Wednesday, November 30, 2016

NOTIHISTORIADOMINICANA

 Los sucesos políticos y rebeliones populares tras el magnicidio del general Ulises Heureaux (Lilís)





Tras la muerte violenta del general Heureaux que ya explicamos (Ver: LA VERDADERA HISTORIA DEL MAGNICIDIO DEL GENERAL ULISES HEUREAUX OCCURIDO EN LA VILLA HEROICA DE MOCA EL 26 DE JULIO DE 1899, Y SUS CONSECUENCIAS, publicado en este blog), llego el momento de las rebeliones contra los remanentes de la dictadura descabezada.  Estos fueron los hechos suscitados:
LA EXPEDICION DEL GENERAL ANDRES NAVARRO DE 1899
Mientras tanto, en el vecino país, los partidarios de los generales Andrés Navarro, Pablo Reyes, José Polo, Higinio Arvelo, y Leoncio Roca organizaron una expedición en la ciudad de Cabo Haitiano en el mes de agosto de 1899,  iniciando una sangrienta lucha en toda la Línea Noroeste, desde el Cerro de Juan Calvo, de Dajabón hasta Montecristi, quienes conmocionaron a las autoridades gubernamentales en el zona del Cibao, y literalmente obligaron a los generales Miguel Andrés Pichardo (a) Güelo, y al temido Pedro Pepín (a) Perico a enfrentar a los expedicionarios que se impusieron muy pronto a los valientes y experimentados generales Lilisistas a quienes lograron derrotar con sus tropas en los combates librados en Juan Calvo.
El nuevo presidente, el general Wenceslao Figuereo (a) Manolao, envió al Cibao al general Teófilo Cordero Bidó para que estableciera negociaciones con los gobernadores de la región norte con la finalidad de recabar su respaldo, pero su gestión fue un tanto endeble y no pudo lograr su objetivo.
Luego se inicia una rebelión en el nordeste, en San Francisco de Macoris.  Esta fue la llamada:
LA REVOLUCION HORACISTA DE SAN FRANCISCO DE MACORIS DE 1899

En cuanto a los victimarios de Lilís, se sabe que la persecución en su contra fue constante, y en la  ciudad de Moca el pequeño núcleo de conspiradores y tiranicidas que no participó directamente en el magnicidio fue perseguido por las tropas del general Pedro Pepín, el famoso gobernador de Santiago, quien logró en una oportunidad sitiarlos contando con una fuerza bruta de casi mil hombres, pero los jóvenes rebeldes lograron escabullirse, y durante varios días los jóvenes rebeldes fueron tenazmente perseguidos y se vieron en la necesidad de correr sin un plan de un lugar a otro, sin disponer de comida, y casi siempre sin poder entregarse al sueño reparador. Al no poder ser localizados por las autoridades sus propiedades fueron atacadas, sus trabajadores ahorcados, sus reses fueron robadas y sus cosechas fueron víctimas de la tea incendiaria.
Aquella persecución fue tan feroz que hasta los individuos que eran sospechosos de haber estado en contacto con los rebeldes fueron ejecutados por las tropas persecutoras, siendo algunos hasta torturados.  Se sabe de un peón de Horacio Vásquez que fue capturado, amarrado por los brazos y suspendido de un árbol por un día, y al no declarar nada fue ejecutado.
Fue por ello que Horacio Vásquez y Ramón Cáceres, jóvenes rebeldes, buscaron refugio entre sus parientes y amigos de apellidos Ureña y Ventura, en El Pozo de San Francisco de Macorís, quienes posteriormente, contando con refuerzos procedentes de las poblaciones de Moca y de Salcedo-reclutados por ellos mismos el 16 de agosto- y encabezados por don Horacio Vásquez, con el respaldo de los jóvenes francomacorisanos: Pelegrin Castillo, Manuel María Ventura, Samuel de Moya y José Francisco Guzmán, asaltaron la fortaleza de Macorís, y desde esta ciudad le declararon la guerra al gobierno, proclamando don Horacio Vásquez –por medio de un telegrama enviado al gobierno en la capital- lo siguiente: “Acabamos de proclamar la revolución en San Francisco de Macorís, y nos preparamos para atacarlos a Ustedes”.
El ministro de Guerra y Marina del gobierno, el general Arístides A. Patiño, recibió instrucciones del nuevo presidente, el general Wenceslao Figuereo para enfrentar a los rebeldes, fue por ello que el Ministro del Cañón reunió sus tropas, y viajó con ellas hasta Samaná, con el propósito de realizar un sorpresivo ataque sobre los rebeldes, para ello trasladaría a sus soldados usando el ferrocarril Samaná-Sánchez-Macorís-La Vega, sin embargo, el general Patiño, decidió de manera repentina su retorno a Santo Domingo, conducta que se explica posiblemente porque era cuñado de Ramón Cáceres e intimo amigo de Horacio Vásquez, con los cuales se sentía un tanto identificado.
LA REVOLUCION HORACISTA SE EXTIENDE POR TODO EL CIBAO
La inactividad de las tropas gubernamentales le permitieron a las tropas rebeldes avanzar hasta La Vega en donde el gobernador Zoilo García entrega la plaza sin oponer resistencia, y a seguidas los revolucionarios, unos 1,500 hombres de tropa marcharon sobre Salcedo y Moca, y luego sobre Santiago, donde las tropas del gobierno no ofrecieron resistencia, quizá porque Perico Pepín estaba ausente, y porque don Horacio Vásquez supo anticipar la toma de las poblaciones periféricas a Santiago, principalmente los sitios llamados Pontezuela, ocupado por Ramón Cáceres; Puñal -tomado por Norberto Tiburcio-, y El Bambú -asaltado por el general Domingo Pichardo-, y fue por ello que antes de un ataque de los insurrectos el general lilisista Eugenio Valerio entrega la plaza de Santiago a las tropas sitiadoras, las cuales, pudieron tomar el control militar de la ciudad después de algunas escaramuzas y abusando de los disparos al aire, por los cual los generales Valerio, José de Jesús Álvarez, Sebastián A. Valverde y Teófilo Cordero decidieron entregar la plaza al general Horacio Vásquez, tamborileño de Santiago, y a sus improvisados generales: Ramón Cáceres, Domingo Pichardo y Norberto Tiburcio.
EL GOBIERNO PROVISIONAL DE FELIPE HORACIO VASQUEZ LAJARA

 
Al producirse la toma de Santiago, dada la ausencia del general Pedro Pepín que luchaba contra los expedicionarios que invadieron el país por el noroeste, nadie pensó que el retornaría vivo a Santiago.  A Perico Pepín Sumner Welles lo describe así: “ el temible gobernador de la provincia, el general Pepín —un negro analfabeto, feroz y cruel en todas sus empresas, cuyos servicios habían sido de inestimable valor para Heureaux— estaba ausente, empeñado en reprimir la revolución proclamada en Monte Cristi por el general Andrés Navarro”.[1]
El 29 de agosto de 1899 el valiente general Pedro Pepín llega a las cercanías de Santiago siendo Horacio Vásquez enterado de su próxima presencia a la ciudad, decidiendo el líder revolucionario establecer un arreglo con el general Pepín, a pesar de la advertencia hecha por el ministro lilisista don Teófilo Cordero, quien le dijo: “No hay en toda la República un hombre más peligroso y traicionero que ese negro”, advertencia que posiblemente buscaba incitar a Horacio Vásquez a un innecesario enfrentamiento militar con el general Pepín, quien sólo estaba interesado en darle una salida honorable a su crítica situación y a la de sus fieles soldados.
En la reunión de Horacio Vásquez con Pepín éste le exigió a don Horacio dinero para licenciar sus tropas, y le solicitó que le permitiera entrar con sus hombres armados hasta la fortaleza en donde entregarían sus armas; Horacio aceptó lo segundo, no así lo de liquidar a las tropas, lo cual no impidió el arreglo pacífico, exceptuando que el general Pepín le dijo que los tres ministros del gobierno de Lilís: Sebastián E. Valverde, José de Jesús Álvarez y Teófilo Cordero habían sustraído de una caja fuerte que Heureaux tenía, al momento de ser muerto, la cantidad de $150,000.00, versión a la cual Horacio no le dio el debido crédito cuando Pedro Pepín alegaba que él podía recuperar esos fondos para pagar a sus soldados.
Después de una reunión de los revolucionarios realizada en la casa del Gobernador de Santiago fue decidido proclamar a Horacio Vásquez Lajara como Presidente Provisional la noche del 29 de de agosto de 1899, constituyendo un gobierno integrado por los siguientes ministros: Ministro de Guerra el general Ramón Cáceres; Ministro de de Interior y Policía don José Brache; Domingo Ferreras en Relaciones Exteriores; Lic. José María Nouel en Justicia e Instrucción; Samuel de Moya en Hacienda y Comercio; Arturo Zeno en Fomento y Obras Públicas, y José Francisco Guzmán en Correos y Telégrafos.
Al día siguiente, el 30 de agosto de 1899, Horacio Vásquez anunciaba:
“La ley será mi espada y su triunfo la única recompensa a que aspiro, la única ambición que me ha motivado a asumir la responsabilidad de encabezar un gobierno que en sí mismo es anormal y que por su misma naturaleza hace más difícil mi tarea.
Mi primer paso se encaminara a restablecer la paz y preparar las elecciones en las que será elegido aquel que deberá relevarme de esta enorme carga y quien ha de levantar con patriotismo y con honor el fardo financiero que nos aplasta.
Conciudadanos, tened confianza en mí y en estos Jóvenes honorables y entusiastas patriotas que comparten conmigo las labores y las responsabilidades De este Gobierno. Que todos los que llevan en lo profundo los intereses de la patria se unan a las filas de esta cruzada. No tenemos bandera particular, ni insignia política, no nos volvemos hacia el pasado…
Lo que buscamos es la regeneración de la República, verla prospera, libre, e independiente, ocupando entre las naciones civilizadas del mundo la posición que la valentía de sus proezas y la capacidad de sus hijos le puedan conquistar.”[2]

Poco tiempo después de instalado el gobierno de Santiago en la ciudad de Santo Domingo el general Wenceslao Figuereo, nativo de San Juan de la Maguana, debió enfrentar las continuas protestas de la juventud capitalina liderada en aquel momento por Miguel Ángel Garrido, Félix Evaristo Mejía, Abraham Santamaría, y José Dolores Alfonseca hijo.  Cuando el presidente percibió el sacudimiento que se produciría decidió dejar el poder en manos de una Junta de Secretarios conformada por los ministros Pedro María Mejía, Álvaro Logroño, Mariano Cestero y Arístides Patiño, quienes se encargaron del poder ejecutivo por muy poco tiempo porque una vez que las tropas cibaeñas ingresaron a la ciudad de Santo Domingo; el general Vásquez, proclamado presidente en Santiago, siguió al frente del estado, pero por poco tiempo, siendo sus medidas principales las siguientes:
·         Inicio la amortización de las papeletas de Lilís destinando a estos fines un fondo de diez mil pesos mensuales, estableciendo una tasa de cambio de cinco pesos (equivalente a un clavao) por un dólar de oro.
·         Permitió la libre circulación de las monedas extranjeras, entre ellas el dólar de plata mexicano, el peso mexicano, el dólar de los Estados Unidos, etc.
·         Estableció la obligación de pagar los aranceles en monedas metálicas de oro o de plata.
·         Dispuso que se permitiera el regreso de los exiliados políticos, situación que aprovechan para volver del exterior Carlos Morales Languasco, Eugenio Deschamps, Remigio Báez, Gerardo de Marchena y su hijo Pedro E. de Marchena, Armando Lamarche, entre otros.
·         Procedió a la reorganización de las aduanas designando nuevo personal encargado de las recaudaciones lo cual permitió un significativo aumento en el cobro de los aranceles.
·         Por medio de un decreto de fecha 18 de septiembre de 1899 convoco elecciones generales que se harían por medio del sistema de voto indirecto tal y como estaba establecido en la constitución desde 1896.
A pesar de la ausencia de Juan Isidro Jimenes en la conspiración que provocó la caída del gobierno de Wenceslao Figuereo, el pueblo lo aclamó con el preferido para ocupar el solio presidencial, por ello, cuando el general Horacio Vázquez entra a la ciudad de Santo Domingo, capital de la República, el día 5 de septiembre de 1899, se convirtió en el jefe del gobierno provisional, pero el pueblo, esperanzado en una mejoría de la terrible situación económica del país, y dada la inminente llegada de Juan Isidro Jiménez desde el exilio, el pueblo decía: “Jimenes Presidente”, y a su arribo al país en todas partes fue recibido con alegría por sus partidarios, razón por la cual hubo un arreglo entre Vásquez y Jimenes, los dos líderes principales líderes del momento, por medio de este acuerdo Jiménez quedaría convertido en presidente, Vásquez, el Presidente provisorio, ocuparía el cargo de Vicepresidente de la nación.
Esta es la cuestión que explica que desde la presidencia provisional el propio Horacio Vásquez emitiera un decreto llamando a elecciones nacionales el 19 de septiembre de 1899, y ese mismo día propusiera a Jimenes como candidato presidencial por medio de una famosa proclama en la que anunciaba su irrestricto apoyo a la candidatura de éste, de quien el pueblo decía: “Jimenes viene con dinero”, aunque un anónimo popular afirmaba: “Jimenes viene por dinero”.
La proclama de Horacio Vásquez decía:
Conciudadanos: puesto que dista mucho de mi propia intención las de mis compañeros en este gobiernos beneficiarnos de la confianza que el país ha depositado en nosotros en estos momentos de situación crítica, creo llegada la hora de hacer la siguiente declaración:
1.-  Puesto que como simples ciudadanos tengo el derecho de declarar mi apoyo a cualquier candidato a la presidencia, y estando convencido de que el pueblo encuentra en Don Juan Isidro Jiménez meritos especiales y cualidades particulares, el es el hombre al que yo deseo ver elegido en la primera magistratura de la República; y si por medio de mi influencia personal puedo ayudar a obtener ese resultado, con toda certeza hare uso de ella a favor de ese Ciudadano.”
“2. Ya que la revolución del 26 de Julio fue iniciada con el firme propósito de poner fin al desastroso dominio impuesto por el hombre que había sometido todas las cosas del país a sus propias ambiciones, no es mi intención realizar esta aspiración mí creando condiciones que harían aun más poderoso el dominio del despotismo: por el contrario, espero ver realizados mis deseos por medio de la practica fiel de aquellos métodos y honrados que han sido el ideal de toda mi vida. Por tanto el gobierno que presidio garantizara la libertad más absoluta y la honradez más estrictas en las elecciones venideras.” [3]

Juan Isidro Jimenes aceptó la nominación a la presidencia, y propuso a Horacio Vásquez como candidato vicepresidencial, de tal manera que las elecciones se produjeron en un ambiente de relativa paz y sin mayores problemas el 20 de octubre, el 7 de noviembre el congreso proclama a los candidatos triunfadores, y el 15 de noviembre de 1899 ambos fueron juramentados como los nuevos gobernantes: el rico comerciante, general don Juan Isidro Jimenes Pereyra, Presidente Constitucional, y el general Horacio Vásquez Lajara, Vicepresidente.



[1] Benjamín Sumner-Welles.   La Viña de Naboth. La República Dominicana, 1844.1924, Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Santo Domingo, 2006. Tomo II, P. 51.
[2] Benjamín Sumner-Welles.   La Viña de Naboth. La Republica Dominicana, 1844.1924, Sociedad Dominicana de Bibliofilos, Santo Domingo, 2006. Tomo II, P. 57.
[3] Benjamín Sumner-Welles.   La Viña de Naboth. La Republica Dominicana, 1844.1924, Sociedad Dominicana de Bibliofilos, Santo Domingo, 2006. Tomo II, PP. 54-55

Tuesday, November 29, 2016

NOTIHISTORIADOMINICANA

 La Ocupación  Militar angloamericana y el Gobierno del doctor Francisco Henríquez y Carvajal (31 de julio al 29 de noviembre de 1916)

Los Marines en Santo Domingo

Desembarco de marines en Santo Domingo


 


“La revolución, automáticamente, llama con instancia a la intervención cada vez que se alza en armas”.
López, José Ramón.  La genealogía de la ocupación.  Escritos dispersos (Tomo II: 1909-1916), AGN, Santo Domingo, 2005, P. 356.

Al producirse la declaración de renuncia del presidente Juan Isidro Jimenes el 7 de mayo de 1916 hubo de engendrarse en el país un verdadero vacío de poder.  A partir de ese momento era necesario realizar la selección de un nuevo presidente provisional para cuya escogencia los Estados Unidos tendrían la última palabra.
El candidato a ocupar la presidencia provisional debía aceptar todos los requisitos que los norteamericanos exigían a un gobernante provisional de un país con sus aduanas intervenidas y con embajadores angloamericanos acostumbrados a dictar órdenes a los presidentes de turno.  Un Consejo de Secretarios de Estado fue encargado del Poder Ejecutivo interinamente, hasta que se produjera la selección del nuevo incumbente del gobierno nacional.
El Consejo de secretarios de Estado -dirigido por Federico Velásquez y asesorado por el Ministro angloamericano- ordenó, la noche del 4 de junio de 1916, la prisión de siete senadores y de un diputado so pretexto de que habían hecho oposición abierta al Gobierno legítimo de la República.  Esta arriesgada jugada política solamente buscaba impedir el nombramiento de don Federico Henríquez y Carvajal como presidente provisional, y la detención de los senadores fue enfrentada con enconadas protestas populares que dieron lugar a la liberación de los legisladores de parte del Consejo de ministros que dirigidos por Federico Velázquez actuaban como la vanguardia política del ministro Russell.  Se considera que la acción emprendida por el Consejo de Estado llevó al doctor Federico Henríquez y Carvajal a retirar su candidatura.  Este retiro lo hizo en una declaración pública en la que protestó enérgicamente contra la intromisión de los representantes de los Estados Unidos en los asuntos de política interior de la República.
A esta situación se suma el hecho que desde el día 5 de junio el ministro William W. Russel había anunciado al Consejo de ministros la decisión de los Estados Unidos para hacer valer la interpretación del Articulo III de la Convención Dominico-Americana de 1907 para asumir el control de las finanzas gubernamentales, y, en consecuencia, informaba a los ministros que él había dado las instrucciones al Receptor general de Aduanas para el desempeño temporal de las funciones de contraloría.
Se sabe que en medio de la crisis determinada por la invasión militar de tropas extranjeras los grupos nacionalistas trataron de tomar el control de la situación, inclusive, el senado de La República aprobó en tercera lectura la elección de don Jacinto de Castro, el más prominente de los partidarios del general Horacio Vásquez, para la Presidencia Provisional, pero esta decisión no fue refrendada en la Cámara de Diputados, la cual no confirmaría la elección de ningún miembro del partido horacista.

LA INVASION Y EL INICIO DE LA RESISTENCIA
Por ordenes Mister Woodrow Wilson[1], presidente de los Estados Unidos se produce la ocupación de los United  States Marine Corps (USMC).  Las causas de dicha ocupación han sido resumidas por el profesor de historia dominicana de la UASD licenciado Alejandro Paulino Ramos (2010) quien sostiene que:
Los conflictos económicos y políticos desencadenados por los líderes caudillistas (1900-1916), la presión y el interés de los capitalistas norteamericanos para que estos terminaran y se les permitiera desarrollar sus industrias y comercios en un ambiente de paz y estabilidad que garantizara la reproducción de sus inversiones, y los intereses geopolíticos de los Estados Unidos, en el marco de la gran guerra mundial, llevaron a esta potencia a la ocupación militar del territorio dominicano.”[2]
Es necesario recordar que los Estados Unidos se habían interesado en el país desde su misma fundación en 1844, aunque los primeros agentes comerciales, luego denominados cónsules, arribaron al país en 1847, sin embargo, fue durante los años posteriores a 1865 cuando más se destacó dicho interés, especialmente por medio de la presencia de agentes consulares y comerciales quienes mantuvieron una constante vigilancia sobre todos los aspectos de la vida del país.
Según el historiógrafo José Lee Borges:
Durante el mandato del general Cabral la presencia estadounidense se hizo sentir al igual que con todos los presidentes anteriores. El 5 de noviembre de 1866, el agente comercial Smith notificó al secretario de Estado: “Este gobierno está extremadamente deseoso de tener un tratado de amistad y comercio con los Estados Unidos...” En respuesta fue facultado por su gobierno para la realización de este tratado.
Cabral negoció en 1866 el arrendamiento de la bahía de Samaná a los Estados Unidos a cambio de ayuda militar y financiera para mantenerse en el poder, pero a principios de 1867 el ministro de Finanzas Pablo Domingo Pujol comenzó a negociar con Smith la adquisición de Samaná por los EE.UU. Pujol le confesó en una entrevista: “…este gobierno no puede sostenerse por sí mismo sin ayuda, y él [Pujol] instó al gabinete del presidente Cabral a no perder la oportunidad y negociar algún arrendamiento con los Estados Unidos y todo lo que se pudiera.”
“La persona que promovió con mayor ahínco la operación en favor de los Estados Unidos fue el agente comercial Sommers Smith. En noviembre de 1866, le escribió al secretario de Estado Seward diciéndole que el gobierno dominicano estaba interesado en solicitar un préstamo de uno o dos millones de dólares. A cambio ofrecía el uso de la bahía de Samaná para establecer una base naval y las facilidades de minas y cayos de Levantados y Careneros. Las palabras de Smith expresan la visión geopolítica de la hegemonía comercial: “La posesión de Levantados y lugares cercanos como Careneros, en el norte de la bahía de Samaná, sería de gran valor y ventaja como estación naval para dirigir y controlar el tráfico comercial desde Europa al Golfo de México, y por el Pasaje de Mona.
“Interesante resulta el elemento social que utiliza Sommers Smith para incrementar el interés en la bahía de Samaná. La presencia de un grupo de negros estadounidenses en las cercanías de la bahía era un punto de apoyo para que los estadounidenses invirtieran en ella.18 La solidez de esta colonia estadounidense, que llegó a la isla en 1824 y que supo establecerse y preservar muchos elementos de su cultura, era muestra de las facilidades y oportunidades que ofrecía la isla. La proximidad de estos estadounidenses negros facilitaría el acoplamiento de nuevos grupos de norteamericanos.
La presidencia de Cabral y los argumentos de dependencia que planteaba Pujol (el ministro de Finanzas) eran síntomas de que los planes se estaban realizando. Según Pujol, se podía ofrecer lo mismo que Smith ya le había dicho a Seward, pero la única condición era que no izaría la bandera de los Estados Unidos a fin de no causar conflictos internos en el país, principalmente por Báez, que ante la noticia podía intentar un golpe de Estado y arruinar los planes. Para el agente Smith todo era cuestión de tiempo, así le escribió al secretario de Estado, William Seward, quien aguardaba por un pronto acuerdo:
Me siento confiado que la necesidad de fondos para continuar el gobierno obligará al presidente Cabral y sus ministros a aceptar la oferta de los Estados Unidos para un arrendamiento de la bahía de “Samaná”, es sólo cuestión de tiempo; ésta también es la opinión de algunos de los principales comerciantes de esta ciudad que han ayudado liberalmente al gobierno.”[3]

Posteriormente, como se sabe:
El 20 de noviembre de 1867, Smith logra un acuerdo extraoficial sobre el arrendamiento de la bahía de Samaná, efectuado con Juan Ramón Fiallo, ministro de Finanzas, y Felix Delmonte. El convenio establecía el arrendamiento por 25 años de la bahía, con control y jurisdicción de toda la península, incluyendo el agua, propiedad pública y minas; o sea, con todo lo contenido en las tierras.
La negociación se estipulaba por la cantidad de 2 100 000 dólares, de los cuales sólo dos millones aparecerían en el contrato. Los 100 000 dólares serían utilizados para un propósito especial no especificado. Se darían 500 000 una vez que se firmara el contrato y otros 500 000 luego de un año.
Otros tres pagos de 300 000 anuales y un último pago de 100 000 en un periodo de cinco años. Fiallo le comentó a Smith que se podría considerar el arrendamiento con opción a compra, eso impulsó a Smith a pensar que una vez que Estados Unidos ocupara la bahía, podrían establecer sus propios términos para adquirirla, “...una vez Estados Unidos tenga posesión de la Península, en poco tiempo será capaz de comprarla, bajo sus propios términos”.  Para Smith, la posesión de la bahía de Samaná y la compra de las Islas Vírgenes (especialmente St. Thomas) acrecentaría el poderío de los Estados Unidos en el Caribe y aumentaría el valor de ambas islas caribeñas.
Tenemos que mencionar la importancia de Juan Ramón Fiallo  y Félix Delmonte en estas negociaciones y su interés en arrendar la bahía de Samaná a los Estados Unidos. Según Smith, ambos eran figuras muy prominentes en el país y formaban parte del grupo que simpatizaba con el gobierno estadounidense.”[4]

Las negociaciones por el arrendamiento de la península y bahía de Samaná fueron retomadas por el presidente Buenaventura Báez a partir de 1868, quien además hizo arreglos con los Estados Unidos para la anexión de todo nuestro territorio, concertando a inicios de 1870 un tratado de unión, el cual fracasa por la fuerte oposición armada de los sectores nacionalistas encabezados por Gregorio Luperón y otros patriotas, y por la oposición del senador Charles Sumner, presidente del senado de aquel país, bajo los alegatos de que nuestra República estaba formada principalmente por gente de color –negros y mulatos-, que estaba envuelta en una guerra civil, y que tenía una gran deuda externa como resultado del préstamo Hartmont de fecha 1ro de mayo de 1869 por la suma de £420,000.00 libras esterlinas, moneda inglesa.
Luego, desde 1893 la compañía The San Domingo Improvement Co., toma el control de las aduanas y por lo tanto el país vio afectada su soberanía económica y política.
De acuerdo con el periodista José Ramón López la “Genealogía de la Ocupación” de 1916 a 1924estuvo determinada por los controles impuestos al país por los Estados Unidos por medio del Protocolo de 1903, el “arbitrario” Laudo Arbitral de 1904, el Modus Vivendi de 1905, y la Convención Dominico-Americana de 1907, siendo por ello que en 1904 se produjo:
“PRIMERO.- Desembarco de tropas americanas en Puerto Plata, en cuyas afueras colocaron una valla de cuerdas, con banderitas (siendo gobernador don Eugenio Deschamps) para que el grupo beligerante que la alcanzara primero, peleando, fuese considerado vencedor, lo que dio por resultado que los defensores del gobierno de la Capital lograran el triunfo.”
“SEGUNDO.- En la misma ciudad de Santo Domingo de Guzmán, fondeado en el puerto (aguas jurisdiccionales) el crucero americano Newark, bombardeó a los revolucionarios de Villa Duarte, sin que el acto provocara más protesta que la de cuatro individuos que después solicitaron, o aceptaron voluntariamente, la injerencia americana.”
Según López otras intervenciones se producen posteriormente:
“En 1912 volvió a producirse la intervención militar americana. Vinieron comisionados el general Mc Intyre y el señor Doyle, respaldados por mil soldados de infantería de marina, acuartelados a bordo del transporte Prairie, fondeado en el puerto (aguas jurisdiccionales), de Santo Domingo. Los comisionados, así respaldados, obtuvieron la renuncia del presidente Victoria, la elección de Monseñor Nouel, y la disolución de las huestes y de las aspiraciones porque el objeto de la intervención, como el de la ocupación temporal ahora, era desalentar las revoluciones que dan un espectáculo de escándalo, peligroso para los destinos panamericanos, y· que merma la garantía hipotecada al pago del empréstito de $20,000,000 que salvó a la República del posible peligro europeo.”
“En 1913, cuando la revolución llamada "del Ferrocarril', el ministro americano Sullivan asumió en Puerto Plata una actitud conminadora, antes de recibir su exequátur, y, por obra de sus amenazas, que no eran ni podían ser personales, logró que la revolución quedara debelada.”
“Estaba el señor Sullivan dentro de las terminantes instrucciones que reciben todos los ministros americanos acreditados en Santo Domingo. Tienen el encargo de desalentar, a todo trance, los procedimientos revolucionarios.”
“En 1914 volvió a resurgir la intervención armada americana. En aguas jurisdiccionales (Puerto Plata y Santo Domingo) estaban fondeados cruceros y acorazados americanos con gente de desembarco. Como el presidente Bordas insistiera en cañonear a Puerto Plata situada, el buque de guerra americano Machias bombardeó el campamento del presidente, en Los Mameyes. Ello no fue óbice para que el presidente, que acababa de celebrar un convenio preliminar de paz con don Horacio, se entendiera con los americanos sobre la base del Plan Wilson, y viniera a esta Capital, con don Horacio, a ratificar ese Plan ya presentar su renuncia al pueblo, porque la mayoría de las Cámaras era revolucionaria.”
“A la llegada aquí del acorazado Washington, donde venía don Horacio con los comisionados americanos Fort y Smith se adhirieron al Plan Wilson los demás jefes de partidos políticos, dándole carácter, si no de legalidad, de aceptación por el pueblo dominicano a ese Plan, en el cual se acuerda que los Estados Unidos apoyarán al gobierno constitucional contra las revoluciones. ¿Con qué -pregunto-se apoya a un gobierno contra agresores armados? La circular de Johnson a los jefes de partidos de oposición, cuando el alzamiento de Macorís y de Puerto Plata, lo dice claramente: "con la fuerza, si fuese necesario", porque el derecho conlleva los medios eficaces' para hacerlo efectivo.”
“Esa circular del Mr. Johnson debió desvanecer toda oscuridad en el ánimo de los revolucionarios, de aquellos que, invocando derechos a empleos públicos, a posiciones violentamente adquiridas, a aspiraciones insanas de engrandecimientos y autocracias, sacrifican el porvenir del país y el presente de los individuos y de las familias. Yo no necesito, para impresionar a este respecto, hacer el recuento del Debe y del Haber de cada revolución dominicana: todo el mundo sabe esto: Debe: 2,000 muertos, 2,000 lisiados, 2,000 viudas, 10,000 huérfanos, $2,000,000 malbaratados, y recrudescencia de la intervención americana para combatir ¡qué vergüenza! El desorden dominicano. Haber.  cero.”[5]
Al producirse la ocupación de mayo de 1916, las tropas de los Marines desembarcaron primero por Puerto Plata en 15 de mayo de 1916, y por Montecristi, luego, por lo cual el poeta patriota don Fabio Federico Fiallo Cabral diría que la ocupación nos llegó "por la puerta del  patio", dado el hecho de que los primeros desembarcos de marines se produjeron por la costa Norte, cuando la capital se halla en el sur.  Tan pronto como se produce la ocupación comienza a manifestarse la resistencia sistemática de los dominicanos.  Desde el mes de mayo de 1916 comenzaron a manifestar las protestas armadas aisladas.
Primero los marines fueron enfrentados por el viejo caudillo general Desiderio Arias, un verdadero rebelde por naturaleza, quien al verse en desventaja en la ciudad de Santo Domingo, marchó en retirada hacía Santiago con sus escasas tropas.
Otro importante enfrentamiento con los norteamericanos se produjo cuando estos se dirigían hacia Santiago desde la costa Norte, verificándose un fuerte enfrentamiento en La Barranquita, cerca de Mao, en donde los caudillos linieros general Carlos Daniel y capitán Máximo Cabral dirigieron un nutrido grupo -casi un centenar- de patriotas que atacaron la vanguardia de los U.S. Marine Corps en 3 de julio de 1916, como detallaremos más adelante.
Infantes de marina marchan de Monte Cristi a Santiago

Actos de singular heroísmo se manifestaron  en distintos puntos del país:
-En San Pedro de Macorís, el joven Gregorio Urbano Gilbert con apenas 16 años había anunciado a sus amigos que tan pronto los norteamericanos arribaran a los muelles de la Sultana del este él se encargaría de ejecutar a su jefe.  Su promesa no quedó en el aire. El día del desembarco pidió un revolver prestado y fue al muelle en donde disparó sobre varios oficiales matando a uno e hiriendo a otros, y bajo una lluvia de balas se lanzó al rio Higuamo y pudo nadar hasta el extremo occidental denominado Punta de Garza desde donde pudo irse a Monte Cristi donde fue empleado de una imprenta hasta ser identificado y capturado, siendo judicialmente procesado y condenado a muerte, luego su sentencia fue conmutada, y en 1924 fue favorecido por un indulto yéndose a radicar Nicaragua en donde formó parte del estado mayor de la guerrilla del general Cesar A. Sandino.
En la ciudad de Puerto Plata el gobernador Apolinar Rey no se rindió ante la imponente presencia del destructor Sacramento y sus marines, motivo por el cual la ciudad fue bombardeada por los norteamericanos.  Cuando los marines desembarcaron el valiente Luis Ginebra y un grupo de amigos los enfrentaron inútilmente; Asimismo, en Altamira de Puerto Plata las fuerzas norteamericanas fueron enfrentadas por Laito Báez.  José Estrella, convertido luego en sicario y esbirro de Trujillo, fue un colaborador de los ocupantes sirviéndoles de práctico en sus incursiones de la costa al interior de la isla.
Otros dominicanos enfrentaron a los invasores con las armas, tal el caso del Comandante de armas de la ciudad de San Francisco de Macorís, provincia Pacificador (ahora Duarte) don Manuel de Jesús Pérez Sosa, quien el 29 de noviembre de 1916 enfrentó al comandante Williams y a sus tropas cuando este intento tomar por asalto la cárcel-fortaleza de aquella ciudad en horas de la noche, pero el pelotón de soldados dominicanos defendió con heroísmo su fortaleza, aunque después que se produjeron bajas mutuas los soldados entregaron el recinto a los marines, fueron desarmados, y se les dejo en libertad.  Se sabe además que:
“Hubo algunas bajas de ambas partes.  El gobernador, ignorando la proclama, reunió algunos hombres y después de cambiar tiros con los americanos se retiro a los montes.  Se declaro forajido y fuera de ley por la Orden Ejecutiva No. 3 del Gobierno Militar.  Hizo su presentación y juzgado por una corte marcial se le condenó a diez años de trabajos forzados.  Más tarde se le indultó.”(Mejía, P. 142)

Otro ejemplo de singular patriotismo y valentía lo dio don Nicomedes Paredes Ventura (a) Nico, caído en defensa de las calles de su pueblo a ser pisoteadas por las botas extranjeras.  Según un testimonio de primera mano:
“… al otro día de la proclama [30 de noviembre de 1916] de Knapp y la toma de la fortaleza de aquella ciudad; presente en el bufete del Autor de esta obra, su abogado en un asunto judicial, para dejarle instrucciones, pues se iba para el monte, le dijo, a combatir a los americanos.  Dos días después andaba en la noche, por un camino, en compañía de un amigo y excitados ambos por algunas copas lanzaban vivas a la patria y a la libertad y mueras al invasor.  Le escucharon las fuerzas destacadas en la persecución y fueron sorpresivamente rodeados y detenidos.   Pidió Nico hablar con el jefe y al presentarse este lanzó un viva a la República y le disparó, rompiéndole una pierna.  Los soldados del militar herido dieron muerte a ambos jinetes.”(Luis F. Mejía, P. 130)

En La Vega hubo un plan para enfrentar a los invasores ideado por el general Telo Patiño con el apoyo de unos 500 hombres, quienes fueron disuadidos de entrar en acción por los comerciantes y por los burgueses veganos.
En Santo Domingo, específicamente en Villa Duarte, en la rivera oriental del Ozama, ocurrió el 24 de octubre de 1916 que un pelotón de marines norteamericanos fueron a desarmar al general Ramón Batista, famoso guerrillero coludo, quien al enterarse de que sería hecho preso y desarmado intento escapar y fue tiroteado por los marines cayendo acribillado, lo cual motivó que sus hijos y parientes, enfurecidos por el hecho de sangre, lucharan contra los marines dando muerte a un capitán y a un sargento de la infantería de marina, huyendo los demás marines lanzándose al rio Ozama; luego, regresaron con refuerzos y obligaron a los Batista a buscar refugio en los montes cercanos, pero los marines, en represalia vengativa incendiaron tres de sus casas.
LA BATALLA DE LA BARRANQUITA
Después de la ocupación militar de los marines de las ciudades de Monte Cristi y de Puerto Plata, con cierta resistencia, el Congreso continuaba indeciso.  Por órdenes del almirante William Caperton salieron de Monte Cristi el 25 de junio de 1916, con destino al interior del país, los integrantes del 4to. Regimiento de los Marines, dirigidos por el coronel Joseph H. Pendleton, 24 oficiales y 837 hombres de tropa, divididos caballería montada, infantería, artillería, personal médico, un hospital de campaña, y las correspondientes municiones y provisiones de alimentos, siendo su objetivo la ocupación de la ciudad Santiago de los 30 Caballeros, la segunda ciudad en importancia ubicada casi en el centro del país. Los norteamericanos disponían para trasladarse a una distancia de 75 kilómetros –que separan Monte Cristi de Santiago- de 24 carretas haladas por fuertes mulas, siete camiones, dos carretas y un vagón con agua, así como un tractor arrastrando cuatro casas remolques y 11 automóviles marca Ford, según el parte de la época.
Entre sus armas había cañones de artillería, rifles, ametralladoras y pistolas. Todo un moderno arsenal y tropas bien entrenadas, algunos de ellos con experiencia de combate en las guerras en las cuales los Estados Unidos se habían involucrado.  Estas fuerzas contaban con la colaboración de dos guías o prácticos dominicanos: Joaquín Llenas y Tavito Minaya.
Cuando los marines avanzaron hacia Santiago hallaron algunos bolsones de resistencia patriótica que eran verdaderas manifestaciones de espontaneidad nacionalista, tal y como aconteció en el sitio denominado Doña Antonia.  También, en Guayacanes –pocos kilómetros antes de la Barranquita- el patriota Melton Sánchez acompañado de unos diez hombres hicieron disparos a los norteamericanos pero luego se escondieron en los cerros próximos.  Luego, en un lugar próximo a Mao denominado La Barranquita se verificó un sangriento enfrentamiento de Marines con patriotas dominicanos que trataron de impedirles su penetración hacia el centro del país.  Cerca de 80 valientes dominicanos dirigidos por el comandante del puesto militar de Mao, el general Carlos Daniel Grullón, el cura Eliseo Echavarría, el síndico Rafael Madera (a) Fefo, y el presidente del Ayuntamiento don Efraín Reyes, decidieron asumir la defensa de la nación y enfrentaron al 4to Regimiento de los U. S. Marine Corps, integrado por unos 850 soldados a principios de julio de 1916.
Los nacionalistas marcharon desde Santa Cruz de Mao hasta un determinado punto del Camino Real Monte Cristi-Santiago, en donde se parapetaron en improvisando trincheras para emboscar a los marines.  El sitio escogido fue el cerro de la Barranquita ubicado entre los parajes de Guayacanes y Maizal, a unos 6 kilómetros de la ciudad de Mao.  A los patriotas se les sumó el capitán Máximo Cabral vistiendo su traje de gala militar después de este separarse del general Desiderio Arias quien había preferido capitular con los invasores. Los patriotas dominicanos estaban armados de 50 rifles de chispa de pedernal con capacidad para hacer un solo disparo hasta ser recargado, seis fusiles Máuser de seis tiros y de 2,000 municiones.
Se sabe que el general Carlitos Daniel utilizó un gran tronco para obstaculizar el camino real, y cerca de 20 barriles de abejas para colocarlos a ambas márgenes de la vía a una distancia de 50 pies cada enjambre de abejas, 10 de cada lado, para provocar picaduras y confusión entre los invasores dada su superioridad numérica.  El enfrentamiento se extendió por unas cuatro horas.

Los cronistas de guerra de los Estados Unidos, el capitán Sthephen M. Fuller y Graham A. Cosme, reconocen que los patriotas hicieron retroceder en un primer momento a los soldados angloamericanos.
Sthephen M. Fuller y Graham A. Cosme, autores del libro: “Los Marines en la República Dominicana 1916- 1924”, sostienen que:
“El 3 de Julio, en Guayacanes, los insurgentes hicieron su segunda resistencia importante contra las fuerzas del Coronel Pendentlon.  En éste, el combate decisivo del avance hacia Santiago, los americanos enfrentaron a un enemigo atrincherado, y camuflados detrás de una espesa vegetación de arbustos que impedía la penetración de las tropas de la infantería de marina.”
“Esta vez la artillería de los marines no fue capaz de encontrar la posición adecuada desde  la cual pudiese observar y disparar al enemigo, no pudiendo soportar el ataque sorpresivo, por eso los soldados de infantería de marina y los que operaban las ametralladoras tuvieron que llevar la carga principal del combate.”
“Los ametralladores desplegaron una actividad en que se lucieron en una forma muy particular. Arrastraron sus armas marca Colt y Benet-Merciersal a través de las malezas unas 200 yardas en línea opuesta a las las trincheras enemigas y les dispararon con un fuego concentrado permanente en un esfuerzo por silenciar los rifles de los enemigos.”
“El cabo Joseph Glowin arregló y se colocó con  su fusil detrás de un tronco que estaba en el suelo, y empezó a disparar hasta que fue herido dos veces, cuando otros infantes de marina, con mucho esfuerzo le arrastraron hasta la retaguardia para curar sus heridas, y otro infante de marina cuya escopeta se había atascado, le sustituyó.”
“El primer Sargento Roswell Williams, luchando con una pistola Colt que tenia tendencia a atascarse, desde una posición en la que estaba expuesto al peligro, se levantó bajo el fuego, para tratar de quitar el obstáculo de la pistola atascada y mantuvo su arma en acción. Por esta hazaña llegó a ser el primer hombre en el Cuarto Regimiento en obtener la medalla de honor”.
Los marines combatiendo en La Barranquita

Continúa diciendo el capitán invasor que:
“… mientras la infantería de la marina y las ametralladoras presionaban el ataque en el frente de la Sexta Compañía, bajo el mando del Capitán Julián Smith, un futuro Teniente General, atacó y disparó a las fuerzas rebeldes que se habían deslizado por el flanco de la columna para atacar el sector de las provisiones.”
“Finalmente, el enemigo se dispersó y escapó dejando a los infantes de marina que ya habían tenido un muerto y 10 heridos, en posesión de las trincheras, probándose así la superioridad de la puntería de los fusiles de los infantes de Marina y del tiroteo de las ametralladoras.”
“Los rebeldes perdieron por lo menos 27hombres que fueron muertos por nuestras tropas  y dejaron unos cinco hombres heridos los cuales se convirtieron de inmediato en prisioneros en las manos de Infantería de la Marina”.
Así terminan su información Stephen M. Fuller y Graham A. Cosme.[6]
Entre los héroes dominicanos que se destacaron se hallaban don Francisco Peña (a) Pancho, con 80 años de edad; Demetrio Frías, síndico de Mao, quien después de salir ileso y libre del combate, retorno al campo de batalla para recuperar la bandera nacional que había perdido involuntariamente; Belarminio Rodríguez, quien era un joven de apenas 17 años; Se sabe que la familia Gutiérrez aportó cinco mártires, y que el cura Eliseo Echavarría, sobreviviente, desde el pulpito promovió el patriotismo y la defensa de la patria.  Un galeno santiaguero, el doctor Ellis Cambiaso, durante varios días se dedicó a curar y cuidar de los heridos.
Cuenta la historia oral que cuando don Francisco (Pancho) Peña marchaba con los demás voluntarios hacia el sitio escogido para enfrentar a los marines y un amigo de éste, un tal Pedro Sánchez le gritó:
-"Oye, Pancho, ¿dónde crees que vas?"
Y don Pancho Peña le respondió:
-"Voy a la Quebrada porque los yanquis están llegando."
Pedro le dijo:
-"Pero usted es demasiado viejo para pelear y va pa’que lo maten."
Pancho respondió:
- "Sí, lo sé, pero, quiero dar a los jóvenes un ejemplo y con mi sangre voy a contribuir a la independencia de mi país."
Sobrevivientes de la Barranquita portando la bandera que defendieron

LA OCUPACION DE SANTIAGO
Finalmente la ciudad de Santiago fue ocupada en 6 de julio de 1916 después de enfrentar bolsones de resistencia de patriotas dominicanos que los enfrentaron en su ruta.  Con dos oficiales y trece soldados heridos, y tres marines muertos, fue el saldo pagado por los invasores.  Al ser ocupada la ciudad, el general Desiderio Arias no hizo un solo disparo y fue a entregarse voluntariamente a la casa del Gobernador de la ciudad.
El Almirante lanzó una nueva proclama al pueblo dominicano y anuncio su intención de ocupar las importantes ciudades interiores de Moca y La Vega, declarando que esta acción se debía a que las fuerzas armadas de los Estados Unidos habían penetrado en la República Dominicana “…para apoyar a las autoridades constitucionales y poner fin a las revoluciones y las consiguientes perturbaciones del orden tan en detrimento del progreso ordenado y la prosperidad del país”, y por hallarse las ciudades en poder de fuerzas revolucionarias o amenazadas de estarlo por fuerzas contrarias al Gobierno constituido.  Se hizo además la siguiente declaración:
“No es la intención del Gobierno de los Estados Unidos adquirir por conquista ningún territorio de la República Dominicana ni atacar su soberanía, pero nuestras tropas permanecerán aquí hasta acabar con todos los movimientos revolucionarios y hasta que hayan sido adoptadas y estén en ejecución ciertas reformas necesarias para asegurar el bienestar futuro del país.”

LA PROTESTA DEL GOBIERNO DOMINICANO Y LA ESCOGENCIA DEL NUEVO PRESIDENTE NACIONAL
Los ministros miembros del Consejo de Estado elevaron formal protesta pero el Ministro norteamericano les informó en 16 de junio de 1916 que desde ese día el Receptor General de Aduanas había asumido la función de recaudar todas las rentas del país, tanto las rentas internas como los aranceles aduanales, y que del mismo modo había comenzado a actuar como agente pagador para el Gobierno Dominicano. Cuando se evidenció que eran inútiles las protestas, el secretario de Estado de Hacienda y Comercio,  don Armando Pérez Perdomo,  renunció al cargo.
Como el Congreso Dominicano tenía el tiempo de enemigo, dado el hecho de que su mandato constitucional expiraba el 26 de julio de 1916, sus miembros decidieron buscar un candidato de consenso para la presidencia provisional con el fin de sustituir el Consejo de Ministros que ejercía un gobierno decorativo.
Como la lista de los aspirantes a ocupar la primera magistratura del estado era bastante amplia y casi todos representaban intereses partidarios, se decidió escoger a un representante de la diáspora dominicana en Cuba, quien se hallaba ausente del país, desde hacía más de diez años radicado en la ciudad de Santiago de Cuba: el doctor Francisco Henríquez y Carvajal (Santo Domingo, 14 de enero de 1859 † La Habana, 1935), periodista, médico, abogado, escritor, pedagogo y político quien en ese momento vivía alejado de la vorágine de la lucha política dominicana.  Hermano del doctor Federico Henríquez y Carvajal y amigo del presidente Juan Isidro Jimenes.
El general Horacio Vásquez, don Jaime Mota, don Elías Brache hijo, el general Luis Felipe Vidal y don Federico en representación de los principales partidos del país, y en ejercicio de su liderazgo político, enviaron al doctor Francisco Henríquez y Carvajal telegrama notificándole su elección e invitándole a venir a juramentarse como presidente constitucional. Esta decisión del Congreso no fue bien acogida por los Estados Unidos a pesar de que el presidente provisional seleccionado tenía mucho tiempo alejado del país y de sus actividades políticas.
Llamado a ocupar la presidencia del país, parece que el deber para con la patria lo puso en primer plano embarcándose de inmediato para retornar a la República con la alta investidura de primer magistrado de la nación.  Juramentado a su llegada el 31 de julio de 1916.
El acto mediante el cual el Congreso eligió al Dr. Henríquez y Carvajal como presidente provisional de la República había incluido las dos importantes disposiciones:
“Articulo II. Si la Asamblea Constituye convocada por decreto de esta misma fecha no hubiere terminado la reforma constitucional en el término de cinco meses, el presidente provisional de la República se compromete, al expirar este plazo, contando partir del día de la prestación del juramento constitucional, a convocar las Asambleas Primarias para que estas, pasados treinta días, procedan a la nominación de nuevos colegios electorales y que estos últimos luego de haber perfeccionado su propia elección, pasado un lapso igual de tiempo, puedan proceder a la elección de un presidente de la República. En el caso de que en el término de los cincos meses indicados se hubiera realizado la reforma constitucional, el presidente interino obrará en todo lo relativo al proceso electoral de acuerdo con los dictados de dichas reformas y las disposiciones finales del Congreso Nacional; pero si la nueva Constitución adoptada por la Asamblea Constituyente conservara el sistema de los colegios electorales, el presidente provisional deberá convocar las Asamblea Primarias para elegir los colegios electorales dentro de los 30 días inmediatamente posteriores a la promulgación o conclusión de la misma Constitución.
Articulo III. La aceptación por el encargado del Poder Ejecutivo del anuncio de su candidatura para la presidencia definitiva o para la vicepresidencia si fuere instituida, lo incapacitará para continuar en el ejercicio de sus funciones y se reputará tal aceptación como una renuncia irrevocable que la Asamblea Nacional tiene el pleno derecho de aceptar. Si el caso previsto en este articulado ocurriese después de votada la nueva Constitución, se conocerá tal renuncia en la forma que la misma determina.”
EL NUEVO GABINETE DE JURAMENTA
El nuevo gabinete estuvo integrado de la siguiente forma:
Ministerio
Ministro
Agricultura e Inmigración
Don Eladio Sánchez, velazquita
Fomento y Comunicaciones[7]
Don Eliseo Espaillat, jimenista
Guerra y Marina
Miguel Mascaró del partido legalista
Hacienda y Comercio
Don Francisco José Peynado, independiente
Interior y Policía
Doctor Federico Henríquez y Carvajal, independiente
Justicia e Instrucción Pública
Don Emilio Pru’homme, jimenista
Relaciones Exteriores
José María Cabral y Báez, horacista
Como puede notarse en el gabinete estaban representados casi todos los partidos, y durante el breve periodo que los ministros desempeñaron sus respectivos cargos, todos estuvieron siempre de acuerdo con las decisiones del Presidente. Todos comprendieron la gravedad de la situación y echaron a un lado cualquier idea de sacar ventajas políticas o entrar en disputas motivadas en los intereses partidistas.
Frente a esta situación inesperada el ministro mister William W. Russel de los Estados Unidos quedó un tanto desconcertado frente a la inesperada unidad nacional de los dominicanos, poco antes acostumbrados a pelearse entre sí.  Por ello, actuando casi por instinto, y previa consulta del Departamento de Estado, decidió no reconocer el gobierno dominicano hasta tanto se determinara si el doctor Francisco Henríquez y Carvajal estaba en actitud de aceptar las exigencias y condiciones angloamericanas.
Si los Estados Unidos no reconocía el gobierno los ingresos de las aduanas correspondientes al país no le serian entregados por el Receptor General, y el gobierno no podría hacer frente a sus diversas obligaciones económicas y a sus gastos corrientes.
El doctor Henríquez y Carvajal fue elegido por el congreso conforme a la constitución, pero, lo que le interesaba al Ministro norteamericano era que el nuevo presidente plegara sus decisiones a los intereses imperiales de la gran potencia del norte, por ello, mister William W. Russel presionó al gobierno aduciendo que el presidente provisional había sido elegido tras haber expirado el periodo legislativo ordinario.  Con esta excusa mantendrían la presión sobre el doctor Henríquez y Carvajal hasta que este diera a torcer su pulso.
Pasado el tiempo, y ejercidas las presiones necesarias contra el presidente, una vez que Russell comprendió que el presidente Francisco Henríquez y Carvajal no actuaria con sumisión frente a los intereses angloamericanos, ordenó al Receptor General de Aduanas suspender los desembolsos de fondos del gobierno nacional.  Esto provocó una parálisis de toda la administración pública, comprendiendo el presidente provisional que su ejercicio al frente de la cosa pública bajo esas circunstancias seria efímero.
Resulta evidente que ni siquiera un procónsul de la época del imperio romano tenia tantos poderes ante un pueblo conquistado como los que ejercía el Ministro Russell en la República Dominicana.  Los poderes del procónsul angloamericano eran de tan amplitud que se creía en capacidad de ejercer en el país un supra gobierno.  Su informe al Departamento de Estado de fecha 18 de agosto de 1916 retrata su actitud de cuerpo entero, cuando escribe explicando las acciones emprendidas por él y sus motivaciones causales lo siguiente:
 “He dado instrucciones al Receptor General de suspender de inmediato todo desembolso de fondos dominicanos hasta que se llegue a un acuerdo definitivo con en relación con la interpretación de ciertos artículos de la Convención o hasta que este Gobierno muestre una actitud amistosa. Consideró la medida necesaria a fin de que se vea que nuestra intención es seria…”
“Como hemos de insistir en nuestra interpretación de la Convención en lo que se refiere al control y el cuerpo policial, es aconsejable que se formule la demanda de las demás reformas que juzguemos necesarias, además de las señaladas en la nota de sus instrucciones del 17 de septiembre de 1915, y también alguna proposición respecto a la bahía de Samaná y es de absoluta necesidad para el progreso de la República que se dicte una ley de resguardo para los títulos de propiedad territorial.”

Russell informo personalmente al gobierno el 18 de agosto que: “… no se harían nuevas entregas [de fondos] hasta que se llegue a un completo entendido respecto a la interpretación de ciertos artículos de la Convención Dominico-Americana de 1907, interpretación sobre la cual ha insistido el Gobierno de los Estados Unidos y de la cual tiene conocimiento el Gobierno dominicano desde el mes de noviembre último [de 1915], o hasta que el actual Gobierno dominicano sea reconocido por los Estados Unidos.”
Resulta evidente que el presidente Henríquez confrontaba serias dificultades derivadas de su intransigencia para aceptar las imposiciones imperiales del procónsul Russell y de los Estados Unidos.  Su principal obligación era restablecer el orden constitucional que había sido alterado por le rebelión del general Arias; para ello debía convocar elecciones libres.
Se sabe que en agosto de 1916 el Ministro Russell aconseja al Departamento de Estado de los Estados Unidos “…negar el reconocimiento [del presidente Henríquez] hasta que se cumplan las demandas que el Departamento de Estado había hecho en administraciones anteriores.  Después de menos de tres semanas [de la administración Henríquez], los funcionarios de EE.UU., sin previo aviso, cortaron al gobierno la entrega de todos los fondos [procedentes] de la Receptoría de Aduanas"[8].
La situación del congreso nacional era cuestionable en tanto el mandato de una parte de los diputados y de los senadores expiraba en el 30 de noviembre de 1916, de tal manera que debían ser convocadas las correspondientes elecciones.  Como enfrentamientos entre los distintos partidos políticos impidieron la constitución de la asamblea constituyente durante unos dos meses, logrando reunirse en 29 de septiembre de 1916.  Los enfrentamientos y debates entre los grupos representados llegaron casi al antagonismo, obstaculizando el trabajo de los delegados.  Ley disponía que eran necesarios un mínimo de 16 delegados para formar el quórum, pero como este –el quórum- no se completaba, las sesiones eran postergadas cada día; incluso, en las provincias los colegios electorales fueron convocados antes de la esperada reforma constitucional y reeligieron a los congresistas partidarios de Desiderio Arias, cuyos mandatos expiraban el 1ro de diciembre de 1916.
Estaba claro que la reforma constitucional no se podía postergar después del 30 de noviembre de 1916, porque ese día concluía el mandato de muchos de los congresistas, y los que habían sido reelegidos no cumplían con las formalidades legales establecidas en la constitución, por lo tanto, una constitución surgida de una asamblea nacional constituida de manera defectuosa seria impugnada y desconocida por los Estados Unidos.
Forzado por las apremiantes circunstancias el presidente Henríquez trató por todos los medios de lograr un entendimiento con el Ministro Russell, pero el tiempo lo tenía en su contra.  Por iniciativa del Ministro Peynado fue arreglado un encuentro del Ministro angloamericano Russell con el presidente interino Henríquez y Carvajal.  En el encuentro Russell lo presionó para que aceptara las demandas de los Estados Unidos, el presidente Francisco Henríquez y Carvajal declaró: “Usted puede decir a su Gobierno que con la ayuda de los Estados Unidos tengo la intención de establecer un gobierno de orden que garantizara la paz y la prosperidad del país.
El presidente provisional se hallaba en una dificilísima situación, siendo un hombre de convicciones nacionalistas, con un congreso opuesto a entregar el pedazo de soberanía que faltaba por entregar a los Estados Unidos, y con un pueblo resueltamente opuesto al intervencionismo y a la dominación neocolonial que se había implantado, debía conjuntamente con sus ministros decidir sobre las demandas angloamericanas.
Mister Russell, el ministro americano, demandaba del gobierno la aplicación de las siguientes medidas:
·         Que se extendiera la autoridad del Receptor General de Aduanas para recaudar y distribuir todos los fondos pertenecientes al estado dominicano;
·         Que el ejército nacional o guardia republicana fuese disuelto para luego crear una fuerza o guardia nacional que sería denominada Policía, sobre la base de los planes formulados por el Departamento de Estado;
·         Que fuera negociado un tratado bilateral en un plazo no mayor de treinta días que confiriese y asegurase a los Estados Unidos, por medio de un tratado escrito, todos los poderes, derechos y privilegios que habían sido exigidos previa y repetidamente.
Claro está, ante tales exigencias el Gobierno Provisional afirmó que estas demandas constituían una clara violación de la Constitución Dominicana, sin embargo el presidente trato por todos los medios de flexibilizar la intransigencia del Congreso y de algunos de los Ministros del gobierno en aras a dar aquiescencia a las demandas norteamericanas, proponiendo ciertas transacciones el 25 de agosto y el 14 de septiembre ciertas medidas encaminadas a un arreglo satisfactorio, sin embargo, sus propuestas fueron rechazadas dado el hecho de que el Departamento de Estado, considerándose en una posición de poder y con el país militarmente invadido, entendía que el gobierno debía aceptar su dictado.
Lansing, el secretario de Estado ordeno al ministro Russell para proponer al presidente Henríquez que promulgara como decreto el siguiente texto, elaborado por el Departamento de Estado.  El primero de los decretos propuestos se refería a la creación de la policía o Guardia Rural:
“Articulo I. con el fin de preservar la paz interna, para la seguridad de los derechos individuales en la República Dominicana, y para la mejor observancia de la convención de 1907 celebrada entre los Estados Unidos y la República Dominicana, la guardia rural de Santo Domingo constituiría la única fuerza militar y policial de la República. Esta guardia estará colocada bajo el control y sujeta a la dirección del presidente de la República.
Articulo II. A petición del presidente de la República, el presiente de los Estados Unidos someterá para su nombramiento los nombres de un oficial estadounidense para el comando de la guardia rural, y los de un número adecuado de oficiales americanos para ayudar a este comandante en la organización y mando de la guardia.
Articulo III. Dichos oficiales y rasos y las regulaciones de la paga de salarios, del personal, alistamiento, nombramiento, disciplina etc., que fueren recomendadas y promulgadas por el comandante, serán debidamente autorizados, ratificados y promulgados por el Gobierno de la República. Si no hubiere acuerdo sobre cualquier cuestión de regulaciones previstas en este articulo, tal cuestión será sometida al presidente de los Estados Unidos para su decisión.
Artículo IV. La guardia rural tendrá la supervisión y el control de las armas, municiones, abastos militares y el tráfico de armas y abastecimientos en todo el territorio de la República.
Articulo V. La reorganización de la guardia rural arriba prevista comenzará al mes de la promulgación de este decreto.”

El segundo decreto constituía una reafirmación de las exigencias norteamericanas relativas al control financiero deseado por Wilson para el país, y establecía:
“Articulo I. La recaudación de las rentas internas, y los ingresos del Gobierno de cualquiera otra fuente estarán puestos a cargo del Receptor General de Aduanas bajo la regulación actualmente vigente para la recaudación de las rentas aduaneras.
Articulo II. Ningún pago o desembolso de las rentas pertenecientes al Gobierno dominicano será efectuado por el Receptor General de Aduanas excepto por orden del Gobierno dominicano y de conformidad con la Ley de Gastos Públicos vigente u otra ley del Gobierno.”

Sometidas estas propuestas al gobierno de Henríquez, la exigencia norteamericana se mantuvo intacta, y Estados Unidos reconocería al gobierno si cedía ante sus demandas de aceptar el control financiero y la creación de la fuerza policial.  Los dominicanos se preguntaban: para qué los Estados Unidos exigían al gobierno la creación de una fuerza policial sí en la práctica los marines de los Estados Unidos habían asumido pleno control militar del país y desempeñaban funciones militares y policiales, incluyendo las de control de armas, arrestos de dominicanos, y represión.  Incluso, llegado el mes de septiembre se produjo en la ciudad de Santiago la detención de los generales Desiderio Arias y Mauricio Jimenes por órdenes del Procurador General de la República siendo ambos acusados de desfalco del Tesoro público.  Luego, al intentar los marines apresar a Ramón Batista, en Pajarito –Villa Duarte-, se verifico cierta resistencia produciéndose un enfrentamiento a tiros con un saldo de varios muertos y heridos de ambos bandos, incluyendo de la muerte de observadores del conflicto.  Luego, ocurrió el 26 de octubre de 1916, en horas de la noche, que una patrulla de marines, después de haber oído varios disparos al aire, hechos por un hombre ebrio, disparó sobre varios contertulios de un café matando algunos dominicanos.  Enfrentamientos de este tipo se presentaron en distintos puntos de la geografía nacional, cada vez con mayor frecuencia.
Fabio Fiallo, poeta y periodista.  Se opuso a la ocupación.
Otro aspecto de la ocupación militar fue lo relativo a los férreos controles impuestos a los periodistas a través de la censura.  La hostilidad de los dominicanos ante la arrogancia y altanería de los oficiales y clases de los marines fue en aumento cada día.  Se sabe que en las provincias del país los Gobernadores, Jueces, y autoridades en ejercicio de sus funciones llegaron a tener serias desavenencias con los invasores extranjeros, quienes sin haber declarado el estado de ocupación querían humillarlos y sustituirles en sus respectivas atribuciones y funciones.  El odio contra los intrusos nació pronto y el rechazo a los marines fue generalizado.  Incluso el propio Ministro de Relaciones Exteriores dominicano, don José María Cabral y Báez, ministro de Relaciones Exteriores, informó al ministro estadounidense que el sentimiento amistoso hacia los Estados Unidos, que antes abrigaban los dominicanos se había tornado en hostilidad universal de parte de los ciudadanos de este país.
Con fines de consultarle los Estados Unidos llamó a su Ministro o embajador en el país a principios del mes de noviembre.  El presidente Henríquez sabía muy bien que a partir del 30 de noviembre prescribiría el mandato de senadores y diputados, por ello, por medio de un decreto convocó los colegios electorales el día 14 de noviembre de 1916 a fin de reunirlos y constituirlos en fecha 3 de diciembre.  El Lic. Pérez Perdomo, embajador dominicano en Washington, fue instruido por el presidente Henríquez para que tratara de evitar lo que parecía inevitable: la declaración del estado de ocupación militar.  El representante diplomático dominicano, Pérez Perdomo, elaboró una comunicación al presidente Wilson tramitada vía el Departamento de Estado haciendo énfasis en cuatro puntos:
·         Que el Gobierno Provisional tenía derecho de ser reconocido por el Gobierno de los Estados Unidos;
·         Que la retención de los fondos destinados a pagar durante cuatro meses los salarios de los servidores públicos había producido una situación que afectaba todas las actividades, y que esa odiosa medida había dado por el resultado la indigencia de muchos dominicanos;
·         Que esa retención de los fondos de la receptoría, hecha por el Gobierno de los Estados Unidos, era contraria a las estipulaciones de la convención de 1907;
·         Que la acción llevada a cabo de este modo era, además, de injusta en tanto los empleados estadounidenses del Gobierno Dominicano habían sido pagados mientras se había retenido el pago de los empleados dominicanos; finalmente, agregaba la nota, que no obstante las dificultades con las que tenía que lidiar continuamente el Gobierno Provisional, este siempre se había mostrado dispuesto a discutir con el Gobierno de los Estados Unidos una solución razonable de la situación.
Sin embargo, poco caso se hizo al contenido de esta comunicación, lo mismo que a las protestas recibidas de otras fuentes.  Las autoridades de Washington no sabían qué hacer para enfrentar la crisis dominicana, y en el país nadie deseaba que se mantuviera la ocupación militar.
Aspectos y elementos importantes de geopolítica regional caribeña, continental y mundial habían conducido a los Estados Unidos a implementar una política imperialista, expansionista, y de control directo de islas, territorios continentales, canales interoceánicos, mares, bahías y sitios de interés estratégico.  Esta política agresiva, y violadora de las normas más elementales del derecho internacional público en ciernes condujo a los estados Unidos a realizar varias invasiones e intervenciones en América y en Europa, principalmente su participación en la Guerra Europea de 1914 a 1918.
De acuerdo con Alfred Verdross, famoso tratadista del derecho internacional público, la diferencia entre ocupación e intervención militar radica en que una ocupación es una invasión militar de un país sobre otro por largo tiempo, mientras la intervención es una invasión por poco tiempo.
LA INVASION SOBRE HAITI (1915-1934)
 
En el vecino país, Haití, los Estados Unidos habían invadido desde el 28 de julio de 1915, basándose en que después de una violenta protesta popular contra el sanguinario dictador Jean Vilbrun Guillaume Sam –presidente haitiano desde 4 de marzo al 27 de julio, 1915, hijo del ex presidente Tiresias Sam Simón (gobernó de 1896 a 1902)- este había sido atacado por una turba, fue herido en el palacio desde donde huyó y buscó refugio en la embajada de Francia, llegándose a esconder en un pequeño baño, de donde fue sacado violentamente y ejecutado con la mayor crueldad, y luego su cuerpo fue lanzado y clavado sobre los hierros de la verja de la embajada gala en Puerto Príncipe, luego, los habitantes de los barrios de puerto príncipe se pasearon delante de su cadáver arrancándole pedazos.
Guillaume Sam había sido líder de una rebelión armada que destituyó al presidente Oreste Zamor y condujo al poder Cincinato Leconte, luego víctima de un magnicidio.  Fue sustituido por José Davilmar Théodore, quien fue obligado a renunciar porque no podía pagar a los mercenarios con los cuales derrocó a Zamor, motivo por el cual San obtiene el gobierno.
El dictador Sam enfrento una insurrección contra su gobierno liderada por Rosalvo Bobo, quien se oponía a que el gobierno de Sam continuara ampliando los lazos de dependencia económica y comercial con los Estados Unidos, y cediendo el territorio haitiano para ser usado con fines estratégicos y militares.  Temiendo ser derrocado como, había ocurrido con los presidentes anteriores, Sam actuó con brutalidad en contra sus adversarios políticos, especialmente con los mulatos ricos y educados, y en 27 de julio de 1915, ordenó la ejecución sumaria de 167 prisioneros políticos, entre ellos el ex presidente Zamor, que se encontraba detenido en una cárcel en Port-au-Prince.  Esto enfureció a la población mulata, quienes se levantaron en armas contra el gobierno de Sam tan pronto como fueron enterados de los odiosos fusilamientos sumarios realizados por el sanguinario dictador.
Tras el ajusticiamiento de Guillaume Sam Haití vivió una profunda crisis, y durante dos semanas el país se mantuvo en sobresalto, razones por las cuales el Departamento de Estado ordenó a la Marina de los Estados Unidos la intervención militar desde el 28 de julio de 1915, ocupación que fue ampliándose y extendiéndose gradualmente hasta cumplir casi 20 años de ocupación militar que dejó un país postrado, saqueado, y humillado.
Al principio desembarcaron en Puerto Príncipe unos 330 infantes de marina para supuestamente “salvar vidas” de norteamericanos en Haití y para supuestamente “enseñar a los haitianos a vivir en democracia", pero esa decisión del Presidente Woodrow Wilson dio lugar a la articulación de un prolongada resistencia armada y a una guerra de guerrillas que provoco la muerte de unos 40,000 haitianos, básicamente campesinos pobres, y, en el sangriento conflicto, aparecieron la tortura, los campos de concentración y los primeros bombardeos aéreos de poblaciones civiles en tiempos de paz.  Las bajas norteamericanas fueron calculadas entre 300 y 400, según  el periodista e historiador especializado George Michel, quien  dice que "hubo muchos desaparecidos y decesos oficialmente atribuidos a enfermedades tropicales en realidad se debían a envenenamientos".
Al desembarcar en Puerto Príncipe, los "marines" del almirante William Caperton apenas encontraron resistencia. Sólo la guarnición del Arsenal, en la parte baja de la ciudad, disparó contra los invasores.
Las tropas norteamericanas emprendieron el desarme del ejército haitiano y de los grupos revolucionarios  concentradas en Puerto Príncipe, y sobre todo en el norte, cuna histórica del nacionalismo haitiano. Pero rápidamente la guerra se hizo feroz y despiadada en ambos bandos.
Un notable de la meseta central de Haití, Charlemagne Péralte (1885-1919) asumió la dirección de la guerrilla, proclamándose "jefe del ejército revolucionario en lucha contra los norteamericanos en tierra haitiana". Sus tropas, armadas con viejos fusiles franceses y sin apenas munición, tuvieron en jaque a los "marines", dotados de armas modernas, blindados livianos y bombarderos biplanos.
El 31 de octubre de 1919, Peralte muere asesinado. Su sucesor, el maestro rural Benoit Batraville, seguiría la misma suerte el 19 de mayo de 1920.
Luego, un movimiento nacionalista pacífico, apoyado por las élites urbanas, toma el relevo de la guerrilla diezmada, y culmina el 31 de octubre de 1929 con una huelga de estudiantes.
Bajo las presiones combinadas de nacionalistas haitianos triunfaron en las elecciones legislativas para constituir la asamblea nacional realizadas en octubre de 1930, contando con el apoyo de liberales norteamericanos y logias masónicas negras norteamericanas.  El último infante de marina salió de Haití el 21 de agosto de 1934.  Un año más tarde, un plebiscito aprobó la presidencia de Vincent y enmendó la Constitución para elegir presidente por votación popular.
El balance de la ocupación es controvertido.  A la estabilidad política y financiera recuperada, al progreso de la higiene pública y la construcción de algunos edificios modernos en Puerto Príncipe, se oponen el saqueo de los fondos públicos por el ocupante y el declive de la agricultura.  Entre los efectos negativos también figuran el surgimiento de un nuevo militarismo con la "guardia Haitiana", que sucedió al antiguo ejército y respaldó una parodia o imitación burlesca de democracia, y la entrega del poder político a las élites, en particular mulatas, factores que, 23 años después, conducirían a la dictadura de Francois y Jean-Claude Duvalier.
 
Muchos años después de esos hechos, en el 2010, el intelectual norteamericano Noam Chomsky escribiría lo siguiente sobre la política de Wilson en la Isla y en América Latina:
Woodrow Wilson es el más honrado de los presidentes galardonados con el Nobel y posiblemente, el peor para América Latina. Su invasión a Haití en 1915 mató a miles, prácticamente reinstauró la esclavitud y dejó a gran parte del país en ruinas.”
“Para demostrar su amor a la democracia, Wilson ordenó a sus marines desintegrar el Parlamento haitiano a punta de pistola en represalia por no aprobar una legislación "progresista" que permitía a corporaciones estadunidenses comprar el país caribeño. El problema se remedió cuando los haitianos adoptaron una Constitución dictada por Estados Unidos, redactada bajo las armas de los marines. Se trataba de un esfuerzo que resultaría "benéfico para Haití", aseguró el Departamento de Estado a sus cautivos.”
“Wilson también invadió República Dominicana para garantizar su bienestar. Esta nación y Haití quedaron bajo el mando de violentos guardias civiles. Décadas de tortura, violencia y miseria en ambos países fueron el legado del "idealismo wilsoniano", que se convirtió en un principio de la política exterior estadunidense.

LA DECLARACION DEL ESTADO DE OCUPACION MILITAR EN LA REPUBLICA DOMINICANA EN 29 DE NOVIEMBRE DE 1916
El secretario de Estado había determinado que la única solución efectiva sería la solución radical de la ocupación militar de la República Dominicana por los Estados Unidos. En una comunicación dirigida al presidente Wilson el 22 de noviembre de 1916, el secretario Lansing anexo un memorando en que describa detalladamente la situación de la República Dominicana y declaraba que, en su opinión, aquella se dirigía al estallido de una crisis. El secretario Lansing afirmaba: “… debemos determinar inmediatamente las acciones que se tomaran, pues de otro modo la revolución y el desastre económico serán inminentes.”
Como razón principal para ejecutar lo aconsejado, el memorando del Departamento de Estado recalcaba que el presidente Henríquez y Carvajal había publicado un decreto que convocaba los colegios electorales para elegir senadores y diputados.  Y se afirmaba en ese documento del Departamento que la mayoría de tales senadores y diputados así elegidos eran partidarios del general Arias, lo que le daría a este el control completo del Gobierno, aun en el caso de que el doctor Henríquez y Carvajal resultara electo como presidente Constitucional de la República.
El memorando continuaba diciendo:
“Esta fase de la situación, unida a la circunstancia de que el Gobierno provisional se niega a coincidir con los puntos de vista de los Estados Unidos en lo que concierne al establecimiento del Asesor financiero y la relativa a la creación del cuerpo policial, coloca al Gobierno de los Estados Unidos frente a un problema serio.”
“La retención de los fondos por el Gobierno de los Estados Unidos, basada en las circunstancias de que no ha sido reconocido Henríquez, ha producido una crisis económica en el país, que empeora cada día, y de la cual este Gobierno no quisiera ser responsable…”
“Se piensa que la única solución de la dificultad seria la proclamación de la ley marcial que pusiera a Santo Domingo bajo la ocupación militar, basando esta acción en la interpretación que los Estados Unidos han dado a la convención de 1907 y también en las condiciones de inestabilidad imperantes en la República… El Capitán Knapp… debe haber llegado hoy a Santo Domingo y se piensa que no debe perderse tiempo en darle instrucciones acerca de cómo efectuar la ocupación militar y comenzar inmediatamente los desembolsos de los fondos bajo la ley marcial.”

Junto con la comunicación del secretario Lansing al presidente Wilson, se anexo una copia de la proclama que lanzaría el Capitán Knapp. La proclama contenía la siguiente cláusula: “En caso de mala conducta en el cargo o por otras cusas graves y suficientes, el Gobierno Militar destituirá a cualquier juez, u otro funcionario judicial, y nombrara su sustituto en el puesto.”
El inmenso trastorno que había resultado del estallido de la Guerra Mundial, la creciente evidencia de que podría no permitírsele a los Estados Unidos permanecer indiferentes, y las actividades de su propia campaña electoral durante el año anterior, habían hecho casi imposible que el presidente Wilson pudiese dedicar mucha atención a la situación dominicana.  Los pasos que habían sido dados sucesivamente durante los meses del verano, le fueron debidamente comunicados.  Pero, indudablemente, su gravedad no había sido asimilada internamente por Wilson en toda su extensión, ya que para entonces su mente había sido absorbida por el problema europeo. El 24 de noviembre de 1916, el presidente contestó la comunicación del Secretario Lansing en los términos siguientes:
Mí estimado Señor secretario:
Doy mi aprobación con la más profunda renuencia al curso que se propone aquí, pero tengo la convicción de que es el menor de los males a la vista en esta situación compleja. Por lo tanto lo autorizo a dar las instrucciones adecuadas a las premisas siguientes:
He tachado la cláusula de la proclama que autoriza al oficial comandante a destituir jueces y a otros funcionarios en ciertas circunstancias. Puede que llegue a ser necesario recurrir a medidas tan extremas, pero no juzgo prudente que se haga un anuncio tan arbitrario en la misma proclama.
Atentamente,
Woodrow Wilson.

El día 29 de noviembre, el Capitán Knapp, desde su buque insignia, el Olimpia, en el antepuerto de Santo Domingo, lanzó la proclama que sigue, aprobada por el presidente Wilson, en el cual se desconocía oficialmente la existencia de un Gobierno dominicano, establecido de acuerdo con la Constitución, por un pueblo en ejercicio de sus derechos inherentes como nación independiente, una nación que había mantenido su libertad e independencia contra todas las amenazas y contra fuerzas contrarias de superioridad abrumadora durante los setenta y dos años anteriores:

La proclama que fue publicada en la Gaceta Oficial no. 2758 del 2 de diciembre de 1916, decía:

Considerando que fue firmada una convención entre los Estados Unidos de América y la República Dominicana, el 8 de febrero de 1907, de la cual el artículo III dice:
“Hasta que la República Dominicana no haya pagado la totalidad de los bonos del empréstito, su deuda pública no podrá ser aumentada sino mediante un acuerdo previo entre el Gobierno dominicano y los Estados Unidos.  Igual acuerdo será preciso para modificar los derechos de importación de la República, por ser condición indispensable para que esos derechos puedan ser modificados que el Ejecutivo dominicano compruebe y el Presidente de los Estados Unidos reconozca que tomando como base las importaciones y exportaciones de los dos años que preceden al en que se quiera hacer la alteración en los referidos derechos, y calculados el monto y la clase de los efectos importados o exportados, en cada uno de esos dos años al tipo de los derechos de importación que se pretenden establecer, el neto total de esos derechos de aduanas en cada uno de los dos años, excede de la cantidad de dos millones de peso oro americano.  Considerando: El Gobierno dominicano ha violado el dicho artículo III en más de una ocasión; y Considerando: El Gobierno dominicano, de cuando en cuando, ha dado como explicación de dicha violación la necesidad de incurrir en gastos extraordinarios incidentales para la supresión de las revoluciones; y Considerando: El Gobierno de los Estados Unidos, con mucha paciencia, y con el deseo amistoso de ayudar y permitir a la República Dominicana mantener la tranquilidad doméstica y cumplir con las estipulaciones de la convención citada, ha exigido al Gobierno dominicano ciertas medidas necesarias que el Gobierno dominicano ha sido inclinado a no aceptar o ha sido incapacitado a aceptar; y Considerando: En consecuencia, la tranquilidad doméstica ha sido perturbada, y aún no está restablecida ni asegurado el cumplimiento futuro de la Convención de parte del Gobierno dominicano; y Considerando: El Gobierno de los Estados Unidos está determinado que ya ha llegado el tiempo de tomar medidas para asegurar el cumplimiento de las provisiones de la Convención citada de parte de la República Dominicana, y mantener la tranquilidad doméstica de dicha República, lo cual es necesario para tal cumplimiento.”
“Ahora, por tanto, yo, H. S. Knapp, Capitán de la Marina de los Estados Unidos, comandando la Escuadra de Cruceros de la Flota del Atlántico de los Estados Unidos de América, y de las fuerzas armadas de los Estados Unidos de América situadas en los varios puntos dentro del territorio de la Republica Dominicana, actuando bajo la autoridad y por orden del Gobierno de los Estados Unidos de América.”
“Declaro y proclamo, a todos los interesados que la República Dominicana queda por la presente puesta en un estado de ocupación militar por las fuerzas bajo mi mando, y queda sometida al Gobierno militar y al ejercicio de la ley militar, aplicable a tal ocupación.”
“Esta ocupación militar no es emprendida con ningún propósito, ni inmediato ni ulterior, de destruir la soberanía de la República Dominicana, sino, al contrario, es la intención ayudar a ese país a volver a una condición de orden interno, que lo habilitará para cumplir las previsiones de la Convención citada, y con las obligaciones, que le corresponden como miembro de la familia de naciones.”
“Las leyes dominicanas, pues, quedaran en efecto vigentes siempre que no estén en conflicto con los fines de la ocupación o con los reglamentos necesarios establecidos al efecto, y una administración legal continuara en manos de[jueces] oficiales dominicanos, debidamente autorizados, todos bajo la vigilancia y la supervisión de la fuerza de los Estados Unidos que ejerce el Gobierno Militar.”
“La administración ordinaria de la justicia, tanto en casos civiles como en casos criminales, por medio de las cortes dominicanas regularmente constituidas, no será interrumpida ni obstruida por el Gobierno Militar ahora establecido; pero los casos en los que intervenga un miembro de las fuerzas de ocupación de los Estados Unidos, o en los cuales haya envuelto desprecio, desacato o desafió de la autoridad del Gobierno Militar, serán juzgados por tribunales establecidos por el Gobierno Militar.”
“Todas las rentas provenidas al Gobierno dominicano, incluso derechos o impuestos hasta el presente provenidos y no pagados, ya sean derechos de Aduana bajo las provisiones de la convención concluida el 8 de febrero de 1907, por la cual se estableció la Receptoría de Aduanas, que permanecerá vigente, o sean de rentas internas, serán pagadas al Gobierno Militar, el cual mantendrá en custodia por cuenta de la República Dominicana tales rentas y hará todo desembolso legal que sea necesario para la administración del Gobierno dominicano y para los propósitos de la ocupación.”
“Invoco a todos los ciudadanos dominicanos, y a los residentes permanentes y temporales o transeúntes en Santo Domingo, a cooperar con las fuerzas de ocupación de los Estados Unidos, con el fin de que sus gestiones sean prontamente realizadas y que el país sea devuelto al orden y a la tranquilidad doméstica interna y a la prosperidad que solamente se puede conseguir bajo tales condiciones.”
“Las fuerzas de ocupación de los Estados Unidos bajo mi mando actuaran según la ley militar que gobierna su conducta con el debido respeto a los derechos, personales y de propiedad, de los ciudadanos dominicanos, residentes permanentes y transeúntes o temporales en Santo Domingo, sosteniendo y defendiendo las leyes dominicanas, siempre que estas no entren en conflicto con los propósitos para los cuales se emprende la ocupación.”
H. S. Knapp,
Capitán de la Marina de los EE. UU., Comandante de la Escuadra de Cruceros de la Flota del Atlántico de los EE. UU.
Buque Insignia U. S. S. Olimpia, Santo Domingo, 29 de noviembre de 1916

El pretexto invocado por los Estados Unidos fue la supuesta violación por parte de la República Dominicana de la clausula III de la Convención de 1907 en su prohibición de aumentar la deuda pública mientras no se hubiese cancelado el empréstito garantizado por ella, sin un previo acuerdo entre el Gobierno dominicano y el Gobierno de los Estados Unidos.
Cinco días después, don Armando Pérez Perdomo, el ministro dominicano en Washington, presento su protesta contra la ocupación, redactada con frases dignas de recordar:
Solamente la existencia de un estado de guerra podría haber justificado tal proceder del Gobierno de los Estados Unidos hacia la República Dominicana, pero jamás ha existido la guerra entre las dos naciones.”
“Por lo tanto, al actuar como lo ha hecho el Gobierno de Vuestra Excelencia con la República Dominicana, ha violado abiertamente en primer lugar los principios fundamentales del derecho público internacional que han establecido como regla invariable de orden público para las naciones el respeto reciproco de la soberanía de cada uno de los estados del mundo civilizado, y en segundo lugar, los principios que guían la doctrina del panamericanismo que consagran la inviolabilidad de las nacionalidades americanas; principios que puede decirse han hallado su más altas expresiones en muchas declaraciones oficiales del ilustre presidente de los Estados Unidos.”



[1] El presidente Wilson gana las elecciones de 1912 con mayoría de votación popular porque obtuvo el 42 por ciento de los votos, mientras sus opositores: Roosevelt el 27 por ciento; Taft el 23 por ciento, y el socialista Eugene Debs el 6 por ciento; en la colegiatura electoral Wilson consiguió 435 votos de 531; Roosevelt obtuvo el apoyo de seis estados, Taft el de dos y Debs de ninguno.  Antes de ser Presidente había sido gobernador del estado de New Jersey por el Partido Demócrata (1910 a 1912).  En su historia de vida se destaca que fue profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Princeton hasta 1902, y a partir de ese año fue su Presidente o Rector.  Hizo un gobierno orientado por un programa progresista y reformista basado en  la consigna: “La nueva libertad”.  Dividía a las naciones en civilizadas e incivilizadas,  Las civilizadas eran las naciones de etnias blancas, sajonas o teutónicas, en donde existiese industrialización y estabilidad socio-económica, y las cuales podían imponer el orden y su civilización a los países atrasados e incivilizados.  Las Naciones Incivilizadas eran las conformadas por las etnias latinas o eslavas, y los países africanos y asiáticos, exceptuando a Japón que se había industrializado.  Fue el presidente que llevó a Estados Unidos a participar en la Gran Guerra Europea o Primera Guerra Mundial a partir de 1917 (Nota de Francisco Berroa).
[2] Paulino Ramos, Alejandro. El Paladión, de la ocupación militar norteamericana a la dictadura de Trujillo, tomo I, edición del Archivo General de la Nación, Santo Domingo, 2010, P. 17.
[3] Lee Borges, José.   República Dominicana: de la restauración a los primeros pasos de la verdadera influencia estadounidense, 1865-1880.  Revista Mexicana del Caribe, Vol. V, Núm. 010, 2000. Universidad de Quintana Roo, México, P. 118-119.
[4] Lee Borges, José.   República Dominicana: de la restauración a los primeros pasos de la verdadera influencia estadounidense, 1865-1880.  Revista Mexicana del Caribe, Vol. V, Núm. 010, 2000. Universidad de Quintana Roo, México, P. 121.
[5] Listín Diario, 3 de junio de 1916.
[6] Fuller, Stephen M. & Cosme, Graham A, 1974.  Los marines en la República Dominicana, 1916-1924 / por Stephen M. Fuller y Graham A. Cosme, Historia y Museos, División de la Sede, Cuerpo de Marines de EE.UU.
[7] Este ministerio era la fusión del de Fomento y Obras Publicas con el de Correos y Telégrafos (Nota de Francisco Berroa)
[8] Calder, 1984, P. 11