Wednesday, November 29, 2006

Los Caciques y las Cacicas de Haití

LOS CACIQUES Y CACICAS DE HAITÍ

A manera de introducción
La historia paritaria desde el punto de vista de los géneros es poco trabajada por etnografos e historiadores. Este artículo apunta en esa línea. Hemos iniciado, con su publicación, un esfuerzo por destacar el rol de la mujer en los procesos históricos y sociales.

LOS CACIQUES

El término cacique es un vocablo de procedencia taíno-aruaca, por lo tanto es una voz indo-americana por medio de la cual se designaba al gobernante principal de una vasta región o cacicazgo –un territorio similar a una grande provincia-, aunque según Las Casas había tres categorías cacicales: el Matunherí, quien ejercía su poder en una vasta región, el Bahoxerí o gobernante de aldea, y el Guaoxerí, quien gobernaba en las aldeas pequeñas.
El cacique era un verdadero primus inter pares, y la viva encarnación del poder político supremo, el jefe de los cultos religiosos y de manera especial del rito de la cohoba, y era además la persona a quien correspondía tomar todas las decisiones importantes en su contexto territorial y social.
Es en el Diario de Colón correspondiente a su primer viaje que encontramos las primeras referencias a estos personajes. Veamos: Cuando Cristóbal Colón durante su primer viaje visitó Cuba, después que sus marinos hicieron una exploración en el interior de la Isla, éstos le contaron haber visitado una aldea y que en una de sus casas hallaron:
"Una cabeza de hombre dentro de un cestillo (macuto) cubierto con otro cestillo y colgado de una parte de la casa; y de la misma manera hallaron otra en otra población. Creyó el almirante que devia (sic.) ser de algunos personajes de linaje porque aquellas casas eran de manera que se acogen en ellos mucha gente en una sola, y deven (sic.) ser parientes descendientes de uno solo".(Colón, Diario: P. 152)
Cuando el Almirante Cristóbal Colón piso tierra en nuestra isla, en diciembre de 1492, la encontró poblada por indígenas y estos se hallaban gobernados por jefes o caciques. El 13 de diciembre de 1492, estando en La Española, Colón escribió en su Diario que halló una población que "era de mil casas y de más de tres mil hombres" (Colón: Diario: P. 164), y el domingo 16 de diciembre, después de haber sido visitado por muchos aborígenes, dice el marino genovés que:
"...y luego vinieron más de quinientos hombres, y desde a poco vino el rey dellos (sic.), todos en la playa junto a los navíos, porque estaban sumergidos muy cerca de la tierra." (...) "que el dicho rey estaba en la playa, y que todos le hacia acatamiento" (...) "y que sería mozo de hasta veinte y un años, y que tenía un ayo viejo y otros consejeros que le consejavan (sic.) y respondían, que él hablaba muy pocas palabras". (Colón: Diario: P. 167).
Después que Colón logró establecer una relación de "amistad" con el jefe indio, dice que le invitó a subir al barco y que una vez allí: "Pusiéronle a comer al rey de las cosas de Castilla y el comía un bocado y después dávalo todo a sus consejeros y al ayo y a los demás que metió consigo". (Colón: Diario: P. 168).
Un poco más tarde, el martes 18 de diciembre Colón escribe sobre un cacique que "venían con el rey más de doszientos hombres y que lo traían en unas andas cuatro hombres, y era mozo como arriba se dixo. Oy estando el almirante comiendo abaxo del Castillo, llegó a la nao con toda su gente" (Colón: Diario: P. 170), y pocos días después, volvieron a la nave el joven con que probaba el alimento y de inmediato lo repartía y sus consejeros "dos hombres de edad madura", y dice que "le miraron a la boca y hablaban por él y con él y con mucho acatamiento", y dice que al rey lo "llamaban en su lengua cacique" (Colón, Diario: P. 172), y el 23 de diciembre Colón manifiesta su confusión con la palabra cacique y se preguntaba a sí mismo : "sí lo dicen por rey o por gobernador", y a seguidas escribe: "También dicen otro nombre por grande que llaman nitaíno; no sabía si lo dezian (sic.) por hidalgo o gobernador o juez". (Colón, Diario: P. 180)
Colón informa que la aldea del rey tenía una población que el estimó en dos mil hombres, e indica que el cacique llevaba consigo muchos adornos entre los cuales menciona coronas, collares y placas de oro o guayzas. El domingo 30 de diciembre recibió la visita de Guacanagarí acompañado de cinco caciques subordinados.
Para Oviedo los caciques de la Isla eran: Guacanagarix de Marien, Caonabo de Maguá, Guarionex de Maguana, Cayacoa de Higüey y Behechio de Jaragua.

LAS CACICAS

Por extensión de la palabra cacique, los españoles llamaron cacicas a las esposas, madres, hermanas, y a las parientes cercanas de los caciques. De tal suerte que en las grandes Antillas: Cuba, Haití, Boriquén y Jamaica no tan solo existieron caciques, sino, también cacicas. En las sociedades tribales de Las Antillas, el poder político se transmitía por herencia, por lo tanto la investigación en torno a las cacicas de la Isla se debe orientar hacía el papel desempeñado por éstas en sus respectivas sociedades, y muy particularmente en lo que concierne a nuestra Isla -denominada Haití-, determinar si el poder político se transmitía por la vía sucesoral o herencial materna no es nada difícil.
Las sociedades taínas eran sociedades exógamas, y era común que se realizaran matrimonios entre los caciques de una región con las hermanas de sus iguales de otras regiones, persiguiéndose con esta práctica fortalecer y solidificar alianzas de tipo político preexistentes.
El caso más notorio con relación a nuestra afirmación precedente lo fue el matrimonio de Behechío de Jaragua con Anacaona de Maguana, hermana de Caonabó el principal cacique de Maguana, lo cual, apreciamos, pone en evidencia que la relación de carácter político que pre-existía entre dos de los caciques principales fue fortalecida mediante la celebración de una unión matrimonial entre la hermana de un cacique principal, en este caso Caonabó, con el cacique Behechío de Jaragua, con la finalidad de establecer entre ambos gobernantes una relación primaria, una suerte de lealtad primordial fundada no tan sólo en la parentela política, sino en el nexo sanguíneo que se establece por la vinculación matrimonial de los parientes, lo cual determinará que la descendencia de tal unión se halle vinculada por lazos de sangre a los caciques principales que fomentaron tal integración. Así, Higuemota, la hija de Behechío y Anacaona era sobrina de Caonabó.
Los matrimonios por conveniencia política no son nada nuevo, y durante la Edad Media en la nobleza europea se encuentran sobrados ejemplos de tales uniones, y en el caso español el más ilustrativo fue el matrimonio de Isabel de Castilla con Fernando de Aragón en 1469.
El matrimonio de Behechío con Anacaona obedeció al interés común de los caciques de dos grandes cacicazgos de hermanar las jefaturas de sus respectivas jurisdicciones políticas, lo cual posiblemente les ayudó a establecer una relación de intercambios económicos mucho más amplia, y les procuró nuevos medios defensivos a nivel político-militar, pues como señala la tradición Caonabó encarnó una conducta eminentemente militarista, y Behechio fue, en cambio, un sagaz político, un gobernante diplomático, y un buen polígamo de harén con más de 30 esposas.
Las noticias referidas a las cacicas son abundantes en la etnografía antigua, principalmente en las obras de Las Casas, Oviedo, y Mártir, y en algunas cartas, memoriales y relaciones. Entre las más destacadas se menciona Anacaona, sin embargo hubo otras cacicas muy destacadas y conocidas.
Entre estas cabe mencionar a Doña Inés o Higuanamá, esposa de Cayacoa, y quién gobierna en Higüey después de la muerte de su esposo conjuntamente con el cacique Cotubanamá, quien tenía a su cargo los asuntos militares del cacicazgo.
Otra destacada cacica lo fue Catalina o Zameaca cacica del Hozama o Ozama, bautizada Catalina a raíz de su matrimonio con el español Miguel Díaz, y quién dominaba en el sitio en donde se fundó la ciudad de Santo Domingo.
Otra importante y distinguida cacica fue la madre de Guarionex, quién según Pané era una mujer que ejercía un poder extraordinario sobre la voluntad de su hijo.
También debo hacer mención de Catalina de Guacanagarí, posiblemente oriunda de Puerto Rico y que fue capturada por Colón en la isla de Ayay durante su segundo viaje, y al traerla a la Española, cuando Guacanagarí lo visitó en su barco, se enamoró de la india, e hizo que su hermano entrara en comunicación con ella y otras mujeres para planificar su fuga, y logró que esta se escapara del barco para luego unirse a ella, lo cual provocó en su oportunidad el enojo de Colón frente al principal cacique de Marién, aunque el disgusto luego quedó resuelto. Cuando Catalina contrajo matrimonio con Guacanagarí éste tenía unas 11 esposas.
Fueron cacicas distinguidas Higuemota, hija de Anacaona; Mencia, hija de Higuemota y que casó con el valiente Cacique Guarocuya, confundido con el cacique Enrique (Enriquillo).
Cuando un cacique no tenía un hijo o hija en capacidad de sucederle por regla general era el hijo de su hermana quien se hacía cargo del poder, lo cual significa que el nexo de consanguinidad era tomado muy en cuenta para establecer la nueva jefatura en sustitución de la del cacique fallecido.
Ricardo Alegría, en su trabajo "Apuntes para el estudio de los caciques de Puerto Rico", dice que "Es posible que los españoles impusieran sus conceptos hereditarios a la sociedad indígena, y llamaran cacicas a las mujeres principales de los régulos tainos y que a la muerte de un cacique exaltase a su viuda o mujer principal al oficio cacical. Si imponían así las leyes de la sucesión hereditaria que prevalecían en España".(P. 31)
Según Alegría las cacicas más destacadas de Puerto Rico fueron: Luisa de Aymanio, Luisa II, la que vivió en la región de Loyza hasta 1527, Doña Juana de Ayamanio y la cacica Isabel de Humacao que fue encomendada con 50 indios.

1 comment:

Gabriela Saller said...

Higuemota, Anacaona y Bohechío no eran hermanos? No habrá casado Caonabo con Anacaona, al igual que Cayacoa, siendo ambos "no nobles"?