pujante municipio con 12 barrios y una población de 1,676 habitantes con 500 aptos para las milicias urbanas entre los 16 a los 60 años. El pueblo de Lares conformaba en aquellos lejanos años una pequeña comunidad mediterránea enclavada en la sierra, específicamente ubicada en la parte central montañosa del Occidente de la isla de Puerto Rico, rodeada del verdor de los campos cultivados de café, y ubicada a una distancia casi equidistante de las tres ciudades costeras más importantes de la Isla: Arecibo, por el Norte; Ponce, en el Sur; y Mayagüez, por el lado Oeste.
En 1842 la población de Lares era de 3,411 habitantes de los cuales había 28 esclavos, de los cuales 12 pertenecían al hacendado galo Jean Baptiste Fremaint.

Uno de los elementos que afectaba a los vecinos de Lares y a los puertorriqueños en general era la opresión provocada por el sistema de vigilancia y control social y político que se instituyó en Puerto Rico bajo el dominio español, sociedad completamente militarizada desde 1830. La sociedad colonial se hallaba usurpada por los peninsulares, y desde 1817 se estableció el servicio militar obligatorio, creándose en 1860 cinco nuevas comandancias por temor a los posibles efectos de la guerra dominicana (1863-65), y en vista del desarrollo del movimiento abolicionista.

Desde 1860 el gobernador y sus funcionarios eran los encargados de autorizar reuniones, bailes, y cualquiera manifestación social; el toque de queda era efectivo a partir de la 9:00 P.M., y existía un rígido sistema de control de traslados y mudanzas; censura, y control de lecturas y de publicaciones, etcétera.

En los municipios el gobernador nombraba a los funcionarios: Alcaldes y Tenientes a Guerra, encargados de dirigir y supervisar las reuniones municipales, y cuyas recomendaciones eran de cumplimiento obligatorio. Inclusive el gobernador tenía el derecho a veto de las resoluciones de los municipios y las sancionaba.

Mucho antes del grito de Lares, su Alcalde lo era don Andrés Dufresno, quien avisaba por medio de una misiva al Gobernador de Puerto Rico el día 2 de enero de 1862 sobre la inoculación realizada con el llamado fluido vacuno, contra la viruela, de 15 niños en la comunidad de Lares.

Este mismo funcionario escribía al Gobierno Central en fecha 2 de octubre del mismo año (1862) un informe, haciendo constar que destinaba la totalidad de los fondos municipales al juego de la lotería con un billete entero marcado con el número 8,185.[2] Parece que la confianza depositada en el azar para multiplicar los fondos municipales era una muestra de verdadera desesperación del municipio por contar con recursos económicos en aquella pobre y apartada población de la Isla, en donde el administrador de los pocos fondos públicos exponía al azar lo imprescindible con la vana esperanza de conseguir lo superfluo.

Asimismo, en el curso del año 1867 fueron tramitadas por la Alcaldía de Lares varias solicitudes de licencias comerciales en favor de los señores Ramón Irizarry, Braulio Martínez, Juan Román, Víctor Hernández, Manuel López, Miguel Márquez y Eudeñas, Pedro Mayol E, Carlos Serrano, entre otros,[3] lo cual demuestra que el cultivo del café en la zona incidía en su paulatino crecimiento comercial.

Ese mismo año (1867), fue enviada a las autoridades centrales de la Isla desde la Alcaldía de Lares una relación de multas aplicadas en esa comunidad. Este era uno de los mecanismos para la obtención de recursos por parte del municipio, pero que de seguro, la población lo entendía como un ejercicio fiscal odioso y represivo. He aquí el contenido del documento:
Pueblo de Lares, Diciembre del año de 1867

Relación de Multas administrativas impuestas por esta Alcaldía en el mes pasado de diciembre.[4]
Fecha Nombre Núm. Causa Escudos
2 D. Pedro P. de la Torre 128 Art. 156 (Bando) 2
3 D. Juan Manuel López 129 Art. 156 2
8 José Emilio Cuevas 130 Art. 156 2
9 Francisco Roman 131 Art. 251 16
9 José Rivera 132 Art. 251 10
10 Juan Antonio Quiñones 133 Art. 251 4
10 José Cruz 134 Art. 156 2
10 José Cruz 135 Art. 156 2
10 Francisco Agostini 136 Art. 156 2
10 D. Pablo de Rivera 137 Art. 156 2
10 D. Pablo de Rivera 138 Art. 156 2
10 D. José Díaz Rivera 139 art. 156 2
16 Manuel Muñiz 140 art. 156 2
17 Domingo López 141 Art. 156 2
17 Domingo López 141 Art. 156 2
17 José Desiderio Vélez 143 art. 156 2
23 Juan Cruz 144 art. 5 RJ. 12
28 Victor Rosado 145 art. 156 2
28 Pedro Gimenés 146 art. 156 2
29 Bernardino Magañon 147 Art. 156 2

Suma 74

En otra relación, similar a la anterior, pero correspondiente al año de 1869 aparecen multados los señores: Tomás Hernández por violación del Art. 156 del bando; Demetrio Montalvo y Juan Rosado, por haber faltado supuestamente a una patrulla; Marcelino Colón, por violación del Art. 277 del Bando; José Jiménez, por violación del Art. 156; Juan Sepino Santiago, por robo; Luís Antonio Santiago por violación del art. 17 del Bando; y los señores Francisco Rodríguez y Manuel Molina, sin indicación de causa. Por lo regular estos informes se enviaban periódicamente, y en la Caja 486 del Archivo Histórico de Puerto Rico se encuentran varios de estos informes. Las causas más comunes eran: Por infracción al artículo 156 del Bando; por infracción del art. 5 del reglamento de jornaleros, etc.

Los registros de alta y baja de esclavos y jornaleros eran llevados de forma sistemática por las autoridades municipales. De acuerdo con una carta de fecha 30 de junio de 1864 el Alcalde de Lares don Andrés Dufresno informa que había cumplido con lo dispuesto en el circular Núm. 38 del 7 de enero de 1862 sobre el Registro de esclavos, anexando a la misma el documento titulado: "Alta y baja de esclavos" del segundo trimestre de 1864. De acuerdo con dicho registro había en Lares 126 esclavos, de los cuales 64 eran hembras y 62 varones.

En fecha 31 de marzo de 1864 se determinó que en el primer trimestre de ese año había en Lares 1,223 trabajadores de los cuales 1,150 eran jornaleros y 73 artesanos, en el segundo trimestre los artesanos eran 73 y los labradores 1179, para un total de 1252.[5]

Algunos de los jornaleros registrados como tales en el municipio de Lares eran los señores: Aquilino Ramos, Cornelio Arroyo, Antonio Valentín, Andrés Avelino González, Manuel Torres, Pablo Soto, Juan Rosa Torres, Avelino Bonilla, José Antonio Pérez del Río, Tomás del Toro, Juan Santos Méndez, Justo González, Mario del Valle, Pedro Celestino Vargas, Francisco Pozo Cordero, Juan Ramón Pozo, Francisco Galarza, Francisco López, Juan Perdigón, Juan Arocho, Juan José Estremada, Miguel Reyes, Miguel Ramos, Francisco Retamas, Manuel Torres, Sebastián Mercado, Manuel Rivera, José Negrón, Gregorio Retamas, José Arocho, Ramón López, Julián Antonio Banero, Manuel Morales, Francisco Ruiz, Juan Pablo González, Miguel Ruiz, Juan Feliciano, Miguel García, Francisco López, Vicente González, Juan Antonio Vélez, Tomas de Lugo, Juan Antonio Soto, Gregorio Caraballo, Hilario Crespo, Celestino Rivera, José Jenievez, Juan Antonio Feliciano, Luciano Ramírez, Juan Velázquez, Faustino Ramírez, Juan Zeus Velázquez, José Bonero, Eusebio Rodríguez, Emilio Medina, Manuel de Jesús González, Francisco Arroyo, Bruno Miranda, Francisco Cortés, José de Santiago, etc.

Otros documentos hacen constar que cada mes el Alcalde hacía un informe sobre el manejo de los fondos municipales, y de acuerdo con otra fuente documental se sabe que el municipio de Lares hacía periódicos aportes a la cárcel de Aguadilla, la cual también recibía aportes de municipios aledaños, por lo cual se puede deducir que era una cárcel regional.

La seguridad pública, antes del Grito de Lares y posteriormente, era prerrogativa del municipio. Por ejemplo, en 1873 La policía del pueblo contaba con el siguiente personal: dos guardias municipales armados de sables, uno de lanza, y dos serenos con lanzas. La policía rural estaba compuesta por 24 comisarios. La seguridad pública era el organismo municipal encargado de expedir las denominadas cédulas de vecindad, las cuales las expedía personalmente el Alcalde, en su encarnación y representación del Poder del Gobierno Central, a todos los varones cabezas de familias. Dicho documento resulta de interés, y en el mismo se hacían constar las siguientes cuestiones: Las señas generales: edad, estatura, pelo, ojos, nariz, barba, cara y color, al igual que las señas particulares.

Los funcionarios del municipio de Lares en el año de 1866 eran los siguientes: Don Andrés Dusfreno o Daperra, Presidente del Ayuntamiento de Lares, don Cristino Zeno, Secretario municipal, y los señores Manuel Paz, Tomás Hernández, Cristóbal Torres, Buenaventura Delgado, Felipe Arana y Miguel Márquez, miembros de la asamblea municipal. El Sindico lo era don Miguel Oliver, y su suplente Manuel Juarbe; el Alguacil lo era José Valentín Soto quien se hallaba recluido en prisión en la cárcel de Aguadilla, siendo sustituido por Manuel Segarra.[6]


A continuación presentamos un documento de la Alcaldía de Lares, remitido a la gobernación en agosto de 1867, conteniendo una relación de las personas que habían sufrido prisión correccional:


Alcaldía de Lares
Agosto de 1867
Relación de personas que han sufrido corrección corporal en agosto con expresión de causas y días de cárcel.[7]
DÍAS DE ENT.-SAL.- NOMBRES-INFRACCIÓN O CAUSA COMETIDA-DÍAS DE PRISIÓN
4 4 CELEDONIO MARTÍNEZ Por esceso (Sic.) con Nicolás Rivera 1 día
4 4 NICOLÁS RIVERA Por Ídem. con Celedonio Martínez 1 día
6 6 CARLOS FELICIANO[8] Por escándalo 1 día
6 6 MANUEL CAMACHO Por escándalo 1 día
Lares, septiembre 6 de 1867
BRUNO JAVIER
LUIS BAS, Secreto.


El precio de las tierras en el pueblo de Lares de 1835 a 1868 evoluciona así:

PRECIO DE TIERRAS EN LARES (1835-1868)
Años Precio de las tierras en Lares
De 1835 a 1840 4.9 pesos por cuerda
De 1844 a 1850 7.3 pesos por cuerda
En 1868 37.64 pesos por cuerda

En 1850 la economía de Puerto Rico sufre un importante proceso de descapitalización: el comercio producía 28.0 millones de escudos, y se destinaban 17.0 millones para las importaciones; en octubre de 1868 hubo un huracán que provocó cuantiosos daños a los cafetales y a la agricultura en sentido general, de noviembre de 1867 a enero de 1868 se verificaron en Lares y en Puerto Rico varios temblores de tierras.

Mariana Bracety, y el reglamento de Registro de esclavos de 1867

En cuanto a doña Mariana Bracety quien confeccionó la bandera tricolor usada en Puerto Rico en 1868, y una de las mujeres involucradas en los acontecimientos ocurridos en Lares en septiembre de 1868, conocida con el seudónimo de Brazo de Oro, se sabe bien poco de su vida anterior a 1868; natural de Añasco, en donde contrajo matrimonio con el venezolano Miguel Rojas, hermano de Manuel Rojas -el jefe militar del Grito de Lares-. De su pueblo natal pasó a residir en el barrio Mirasol de Lares, que se encontraba a unas dos leguas de éste último pueblo. Ella misma confiesa, en la carta que más abajo se reproduce, que "puesto que hace poco tiempo vine a éste lugar", y por lo tanto, su mudanza de Añasco a Lares se produjo poco antes de noviembre de 1867.

Esta mujer fue verdaderamente excepcional: una madre entregada con ternura a su familia; una esposa y compañera pudorosa que supo mantener su matrimonio con entereza y sacrificio a pesar de la enfermedad de su esposo Miguel Rojas, quien era epiléptico, y en fin, una patriota con un claro sentido del deber. Su ejemplo de abnegación, bondad y dulzura hicieron de ella un verdadero ser humano.

Un poco más de un año antes del Grito de Lares, doña Mariana Bracety desconocía que el Gobernador José Marchesi, había puesto en vigor un Reglamento, aprobado por Real Decreto de 18 de junio de 1867, para la aplicación de la Ley Sobre Represión y castigo del Trafico de Negros,[9] estableciendo como una obligación realizar el empadronamiento de los esclavos, tanto en Puerto Rico como en Cuba.

Este reglamento disponía que para su aplicación se debía crear una Comisión denominada "Junta de Presos", conformada por 90 propietarios de bienes raíces mayores de 22 años, "los cuales se elegirán por sorteo". El mismo reglamento facultaba a las autoridades para proceder a la detención de buques y esclavos, en caso de encontrarse algún barco introduciendo esclavos en alguna de las dos islas -Cuba o Puerto Rico-,[10] facultándose a los interesados en los esclavos que pudiesen ser apresados a hacer cualquier reclamación ante la mencionada Junta mediante la constitución de un letrado (abogado).[11] En su Capítulo 4º "Del empadronamiento, registro civil y cédulas de esclavos.", en el artículo 56, el Reglamento establecía:

“Los Comisarios y Celadores de policía, los Capitanes y Tenientes de partido en la isla de Cuba y los Comisarios de Barrio en la de Puerto Rico, acompañados de las personas de los Gobernadores o los Tenientes Gobernadores obliguen, procedieran [procederán] simultáneamente en la época que el Gobernador señale con arreglo a los criterios, formar padrones exactos de los esclavos que haya en su jurisdicción.”[12]

En este mismo Capitulo, el artículo 62 ordenaba imperativamente que: "Los Comisarios, los Pedáneos, y los auxiliares que los acompañen firmaran todos los padrones de su jurisdicción y los dueños de esclavos o sus representantes los suyos respectivos".[13] Asimismo se obligaba a los dueños de esclavos y a los curas párrocos a dar cuenta de las defunciones, nacimientos y matrimonios de esclavos.[14]

Todos los esclavos empadronados debían tener una cédula, renovable anualmente, pudiendo expedirse a los esclavos cédulas de dos tipos: rurales o urbanas,[15] aunque por cada cédula rural se debían pagar 40 céntimos de Escudo, y por las urbanas 2 escudos por cada una.[16]
Esta Ley fue dada en Madrid el 18 de julio de 1867, y fue aprobada por Su Majestad Isabel II, y firmada por Marfori, Secretario Real. La misma fue remitida por Marchesi el 27 de julio de 1867 a todos los Alcaldes de la Isla,[17] quienes, tan pronto reciben la disposición legal proceden a elaborar una relación de los propietarios de esclavos en sus respectivas jurisdicciones a fines de darle cumplimiento al reglamento. Por ejemplo, de fecha 20 de agosto de 1867, fue remitida por el Alcalde de Utuado, don Salvador del Valle al Gobernador Marchesi, una lista que incluye los nombres de 100 propietarios de los cuales se indica claramente en notas de observación que 27 eran analfabetos.[18] Adicionalmente, en la Gaceta de Puerto Rico, número 150, correspondiente al martes 10 de diciembre de 1867, se publica un resumen de esta ley. Posteriormente, el gobernador Pavía, sustituto de Marchesi, el 17 de marzo de 1868 elabora un Circular que ordena actualizar las cédulas de los esclavos, y establece un plazo de cuatro días después del nacimiento de esclavos, del matrimonio, de las defunciones o manumisiones para la declaración formal de éstos actos de la vida civil,[19] y transcurridos ocho días sin darse la información, se impondrían multas de 20 escudos a los responsables de la negligencia en la observancia de la disposición. También se previó dar multas de 50 escudos a los dueños de esclavos que no presentasen las cédulas de aquellos siervos que se trasladasen de su jurisdicción. En el artículo 14 de la misma circular se establecían multas a los Corregidores o Alcaldes por retrasos en el cumplimiento de sus labores, las cuales oscilaban entre 20 a 30 escudos.[20] Por este motivo, verbigracia, en Utuado, y en los demás municipios de la Isla, desde 1868 se procedió a abrir un "Registro de los esclavos de este municipio que pasan de un dueño a otro".[21]

Estos registros contienen información poco relevante sobre los traspasos de esclavos, pero servirían para hacer inventarios de los pequeños y grandes propietarios de esclavos en Puerto Rico en el tercer cuarto del siglo XIX, y para otros fines, según sea el interés de los que se dediquen a su estudio.

La Carta inédita de la Bracety

Sin detenerme en el análisis de la pieza documental, presento la epístola rogatoria de la propietaria del esclavo de nombre Marcos: Doña Mariana Bracety,[22] dirigida desde Lares al Gobernador de la Isla de fecha 12 de noviembre de 1867, después de verse afectada por la ley antes comentada.

Carta de Doña Mariana Bracety[23] al Gobernador de la Isla de fecha 12 de noviembre de 1867 (En el encabezado tiene dos sellos).

Ecsmo. (Sic.) [Excmo.] Sor.[Señor] Gr.[Gobernador] Supr. [Superior] Civil
Doña Mariana Brazeti de este vecindario ante VE. [Vuestra Excelencia] con el respecto debido tiene el honor de exponer: Que el día de hoy por una casualidad a llegado a mí noticia que VE. [Vuestra Excelencia] ha dictado una disposición para que todos los siervos fuesen matriculados en un término al efecto señalado, vencido el cual como lo esta [está] sin que fuese llenada [por mí] la disposición, quedarían aquellos libres.

La exponente posee uno nombrado Marcos al cual tiene alquilado en el pueblo de Añasco por ser de oficio panadero y lucrarme más que aquí; y aunque siempre le gusta acatar las disposiciones del Gobierno, no ha podido esta vez cumplir por la razón expresada al principio, de ignorar hasta hoy que havía [Sic.] tal mandato, lo que nada es de extrañar sí se atiene a que vive dos leguas distante de la población [de villa de Lares], afines no poseo más bienes de fortuna que el referido siervo, el cual no está en esta jurisdicción como dejo dicho, y el Comisario del barrio sin duda ignorando que lo tuviese[,] puesto que hace poco tiempo vine a este lugar, no medió avisos algunos como he (Sic.) savidos (sic.) después ha sido dado a otros dueños de esclavos.
Ynmensa (sic.) ha sido, Ecsmo. Sor. la pena que sintió mi corazón al recibir hoy por un particular la nueva de que hiva (sic.) a perder aunque sin culpa el único recurso que cuento para sobrevivir a las imperiosas necesidades de mi familia que se compone de tres hijos de un esposo que a consecuencia de los continuos ataques epilépticos que desde muy atrás sufre, como lo prueba el credencial que respetuosamente acompaño, ha quedado en desuso de la razón, un hijo tullido y mi avanzada (sic.) edad se me ba (sic.) haciendo ya imposible ganar la vida cosiendo como lo hacía antes y aun lo sigo haciendo trabajosamente; y en tan aflictivas circunstancias aunque me hallo amenazada tan de cerca por la miseria máxime en la actualidad que el temporal ha destruido todos los frutos alimenticios, he deliverado (sic.) animada por la conoseción [por conocimiento] que me asiste de los filantrópicos y [h]umanitarios sentimientos que a VE. tanto enaltecen ocurrir.

Suplicando a VE. se digne teniendo en consideración lo expuestos ordenar lo conveniente a fin de que mi referido esclavo Marcos sea insertos [insertado] en la matrícula correspondiente fines a no contar con su jornal diario no sé que será de mí y de mis pobres hijos. Gracia especial que la justificación de VE. espera una afligida madre de familia desde el pueblo de Lares a dose (sic.) de Noviembre de mil ochocientos sesenta y siete años.

Ecsmo. Sor.
Mariana Bracety (Firma)

Al pie la carta hay una nota que dice:
Ecsmo. Sor.
Acerca de lo que expone Dña. Mariana Bracety en la presente solicitud que el Alcalde tiene el honor de informar: nada le consta en contrario porque viviendo a dos leguas próximamente en el barrio de Mirasol, y paresiendo (sic.) símil lo espresado (sic.), por que sí por el Comisario ú otra persona hubiera tenido noticias la interesada hubiera echo cuanto estubiera (sic.) de su parte para no esponerse (sic.) a perder lo único que según parece posee.
Lares, quince de Noviembre de mil ochosientos (sic.) sesenta y siete.
Excmo. Sor.
Bruno Javier (Firmado).


Un Anexo con el sello del Alcalde de Añasco que textualmente dice:
"El Ecsmo. Sor. Gobernador y Capitán General de esta Ysla, me dice con fecha 23 del corriente lo que sigue:
“Visto el informe de U. á consecuencia del estado de Don Miguel Rojas, pidiendo su exoneración de todo servicio prestorial (sic.) por la enfermedad de epilepcia (sic.) que padece, he resuelto acceder a sus deseos mientras continué en el estado de inutilidad que hoy se encuentra, y lo digo á U. para su inteligencia y efectos correspondientes'
Y lo traslado a U. para su conocimiento y resguardo.
Dios guarde a Ud. Ms. Ans.
Alcalde Mayor
Añasco, Abril 26 de 1867
Antonio de Aramburu (Firmado)
Sr. D. Miguel Rojas (Firmado)


Las conspiraciones y sus causas

Los primeros rumores de los conspiradores se verificaron entre mayo-junio de 1867, sin embargo, posteriormente se produjo en la población de Lares la detección de algunas evidencias simples indicativas de que se estaba fraguando una conspiración, inclusive en la Casa de don Manuel Rojas, situada en el Barrio Pezuela (otros barrios colindantes eran Bartolo, Mirasol y La Torre) se sabía que éste disponía de un depósito de armas y de municiones. Los comerciantes de Lares propietarios de las casas Márquez y Ca., Juan Alcover y Cía., Don Cristóbal Ferrer, Caloca y Cía., Francisco Ferret y Hno., comunicaron al general Marchesi, gobernador colonial, un informe confidencial sobre el asunto de las conspiraciones, por lo cual, desde Aguadilla viajó a Lares el coronel José Asaoz con el propósito de hacer una pesquisa del asunto denunciado por los comerciantes, enterándose de que algunos de los implicados en la conspiración lograron escapar a los montes por 12 días. A tales fines fueron interrogados por el Alcalde de Lares los señores Miguel Oliver, Cristóbal Ferrer y Miguel Márquez, quienes ofrecieron las informaciones sobre las actividades sediciosas.

Desde 1867 la sociedad puertorriqueña se hallaba dividida en dos grandes bloques: los insulares y los peninsulares; los de acá y los de allá; los nativos y los foráneos; los hijos del país y los hijos ajenos, todo lo cual incidía sobremanera en las luchas sociales y políticas derivadas de tales dicotomías.

Sobre las motivaciones del movimiento, el sumario de instrucción establece:
"Que el origen, la índole y naturaleza de la rebelión, averiguados sin que pueda dudarse que se debía a la integridad de euforia á todo lo que es peninsular,[24] no solamente a lo político administrativo, sino también en lo que respecta a los intereses imperiales de los españoles aquí establecidos [tachadura] a excepción de Don Felipe Arana, no padecido definiendo alguno el elemento indígena, y sin la existencia combinada de las sociedades secretas no es fácil que se hubiera presentado armada la revolución: que tiene una lógica explicación el que no hayan intentado el grito de la rebelión otros pueblos y personas, pues abortada aquella por la prisión repentina de [Manuel María] González no es difícil suponer que los demás comprometidos debían de salir del campo cuando ya las tropas recorrían en columnas varios pueblos de la Isla, sin que por ello deba creerse que Don Eusebio Ibarra ha faltado escusialmente (sic.) [con excusas] a la verdad al referir en sus inquietudes la existencia de más sociedades secretas que las descubiertas, que son ya objeto de procedimiento entre conspiradores, cabecillas y peones cuatrocientos cincuenta presuntos prisioneros poco más o menos y cubre los que han confesado culpabilidad ochenta más".[25]

En sus declaraciones s las autoridades, el nacional francés Carlos Elio Lacroix (a) Luis Cátala, menciona a Ramón Emeterio Betances como el colector de fondos del movimiento separatista, y lo ubica en Santo Domingo, en Saint-Thomas o en Estados Unidos.[26]

En un libro habilitado por defecto del de la Pieza Número 48[27], de hace constar que el 22 de septiembre de 1868 se realizó una reunión en la casa del norteamericano Mister Matías Brugman, ubicada en el Barrio Buena Vista (campo), de la jurisdicción de Mayagüez, y que en la misma participaron los señores: Enrique Brugman, Don Bruno Schabrié, Rafael Arroyo, Elías Beuchamp, Agustín Lara, José García (a) Pepe, Dionisio Beuchamp, y Francisco Arroyo (a) Paco, estableciéndose que estas reuniones eran hechas con el objeto de:

"Proclamar la libertad y la independencia de esta Isla, para lo cual hacían muchas reuniones, que [en la casa de Brugman, Mayagüez] funcionaba la sociedad secreta llamada Capá Prieto de la que era presidente Don Matías Brugman, Vicepresidente D. Juan Torrefort, Secretario Don Baldomero Baurén (a) Guayubín, [y] Hermano Instructor D. Francisco Arroyo".[28]

En un informe del Comandante Militar del Departamento de Arecibo, éste hace saber a las autoridades que:
"En la noche del veinte al veinte y uno de septiembre último, ocupándole algunos papeles que suponían podrían comprometer y descubrir a la mayor parte de los afiliados en las tres referidas sociedades y las que bajo el título de "Porvenir" estableciera en el cuartel de milicias de El Pepino, bajo la presidencia del Alferes [Alférez] de aquel cuerpo funcionaba como delegación de la del Bravo No. 2; Que el movimiento se ofreció en su consecuencia prematuramente, pues debía tener lugar simultáneamente en varios puntos de la Isla, entre ellos Mayagüez (población)[mejor dicho la villa o ciudad],Cabo Rojo, San Germán, Yauco, Ponce y otros [pueblos], que se han enunciado por los acusados, debido todo a la inesperada prisión de Don Manuel María González, Presidente del Lanzador del Norte; que con el fin de hacer el levantamiento simultáneo en varios puntos, todas las sociedades mandaron sus representantes a en del "Capá Prieto" efectuándose la reunión en uno de los días del diez al quince de septiembre último en la casa de D. Pablo Beuchamp, en la que se reunieron D. M. [Matías] Brugman, B. [Baldomero] Baurén (a) Guayubín, D. Juan Torrefort, Bruno Beuchamp, y cuatro personas más desconocidas para él, Pablo [Beuchamp], y que debieron ser Marcelino Vega, Secretario de la Lanzador del Norte, D. Manuel Cebollero Presidente de la de "Porvenir", y tal vez, Don Manuel Rojas, según se infiere de la declaración de D. Manuel Ramírez, obrante en la Lucía 1ª. [...] Lares, sin que en aquel se lograran acuerdo alguno: pero con posterioridad y ante del noche del veinte del precitado mes, debió tener lugar tal acuerdo, puesto que el Don Manuel Ramírez, vecino de Lares, le presentó en la misma al presidente del Lanzador del Norte, pidiendo le convocara a sus socios para decidirlos a levantarse el día veintinueve; y en efecto tuvo lugar la reunión bajo la presidencia de D. Manuel María González en una casa deshabitada, situada en el Barrio La Ciénega, jurisdicción de Camuy, perteneciente aquella á D. José Cesilio López, en cuya reunión el Ramírez expresó la necesidad de realizar el movimiento en el día veintinueve, a lo que se oponía Don Manuel María González, incumpatando que se carecía de armas, y otros recursos, y replicando Ramírez que el mandaría armar y que en nueve días podían buscarse de debajo de la tierra, concluyendo con manifestar, que si el lanzador no iniciaba el movimiento le quedaría al Centro Bravo No. 2 la gloria de haberlo iniciado; con lo que la generalidad de los socios que asistieron a dicha reunión, incluso el Cesilio López, estuvieron conformes, comprometiéndose aquella [la rebelión] en presente de D. Marcelino Vega, D. Carlos Martínez, D. Bonifacio Agüero, D. José Antonio Hernández, D. Ramón Estrella, D. Bartolomé González, Comisario de Barrio, D. Cesilio López, Antonio Santiago, D. Manuel Ramírez, D. Ulises Cancela; Que luego de terminada la reunión mandó el Presidente Don Manuel María González, todos los actos y papeles más importantes pertenecientes a la sociedad s D. Manuel Rojas Presidente de Centro Bravo, o sea Bravo No. 2, por medio de un expreso; y a las pocas horas; o sea al amanecer del veinte y uno, fue cuando a virtud de cuantas noticias suministradas por el Capitán de Milicias D. Juan Castañer, Comandante de Cuartel de Quebradillas, con la que se formó el oportuno expediente, se decidió el Sor. Coronel Gefe (Sic.) en este Departamento a practicar un escrupuloso reconocimiento en la casa de D. Manuel Ma. González, ocupándose un cuaderno manuscrito, compuesto de nueve hojas que se encabeza con el epígrafe de "Reglamento formado por nos. [nosotros] los fundadores de la asociación para la liberación e independencia de la Ysla de Puerto Rico", en cuyo reglamento se desarrolla la organización de la sociedad que consta de Hermanos, Priores y Maestres, descendiendo después á averiguar las obligaciones de los socios y de los Maestres, y los modos de hacer la propaganda revolucionaria, ocupándose igualmente un manuscrito en que se ataca la administración general de la Ysla, y otro de máximas, unas morales y otras inmorales, en especial en lo que se refiere al crédito y apreciaciones; con más algunas anotaciones, en que se habla de la necesidad de armarse y equiparse, ver qué armas tiene cada uno, así como también los individuos con que se cuenta, [y] verse en Mayagüez con D. José María Gonce sobre el importante negocio....".[29]


Notas y referencias:

[1] Federico Asenjo: Documentos históricos (Librería Carnegie), en: Cayetano Coll y Toste: Puertorriqueños ilustres. Talleres gráficos hija de J. Ferrer Coll. Barcelona, 1871. 2ª. Edición. P. 183.
[2] AGPR: RG. 186: Records of the Spanish Governors of Puerto Rico. Political and Civil Affairs. Municipalities. Lares, 1860-90. Box 486, Entry 273. AGPR: RG. 186: Records of the Spanish Governors of Puerto Rico. Political and Civil Affairs. Municipalities. Lares, 1860-90. Box 486, Entry 273.
[3] AGPR: RG. 186: Records of the Spanish Governors of Puerto Rico. Political and Civil Affairs. Municipalities. Lares, 1860-90. Box 486, Entry 273.
[4] Fuente: AGPR: RG. 186: Records of the Spanish Governors of Puerto Rico. Political and Civil Affairs. Municipalities. Lares, 1860-90. Box 486, Entry 273.
[5] Ver: Pueblo de Lares, Alta y Baja de Jornaleros. AGPR: RG. 186: Records of the Spanish Governors of Puerto Rico. Political and Civil Affairs. Municipalities. Lares, 1860-90. Box 486, Entry 273.
[6] Carta del Municipio de Lares al Gobernador de fecha 26 de febrero de 1886. AGPR: RG. 186: Records of the Spanisch Governors of Puerto Rico. Political and Civil Affairs. Municipalities. Lares, 1860-90. Box 486, Entry 273.
[7] AGPR: RG. 186: Records of the Spanisch Governors of Puerto Rico. Political and Civil Affairs. Municipalities. Lares, 1860-90. Box 486, Entry 273.
[8] Participante en el Grito de Lares. No. 45 del listado de los procesados.
[9] Reglamento aprobado por Real Decreto de 18 de junio de 1867 para la aplicación de la Ley Sobre Represión y Castigo del Tráfico de Negros. Imprenta del Gobierno Insular de la Isla de Puerto Rico, 1867. En: AGPR: Fondo: Documentos Municipales, Serie Utuado, sub.-serie: Moneda, esclavos, requisitorias, Juntas varias y Orden Público. Década 1836-1885. Caja 13.
[10] Ibidem, Artículo 15 y siguientes.
[11] Ibidem, Art. 31.
[12] Ibidem.
[13] Ibidem.
[14] Ibidem. Artículo 69, en su segundo párrafo.
[15] Ibidem, artículos 73, 75 y 76.
[16] Ibidem, artículo 55.
[17] Las reproducciones originales del documento contienen la rubrica de Marchesi.
[18] En: AGPR Fondo: Documentos Municipales, Serie Utuado, Sub-serie: Moneda, esclavos, requisitorias, Juntas varias y Orden Público. Década 1836-1885. Caja 13.
[19] Artículo 5 de la Circular de Pavía del 17 de marzo de 1868.
[20] AGPR Fondo: Documentos Municipales, Serie Utuado, Sub-serie: Moneda, esclavos, requisitorias, Juntas varias y Orden Público. Década 1836-1885. Caja 13.
[21] Ibidem.
[22] Bracety fue suplente de la sociedad secreta Centro Bravo No. 2 de Lares, y su esposo Miguel Rojas era el tesorero. Manuel Rojas, su cuñado era el Presidente. Ella fue mujer participante en el Grito de Lares. Procesada con el No.123 del listado de los condenados. Fue encarcelada en la cárcel pública de Lares con la esposa de Manuel Rojas, Doña Obdulia Serrano -la que salió en libertad antes de la amnistía. Doña Mariana fue condenada el 20 de enero de 1869, y favorecida con la Ley de amnistía de fecha 25 de enero de 1869, dada por el General Laureano Sanz, sustituto de Pavia.
[23] Participante en el Grito de Lares. No.123 del listado de los procesados.
[24] Tachado por el escribiente dice: "por lo menos en lo político".
[25] AGPR: RG. 186: Records of the Spanish governors of Puerto Rico. Political and Civil Affairs. Revolución de Lares. Pieza 48 (Libro habilitado por defecto), folios 21-22, Juzgado de Ponce en Comisión. Box 181, Entry 60.
[26] AGPR: RG. 186: Records of the Spanish governors of Puerto Rico. Political and Civil Affairs. Revolución de Lares. Pieza 48 (Libro habilitado por defecto), ver folios 5 y 23, Juzgado de Ponce en Comisión. Box 181, Entry 60.
[27] AGPR: RG. 186: Records of the Spanish governors of Puerto Rico. Political and Civil Affairs. Revolución de Lares. Pieza 48, Juzgado de Ponce en Comisión. Box 181, Entry 60.
[28] AGPR: RG. 186: Records of the spanisch governors of Puerto Rico. Political and Civil Affairs. Revolución de Lares. Pieza 48 (Libro habilitado por defecto), folio 1, Juzgado de Ponce en Comisión. Box 181, Entry 60.
[29] AGPR: RG. 186: Records of the Spanish governors of Puerto Rico. Political and Civil Affairs. Revolución de Lares. Pieza 48 (Libro habilitado por defecto), folios 1 al 4, Juzgado de Ponce en Comisión. Box 181, Entry 60.

Tuesday, July 03, 2007

LAS BANDERAS DE PUERTO RICO

Por Francisco Berroa Ubiera, Historiador


Los puertorriqueños, a diferencia de otros pueblos antillanos, se han hecho acreedores, por lo menos, de tres banderas:

a) La bandera roja usada por los conspiradores del Regimiento de Granada en 1838, y que de nuevo flotó en Lares en 1868;

b) La bandera de Betances usada en Lares de 1868, similar a la dominicana; y,

c) La bandera que fue aprobada en la Asamblea de Chimney Hall de Nueva York por los independentistas puertorriqueños pertenecientes a la Sección de Puerto Rico del Partido revolucionario Cubano (SPRPRC) en fecha 22 de diciembre de 1895, y que hoy identifica el Estado Libre Asociado (ELA), y es similar a la cubana.

Puerto Rico y las insignias de Lares.
Cuando se produjo en la hermana isla de Puerto Rico el Grito independentista de Lares en fecha 23 de septiembre de 1868, los rebeldes boricuas enarbolaron tres banderas distintas, de las cuales, una por lo menos, nadie osa discutir que fue confeccionada -cosida y bordada con sus manos creadoras-, por la heroína boricua doña Mariana Bracety de Rojas (a) Brazo de Oro.[1]

Esta excepcional mujer hizo realidad el diseño de un emblema tricolor ideado por el doctor Ramón Emeterio Betances, y enviado por él a sus partidarios en aquella hermana Antilla plasmando su dibujo en una carta hecha en la República Dominicana.

Dicha insignia, formada por cuatro cuartos: dos superiores azules, y dos rojos inferiores, con una cruz latina blanca en el centro, y, con una estrella blanca de cinco puntas en el cuadrilátero superior izquierdo, se atribuye en su concepción original al general Gregorio Luperón, insigne antillanista dominicano.

Fue Gregorio Luperón intimo amigo y protector de Hostos y Betances durante la estadía de éstos en suelo quisqueyano. En el Prólogo a la edición del año de 1939 de las Notas autobiográficas y apuntes históricos del General Gregorio Luperón, su biógrafo, Don Rufino Martínez afirma: "La bandera que en Lares, Puerto Rico, se conserva como enseña de la patria soñada por Betances, fue concebida por Gregorio Luperón".[2]

Sin lugar a dudas, la enseña de Lares, tanto por su composición cromática como por su diseño tiene similitud con la dominicana, ideada por el prócer Juan Pablo Duarte, quien la concibió trinitaria en sus matices escogidos por él: Rojo, azul y blanco.

En cuanto a la enseña tricolor usada en Lares, se sabe por unas declaraciones atribuidas a don Juan Antonio Musé que:

“...Las armas se las suministró un tal Rojas en cuya casa había sobre ochocientos machetes y cinco o seis cajas de pólvora y cinco o seis cajas de fulminantes, cartuchos hechos, y seis o siete escopetas y un fusil, que los nombres de los cabecillas eran los siguientes, los cuales llevaban una cucarda tricolor, y cinta también tricolor al-rededor del sombrero[,] Guayubín[3], los hermanos Arroyo, Torrefort[,] boticario de Mayagüez, Rojas, Cebollero, dos de Santo Domingo y que no recuerda sus nombres, [y] Pedro Boxau, advirtiendo que este (sic.) no llevava (sic.) escopeta [,] y otros mucho[s] a quien[es] no conoce (Ver el auto de sustanciación del proceso de Lares, copiado por el escribiente Eugenio Santos Piñeiro de la causa seguida en contra de los señores: Alféreces de Milicias Manuel Cebollero y Aguilar, y Don Eusebio Ibarra y Pérez, y el señor José Antonio Musé (a) Garzón, entre otros.”[4]

Los otros dos pabellones exhibidos en Lares, y en San Sebastián del Pepino en septiembre de 1868, según testigos oculares de la época, fueron los siguientes:

a) en Lares se sabe que el general Manuel Rojas "enarboló una bandera cuadrada y encarnada, y Clemente Millán otra blanca en forma diagonal y rectangular y después de presentarse como jefe [Rojas] de la guerra dio vivas a la Isla así a la independencia de la Isla y a la República con muescas a los españoles e Isabel Segunda”[5];

b) en el interrogatorio practicado por las autoridades a Cesáreo Martínez con motivo de la instrucción de la sumaria del proceso judicial a los implicados en el Grito de Lares, éste declaró que se enarbolaron dos banderas: "Una Punzó [roja] y otra blanca”[6];

c) en la declaración del Teniente Retirado de Milicias, Don Pedro Lajara y Guerra, enjuiciado por participar en los acontecimientos de Lares y el Pepino, los días 23 y 24 de septiembre de 1868, respectivamente, éste dijo al Juez Nicasio Navascués y Aisa "que no sabe lo que pedían [los insurrectos], que llevaban armas de todas clases, así como también dos banderas una colorada y otra blanca sin haber visto si [una de ellas] llevava (Sic.) alguna luna.”[7]

Queda claramente establecido que las banderas enarboladas en Lares eran tres: Una tricolor, una blanca y otra roja.

El independentismo puertorriqueño en Nueva York y las banderas con estrellas solitarias de Cuba y Puerto Rico

El separatismo vinculado al independentismo logró organizar en la ciudad de Nueva York el 22 de diciembre de 1895, con la presencia de 59 asistentes la Sección de Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano (SPRPRC) y el doctor José Julio Henna fue elegido presidente de su directorio, Betances fue escogido como Delegado General, el señor Juan de Mata Torreforte ocupó la Vicepresidencia; Manuel Bebosa y Sotero Figueroa fueron elegidos como vocales, Gumersindo Rivas Secretario de Actas, y Gerardo Forrest Secretario de Correspondencia.
En la misma acta en que se hacen constar las designaciones al interior de la S.P.R. del P.R.C., se describe la bandera de Puerto Rico así: "...de la misma forma de la cubana, con la diferencia de haber invertidos los colores; franjas blancas y rojas y triángulo azul en vez de rojo, con la misma estrella blanca solitaria en el centro."[8]

Según el testimonio de Roberto H. Tood, basado en el acta de fundación de la Sección de Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano marcada con el número 3, de fecha 22 de diciembre de 1895, fue don Juan de Mata Torreforte, sobreviviente del Grito de Lares, quien mostró la bandera a la asamblea de puertorriqueños reunida en Chimney Corner Hall, en la ciudad de Nueva York, y él le atribuye su diseño a Manuel Bebosa, aunque como indica Ricardo Alegría, en el debate sobre quién tuvo la idea de diseñar esta bandera con la mismas formas geométricas que la cubana se han mencionado los nombres de Juan de Mata Torreforte, Fidel Vélez Alvarado, Francisco (Pachín) Marín y Manuel Bebosa.[9]

De todas formas, la bandera de las cinco franjas, tres rojas y dos blancas, alternadas de un triángulo azul y estrella blanca de cinco puntas en el centro de dicho paralelogramo azul, se halla dibujada en la carta de Henna a Betances del 28 de febrero de 1896. En su misiva, de Nueva York a París, el Doctor Henna dice que el motivo que se tuvo para escoger dicho diseño fue: "El objeto de demostrar más sentimiento fraternal hacia Cuba y sacar más partido. La de Lares nadie aceptó y hubo que escoger la que la Asamblea aclamó y juró públicamente".[10]

El señor Antonio Vélez Alvarado en un artículo titulado La Bandera Puertorriqueña publicado en el periódico La Correspondencia de Puerto Rico en fecha 5 de septiembre de 1927, hace saber que el 11 de junio de 1890 ó 1891 él era:

"Vicepresidente del Club Revolucionario de Nueva York que luchaba denodadamente por la independencia de Puerto Rico y Cuba. Por esos días lanzamos al mundo un manifiesto suscrito por Sotero Figueroa, Francisco G. Marín y yo, exponiendo los derechos de Puerto Rico a constituirse en una entidad libre y soberana -agregando que- estando en su oficina escribiendo en un momento de descanso, al fijar su vista sobre la bandera cubana- por un raro daltonismo, los colores, ante mi vista, aparecieron invertidos"[11].

Señalando el señor Vélez que de inmediato se lo comunicó al farmacéutico puertorriqueño Domingo Peroza, y éste hizo el primer dibujo de la nueva bandera, y declarando además que Doña Micalea Dalmau de Carreras le escribió a Betances informándole al respecto, y que éste le respondió afirmando que "lo primordial era conseguir la independencia, que después cualquier trapo serviría de bandera".[12]

Si la bandera de la cruz latina y de los cuatro cuartos azules y rojos con una estrella blanca en el rectángulo superior izquierdo, se usó por primera vez a raíz del grito de Lares, en 1868; la bandera de la estrella solitaria, similar a la cubana de Narciso López, se enarboló por primera vez en el curso de un levantamiento armado con la participación de más de 50 hombres que se produjo en Yauco en 1897, un importante evento en contra de la dominación española. También fue portada por José Maldonado (Águila Blanca) y sus tropas en Guánica el 25 de julio de 1898 al producirse el desembarco de los soldados de los Estados Unidos. Posteriormente se convirtió en la bandera de todos los boricuas.

Notas y referencias:
[1] Diversos autores puertorriqueños escriben su apellido con ortografía diferente: Braceti; Brassetti, Braseti, Brazeti, Brazzetti, etc.., el Autor lo escribe como ella lo hacía: Bracety (Nota de F.B.).
[2] En: Gral. Luperón, Gregorio: Notas autobiográficas y apuntes históricos. Editorial El Diario, Santiago, República Dominicana, 1939. P. 21.
[3] Guayubín es el apodo del dominicano Baldomero Baurén, Secretario de la Sociedad secreta Capó Prieto de Mayagüez, quién cayó acribillado al lado del norteamericano Matías Bruckman poco después del fracasado intento de independizar a Puerto Rico. Fueron los únicos que murieron enfrentando a los españoles. (Nota de F. B.).
[4] En: AGPR: RG. 186: Records of the Spanish Governors of Puerto Rico. Political and civil Affairs. Revolución de Lares, 1868. Pieza No. 43, del 25 al 28 de enero de 1869, Juzgado de Ponce en Comisión, folio 57. Entry 60, Box 180. Subrayado mío. En todas las citas incluidas he respetado la ortografía de los textos originales, y en algunos casos he realizado algunas aclaraciones o correcciones complementarias que aparecen entre corchetes.
[5] En AGPR: RG. 186: Records of the Spanish Governors of Puerto Rico. Political and civil Affairs. Revolución de Lares, 1868. Pieza o Libro habilitado por defecto, folios 64-7. Entry 60, Box 181.
[6] AGPR: RG. 186: Records of the Spanisch Governors of Puerto Rico. Political and Civil affairs. Revolución de Lares, Pieza No. 43, Comprende del 25 al 28 de enero de 1869. Entry 60, Box 180.
[7] Ibídem.
[8] Roberto H. Tood: Génesis de la bandera puertorriqueña. Betances, Henna, Arrillaga. Ediciones Iberoamericanas, Madrid, 1967. 2a. Edición. P. 18.
[9] Ricardo Alegría: En el centenario de nuestra Bandera Nacional. Revista Programa de las Fiestas de la calle San Sebastián, 19 al 21 de enero de 1996. San Juan, Impreso por Nelkan, 1996. Ver P. 4 y contraportada.
[10] Carta de Henna a Betances, New York, 28 de febrero de 1896, en: Ricardo Alegría: Opus cit., Ver P. 4 y contraportada.
[11] Roberto H. Tood: Opus cit., PP. 21-22.
[12] En: Roberto H. Tood: Opus cit., P..22.