Tuesday, May 29, 2007

GENESIS Y EVOLUCION DE LOS ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMERICA

Por: Francisco Berroa Ubiera

Los primeros colonos de Norteamérica hispanos y anglosajones

Los primeros peregrinos ingleses -puritanos dirigidos por William Breuster-, llegaron en el buque Mayflower a la actual costa Este de Estados Unidos en 1620, pero, sin embargo, mucho antes de este acontecimiento la costa oriental de Norteamérica había sido explorada por los españoles, y casi nadie se imagina que las tres cuartas partes del actual territorio de Estados Unidos fueron propiedad de España durante más de 200 años; que los territorios de California, Nuevo México, Texas y Luisiana, pertenecieron al Virreinato de México entre 1764 a 1813; y que el gobernador de Cuba ejercía sus funciones desde el río Misisipí al Atlántico, y extendiéndolo luego hasta La Florida.

El Gran Cañón del Colorado fue explorado por el Teniente Cárdenas, español, acompañado de 20 soldados, 300 años antes que los ingleses y angloamericanos, e inclusive, en La Florida, uno de sus primeros conquistadores fue el africano negro Esteban Azamor (Estebanico), quién, acompañó a Alvar Núñez Cabeza de Vaca -el explorador español autor de Naufragios-, en su exploración por los actuales territorios de Florida, Carolina del Norte y Texas, y que los judíos sefarditas se establecieron en Newport, Rhode Island, en donde fundan una Sinagoga en 1658.

Por todo ello, se puede afirmar que históricamente Estados Unidos siempre se ha caracterizado por la multiplicidad étnica de su población, y el primer aporte a los cimientos de esta gran nación -aunque no sea reconocido por los angloamericanos-, fue hecho por hispanos, y luego por los peregrinos puritanos ingleses, y mucho más tarde por otros europeos, africanos, asiáticos, e hispanoamericanos.

Posiblemente debido a estos antecedentes fue que uno de los padres fundadores de esta nación, Thomas Jefferson llegó a decir que: "La historia más antigua de Estados Unidos está escrita en español", y en un sentido similar se expresó en una ocasión John F. Kennedy.

Se sabe muy bien que los colonos ingleses dominaban en Norteamérica, en 1763, los siguientes territorios: por el Sur, desde la Bahía de Yukon hasta el Golfo de México; y desde el Atlántico al río Misisipí, por el Oeste. Fue en 1763 cuando Francia cedió a España el territorio de La Luisiana, como un arreglo de cuentas entre ambas naciones, porque durante la Guerra de los Siete Años (1756-1763) Inglaterra derrotó a Francia y a España juntas, y esta última nación perdió La Florida -Estados Unidos adquiere La Florida en 1821- razón por la cual Francia le dio en compensación a la Luisiana, cuyo territorio quedó bajo dominio español. Esta guerra fue muy costosa, y por ello Inglaterra debía crear, y de hecho creó una política tributaria excesiva en América, creando nuevos impuestos al té, al azúcar, y otros, por lo cual los colonos protestaron, y dijeron: "Ningún impuesto sin representación".

Una gran parte de la actual porción Oriental de Estados Unidos estuvo integrada al dominio colonial británico. Inglaterra mantuvo el control de estos territorios desde principios del siglo XVI, y ya en el siglo XVII sus colonias de Norteamérica disponían de su propia flota de marina mercante.

Sin embargo, en el curso del siglo XVIII la Reina de los Mares mostró, en apariencia, un mayor interés en sus colonias del Caribe, debido principalmente a su gran producción de azúcar mascabado, de melazas, y de otros productos tropicales, llegándose inclusive a promulgar en 1733 una ley de melazas, y en 1764 otra ley que establecía un impuesto sobre el azúcar importada, aparte de que las colonias de Nueva Inglaterra fueron sometidas a la denominada Acta de Navegación que limitaba sus mercados, y además, se les impuso un rígido y elevado sistema de tarifas arancelarias.

Para esta época se desarrolla en las colonias inglesas continentales americanas una burguesía comercial que dependía de los intercambios económicos, lícitos o ilícitos. A esta naciente burguesía, el comercio clandestino o de contrabando,[1] le sirvió como mecanismo de acumulación originaria de grandes capitales. Por ese motivo, desde los puertos de Boston, Filadelfia, Nueva York y Newport se mantenía un importante intercambio con las colonias inglesas de las Antillas. En su obra Yanquees and Creoles (1956), Richard Pares[2] nos presenta la importancia de este comercio durante todo el curso del siglo XVIII, mediante el cual grandes cantidades de mercancías eran exportadas desde Norteamérica a las islas de las Antillas.[3]

Los antecedentes de la independencia de Estados Unidos

Para una mejor y más clara comprensión de las causas que determinaron el conflicto de las posesiones inglesas con su metrópoli hay siete puntos en los cuales se pueden resumir los principales antecedentes de la lucha independentista de estas colonias inglesas de Norteamérica. Estos son:

1) Los efectos de la Guerra de los Siete Años (1756-1763), entre Francia y Gran Bretaña, con la victoria lograda en 1763, quedando Inglaterra sumamente resentida con sus colonias por su poca colaboración que estas le dieron durante el desarrollo del conflicto, y Francia perdió sus posesiones canadienses;

2) La promulgación de la ley del azúcar en 1764 en perjuicio de los intereses comerciales de los colonos ingleses;

3) La promulgación de la Ley del Sello de 1765, de carácter eminentemente fiscalista, y que lesionaba a la jurisdicción tributaria de las asambleas coloniales;

4) La Ley de Acuartelamiento de 1765 que imponía la obligación de los colonos de alojar en sus hogares y facilidades a las tropas inglesas, y les exigía su contribución pecuniaria para el sostenimiento económico de un ejército de 10,000 hombres;

5) La existencia de serios problemas derivados de la puesta en circulación por las autoridades inglesas de papel moneda;

6) La promulgación de las leyes Towsherd, mejor conocidas como "Intolerables", las cuales fijaban un impuesto al té, al vidrio, al cuero y a otros productos (1767), y la reserva de cobro de impuestos a los funcionarios británicos; y,

7) Por la implementación en las colonias de una política agraria británica que limitaba o impedía la expansión de la colonización hacia el Oeste, debido a las restricciones que imponía.

Por estos motivos, entre 1764 a 1765 se habían producido algunas manifestaciones contra los ingleses, y desde 1765 se constituyeron las denominadas "Asociaciones de la libertad", que incluían personas de ambos sexos.

Asimismo, en 1770 se verifica un fuerte estado represivo en Boston, y en 1771 fueron reprimidos los habitantes de Carolina del Norte, y un poco después Samuel Adams convocó a un Congreso de los colonos en Filadelfia en 5 de septiembre de 1774, acordándose solicitar al rey Jorge III un cambio en su política restrictiva, con la esperanza de que a partir de ese momento se dejarían de importar bienes ingleses. Un segundo Congreso Continental fue convocado en 1775, a partir del cual George Washington y Horatio Gates decidieron declarar la guerra a los ingleses, la cual se inicia en 1775, y se desarrolla entre 1776 a 1781, y posteriormente.


El Nacimiento de la Unión

Estados Unidos surge como un estado independiente tras la guerra de independencia que se inicia el 19 de abril de 1775 en Lexinton y Concord en Massachussets, y que continúa con la batalla de Bunker Hill cerca de Boston, el 17 de junio de 1775, en contra de la dominación inglesa, proclamándose su independencia el 4 de julio de 1776, tras la realización del denominado Congreso Continental, por lo cual, 13 colonias pasaron a formar un país de 900,000 kilómetros cuadrados y con una población de apenas 2,800,000 habitantes, de los cuales el 20 % eran negros y el 80 % blancos de origen europeo, bajo el lema de Hamilton que reza: "Pluribus In Unum".[4]

Durante la guerra contra los ingleses, Thomas Jefferson y Benjamín Franklyn viajaron a París en 1776 para recabar la ayuda económica de los Borbones, y posteriormente, en 1777, quedaron en París Benjamín Franklyn, Arthur Lee, y Silas Deane, en calidad de emisarios oficiales de Estados Unidos en el Viejo Mundo con sede en la urbe francesa a orillas del Sena.

En ese mismo año Benjamín Franklyn decide enviar a Arthur Lee a la Corte española en busca de ayuda para la causa de la independencia. Antes de este viaje de Lee, por una Real Orden del 24 de diciembre de 1776 España le dio una ayuda material oficial a Estados Unidos, consistente en municiones, medicinas y mantas,[5] pero, Lee, con la mediación Diego de Gardoqui[6] -un rico comerciante propietario de la Casa Gardoqui e Hijos, de Bilbao, Barcelona, España-, obtuvo que se "les proporcionaran cuatro millones de reales, con los que se adquirieron los siguientes efectos militares, que salieron en barcos españoles vía las Bermudas hacía América: 216 cañones de bronce, 4,000 tiendas de campaña, 12,826 granadas, 30,000 fusiles, 30,000 bayonetas, 30,000 uniformes militares, 51,314 balas y 300,000 kilos de pólvora",[7] aunque de acuerdo con el Conde de Aranda, la ayuda que España prestó a Estados Unidos incluyó varios barcos y £2,000,000 (de libras esterlinas).[8]

En honor a la verdad, después que los angloamericanos proclamaron su independencia, España fue una aliada encubierta de los Estados Unidos en su lucha contra los ingleses y su interés en el curso de los acontecimientos que se sucedían en Norteamérica se puso de manifiesto cuando en 1776 el Ministro de Indias del rey español Carlos III, don José de Gálvez, designó a varios comerciantes como agentes secretos del Rey en las trece colonias de Norteamérica. Algunos de estos agentes fueron: Miguel Antonio Eduardo, empleado para mantener informado al gobernador de Cuba sobre los pormenores de la guerra; Juan de Miralles, famoso personaje del espionaje español, quien a partir de 1777 desarrollaba sus actividades en Filadelfia, falleciendo en 1780 mientras visitaba el campamento de George Washington; Juan José Eligio de la Puente, destacado en Florida y Georgia entre 1777 a 1779; y otro apellido Herrera destacado en la Florida Occidental.

Y aunque en el curso de la guerra con Estados Unidos, Inglaterra tenía la promesa rusa de aportarle 20,000 efectivos, lo cual fue desestimado por temor a los rusos, quienes tenían el control de Alaska, y, mucho interés en los territorios del Noroeste norteamericano, por lo cual los ingleses prefirieron finalmente reclutar mercenarios de Alemania procedentes de Hesse-Kassel, Braunscaweig, Hanau y Hannoven.

Por temor a perder sus posesiones coloniales en América, y buscando un equilibrio de fuerzas con los ingleses, España declaró la guerra a Inglaterra en 23 de junio de 1779, iniciándose la novena guerra hispano-inglesa, la cual finaliza con la Paz de París en 23 de septiembre de 1783. Es el momento en que España apoya la guerra de independencia de Estados Unidos, desarrollándose a partir de 1789 varias operaciones militares españolas en los territorios de Luisiana, Alabama, y Florida al mando del general Bernardo de Gálvez, sobrino del Ministro de Indias español don José de Gálvez, Marqués de Sonora.

Sobre todo, los españoles se interesaron en atacar a los ingleses en Jamaica y en Las Bahamas, que también le interesaba a Estados Unidos, y de hecho, estos dos territorios fueron los principales objetivos militares de España en América. Fue por eso que la atención de los españoles se centró inicialmente sobre estas islas, paraíso de los corsarios, quienes causaban considerables bajas en los barcos españoles y americanos que navegaban en las aguas del Atlántico y del Caribe, e inclusive estas posesiones insulares le habían servido a los ingleses de base de operaciones militares y navales en América para atacar las posesiones españolas, verbigracia el ataque y toma de La Habana, Cuba, en 1762, partió de Las Bahamas.

Por esta razón, tropas hispano-francesas tenían previsto atacar, desde el Guarico francés en la isla de Santo Domingo, en 1783, los territorios ingleses de Jamaica, Virginia, y las islas de Barlovento. Para esta operación los franceses aportarían unos 2,000 soldados al mando del Marqués de Saint-Simón,[9] y una escuadra de 27 navíos con 5,000 hombres comandada por De Grasse. Esta expedición no fue casual, porque:
Dos años antes del comienzo de la guerra, en febrero de 1777, España ya se percató de la importancia estratégica del puerto francés de Guarico, en la isla Hispaniola, que posteriormente se materializó para uno de los objetivos del Carlos III; la toma del bastión inglés de Jamaica, el último punto del plan de operaciones del 8 de abril de 1780. Guarico o Cabo Francés,[10] como también se conoce, se halla situado en la costa Norte de Santo Domingo y a unos 500 kilómetros de Jamaica. El Ministro de Guerra español, Conde de Ricla, dictaminó en 1777 su utilización como base de operaciones hispano-francesas para la conquista.[11]

El pequeño, pero estratégico archipiélago de las islas Bahamas o Lucayas, también le interesó a Estados Unidos, y en 1776 John Paul Jones, de la naciente armada de Estados Unidos, conquistó las Bahamas, pero luego los ingleses las reconquistaron, y aunque la historiografía clásica de Estados Unidos afirma que la
“..Última batalla de su independencia [fue] la rendición de Lord Cornwallis en Yorktown, en octubre de 1781; sin embargo, siete meses después de esta épica batalla, buques de guerra del estado de Carolina del Sur, al mando del Comodoro Alexander Guillon, escoltaron tropas españolas al mando del Teniente General Juan Manuel Cagigal desde La Habana a las Bahamas, donde los británicos se rindieron el 8 de mayo de 1782.”[12]

La expedición Hispano-estadounidense estaba integrada por la flota de Guillon, que consistía en: Una Fragata de South Carolina, ocho barcos de combate y 12 de transporte, y en su totalidad, la fuerza invasora a Las Bahamas salió del puerto de La Habana el 22 de abril de 1782, y consistía en: 2,500 soldados, ocho buques de guerra, 57 barcos, los regimientos españoles: Zamora, Soria, Guadalajara, León, Hibernia, Aragón, Cataluña, Flandes, y Extremadura, la 2a. Compañía de granaderos del regimiento Inmemorial del Rey, dos compañías de granaderos del Príncipe, y de Nueva España, y las guarniciones del castillo de Campeche, del de La Habana, el batallón fijo de Santo Domingo, el batallón fijo de Castilla, los granaderos de Navarra, una compañía de infantería y zapadores de pardos y morenos, el batallón de voluntarios de Gálvez, y 12 prácticos de Estados Unidos.[13]

La rendición de los ingleses en las Bahamas fue en 8 de mayo de 1782, y el entonces Coronel Francisco Miranda (El Precursor), fue el emisario del comandante de las tropas españolas, el Brigadier Juan Manuel de Cagigal --debido a que en América, los españoles introducen en la década del '70 del siglo XVIII varios cambios militares; Bernardo de Gálvez sustituyó a Navia en el mando de las tropas americanas en el Caribe, y como jefe de operaciones americanas Solano sustituyó a Bonet, y Cagigal a Navarro-- ante el Vicealmirante John Maxwell, gobernador de Las Bahamas, quien tenía a su disposición los siguientes armamentos y barcos: 612 barcos, 519 cañones de bronce y hierro, 11 barcos corsarios, 137 barcos norteamericanos, 14 españoles, 24 franceses y uno holandés, que fueron capturados por los aliados, en el puerto de Nassau -denominada así en 1695 en honor del Rey Guillermo III, antes príncipe Juan Mauricio de Siergen Orange-Nassau-, capital de la isla de Nueva Providencia, y en la isla Eleuthera, residencia del primer fuerte inglés en ese archipiélago.

También, durante esta novena guerra hispano-inglesa, en 12 de abril de 1782, la escuadra inglesa de Rodney venció a la francesa del Conde De Grasse en las aguas caribeñas del Sur de las isla Guadalupe,[14] y, entre 1779 a 1782 se plantea la lucha por el Peñón de Gibraltar, y en 3 de agosto de 1782 se producen las negociaciones de paz de París, Francia, con la finalidad de establecer la línea de Jay, esta iba, desde el nacimiento del río Misisipí hasta Nueva Orleáns, despojando a España de la Florida Occidental, de ahí que se produzca un enfrentamiento entre el Conde de Aranda y Mr. Jay.

En 20 de enero de 1783 España y la Gran Bretaña firman un preliminar de un Tratado de Paz que fue suscrito en Versalles, Francia, mediante el cual, Carlos III, y Jorge III acuerdan en 4 de febrero de 1783 el cese de la guerra entre Francia, Inglaterra, España y Estados Unidos, hasta la firma del Tratado de Paz definitivo que fue suscrito, como se estableció previamente, en Paris, en 3 de septiembre de 1783, mediante el cual se puso fin a la guerra.

Los Estados Fundadores de la Unión americana

Los estados fundadores de la Unión Norteamericana fueron: New Hampshire, Massachussets Bay, Rhode Island, Conneticut, New York, New Jersey, Pennsylvania, Delaware, Maryland, Virginia, North Carolina, South Carolina y Georgia, es decir, 13 estados, que proclamaron su independencia de la Reina de los mares, Inglaterra.

Como era de esperarse, después de la proclamación de su independencia, Estados Unidos no fue reconocido por los ingleses, quienes continuaron la guerra hasta la firma del Tratado de Paz de París del 3 de septiembre de 1783, momento en el cual Gran Bretaña reconocerá su independencia, concediéndoles la soberanía sobre todos los territorios comprendidos al Este del río Misisipí, entre el Sur de Canadá y el Norte de Florida.

Casi con el nacimiento de Estados Unidos nació la ambición en sus prohombres: Thomas Jefferson escribió a Stuart en 1786, y le exponía con claridad los fines ulteriores de la nueva nación:

Nuestra confederación ha de verse como el nido desde el cual se poblará América entera, tanto la del Norte como la del Sur. Más cuidémonos de creer que a éste gran continente interesa expulsar desde luego a los españoles. De momento aquellos países se encuentran en las mejores manos, que sólo temo resulten débiles en demasía para mantenerlos sujetos hasta el momento en que nuestra población crezca lo necesario para arrebatárselos parte por parte.”[15]

Posiblemente conociendo de esta ambición expansionista, el Conde de Aranda, refiriéndose a Estados Unidos, escribió en sus memorias a fines del siglo XVIII:
Esta República federativa, ha nacido, digámoslo así, pigmea, porque la han formado y dado el ser dos potencias como España y Francia, auxiliándola con sus fuerzas para hacerla independiente. Mañana será gigante, conforme vaya consolidando su constitución y después un coloso irresistible en aquellas regiones. En este estado se olvidará de los beneficios que ha recibido de ambas potencias y no pensará más que en su engrandecimiento.”[16]

La federación de parte de las ex-colonias británicas en Norteamérica se logró efectivamente en 1787 tras la conclusión de la redacción de la constitución política de Estados Unidos. New Hampshire fue el noveno estado en aprobar la constitución en 1788, faltando por aceptar la federación New York, Virginia, North Carolina, y Rhode Island, estados cuya adhesión se produce entre 1789 y 1790, iniciándose por lo tanto la Era federalista, como la denomina la historiografía estadounidense.

La expansión pre-imperialista de los Estados Unidos

La expansión de los Estados Unidos hacía el Oeste tiene como antecedentes dos ordenanzas del congreso mediante las cuales se comenzó a regular el sistema territorial de la Unión: la primera data del 23 de abril de 1784, y establecía que la cantidad mínima de habitantes para organizar nuevos territorios debía ser de 20,000 habitantes, y que esos nuevos territorios podrían devenir en estados unionistas cuando alcanzaran una población similar a la del estado menos poblado; la segunda ordenanza fue promulgada en 13 de julio del año de 1787, y fue elaborada sobre la base de las ideas de Jefferson, quien fue uno de los primeros en vislumbrar el crecimiento en el sentido indicado, y quien propuso la fundación de nuevos estados con un mínimo de 60,000 habitantes. Una nueva ordenanza dada en 7 de agosto de 1789 establecía que el contenido de la ordenanza de 1787 se adaptaba al espíritu de la constitución de Estados Unidos (1787).
Aunque en términos efectivos, el siglo XIX temprano marca el inicio de la expansión pre-imperialista de Estados Unidos, con la anexión de los siguientes territorios: Luisiana o Lousiana anexada por el presidente Jefferson, el 30 de abril de 1803 y cuyo territorio fue comprado a Francia por 15 millones de dólares (equivalentes a la suma de 60 millones de francos de la época), con una extensión de 885,000 millas cuadradas, el cual sería poblado con anglosajones para luego estirar sus fronteras al resto del continente, convirtiéndose éste en el estado número 18 el 30 de abril de 1812; antes, se habían aceptado en la unión los estados de Vertmont, el número 14, constituido el 4 de marzo de 1791; Kentucky, el número 15, integrado el 1ro. de junio de 1792.


Se agrega luego Tennessee, el número 16, admitido su territorio a la unión el 1ro. de junio de 1796; y, Ohio, el número 17 acogido el 1ro. de marzo de 1803; después de la expedición de Meriwether Lewis -secretario privado del presidente Jefferson-, y de William Clark, hacia el Oeste; entre 1804 a 1806 fueron muchos los colonos que se trasladaron a los valles interiores del Oeste siguiendo el curso de caudalosos ríos, posibilitando la colonización, y posterior incorporación a la unión de los territorios de Indiana, en el llamado North West Territory, incorporado a la federación el 11 de diciembre de 1816 como el estado número 19; Misisipí o Mississipi, constituido en el estado número 20 el 10 de diciembre de 1817; Illinois, fue el número 21 e ingresó a la federación el 3 de diciembre de 1818, siguiéndole Alabama como el número 22 y constituido el 14 de diciembre de 1819.


A seguidas Maine, el número 23, incluido el 15 de marzo de 1820; y Missouri, convertido en el estado número 24 el 10 de agosto de 1821 -antes, desde 1812 se le declaró Territorio de Estados Unidos-. También fue incluido el estado de Arkansas, el número 25, el 15 de junio de 1836. Luego vino la unión de Michigan, el número 26, el día 26 de enero de 1837. En el Sureste fue adquirida Florida en 1819 por compra a España por cinco millones de dólares, cuyo territorio pasó a convertirse en el estado número 27 el 3 de marzo de 1845.


James Monroe, presidente de Estados Unidos, influido por su Secretario de Estado John Quincy Adams, en su mensaje al Congreso del 2 de diciembre de 1823 hizo la formulación de su Doctrina[17], formulada con la aparente intención de impedir que el Imperio Ruso, desde Alaska, se introdujera en el territorio de Oregon -el cual era en ese momento objeto de una disputa territorial por las grandes potencias de la época-, y con el real interés de aprovechar al máximo las derrotas sufridas por España en todo el continente, y quiso asimismo dejar claro, y poner de manifiesto, que América es para Norteamérica; posteriormente, como resultado de los cambios que se operan en los Estados Unidos a partir del gobierno del General Jackson (considerado en aquel momento un "hombre común", pero quien tiene el merito histórico de haberle puesto fin a The Virginia Dinasty), se inicia la época del expansionismo de Estados Unidos, la cual, se puede decir que alcanzó la mayoría de edad en la década de los cuarenta, al acuñar un periodista de Washington el concepto de Destino Manifiesto[18], y, en tal virtud, bajo esta doctrina se produce la anexión de Texas[19] (1836-45), el estado número 28, incluido por disposición del Congreso continental el 29 de diciembre de 1854; al cual le siguió la inclusión de Iowa, como el número 29 en fecha 28 de diciembre de 1846, habiéndose ganado el status de Territorio en 1838; Wisconsin fue el número 30, e incluido a la unión el 29 de mayo de 1848.


En cuanto a California, proclamada República en 1846 por colonos de Estados Unidos que independizaron su territorio de México,[20] fue incorporado como territorio de la unión en 1849, y el 9 de septiembre de 1950 se erigió en el estado número 31; Minnesota se incorpora el 11 de mayo de 1858 como el estado número 32, y Oregon, el número 33 lo hace el 14 de febrero de 1859. Kansas, el Sun Flower State, fue incorporado el 29 de enero de 1861 como el número 34, poco después, West Virginia, con el número 35, el 20 de junio de 1863, y tras éste, fue incorporado, el 31 de octubre de 1864, el estado número 36: Nevada, al cual le siguió Nebraska, número 37, el 1ro. de marzo de 1867.


El siguiente estado en ser incluido fue Colorado, declarado Territorio en 1861, y estado el 1ro. de agosto de 1876 con el número 38; el número 39 correspondió a North Dakota, aceptado el 2 de noviembre de 1889; South Dakota fue el número 40, también incorporado el 2 de noviembre de 1889, y Montana ingresó a la unión el 8 de noviembre de 1889 como el número 41; el 42 fue el estado de Washington, admitido primero como Territorio, en 1853, y como estado el 11 de noviembre de 1889; el número 43 fue Idaho, el 3 de julio de 1890, y el 44 corresponde a Wyoming, que fue primero declarado territorio en 1867, y estado el 10 de julio de 1890; Utah es el número 45 y fue asimilado el 4 de enero de 1896; Oklahoma es el número 46 y fue admitido el 16 de noviembre de 1907.


Nuevo México se incorpora primero como territorio, en 1848, con los acuerdos del Tratado de Guadalupe que puso fin a la Guerra con México, iniciada en abril de 1846, y se convierte en el estado número 47 el 6 de enero de 1912. Los tres últimos estados en ser admitidos fueron: Arizona adquirido 1853, por la compra realizada por Estados Unidos a través de su embajador en México, el Honorable James Gadsden, quién arregló la compra de 30,000 millas cuadradas a ese país, y que al ser incorporado se convierte en el estado número 48, proclamado el 14 de febrero de 1912; Alaska, territorio adquirido por compra que hizo Estados Unidos a la Rusia zarista en 1867, por la suma de 7.2 millones de dólares, y declarado estado el 3 de enero de 1959, y Hawai, el número 50, anexado a Estados Unidos desde el 12 de agosto de 1898 a raíz de la guerra Hispanoamericana, declarado territorio el 14 de junio de 1900, y proclamado estado el 21 de agosto de 1959. Como se puede apreciar desde fines del siglo XIX la clase gobernante de Estados Unidos tenía suficiente experiencia en el manejo de nuevos territorios.

Notas, referencias y bibliografía mínima:

[1] Realizado dicho comercio clandestino con los habitantes de las islas de las Antillas, y con las Casas comerciales europeas establecidas en éstas, pertenecientes a los colonos y comerciantes daneses, franceses y españoles (Nota del Autor).
[2] Pares, Richard: Yankees and Creoles. The trade between North America and the West Indies before the American Revolution, New York, Longmans, Green and Co., 1956.
[3] Para una mejor comprensión ver el apéndice número 1.
[4] Traducido literalmente significa: Pluralidad en unión, pero por esto se entendía: Unidad en autonomía [de los estados] (Nota del Autor).
[5] Eric Beerman: España y la independencia de Estados Unidos, Madrid, Mapfre, 1992, P. 22.
[6] En 1785 Diego de Gardoqui le entregó a Washington en Mount Vermont dos burros zamoranos regalo del Rey Carlos III. El fue el primer Embajador oficial español ante Estados Unidos, y tenía fuertes intereses económicos y comerciales en Estados Unidos (Nota del Autor).
[7] Ibídem, P. 34.
[8] En: Aranda a Grimaldi, París, 7 de septiembre de 1776. AHN. E. 4072. Ver: Ibídem, P. 21.
[9] General Claude-Anne Rounroy Saint-Simon (Nota del Autor).
[10] En la actualidad se denomina Cabo Haitiano (Nota del Autor).
[11] Ibídem, P. 187.
[12] Ibídem, P. 173.
[13] Ibídem, PP. 206-207.
[14] Ibídem, P. 177.
[15] Fuentes Mares: Opus citatus, P. 15.
[16] Ver: Memorias de Aranda, en: Eric Beerman: Opus citatus, PP. 279 y siguientes.
[17] James Monroe nació el 28 de abril de 1858 en Westmoreland County, Virginia, y murió en New York el 4 de julio de 1831, fue presidente de Estados Unidos desde 1817 a 1825. Hay tres puntos esenciales en dicha doctrina: (1) " the American continents, by the free and independent condition which they have assumed and maintain"; (2) "We should consider any attempt {be the nations of Europe} to extend their sistem to any portion of this hemisphere as dangerous to our peace and safety"; and (3) "In the wars of the European powers in matters relating to themselves we have never taken part, nor does it comport with our policy so to do" (Nota del Autor).
[18] El término Destino Manifiesto se empleó originalmente en el siglo XVII para justificar el "designio celestial" de expansión de las instituciones de las colonias británicas hacia el Oeste del actual Estados Unidos, y en el siglo XIX, en 1845, Jhon L. Sullivan, editor de Nueva York, acuñó la expresión siguiente: " the fulfillment of our manifest destiny to overspread the continent alloted by Providence for the free development of our yearly expanding millions "; luego se usó con motivo de la guerra con México (1846-1848), y en ocasión de la anexión de Texas y de Alaska (1867), y de la guerra Hispano americana (1898), y para realizar todas las anexiones derivadas de ello (Nota del Autor)
[19] En 1826, el ranchero angloamericano Heyden Edwards proclama la independencia de Fredonia (Texas), siendo luego expulsado del territorio por los mexicanos. En 1829 el presidente Andrew Jackson propuso la adquisición de Texas. Fue el 2 de marzo de 1836 cuando Texas se declaró independiente. El 3 de marzo de 1837 Andrew Jackson, con la aprobación del congreso reconoce la independencia de la República de Texas. El 12 de abril de 1844 se firma el Tratado de anexión entre Estados Unidos y Texas, pero el senado norteamericano no lo aprueba, siendo el 1o. de enero de 1845 cuando se produce su incorporación a la Unión, con el visto bueno del congreso, bajo la administración de Jhon Tyler (Nota del Autor)
[20] En septiembre de 1808 se produce en México la destitución del Virrey Iturrigaray por parte de los españoles peninsulares: Oidores de la Real Audiencia y poderosos comerciantes del Real Consulado. México alcanzó su independencia en 1821. En 1822 España cedió a México los territorios de Texas, Nuevo México, Arizona, Colorado, Utach, Nevada y California, con todas las misiones e instituciones existentes, y en 1825 México abrió sus fronteras a los colonos de Estados Unidos (Nota del Autor).

Tuesday, March 13, 2007

El Plan Mahan y el Expansionismo de los Estados Unidos

El plan Mahan y el expansionismo de los Estados Unidos


“...Alfred Thayer Mahan era el sumo sacerdote del movimiento en pro de una nueva marina poderosa. Era el presidente de la escuela de guerra naval en Newport, estado de Rhode Island, de entre sus numerosos libros, el primero, La Influencia del Poder marítimo en la Historia, 1660-1783, había causado una impresión tremenda en los círculos pensantes internacionales. Se rumoreaba que hasta el Káiser Wilhelm II lo había leído, quedando muy impresionado.”[1]
Donald Barr Chidsey

1.1. Las bases de la expansión.

Tal y como sostiene el historiador Ernesto de la Torre:
La formación de un imperio se realiza a través de décadas y siglos. Unos surgen con lentitud, pausadamente; otros en forma violenta, casi sorpresiva. La conformación de los estados imperiales se hace en igual forma y su extinción puede ser súbita o lenta. Esta clase de estados ha existido siempre, pero adquieren, de acuerdo con el tiempo y las circunstancias, características diferentes, muchas de las cuales contribuyen a su formación y extinción.” [2]
Y ciertamente, la historia mundial es aleccionadora sobre el fenómeno del expansionismo de los estados imperiales, pudiéndose establecer y comprobar que la formulación de un plan estratégico de carácter colonialista por parte de un estado requiere, como un requisito sine qua non, que dicho estado manifieste un cierto y elevado grado de desarrollo en los órdenes económico, social, político y militar.
Si tomamos en consideración que en 1800 la superficie total de los Estados Unidos era de apenas 892,135 millas cuadradas apreciaremos mejor como se verificó el desarrollo de esta nación; si sumamos a esa primera cantidad las 885,000 millas cuadradas agregadas al producirse la compra a Francia del territorio de Luisiana hecha por el presidente Thomas Jefferson en 30 de abril de 1803 por la suma de 15 millones de dólares (equivalentes a la suma de 60 millones de francos de la época), siendo dicho territorio poblado con anglosajones. Posteriormente se sumaron 59,000 millas cuadradas con la adquisición de La Florida, comprada a España en 1819; y, con la anexión posterior del territorio de Oregón, mediante el tratado de 1845, se sumaron 285,000 millas cuadradas más.
Asimismo, a raíz de la guerra con México, hecha con el propósito de confirmar la anexión de Texas y para ampliar la expansión hasta el Pacífico, fue posible agregar 529,000 millas cuadradas más al territorio de Estados Unidos, aumentadas luego en otras 30,000 millas cuadradas a resultas de la compra de Gadsden de 1853[3], llegando a sumar un gran total de 2, 680,135 millas cuadradas a mediados del siglo XIX.
Incluso, se sabe que en Estados Unidos hubo una legislación para fomentar la inmigración y la colonización hacía el Oeste. Un ejemplo de ello es la Ley Homestead, promulgada en 1862 con estos fines; por medio de dicha ley fueron transferidas tierras públicas a personas y compañías privadas, fomentándose así la producción agrícola, ganadera, minera, y posteriormente la agroindustrial, el comercio, las actividades financieras, los oficios, las actividades artesanales, la industria ligera y finalmente la industria pesada, la metalúrgica, y la producción industrial moderna en el Oeste de Estados Unidos.
En palabras de Frederick Jackson Turner expresadas en 1890, refiriéndose a la expansión norteamericana hacía el Oeste, éste consideró que: "Hasta hoy, la historia americana ha sido en gran medida la de la colonización del gran Oeste. La existencia de una zona de tierras, de su continua recesión y del avance hacia el Oeste de la colonización, explican el desarrollo de la Nación americana".[4]

1.2. El crecimiento económico USA y la política expansionista.
Para una mejor comprensión del crecimiento económico experimentado por Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XIX, obsérvense estos datos:
a) La inversión en ferrocarriles: en 1865 Estados Unidos disponía de cerca de $1,000,000,000.00 (un billón de dólares) invertidos en ferrocarriles, y ocho años después, en 1873, esta inversión se había casi cuadruplicado, elevándose a la suma de $3,700,000,000.00 (billones de dólares) en 1873;
b) La producción agrícola de 1873 se valoró en $1,600,000,000.00 (billones de dólares), y en 1900 en $4,739,000,000.00 (billones de dólares);
c) Ya en 1894 la producción industrial de Estados Unidos superaba con creces la producción de Inglaterra; mientras los ingleses producían bienes por un valor de $4,236,000,000.00 (billones de dólares), Estados Unidos producía bienes industriales y manufacturas por un valor aproximado de $9,498,000,000.00 (billones de dólares), y seis años después, en 1900, la producción industrial fue valorada en la suma de $13,739,000,000.00 (billones de dólares);
d) En cuanto a la inversión de capitales, en 1850 se habían registrado inversiones por un monto de $553,245,350.00 (billones de dólares) , y 30 años más tarde, en 1880, las inversiones de capitales ascendían a $2,790,272,606.00 (billones de dólares).
e) En cuanto a la población; conjuntamente con el crecimiento económico que se verificó en la sociedad norteamericana, también creció cuantitativamente su población, principalmente como una consecuencia de la avalancha inmigratoria procedente fundamentalmente de Europa, y en menor medida de Asia, y de América Latina. De acuerdo con el VII Censo de población de Estados Unidos, en 1850 su población era de 23,191,874 habitantes, de los cuales 100,000 eran de origen hispano (en 1861, durante la guerra civil de ese país, unos 10,000 hispanos participan en las contiendas en ambos bandos); su población aumentó a 32 millones en 1865, y pasó a ser de 76,149,836 habitantes en 1900; en 1914 ya tenía 95 millones de habitantes;
f) En cuanto a su política de empleo, los norteamericanos asalariados en 1850 eran 958,079, y en 1880 pasaron a ser 2,732,595; y, debido al gran crecimiento demográfico alcanzado, y al enorme desarrollo económico que logró durante esa época su aparato productivo, éste país se convirtió en el principal productor mundial de carbón, acero y otros productos. Según Harold U. Faulkner,[5] entre 1890 y 1893 se organizaron en Estados Unidos 46 corporaciones con un capital total de $1,414,294,000, y entre 1898 a 1920 se formaron 149 corporaciones con un capital ascendente a $3,784,010,000.00, razones por las cuales, el monopolio terminó imponiéndose, y la gran corporación capitalista devino en instrumento de un progresivo control sobre todos los recursos económicos de la nación, caracterizándose por el control de mercados y precios, de los transportes, de la minería, etc.
Cuando Estados Unidos alcanza este gran desarrollo económico durante el siglo XIX -especialmente en la segunda mitad-, implementa, una política expansionista a escala mundial, basada en las doctrinas anteriores denominadas: del Destino Manifiesto y la Doctrina Monroe (1823), así como en las distintas interpretaciones y aplicaciones que de ésta última doctrina hicieron las diferentes administraciones del gobierno norteamericano durante el siglo XIX.
Para esa época la asunción del fenómeno del imperialismo en el mundo dio lugar a la conformación de un nuevo cuadro político, económico y militar en lo concerniente a la relación de fuerzas entre las grandes potencias, particularmente caracterizado por el expansionismo de las nuevas fuerzas estatales de los tiempos modernos.
En la época del imperialismo la grandes naciones, los países ricos, manifiestan un nuevo comportamiento como resultado de su mayor desarrollo tecnológico, económico y militar; casi todos estos países constituían grandes potencias industrializadas con una política exterior sumamente agresiva frente a las demás naciones, disputándose entre estas la hegemonía internacional, el control de mares y océanos, archipiélagos y continentes, y sobre todo, manifestando un patente interés en lograr el control y el monopolio del comercio mundial, y de los centros de producción de materias primas y de riquezas minerales.
Estos son los elementos que empujan a las grandes potencias de la época victoriana, inevitablemente, a una lucha despiadada, y a la puesta en práctica de una política exterior guerrerista y expansionista. Estados Unidos, ubicado en este contexto general, surge como una potencia imperialista desde la última década del siglo XIX.
Igualmente, otros factores ponderables para comprender mejor el crecimiento de los Estados Unidos en el siglo XIX son los siguientes: como resultado de la paz política imperante entre sus estados, y por las buenas relaciones existentes entre ellos -fruto de las transacciones políticas entre liberales y conservadores, republicanos y demócratas-, se hizo posible la implementación de nuevos proyectos de expansionismo; en igual sentido, y resultando de la aplicación de la doctrina Monroe, y de los esfuerzos imperialistas de McKinley [6] (1897-1901), fue factible conjugar todos estos elementos para permitirle a Estados Unidos asumir, a fines de la época victoriana, una política de dilatación en el ámbito global, fundada en uno de los resortes más importante de McKinley : Alfred Thayer Mahan.[7]

1.3. Mahan y el navalismo.
Este militar naval era el asesor del presidente MacKinley durante el desarrollo de la guerra Hispanoamericana, y era además un destacado miembro de la Junta Naval de Guerra creada por éste gobernante.
Mahan fue el autor de la tesis del navalismo, a la luz de cuyos principios los Estados Unidos se convierte en una potencia militar de fuerte textura naval con el fin de expandir su influencia allende los mares. Y tal como Langley lo dice:
“Mahan become more than a philosopher; he emerged a prophet; spreading the fait that would be known in the 1890s as the "large policy". Be its teachings, the United States must "look outward" to the new fromtiers beyond, its own national boundaries. Historical destiny, as exemplified by the role of sea Power in British History, and internal pressures, particularly the tendency of on industrial system to saturate the domestic market with its products, compelled the nations to undertake expansion.”[8]

Y el mismo autor agrega a su juicio anterior:
“Just as outspoken as the promoters of naval expansion were the political champions of a new Caribbean empire. Appealson behalf of manifiest destiny and empire were reinforced by social Darwinist credos and the nations tradition of moral paternalims. It was, acording to the latest doctrine, America's duty to rid Cuba of despotic spanish rule and then remain to tutor Spain's former colony in the art of progressive democracy and civic morality.”[9]

Sin embargo, mucho antes que Mahan, importantes doctrinarios políticos norteamericanos manifestaron su preocupación por la expansión de Estados Unidos allende los mares.
Desde 1889 James R. Blaine entendía que para controlar el canal de Panamá era necesario controlar primero Hawai en el Pacífico, y en el Caribe las islas de Cuba y Puerto Rico.
Hay cuatro nombres que se hallan muy relacionados con el afán expansionista de Estados Unidos para aquellos años, estos son: John Fiske, John Burgess, Josia M. Strong y Alfred Mahan. Todos hicieron predica sobre las virtudes de los angloamericanos, y en cierta medida sustentaron posiciones teóricas propias del darwinismo social. Creyeron en la superioridad racial de los anglosajones, se consideraron superiores en lengua, religión, hábitos políticos, tradición y cultura, profesaron la misión civilizadora y cristiana de Estados Unidos, de adhirieron a las divisas sacrosantas de ley, orden y libertad, y combinaron hábilmente sus concepciones protestantes con sus ideas mercantiles y políticas. Estos influyeron en los gobernantes: William McKinley. Theodore Roosevelt, John Hay y Henry Cabot Lodge. Mahan fue especialmente amigo de Mister Hay, y de Teddy Roosevelt.

1.4. Mahan: el hombre y su obra.
Este militar de carrera que respondió al nombre de Alfred Thayer Mahan, nació el 27 de septiembre de 1940 y murió el primero de diciembre de 1914, fue un oficial naval de Estados Unidos y un excelente historiador y escritor, con un profundo conocimiento de la historia naval. Escribió las obras: “The Influence of Sea Power upon History, 1660-1783 (1890)”, y “The influence of Sea Power upon the French Revolution and Empire, 1793-1821 (2 vols., 1892)”, y cientos de artículos sobre temas de historia naval y militar, siendo sus obras lecturas obligatorias en las academias navales de Estados Unidos.
Alfred Mahan realizó estudios militares en “The Naval War College at Newport, Rhode Island”, saliendo egresado en la promoción de cadetes del año de 1859, y terminó dirigiendo ese centro de estudios militares a partir de 1885, como presidente de dicha institución, a la cual bautizó con el nombre de “The Naval War College Stephen B. Luce”; allí sirvió desde 1886 a 1889, y desde 1892 a 1893, desempeñando el cargo de Capitán de la Marina de Guerra de los Estados Unidos (Navy). Se le consideró como un especialista en el estudio de la historia naval de los siglos XVII y XVIII.

1.5. La tesis de Mahan.
En conjunto, su obra ejerció una profunda influencia en la estrategia naval de su época, y posteriormente. Sostenía la tesis de la importancia del poderío naval a través de la historia, como un factor de primer orden para que un país pueda alcanzar la supremacía económica sobre las demás naciones del orbe, y así poder establecer su hegemonía político militar a escala global.
Para él, en su época, la supremacía militar y el triunfo en la guerra dependían del control de los mares. Para desarrollar esta singular e importante tesis Alfred Mahan tomó como ejemplo la marina Británica, y su proceso de desarrollo histórico, entendiendo que el poder total sólo se podía alcanzar con una fuerza naval poderosa por medio de la cual se lograse el control de los mares y océanos del planeta.
Al realizar sus investigaciones y prepararse para escribir su obra Mahan hizo un profundo estudio de la evolución histórica de la Marina Británica durante el periodo comprendido entre 1660 a 1783, así como el análisis de la historia naval de Estados Unidos, y de la Marina francesa hasta el cierre de las Guerras napoleónicas (1803-15).
Muy especialmente estudió la Guerra Anglo-alemana (1652-74), a partir de la cual Inglaterra se erige en la reina de los mares del mundo.
Abordó con especial interés la guerra anglo-francesa denominada por la historiografía europea como “La Guerra de los Siete Años” (1756-63), y también examinó la historia de los combates navales de la Guerra de la Revolución Francesa (1792-1802).
Para él la Batalla de Trafalgar (21 de octubre de 1805) contenía un significado muy especial, porque en cierta medida, esa batalla marítima ocurrida frente al Cabo de Trafalgar, en la costa española, le permitió al Almirante inglés Horacio Nelson derrotar al también Almirante Pierre de Villeneuve y a la flota francesa que éste dirigía, permitiéndole a la marina Británica durar más de 100 años comandando, con su enorme poder naval, los mares y océanos del mundo de aquel entonces.
Pratt resume su tesis con estas frases:
"This tesis was, in short, that sea power was the most potent factor in the making or breaking of nations, that without sea power no people, however gifted, had attained or could attain the fullest measure of well-being or of influence and importance in world affairs".[10]

Sin lugar a dudas Mahan sentó las bases estratégicas de la expansión de Estados Unidos desde fines del siglo XIX hasta, por lo menos, el momento en que se produce la Primera Guerra Mundial (1914-1918), e influyó sobre almirantes y estrategas militares de todo el mundo: Alemania, Japón, Inglaterra y otras potencias de su época.
El proyecto estratégico de Mahan contaba de los siguientes elementos básicos: a) creación de un canal interoceánico en Centroamérica; b) disponer de una cadena de bases navales bien situadas, desde las cuales se pudiese tener el control de los pasos oceánicos y de las rutas comerciales; c) lograr el crecimiento de la marina de Estados Unidos, tanto la de guerra como la mercante.

1.6. Los mares y su control.
Para Mahan el control de los mares era, cuando escribió su obra, un imperativo inmediato para su país: Estados Unidos. Como buen patriota americano, entendió con una claridad absoluta el significado y la importancia que tenía para la economía y para el comercio marítimo el estudio de la larga historia militar; y sobre todo, comprendió cabalmente, y, captó con gran horizonte de miras, la importancia de alcanzar el control de los mares, porque con ello se lograba el control de todo el comercio marítimo, entendiendo que la marina mercante tampoco podía estar en manos de extranjeros. Su idea era, disponer de: "...a navy capable of defending the merchant marine and keeping the trade routes open in time of war; colonies, which may both serve the interests of commerce directly and also provide naval vessels with secure bases and coaling stations the world over".[11]
De acuerdo con la apreciación de Foner (1975, I):
"En 1890, el Capitán Alfredo Mahan empezó su campaña por una armada adecuada para soportar y justificar «Una vigorosa política exterior». Mahan argumentaba que «quieran o no, los norteamericanos tienen que comenzar a mirar hacia fuera». Un mercado exterior era vital para la prosperidad nacional. La creciente producción del país necesitaba el control de los mercados extranjeros, que a su vez, hacían necesaria una armada poderosa, una marina mercante fuerte con bases seguras y apostaderos de carbón desde los que pudiera operar. Tanto estratégicamente, como desde el punto de vista del mercado, el área del Caribe era crucial; desde luego que bastaría, nada menos que la supremacía americana en el Caribe.”[12]

La piedra angular de la doctrina de Mahan era esta: Que para una nación poder ser fuerte en el mundo, requería disponer de una buena localización en medio de las rutas marítimas (principales vías de comercio, transporte y comunicación), y de un fuerte poderío naval para poder controlar efectivamente las rutas de navegación.
Es por ello que Mahan tenía bien claro que: "Estados Unidos poseía todos los atributos necesarios para alcanzar una posición hegemónica mayor. Sólo debía decidirse a abandonar su aislacionismo y tomar las medidas requeridas para alcanzar la supremacía naval".[13]

1.7. Mahan y los astilleros navales.
Alfred Mahan experimentó una gran preocupación por el desarrollo de los astilleros navales: la industria del barco, en su país. Cuando escribe su obra, en 1890, Estados Unidos apenas dispone de tan sólo una docena de cruceros y de dos barcos de vapor en función de destructores de segunda clase, que eran los buques denominados en inglés battleships: el Maine y el Texas. A partir de la publicación de su libro el congreso de Estados Unidos autorizó la inmediata construcción de "three first-class battleships".[14]
Además de conferirle una gran importancia al asunto vinculado a la construcción de barcos, para Mahan ara una cuestión de vital interés la protección de las costas de su país, lo cual requería de un eficiente servicio de guardacostas, así como la existencia de una adecuada línea defensiva de las mismas.
Para una mejor comprensión del desarrollo naval americano, bastaría con decir que en 1889 la marina de los Estados Unidos ocupaba el décimo séptimo lugar en el mundo, y en 1893 se encontraba ocupando el séptimo lugar. Para una mejor comprensión de este aspecto ver anexo. Como se puede ver en el inventario de barcos de Estados Unidos presentado en dicho anexo, la Flota del Atlántico de Estados Unidos dispone de cuatro acorazados de primera clase, dos de segunda clase, 48 cruceros armados y navíos torpederos. Adicionalmente, estaban en proceso de construcción cinco acorazados de primera clase, 16 torpederos y un submarino. Key West era el centro de operaciones de la flota del Atlántico. La Flota del Pacífico tenia al momento: Cuatro cruceros armados, dos cañoneras, una escampavía, y un navío de guerra de primera clase (el Oregon), todos en la base Bremerton.

1.8. Control de rutas marítimas y del mar Caribe.
Igualmente, Mahan le dio gran valor e importancia al asunto relacionado al control de las rutas marítimas, como también se lo dio al control de los istmos, de los canales y de los llamados pasos oceánicos. Opinaba que el control del Mar Caribe y de sus territorios ayudaría a mantener la libertad de transito marítimo en el mundo, y muy especialmente el transito interoceánico entre el Pacífico y el Atlántico. Para él eran medidas necesarias:
“Control of a maritime region in insured primarily by a navy; secondarily, by positions, suitably chosen and space one form the other, upon which as bases the navy rests, and from whith it can exert its strength. At present the positions of the Caribbean are occupied by foreign powers, not may we, however disposed to acquisition, obtain them by means other than righteous; but a distinct advance will have been made when public opinion is convinced that we need them, and should not exert our utmost ingenuity to dodge them when flung at our head.”[15]
En las postrimerías del siglo XIX, que es el momento de auge de las opiniones de Mahan, el interés de Estados Unidos se halla centrado en la adquisición de nuevos territorios ultramarinos, muy especialmente existía un marcado interés en Hawai, en el Pacífico, y en los territorios del Caribe, particularmente en las grandes Antillas, consideradas vitales para el control del Atlántico.
Desde 1890 hasta 1898, la alta producción industrial de Estados Unidos con la consecuente abundancia de mercancías generadas en su economía se hallaba carente de mercados, los cuales debían ser localizados y controlados, de ahí la necesidad de controlar también las rutas marítimas.
Por lo tanto, Estados Unidos procedería a encaminarse, como un imperativo de primer orden, a lograr el desarrollo de una gran fuerza naval que le posibilitara alcanzar el control absoluto de la región del Caribe, requisito sine qua nom para mantener el control del proyectado canal que se construiría en el istmo centroamericano. Por lo tanto, el Caribe era visto como el mediterráneo de Estados Unidos, y el control del canal, una vez se construyera, se podría comparar en importancia con el de La Mancha para Inglaterra, y el de Suez para los países mediterráneos.
Mahan escribió sobre la importancia del Caribe para los Estados Unidos, estableciendo que: "The United States will have to obtain in the caribbean stations fit for continent, or secundary bases of operations which by their natural advantages, susceptibility of defense, and nearness to the control of strategic issue, will enable her fleets to remain near scene".[16]

1.9. Control de colonias y del Istmo de Panamá.
Asimismo, este maestro de la estrategia naval vislumbró la necesidad de que Estados Unidos lograse el control de mercados y colonias en el ámbito mundial, y manifestó gran preocupación por los avances coloniales de Europa, especialmente los realizados para aquel entonces por Alemania en las islas del Pacífico, en África y en Sudamérica. A los habitantes de estos territorios los consideró como pueblos débiles, y propuso que los Estados Unidos los defendiera de los extranjeros. Afirmó: "The duty is self assumed; and resting as it does, no upon political philantrophy simply interests as affected by....foreign interference".[17]
Fue partidario de una acción civilizadora de la religión cristiana protestante en los pueblos orientales, aunque entendía que los chinos, hindúes, y japoneses tenían forjadas antiguas culturas con profundas raíces en el pasado.[18]
Alfred Mahan también se interesó en las islas de las Antillas mayores, especialmente en Santo Domingo[19] y Puerto Rico, y en las islas del archipiélago de Hawai, por entender que éstos territorios tenían gran importancia comercial y militar, y cuyo control debía depender de: "whose control might be productive of internacionational quarrels all these things might perhaps jar the United States from her wonted complacency, might lead her to "look outward" and to build up her sea power".[20]
Este famoso estratega militar es asimismo uno de los que anticipa sobre la necesidad de establecer el control del istmo de Panamá por considerarlo el lugar más apto para la construcción de un paso interoceánico entre el Pacífico y el Atlántico, que sirviera en tiempos de guerra para mantener un control de los dos océanos, y en tiempos de paz para usarse con fines de mantener el control de las rutas comerciales, y en cierta medida del comercio internacional.
Entendía que: "American must now to lock outward. The growing production of the country demands it. The position of the United States, between the two old worlds and the great two oleans, make the same claim, which will be soom strengthened by the creation of the new link joining the Atlantic and the Pacific".[21]
Mahan manifestó especial interés en el istmo de Panamá, y consideró que en él se debía construir un canal interoceánico, el cual daría una gran importancia al mar Caribe porque se convertiría en una de las grandes avenidas del mundo occidental, y sería la "línea de comunicación" más importante y de mayor valor estratégico en todo el continente americano.
Creyó, además, que el territorio de las islas de Hawai debía ser controlado y estar bajo dominio de Estados Unidos, porque era en el Pacífico, fuera de Norteamérica, el lugar que garantizaba la preservación de Estados Unidos frente a cualquier ataque procedente del oriente, es decir, una suerte de frontera exterior de las tierras continentales.
Particularmente se interesó en la isla de Oahu, y en su bahía de Pearl Harbor, pues el establecimiento de una base en dicho sitio extendería la capacidad de acción operativa de los barcos de guerra de Estados Unidos en el Pacífico. En este sentido Pratt afirma lo siguiente:
"In that approaching Armageddon, the United States wold need not only the unobstructed use of the isthmian canal, but outposts in the Pacific as well, and the most logical outposts was in the Hawaiian Islands. As early as 1890 Mahan had remarked that for the defense of the west coast it was essential that no foreign power should acquire a lodgment in those islands".[22]

Por igual entendía que era menester ejercer el control de las rutas comerciales de los océanos Pacífico y del Atlántico frente a las ambiciones de Europa, y planteó la necesidad de controlar las rutas de acceso al mar Caribe, especialmente sus estrechos y canales marítimos, por considerarlos como los pasos naturales desde el Océano Atlántico al mar Caribe, por lo cual, según Mahan había que controlar los siguientes pasos: en primer lugar, el canal de Yucatán -entre México y Cuba- paso obligado para los barcos que entran y salen del Misisipí; en segundo lugar, el llamado Paso de los Vientos, entre Cuba y Haití, por ser la principal ruta de acceso al istmo de Panamá por el Norte; y en tercer lugar, el paso de Anegada, junto a Santo Tomás (Saint Thomas), que separa las pequeñas Antillas de Barlovento de la de Sotavento, por estar situado en línea directa entre el istmo y Europa; y en cuarto lugar, el paso de la Mona, entre República Dominicana -isla de Santo Domingo-, y, Puerto Rico.
Desde 1890 Mahan recomienda controlar los pasos o canales del mar Caribe instalando bases en la isla Culebra, adyacente a la de Puerto Rico; y en la bahía de Samaná, en la isla de Santo Domingo, al entender que "...si Estados Unidos controla estos canales, combinado baterías terrestres con fuerzas navales ubicadas en los puertos principales, le quitaría a cualquier enemigo una base de operaciones, y al mismo tiempo, conservaría abiertas las líneas de comunicación".[23]
Para Alfred Mahan era un asunto vital que Estados Unidos tuviese el control de algunos territorios del Caribe con gran valor estratégico militar, y entre éstos consideró muy especialmente la isla de Cuba, al considerarla como la llave del Caribe, en tanto permite, por su ubicación geográfica, el control del Golfo de México por el lado Oeste, y las aguas cercanas a Haití por el Este. Entendía que una posición fuerte en Cuba permitiría el control del Paso de los Vientos o Canal de Barlovento. En Cuba, fijó su atención en la Bahía de Guantánamo, considerándola muy necesaria para Estados Unidos poder ejercer un efectivo control de Jamaica en manos inglesas. A Jamaica la consideró importante, pero con menos valor que Cuba.
En cuanto a la isla de Puerto Rico el estratega naval expresó que: "(The) estimate of the military importance of Puerto Rico should never be lost sight of by us as long as we have any responsability direct o indirect, for the safety or independence of Cuba. Porto Rico, considered militarily, is to Cuba, to the future isthmian canal, and to our Pacific coast what Malta is, or may be, to Egipt and beyond..."[24]
Este importante historiador naval entendía que:
"había que cuidarse de no ocupar y fortificar más territorios de los que eran esenciales para el control de la región; de lo contrario se corría el riesgo de dispersar demasiado las fuerzas navales. Lo más indicado era conservar una serie de posiciones fuertemente fortificadas desde las cuales la flota, una vez reunida, pudiera atacar velozmente una fuerza invasora".[25]
Según opina Chidsey, Donald Barr:
“Las obras de hombres como el Capitán Alfred Thayer Mahan (...) se convirtieron en nexo de unión entre los que estaban a favor de una marina poderosa. Se comenzó la compra de vapores y yates preciosos para acorazarlos. Al ejército le asignaron sólo unos seis millones de dólares y la mayor parte de esta suma se gasto en cañones de defensa costera. Evidentemente, Alger[26] y sus generales creían fielmente en la excusa dada para la apropiación.”[27]

Para Mahan, dicho en apretada síntesis, su programa de primacía naval imperialista comprendía cuatro puntos básicos: a) la conformación de una fuerte y amplia escuadra naval; b) la ocupación y colonización de las islas del Pacífico para el establecimiento de bases navales; c) establecer la hegemonía norteamericana y el control naval y militar en las islas del Caribe, para así garantizar el dominio del mar del mismo nombre; y, d) la necesidad de controlar el istmo de Panamá para construir en él un canal interoceánico.
Los más acérrimos defensores de las ideas de Mahan a lo interno de Estados Unidos fueron los líderes del Partido Republicano Theodore Rossevelt[28] y el senador conservador Henry Cabot Lodge. Por ello, al ser implementado su plan, desde finales del siglo pasado, y sobre todo a principios de este siglo, Estados Unidos ya disponía para entonces de la tercera escuadra naval del mundo.
Como resultado de la aplicación de este plan se produjo en 1898 la anexión de Hawai, y además, al finalizar la guerra Hispanoamericana fueron anexados a los Estados Unidos los territorios de Cuba y Puerto Rico como un resultado de los acuerdos del Tratado de París de fecha 10-XII- 1898, por medio del cual España renunció a los derechos que tenía en estas islas, y en los restantes territorios de América, otrora bajo su dominación colonial, así como a sus prerrogativas en las islas del archipiélago Filipino y en la isla de Guam en el archipiélago de los Ladrones o Marianas conformándose España con recibir la suma de 20 millones de dólares en calidad de indemnización por los daños recibidos durante la guerra.
Asimismo, posteriormente, Estados Unidos logró imponer el disfrute perpetuo del canal de Panamá, el cual había sido originalmente diseñado por ingenieros franceses, y este país, Francia, había iniciado la construcción del mismo,[29] pero, invadido el istmo a principios de este siglo (1902), Estados Unidos instaló un gobierno títere, y logró obtener de "su gobierno panameño" una concesión especial para realizar la construcción del canal,[30] negociando a la vez con la República de Francia un acuerdo a fin de que las inversiones francesas en el istmo fuesen debidamente resarcidas, motivo por el cual, a partir de la finalización de la obra, y de su apertura a la navegación, Estados Unidos logró imponer su control exclusivo y absoluto, y la ocupación de dicho istmo hasta el momento en que se escriben estas líneas, y desde 1914 hasta hoy, éste país ejerce su dominio sobre este paso acuático, interoceánico y artificial.
Sobre el interés anterior de los norteamericanos en Panamá se sabe muy bien que desde antes de 1850 el Istmo de Panamá era codiciado por Estados Unidos. En 1848 el Congreso de Estados Unidos aprobó el Tratado Mallarino-Biblack firmado en 1846, por el cual Estados Unidos se comprometió, según la cláusula 35, a garantizar a Nueva Granada la neutralidad del istmo de Panamá y el derecho de soberanía de Nueva Granada. El istmo recibió, de 1850 a 1903, 50 desembarcos militares por parte de Estados Unidos. Durante la Guerra de Secesión (1860-1865) se usó como paso de armas, municiones y mercancías. En 1850, con el Tratado Clayton-Bulwer de 1850, Inglaterra y Estados Unidos se comprometieron a no fundar fortificaciones militares en el istmo, en caso de que alguno de los dos países hiciera un canal. En 1899 McKinley creó una comisión científica para crear el canal.[31]
En 22 de enero de 1903 Colombia y Estados Unidos firman el Tratado Hay-Herrán que dio a Estados Unidos una concesión para la construcción de un canal interoceánico, otorgándose una concesión de uso y manejo por 99 años. Panamá, al proclamar su independencia pocos meses después ratificó dicho Tratado y recibe en cambio 10 millones de dólares, más 250,000 dólares anuales. El senado de Estados unidos aprobó dicho convenio.
Finalmente, los norteamericanos se encargan de hacer la implementación posterior de la doctrina de la Diplomacia del dollar[32] la cual garantiza a Estados Unidos el control financiero de todo el hemisferio.

Referencias y bibliografia:

[1] Chidsey, Donald Barr: La guerra hispano-americana (1896-1898), Barcelona, Grijalbo, S.A., 1973, P. 74.
[2] En: La independencia de México, Mapfre, Madrid, 1992. P.9.
[3] Ver: Harold U. Faulkner: Historia económica de los Estados Unidos, Buenos Aires, Nova, 1956, PP. 620-621.
[4] F. J. Turner: La frontera en la historia americana, Madrid, ediciones Castilla, 1960, P. 21.
[5] Ver: Harold U. Faulkner: Politics, reform and expansion, London, Hamish Hamilton, 1959. P. 74.
[6] William MacKinley (1843-1901), después de una larga carrera en la administración pública de Estados Unidos (Procurador Fiscal en Canton, Ohio entre 1867 a 1869; congresista durante 14 años a partir de 1876; y, luego electo gobernador de Ohio a partir de 1891), alcanzó la presidencia de su país en 1897, hasta su muerte ocurrida el 14 de septiembre de 1901 como resultado de un atentado terrorista perpetrado por el anarquista Leon Czolgosz el 6 de septiembre del mismo año.(Nota de Francisco Berroa).
[7] A juicio de Langley, Lester: The United States and the Caribbean In the Twentieth Century, Athens, Georgia, The University Of Georgia Press, 1980, P. 7: "Mahan echoed McKinley’s imperialist theme by pointing out the danger to national interest if the country, having defeated Spain, failed to carry through with a policy of regeneration and beneficence in order to uplift backward societies".
[8] Lester Langley: Opus citatus, P. 6
[9] Ibídem.
[10] Pratt, Julius W: Expansionists of 1898. The acquisition of Hawaii and the Spanish Islands, New York, Quadrangle Books, 1936. P. 12.
[11] Pratt, Julius: Opus cit., P. 13.
[12] Foner, Phillip S.: La guerra hispano-cubano-americana y el nacimiento del imperialismo norteamericano. 2 tomos, Madrid, Akal Editor, 1975: I, P. 30.
[13] Estades Font, Maria Eugenia: La presencia militar de Estados Unidos en Puerto Rico 1898-1918. Intereses estratégicos y dominación colonial, Río Piedras, Huracán, 1988, PP. 26-27.
[14] Pratt, Julius: Opus cit., P. 13.
[15] En Pratt, Julius: Opus cit., P. 15.
[16] Alfred Thayer Mahan: The influence of Sea Power upon History, 1660-1783, New York, Hill and Weng, 1968, P. 30.
[17] Alfred Mahan: The interest of America in Sea Power: Present and Future Sampson Low, London, Marston & Co., 1987, PP. 168-169.
[18] Ibídem, P. 243.
[19] Mahan, en un artículo publicado en 1897 destacaba la importancia de la bahía de Samaná (Nota del Autor).
[20] En Pratt, Julius: Opus cit., P. 15, cita el ensayo de Mahan titulado:"The United States Looking Outward", Atlantic Monthly, December, 1890, reprinted in The Interest of America in Sea Power, Present and Future, PP. 3-27.
[21] Alfred Mahan: Opus cit., 1987, PP. 21-22.
[22] Pratt, Julius: Opus cit., P. 16.
[23] Mahan, Alfred Thayer: The strategic features of the Gulf of México an the Caribbean Sea. Naval Strategy Westport, Connecticut, Greenwood Press, 1975, reimpresión de 1911, P. 29.
[24] Alfred Mahan: Lessons of the war wich Spain and other articles, Boston, Little, Brown and Co., 1918, P. 28.
[25] Mahan: Opus cit., 1911, P. 30.
[26] Aquí Chidsey, Donald Barr se refiere a Russel A. Alger, quien fue el Secretario de Defensa de Estados Unidos entre 1897 a 1899 durante el gobierno de William Mckinley (Nota del Autor).
[27] Barr: Opus cit., P. 55.
[28] Fue el vigésimo sexto presidente de Estados Unidos. Ocupó el cargo tras la muerte de William Mckinley, ocurrida el 14 de septiembre de 1901, y termina su mandato en 1904, siendo reelecto hasta 1909. Roosevelt nació el 27 de octubre de 1858 en New York, y era hijo de un importante comerciante de origen alemán importador de cristales. Desempeñó varios cargos públicos y tuvo una destacada participación en la guerra Hispano-americana de 1898, y luego fue gobernador de su ciudad natal (1899-1900), alcanzando la nominación vice-presidencial en 1900 al lado de McKinley (Nota del Autor).
[29] La inversión francesa alcanzó un monto aproximado de US $ 275,000,000 y Estados Unidos US $ 388,000,000.00 Ambas inversiones totalizan 663,000,000.00 (Nota del Autor).
[30] El 3 de noviembre de 1903 Panamá declaró su independencia de Colombia, pero la República nació con un compromiso medular con Estados Unidos: nació con el Tratado del Canal. En Estados Unidos fue dictada en 1902 la Ley Spooner que autorizó al gobierno de Theodor Roosevelt a negociar con Colombia la adquisición del istmo. El 22 de enero de 1903 nace el proyecto de Tratado de Canal Herrán-Hay. Fueron adquiridos 260,000,000 de metros cuadrados de tierra en una faja de 16 kilómetros de ancho por 80 de largo, y construido un canal a un costo de US $ 937,000,000. La construcción del canal conllevó la canalización del río Chagres para unirlo al río Grande que desemboca en el Pacífico. La obra terminó el 15 de agosto de 1914, y el mismo fue abierto al comercio internacional en 1920. Ver: Ernesto de Jesús Castillero Pimentel: "Extrañas circunstancias en que los Estados Unidos adquirieron la zona del canal", en Rodrigo Et al: 1980: II: P. 170 y siguientes).
[31] Ver: Carlos Iván Zúñiga: "Las intervenciones norteamericanas en el Istmo", en Rodrigo Et al: 1988: I: PP. 459-483.
[32] The policy that came to be called "dollar diplomacy" represented in the private aphere, the efforts of American bankers to obtain adequate safeguards from The United States government for loans made to Caribbean republics. Banks considering such financial ventures ordinarily expected the State Departament to render an official assessment of the financial and political trustworthiness of the recipient"32."The policy that came to be called "dollar diplomacy" represented in the private aphere, the efforts of American bankers to obtain adequate safeguards from The United States government for loans made to Caribbean republics. Banks considering such financial ventures ordinarily expected the State Departament to render an official assessment of the financial and political trustworthiness of the recipient". En: Langley: Opus cit., 1980: P. 53.
[33] Fuente: W. A. M. Goode: With Sampson through the war. New York: Doubleday & McClure Co.,1899: P. 277-286.

Thursday, February 22, 2007

Más apuntes sobre La España Boba y sus caudillos

Más apuntes sobre La España Boba y sus caudillos

(La verdad histórica no tiene fecha: Rectificar es de sabios)

Autor: Francisco Berroa Ubiera
Dedicatoria: Al maestro, Doctor Ricardo E. Alegría, arqueólogo, etnógrafo, humanista y polígrafo puertorriqueño, en quien el nacionalismo asume la forma de universalismo.

"A los tradicionalistas convendría recordarles lo que tantas veces se ha dicho contra ellos :
Primero: que la historia es como el tiempo, irreversible, no hay manera de restaurar lo pasado.
Segundo: Que si hay algo en la historia fuera de tiempo, valores eternos, es eso que no ha pasado.
Tercero: Que si aquellos polvos trajeron estos lodos, no se puede condenar el presente y absolver el pasado.
Cuarto: Que si tornásemos a aquellos polvos, volveríamos a estos lodos.
Quinto: Que todo reaccionarismo consecuente termina en la caverna o en una edad de oro, en la cual sólo, y a medias, creía Juan Jacobo Rosseau".
Antonio Machado, en "Prosas".


I. La verdad histórica no tiene fecha: Rectificar es propio de sabios.

A) Una aclaración necesaria. Con la decisión de publicar el artículo: "Apuntes en torno a Ciriaco Ramírez", en la Revista Ecos, Año VI, 1999, No. 7, confieso que no primó en nuestro animo provocar una polémica en torno su contenido, sino el de ampliar los horizontes cognitivos sobre este personaje histórico, dilucidando sus aportes y enfocando la distorsión que se reproduce y fomenta desde hace muchos años con relación a éste famoso actor histórico al vincularlo a la llamada "Revolución de los Italianos".

Es oportuno aclarar que este artículo se escribió en 1999, sin embargo no pudo ser publicado por los antiguos miembros del selecto “Consejo editorial” de la revista Ecos, posiblemente porque su texto hacía alusión al académico Emilio Cordero Michel, doctor en derecho y profesor de historia dominicana que formaba parte del mencionado “Consejo” hasta su reciente renuncia debido a sus múltiples ocupaciones en la Academia de la Historia.

En su significación griega original el término historia es sinónimo de indagación, y es a partir de este concepto que nos adherimos a creer en la fecundidad del trabajo y en la investigación. Es a partir de esa consideración que intentamos abordar la historia, con expectativas centrales más en la indagación que en la discusión y la polémica. Estas últimas casi siempre son estériles, infecundas, pues distraen al polemista de sus labores habituales. Así lo expresa Pablo Lafargue al considerar que: "Sólo la acción es fecunda en el mundo material e intelectual. En el principio fue la acción".[1]

También está claro que preferimos investigar en fuentes primarias, antes que repetir lo que alguien alguna vez, usando fuentes de segunda o tercera mano dijo sobre un tercero, o sobre algo.

Estoy convencido que en nuestro medio existe una tendencia marcada a sacralizar cierta historiografía y a beatificar ciertos historiadores, que son convertidos en "vacas sagradas", y sus opiniones tienen que ser aceptadas como verdaderos actos de fe, tal y como Stalin enseñaba el materialismo histórico en las academias de la ex-U.R.S.S., desconociendo quizá que en nuestra época: "La crítica ha dejado de ser fútil para convertirse en fecunda, sólo cuando viene después de la experiencia, la que mejor que los más sutiles razonamientos, hace sentir las imperfecciones y enseña a corregirlos".[2]

Uno de nuestros historiadores, don Juan Isidro Jiménez Grullón, escribió hace mucho tiempo que: "La nueva corriente [historiográfica] busca la verdad y niega que la ciencia de la historia pueda circunscribirse a simple "reconstrucción" de los hechos pretéritos en base a documentos, y a los aportes de la arqueología y de otras ciencias".[3] Su opinión era en gran medida parcialmente errónea, e influenciada por la ideología de las autoridades del marxismo, porque si bien es cierto que la historia no la hace el documento ni la evidencia arqueológica, tampoco en historia se puede recurrir a la ficción o a la falsificación, y corriendo el riesgo de ser catalogado de positivista y de documentalista -calificativos que no incomodan-, recurriendo a lo obvio se debe reconocer que nuestra historia colonial del siglo pasado se nutre de unas fuentes esencialmente documentales, y por tal razón, coincidimos en línea de máxima con la opinión de Frank Moya Pons sobre los historiadores calificados por él de "Marxistas postrujillistas", de quienes afirma que se caracterizan por el: "Descuido de las fuentes frente al profundo respeto por las autoridades, singularmente por las autoridades del marxismo".[4]

No obstante la evidencia de un criterio muy general en el conspicuo historiador, vale considerar que entre esos "marxistas postrujillistas" se encuentran verdaderos maestros de la erudición historiográfica dominicana, verbigracia: Roberto Cassá, pero positivamente, en algunos casos el descuido de las fuentes es un mal general entre muchos de los exponentes de la corriente de la "negritud" y del "haitianismo", como los aprecia Moya Pons.

Por lo tanto, el pensamiento es convergente con Marx en función del siguiente principio: "En las ciencias no hay calzadas reales, y quien aspira a elevar sus luminosas cumbres debe hacerlo por senderos escabrosos y difíciles". Lamentablemente sus supuestos "seguidores y partidarios" son los que menos entienden el significado de esas palabras, porque muchos de ellos se encuentran aún mortalmente afectados por el "brain wash" de los manuales divulgados por Stalin en la antigua U.R.S.S.

Lamentablemente todavía algunos de nuestros historiadores están aferrados a la noción de las "leyes históricas", y se fundamentan en Marx y en las autoridades del marxismo. Sobre el uso de leyes en las ciencias sociales, sabemos que desde el siglo XVIII se ha tratado de vincular tres conceptos: ley, ciencia e historia.

Más aún: en los siglos XVIII y XIX se creyó que "la tarea del científico consiste en descubrir y establecer más leyes de esta clase mediante un proceso inductivo, a partir de los datos observados".[5] Fue para esta época que en economía política se formuló la denominada Ley de Gresham, también aparecieron las Leyes del Mercado de Adam Smith, las Leyes de Comercio de Burke, la Ley de población de Malthus, la Ley Férrea de los salarios de Lasalle, y las Leyes económicas de la sociedad de Carlos Marx, entre otras, llegándose a creer que las supuestas Leyes del materialismo histórico y dialéctico eran las rectoras de toda la vida social y económica. Nada más burdo porque:

"Al encadenar todos los acontecimientos humanos a una ley fija o proceso mecánico terrestre, el objetivo primordial de la búsqueda, es decir, el dominio que la humanidad pueda ejercer sobre los sucesos y acciones humanas, pierde su completo sentido. Si la humanidad descubriese alguna ley gobernadora de todo su devenir histórico, quedaría presa en la red de su propio destino y sería impotente para modificarlo. Lo pasado, lo presente y lo futuro se revelarían como algo rígido y fuera del alcance de la elección y voluntad humanas. Hombres y mujeres quedarían sujetos a sus destinos como las estrellas a sus órbitas y los mares a sus flujos y reflujos".[6]

Creo, como Carr, que:

"Aprender de la historia no es nunca un proceso en una sola dirección. Aprender acerca del presente a la luz del pasado quiere también decir aprender del pasado a la luz del presente. La función de la historia es la de estimular una más profunda comprensión tanto del pasado como del presente, por su comparación recíproca".[7]

Y por lo tanto, la verdadera labor de la historia radica en: "Hacer que el hombre pueda comprender la sociedad del pasado, e incrementar su dominio de la sociedad del presente, tal es la doble función de la historia".[8]

B) Cómo escribo historia. Ahora bien, para escribir historia no hay ritual cabalístico ni formulas sacrosantas o escatológicas, sino técnicas y ciertos requisitos especiales de tipo cultural -aunque no son imprescindibles-. Propugnamos que tan sólo hace falta cierto dominio del lenguaje que permita escribir diciendo mucho con pocas palabras de forma clara y precisa, aunque el historiador debe estar iluminado por la honradez y la sindéresis. En este tenor es indispensable tener cierta preparación intelectual, fruto de la capacidad para leer e investigar en las fuentes de esta ciencia social.

La honradez no admite regateos, es una condición “sine qua nom”, sin la cual es imposible la genuina investigación histórica, porque el historiador no es el novelista, ni se dedica a la ficción: los hechos históricos no se inventan. Aún así, la imaginación es vital; decía Machado que se miente por falta de fantasía y que la verdad también se inventa.

Quien carezca de imaginación podrá ser compilador de hechos, buen analítico, guía seguro para recorrer los rincones del pasado desde la cómoda posición de una cátedra, pero nunca, jamás, podrá recrear el pasado, ni hacer que el pasado dialogue con el presente, ni hacer que los temas por él abordados penetren en la mente del lector enriqueciéndola.

Retomando la sindéresis o sentido común, como capacidad que nos permite evaluar y juzgar con rectitud, y hacer galas de moderación, equilibrio en el análisis; buen juicio, inteligencia crítica, amplitud de criterio, tolerancia, sentido de la proporción, que es el elemento nodal en el análisis histórico.

Sobre la elección de un tema, éste no debe ser ni muy ampuloso ni pobre; tampoco muy trillado, pero tampoco sutil. Ni muy sobado ni exótico, ni extravagante, que tan sólo satisfaga al autor.

Las fuentes del tema deben ser abundantes, y preferiblemente de primera o segunda mano. En ese tenor, los temas cuyas fuentes sean escasas se deben rechazar por su inasequibilidad. Está claro que la materia prima del historiador son los testimonios orales o escritos de los observadores directos, los documentos y las fuentes bibliográficas, entre otras. Las fuentes testimoniales se expresan en una amplia gama, que inician con las cartas, relatos de viajes, diarios, autobiografías, el diskette e incluyen los microfilmes, fotografías, filmes, la literatura, la poesía popular, la multimedia, y las líneas electrónicas en sentido amplio.

La sindéresis debe guiar toda decisión del neófito en la selección del tema que constituirá su objeto de estudio. Es preciso además que sea agradable, para que el sentido común invada el sentido de elección, como si fuera de un amigo o una novia, pues con el tema escogido compartiremos por un periodo indefinido nuestro tiempo y nuestro espacio. Por ejemplo, Cuando se trabaja una biografía, el sujeto objeto de investigación debe ser alguien que nos resulte simpático, de interés permanente, y debemos profesarle hasta cierto cariño personal.
Ahora bien, siempre debemos decir algo novedoso de nuestro tema o personaje.

Una máxima permanente cuando se organiza todo el entramado de la investigación consiste en no perder el tiempo: se debe en una secuencia permanente, leer, escribir, rescribir después de leer más y así tomar el toro por los cuernos o lidiar el problema de inmediato, y, mientras más profundicemos en la investigación mayor será nuestra comprensión del tema, y cada detalle será colocado en su lugar. Poco a poco el rompecabezas quedará armado.

Se debe recopilar el material necesario para la tarea de investigación, organizarlo y elaborar el plan de trabajo continuo. Sólo escribiendo es posible rellenar las lagunas y solucionar los conflictos cognitivos que el quehacer histórico conlleva. Leer, tomar notas y escribir es la clave del éxito. No basta considerarse una "fotocopiadora humana", o un alquilado amanuense, se debe ser crítico, analizar el material, resumirlo hasta obtener el esqueleto conceptual, y escribir. Para ello no hay patrón fijo ni modelo que imitar, cada sujeto edita su estilo, sino se convierte en un plagiador vulgar, pues el arte de escribir nace de la práctica.

Partiendo del aforismo: "Yo soy único y mi estilo lo será también", obtendrá seguridad, pero antes debe tener ideas coherentes para escribir con facilidad y con fluidez, y podrá perfeccionar la forma de su expresión sintáctica. El estilo podrá, en principio, variar según el tema abordado, podrá no ser uniforme pues la forma del estilo depende de los sentimientos del autor. Nada en la vida es eterno ni inmutable, y así es el estilo. Ciertamente, si persiste devendrá un profesional de la historia, y confirmará a través de la praxis que el estilo es al tema como la moda a la época.
En resumen, la historia no es literatura y se escribe siguiendo un procedimiento específico: 1) el historiador procede a verificar la exactitud de los hechos estudiados; 2) buscará todos los datos relevantes, y entre estos no podrán faltar en el cuadro los datos conocidos o relevantes a la interpretación; 3) además, debe leer todas las fuentes y hacer notas, fichas de contenido y fichas bibliográficas, esquemas lógicos, y en fin, debe organizar la información disponible; 4) por último: escribe y rescribe.

En otro orden de ideas, dada la tendencia de ciertos historiadores de enjuiciar a los personajes históricos considerándolos reos de la justicia que se imparte su antojo y sin reglas, debe quedar claro que para la refutación del llamado "juicio histórico", o las opiniones de los demás historiadores se debe tener en cuenta:

1) que el pasado no se puede defender en el presente, sino poner lo mejor del pasado al servicio del presente. Los que admiran a Marx deben conocer conocer esta frase: "La labor de la historia consiste, en que una vez que se ha descubierto la verdad del más allá se debe descubrir la verdad del más acá";

2) que en historia no se hace un juicio al estilo penal judicial, y que por lo tanto, el juicio que no condena no tiene validez: es el juicio profesional del académico;

3) que no hay escalas de valor universales y el juicio moral reviste de una problemática laberíntica;

4) que el historiador, no es un dios ni un ser inefable, ni es fiscal ni abogado defensor, ni un ser intachable y puro. Su veredicto se puede ver como un juicio seudo moral que se disfraza de moralidad y se cubre de una falsa ética. No existe un código moral universal;

5) que el juicio moral en historia es irreal y fútil;

6) que el lector tiene su formación académica, cultural e ideológica, y su propia moral;

7) que no se deben confundir los juicios morales con los juicios profesionales.[9]

II. Más apuntes sobre la España Boba y sus caudillos.
A) La guerra contra Francia en Santo Domingo
. El ejército imperial francés fue vencido por sus antiguos esclavos en Haití, en la parte occidental de la isla de Santo Domingo, entre 1802-1803, lo cual posibilitó la conformación del Estado Haitiano en 1º. de enero de 1804, previa proclamación de la independencia en 30 de noviembre de 1803. Sin embargo, la parte Este de la Isla quedó bajo el dominio de los generales franceses Kerverseau y Ferrand, logrando éste último, al destituir al primero del gobierno, mantener el control sobre sus habitantes de aquella época, hasta el año de 1808. Esta dominación francesa en el otrora Santo Domingo Español concluyó a consecuencia de una guerra separatista, auspiciada y financiada por España desde Puerto Rico, estando gobernada aquella Isla por don Toribio Montes.

Afirmo categóricamente que el financiamiento -aunque fuese parcial- procedía de Puerto Rico, porque en una hoja suelta hallada en el Archivo Histórico de Puerto Rico, el gobernador de aquella Isla, don Toribio Montes, hace saber al brigadier y oficial de inteligencia español don Manuel Caballero, y al capitán general don Juan Sánchez Ramírez que el comerciante y prestamista de aquella plaza (San Juan), don Reus Cassals, reclamaba en 1809 los siguientes gastos que fueron destinados para la conquista de Santo Domingo.[10]
Total 92,599-s-33
Producido cahobas [sic.] y negros 14,000-2-23
78,599-3-10

La primera cifra fue el monto de los gastos en que se incurrió para financiar las tropas españolas y los pertrechos militares que se emplearon en la campaña de Santo Domingo, que fueron: 2 lanchas cañoneras, 400 fusiles, 200 sables, municiones, otros pertrechos y algunos hombres[11]; la segunda cifra fue el monto que se obtuvo por la exportación y venta de la caoba y de los esclavos negros que don Juan Sánchez Ramírez envió a don Reus Cassals a Puerto Rico como pago en naturaleza hecho desde Santo Domingo, considerado un abono a la deuda total; y la tercera cifra, es el monto de la deuda pendiente de pago que se reclamaba a don Juan Sánchez Ramírez, y al oficial de inteligencia español brigadier Manuel Caballero. Lamentablemente este documento, una hoja suelta y sin fecha, no contiene información adicional.

En cuanto a Juan Sánchez Ramírez, de él sabemos que nació en la villa de Cotuí a mediados del siglo XVIII, y que falleció el 12 de febrero de 1811 en la ciudad de Santo Domingo; que tras los acontecimientos de Basilea (1795), y de la ocupación de Toussaint a la parte este de la isla de Santo Domingo (1801-1802), emigró a Puerto Rico en 1803, radicando su residencia en la ciudad de Mayagüez hasta marzo de 1808 cuando retornó a Santo Domingo para atender personalmente su negocio de corte de maderas de El Macao y su extenso hato de Cotuí.

Como se sabe, en 1808 se produjo la invasión francesa sobre España y la posterior detención de la familia real española en Bayona, nombrando el Emperador Napoleón a su hermano José Bonaparte (Pepe Botella) como nuevo monarca de España: Jose I, quién se instala en Madrid desde el 2 de mayo de 1808.

Ese mismo año de 1808 fue declarada en la Península la Guerra a Francia, razón por la cual, en Puerto Rico, el gobernador Toribio Montes decidió declarar la guerra al gobernador francés de la parte Este de Santo Domingo, general Luis Ferrand, llegando a enviar varios emisarios para insurreccionar a los dominicanos en contra de los franceses. Uno de estos emisarios, don Cristóbal Hubert y Matos logró su cometido, quién tras desembarcar discretamente por el puerto sureño de Barahona, logró trasladarse hasta Neiba, en donde conjuntamente al valiente azuano don Ciriaco Ramírez, y a los señores Manuel Jiménez, Salvador Félix, y otros levantiscos, dieron inicio a la guerra antifrancesa.

Por lo visto don Juan Sánchez Ramírez fue convencido por las autoridades españolas de Puerto Rico para que se convirtiera en un agente de la Suprema Junta Central de España e Indias, y a tales fines visitó el sitio de El Tabero para entrevistarse con don Manuel Carbajal, partiendo luego con destino hacia Higüey, El Seibo y Santo Domingo en donde asomó en 8 de agosto de 1808. Estando en la ciudad de Santo Domingo, fue acogido de buen animo por el general Ferrand, Gobernador francés de la Isla, quién le llegó a ofrecer la comandancia de su ciudad natal: Cotuí, rechazándole la oferta, y partiendo hacía allí, en donde llegó en 13 de agosto; saliendo el día 15 del mismo mes y año hacía La Vega, en donde se entrevista con don Agustín Franco, Jefe de ese Departamento, a quien invitó a participar en un movimiento para restablecer el poderío español en la parte este de la Isla.

Don Juan Sánchez Ramírez siguió luego hasta Santiago en donde recabó la ayuda del cura don Vicente Luna y del militar don Marcos Torres, Comandante del cuerpo de caballería de “Los Dragones” de aquella plaza cibaeña, para luego enfilar de inmediato hacía Puerto Plata en donde aprovecha la presencia del barco del capitán Miguel Pérez para solicitar el socorro de las autoridades de Puerto Rico, intentando enviar a dos emisarios, los señores: don Antonio López de Villanueva, Comandante de Artillería, y don José Pacheco, para que estos trataran de convencer a don Toribio Montes sobre la conveniencia de ayudar con armas y dinero a la separación de Francia de la parte Este de Santo Domingo.

Sin embargo, las autoridades francesas prohibieron la salida de dichos señores. Después de ello, don Juan Sánchez Ramírez regresó a La Vega, y luego fue a Cotuí en donde permaneció desde el 24 al 30 de agosto de 1808, partiendo luego hacia Bayaguana a donde llegó en primero de septiembre de 1808, y aseguró con su visita el apoyo del Prebistero don José Moreno, pasando luego a la ciudad de El Seibo en 4 de septiembre de 1808 para culminar con sus preparativos militares a fin de enfrentar a los ocupantes franceses, disponiendo finalmente de la ayuda española.[12]

Como había ocurrido con Leclerc y sus tropas en la parte Occidental, el general Louis Ferrand y sus contingentes militares fueron igualmente rechazados y derrotados militarmente en el este de Santo Domingo por fuerzas pro-españolas integradas por negros libertos y esclavos, mulatos, españoles criollos y peninsulares quienes lucharon por el restablecimiento del dominio español, de tal suerte que en 1809 se reorganizó en el este de “La Española” un estado colonial dependiente y obediente a los intereses peninsulares y reales de Fernando VII. Fue el periodo denominado por la historiografía dominicana “La España Boba” (1809-1821).

Desde la segunda mitad del siglo XVII, pero sobre todo durante estos años se produce la cristalización embrionaria del sentimiento nacional dominicano a resultas de la conformación de un conglomerado social cuyos miembros se hallaban vinculados entre sí por fuertes lazos de cultura, lengua, sicología, y territorio, enmarcados en un contexto económico de capitalismo embrionario, es decir, de economía mercantil simple, articulada a formas de producción precapitalistas y esclavistas.

Cuando quedó iniciada la guerra contra Francia en la parte Oriental de la isla de Santo Domingo, hasta su derrota definitiva, en ese proceso bélico se destacaron dos lideres político-militares: don Ciriaco Ramírez y don Juan Sánchez Ramírez. Sobre el papel desempeñado por estos dos criollos, y sobre las contradicciones que los distanciaron, y los enfrentaron recomendamos leer el artículo titulado: "Apuntes en torno a Ciriaco Ramírez", publicado en la Revista Ecos, Año VI, 1999, No. 7, PP. 149-158, aunque sabemos que nadie pone en duda que el primero en destacarse como el líder militar de vanguardia en esta lucha fue el valiente criollo azuano don Ciriaco Ramírez, aunque finalmente, nuestro primer caudillo, don Juan Sánchez Ramírez, logró imponerse al líder azuano.

Algo más sobre la Junta de Bondillo. En Haití se creyó que en esta Junta se enfrentaron tres corrientes políticas distintas. Ardoin sostiene que en Bondillo: "Unos querían la alianza con el estado del Norte [de Cristhope], otros con la República de Haití [de Pethión en el Sur], y otros restaurar la dominación de España".[13] Sobre los partidarios de los caudillos haitianos no tengo información, aunque está claro que tanto Ciriaco Ramírez como Juan Sánchez Ramírez actuaron motivados por sus compromisos con los hispanos. También en nuestro artículo anterior hemos demostrado que don Juan Sánchez Ramírez, para distraer a Ciriaco Ramírez de los asuntos de la Junta de Bondillo, lo hizo ausentarse de la reunión a fin de tomar las decisiones más convenientes para sí mismo, haciendo "una verdadera junta política que la formaron los adeptos incondicionales del brigadier D. Juan Sánchez Ramírez, que tuvo por principales miras obtener la unidad de mando en favor del caudillo, y sus resoluciones fueron dadas en defecto, es decir, de espaldas del otro jefe del movimiento de la reconquista D. Ciriaco Ramírez y de sus partidarios".[14] Por lo tanto, resulta evidente que nuestro primer caudillo político militar fue don Juan Sánchez Ramírez, el verdadero Alter Ego de los Santana, padre e hijo, con quienes mantuvo un vinculo directo, ya que el padre de Pedro Santana fue uno de sus ayudantes de campo, y el hijo nunca quiso que nadie lo cubriera con su sombra. Todo esto confirma esta apreciación de Engels sobre el papel del gran hombre en la historia:

"Los hombres hacen ellos mismos su historia, pero hasta ahora no con una voluntad colectiva y con arreglo a un plan colectivo, ni siquiera dentro de una sociedad dada y circunscrita. Sus aspiraciones se entrecruzan; por eso en todas esas sociedades impera la necesidad, cuyo complemento y forma de manifestarse en la casualidad. La necesidad que aquí se impone a través de la casualidad es también, en última instancia, la económica. Y aquí es donde debemos hablar de los llamados grandes hombres. El hecho de que surja uno de éstos, precisamente éste y en un momento y en un país determinado, es, naturalmente, una pura casualidad. Pero si lo suprimimos, se planteará la necesidad de reemplazarlo, y aparecerá un sustituto, más o menos bueno, pero a la larga aparecerá. Que fuese Napoleón, precisamente este corso, el dictador militar que exigía la República Francesa, agotada por su propia guerra, fue una casualidad; pero que si no hubiese habido un Napoleón habría venido otro a ocupar su puesto, lo demuestra el hecho de que siempre que ha sido necesario un hombre: César, Augusto, Cromwell, etc..., este hombre ha surgido".[15]

El gobierno de Sánchez Ramírez y las conspiraciones. Don Juan Sánchez Ramírez asumió el control de la Isla desde 1809 hasta que se produjo su muerte en 12 de febrero de 1812. Durante su gestión gubernativa al frente de la Isla, sostiene don José Gabriel García, se produjo la conspiración de don Manuel Del Monte, desterrado a España y posteriormente absuelto por el Consejo de Regencia gracias a los auxilios que le prestó su pariente y amigo Francisco Javier Caro; otra conspiración fue la del habanero don Fermín, condenado a la pena de reclusión por siete años en la cárcel de la Torre del Homenaje de “La Fuerza” (hoy fortaleza Ozama).

También, durante el gobierno de Sánchez Ramírez se verificó la denominada conspiración o revolución de los Italianos (1810), con la participación de los señores: Santiago Faló o Faleau -sastre mulato natural de Cabo Francés que se desempeñaba como oficial de Compañía del Regimiento 31 a cargo del coronel Pablo Alí-; el zapatero venezolano -caraqueño- José Ricardo Castaños; el puertorriqueño Juan José Ramírez; y, los oficiales del Batallón Fijo Ugarte y Joaquín Mojica, estos últimos infiltrados como espías en la conspiración, hallándose todos vinculados al capitán italiano Emilio Pezzi (conocido también como Manuel o Edmundo o Edmigio Persi), quienes posiblemente llegaron a tener ciertos nexos con la República de Pethión,[16] y cuyos pormenores hemos analizado en nuestra anterior entrega.

Pero, para que no queden dudas en torno a la cuestión de la ausencia de don Ciriaco Ramírez en la Isla a raíz de la "Revolución de los Italianos", debo decir que en el Auto para la sustanciación judicial del proceso de dicha conspiración, de fecha 8 de septiembre de 1810[17] los únicos sometidos a la justicia por el gobierno fueron el mulato Juan José Ramírez, el caraqueño José Ricardo Castaños -quienes supuestamente contaban con el apoyo de 600 hombres-, el oficial mulato de la Compañía de Alí Santiago Foló, y el capitán de la Compañía de los Italianos don Emilio Pezzi, quienes se estimó tenían posibles nexos con Pethión y con los independentistas venezolanos.

Y por si los argumentos antes esgrimidos fueran cuestionados, o si alguien quisiera rebatirlos sin evidencias documentales, debo agregar que en el proceso seguido a los conspiradores de la llamada "Revolución de los Italianos" se produjo una sentencia[18] de fecha 25 de septiembre de 1810, que condenó a Emilio Pezzi a ser pasado por las armas (fusilado), y a los señores Santiago Faló, Juan José Ramírez, José Ricardo Castaños -posiblemente agente de la Gran Colombia-, a ser ahorcados, dejándolos colgar por seis horas en el patíbulo, ordenando la sentencia separar luego sus cabezas de sus cuerpos, y, que se colocara en el pecho de los cadáveres una inscripción en letras grandes: "Así castiga la justicia a quien es traidor a la patria"[19], y ciertamente, a Cristóbal Úber o Hubert, y a Ciriaco Ramírez trataron de implicarlos en la conspiración posiblemente con el único propósito de confiscar sus bienes, odiosa práctica del colonialismo español de aquel entonces en toda Hispanoamérica. A Hubert se le condenó a 10 años de prisión con trabajos públicos sin sueldo en San Juan de Úlua -una cárcel de Veracruz, México-, a la confiscación de sus bienes, y al destierro perpetuo, aunque en lo que concierne a don Ciriaco Ramírez, que se hallaba preso en Puerto Rico, cuando fue requerido por el tribunal presidido por Juan Sánchez Ramírez, éste no fue enviado por la Capitanía General de aquella Isla, entendiendo posiblemente las autoridades de la colonia de Puerto Rico que don Juan Sánchez Ramírez sólo buscaba una suerte de vendetta personal.

Unas líneas finales sobre don José Núñez de Cáceres. Algunos de nuestros historiadores han implicado a don José Núñez de Cáceres en los asuntos relativos al juicio seguido a los conspiradores de la "Revolución de los Italianos", sin embargo, la sentencia condenatoria solamente se halla firmada por los señores: Domingo Díaz Páez, y Martín de Mueses, Escribano Público. Además, se debe saber que don Juan Sánchez Ramírez, Leonardo del Monte, José Joaquín del Monte, Doctor José Núñez de Cáceres llegó a Santo Domingo procedente de Cuba en enero de 1811, como el mismo lo establece en una carta reproducida parcialmente más adelante.

A Sánchez Ramírez, una vez se produjo su muerte, le sucedió en el gobierno don José Núñez de Cáceres, procedente de Cuba, y, en donde se desempeñaba como Relator de la Real Audiencia en aquella hermana Antilla. Aunque don José Gabriel García sostiene que la muerte de Juan Sánchez Ramírez se produjo el 7 de enero de 1811,[20] en una carta un tanto mutilada de don José Núñez de Cáceres al entonces gobernador de Puerto Rico de fecha 21 de febrero de 1811, éste le hace saber que falleció en 12 de febrero de 1811. He aquí el texto legible de la misiva indicada:

Habiendo llegado a esta plaza el diez y ocho de enero último [de 1811] a servir los empleos de Ten.te de Gob.n [Teniente de Gobernación], Asesor General y Auditor de Guerra, a que he sido nombrado en nombre de S.M [Su Majestad]. Dios le guíe y prospere, aprovecho la primera ocasión directa que se presenta p.a [para] ese puerto, después de estar en exercicio (sic.) que comenzó el día veinte y ocho del mismo enero, p.a ofrecer á V.S. [Vuestro Señor] la buena disposición en que me hallo á cultivar y mantener en buen pie las relaciones amistosas, y sincera armonía que encargan las leyes, y debe haber entre los gobiernos vecinos pa. el mejor servicio del Rey, y reciproco auxilio que en todos los tiempos son obligados a prestarse en qualquiera (Sic,) caso de necesidad, y con especialidad en el día, por las críticas circunstancias de la guerra, en que gloriosamente se halla empeñada la nación con un enemigo tan pérfido y astuto.
A mi llegada a este destino tuve la desgracia de encontrar á nuestro Gral. D.n Juan Sánchez Ramírez, tan agoviado (sic.) de sus males q.e nada pudo comunicarme ni conferenciar conmigo de asuntos relativos al Gob.o. [gobierno] ni del estado en que dexaba (Sic.) sus relaciones amistosas con los demás vecinos y aliados. Por su muerte acaecida el día dose (Sic.) de los corrientes estoy encargado del mando político y de la Yntendencia y V.S. puede disponer con entera confianza de las facultades anexas a uno y otro ramo
.” [21]

Por lo tanto, fue tras la muerte de Sánchez Ramírez que se produjeron las rebeliones de esclavos en las haciendas de Mendoza y Mojarra, ubicadas en el oriente de Santo Domingo, participando en la primera los Seda, los Betances, los Meas y Fragoso, y en la segunda Pedro Figueroa. Durante el desempeño del gobierno don José Núñez de Cáceres ordenó la detención de José Leocadio, cabeza de los rebeldes esclavos, mulatos y libres, vía el Escribano Dionisio de la Rocha por medio de un Auto Judicial enviado a las autoridades de Bayaguana, El Seibo, Cotuí, Azua, y a los jueces pedáneos y ordinarios del Norte, Este y Sur, y el señor de La Rocha hizo gestiones personalmente en tal sentido en la región Oriental.

También, destaca Beabrum Ardoin[22] -historiador haitiano que fue funcionario de Boyer- que en el gobierno de Sebastián Kindelán se produjo la conspiración del Capitán Manuel Martínez detectada en 19 de marzo de 1821; posteriormente fue implicado en otra conspiración independentista don Antonio Martínez Valdez, delegado a las Cortes de diputación provincial, es decir, de la asamblea colonial, siendo apresado y sometido a la justicia, pero éste se salvó de la cárcel por la oportuna intervención del Auditor de Guerra don José Núñez de Cáceres, quien también se mantuvo vigilado por las autoridades, y de hecho era el cabecilla de la conspiración independentista. En ese momento, en la parte del Este, todos los grupos representativos de la sociedad: Militares, profesionales, comerciantes, artesanos, etc.., eran partidarios de la separación de España. Poco tiempo después de ser detectados estos focos rebeldes en 1821, se formaron dos partidos (más bien tendencias):

"El primero, compuesto por una débil minoría, pedía aliarse a la república de Colombia, sin considerar que esa República, no teniendo marina y separada de Haití por vastos mares, no podía darle ninguna clase de protección".
"El segundo quería la independencia pura y simple, sin preguntarse si una población de no más de 130,000 almas podía aspirar al papel de Estado independiente".
"Así, los dos partidos se encontraban frente a frente, su sangre iba a correr y nuestra tranquilidad se encontraba afectada
."[23]

Tomás Modiou[24] -historiador haitiano que fue durante mucho tiempo secretario del general Joseph Balthazar Inginac, a su vez Secretario personal de Boyer y hombre importante de la inteligencia haitiana de la época- identifica cuatro tendencias en torno al destino del Este en 1821: 1) los partidarios de la independencia, quienes eran mayoría; 2) los prohaitianos; 3) los procolombinos; y, 4) los partidarios de España.

Se sabe, contrario a lo que afirma cierta historiografía, que las actividades populares e independentistas de Beller, Dajabón, y Monte Cristi, dirigidas por los comandantes Andrés Amarante y Francisco Estévez, y que se manifiestan a partir del 8 de noviembre de 1821 eran movimientos que perseguían declarar la independencia amparados en los corsarios de Buenos Aires del crucero de La Orange que ocasionalmente se refugiaban en la bahía de Manzanillo, infiltrados por agentes secretos haitianos -por ejemplo: el comerciante Carlos Arrieu o Harrieux- interesados en lograr una manifestación favorable a la unificación insular.[25] El General de División y ex-secretario de Boyer (1797-1843), Joseph Balthazar Inginac en sus Memorias[26] reconoce que Amarante y Estévez se acercaron a Arrieu sólo para solicitar por su vía ayuda en armas y municiones al gobierno haitiano, o para que él las procurara en el Oeste.

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Moya Pons, Frank: Historia dominicana, historiadores y percepción de la dominicanidad, discurso publicado en el periódico Listín Diario de fecha lunes 13 de octubre de 1975, P. 7.
[1] Pablo Lafargue: El método histórico, en: Varios autores: El materialismo histórico según los grandes marxistas, ediciones Roca, México, 1973, P. 51.
[2] Opus cit., PP. 49-50.
[3] Juan I. Jimenes Grullón: “Historia de nuestra historiografía”, Listín Diario, 4 de nov. De 1975, P. 7.
[4] Frank Moya Pons, Historia dominicana, historisadores, y percepción de la dominicanidad, discurso reproducido por el Listín Diario, lunes 5 de oct. De 1975, P. 7.
[5] E. H. Carr, ¿ Qué es la historia?, Seix Barral, 1978, P. 77.
[6] Steele, 1967: P. 85, cita la obra: The open door at home, The MacMillan, P. 14.
[7] E. H. Carr, Opus Citatus, P. 91.
[8] Ibídem, P. 73.
[9] Ver: Steele, La historia, su naturaleza, UTEHA, México, 1967.
[10] AGPR: R.G. 186: Records of the Spanisch Governors of Puerto Rico. Political and Civil affairs. Cónsules: Santo Domingo, 1796-1858. Entry 16, Box 34. Las cantidades corresponden a pesos españoles de plata (Nota de Francisco Berroa).
[11] Ver: Salvador Brau: Historia de Puerto Rico, ediciones Edil, Río Piedras, 1974, P. 199.
[12] Ver: Juan Sánchez Ramírez, Diario de la reconquista, en: Mejía Ricart, Gustavo Adolfo, Historia de Santo Domingo, Vol. VII, Pol Hermanos, Santo Domingo, 1954, P.192 y siguientes.
[13] Beabrum Ardoin, Etudes Sur L’Histoire d’Haití, 1958, Tomo VII, P. 58, Edición facsímil de la de 1856.
[14] Resolución o acuerdo tercero del Instituto de Investigaciones Históricas en el periodo de reincorporación a España redactado por Gustavo Adolfo Mejía Ricart, en: Boletín del Archivo General de la Nación, Año 3, Vol. 3, No. 9, ciudad Trujillo, 29 de febrero de 1940, P. 8.
[15] Carta de Federico Engels a Konrad Schmidt, en: Varios autores, El materialismo histórico según los grandes marxistas, Ediciones Roca, México, 1973, P. 43.
[16] Cassá, Roberto, Historia social y económica de la República Dominicana, Tomo I, P. 167.
[17] Auto del proceso de la Revolución de los Italianos, 8 de septiembre de 1810, en: Boletín del Archivo General de la Nación, 1948, Núm. 58, PP. 218-220.
[18] Sentencia emitida en el proceso seguido contra los patriotas de la llamada Revolución de los Italianos (sic.), 25 de septiembre de 1810, Boletín del Archivo General de la Nación, 1948, Núm. 59, PP. 425-427.
[19] La patria invocada era la española (Nota de Francisco Berroa).
[20] José Gabriel García, Rasgos biográficos de dominicanos célebres (Compilación y notas de Vetilio Alfau Durán, Academia Dominicana de la Historia, Vol. XXIX, Editorial El Caribe, Santo Domingo, 1971.
El resto de la carta es ilegible por hallarse parcialmente mutilada y consumida por la polilla, se halla firmada por don José Núñez de Cáceres y es de fecha 21 de febrero de 1811. Las palabras entre corchetes me corresponden, y los subrayados son míos (Nota de Francisco Berroa). AGPR: RG. 186: Records of the Spanisch Governors of Puerto Rico, Political and Civil affairs, Cónsules, Santo Domingo, 1796-1858. Entry 16, Box 34.
[21] El resto de la carta es ilegible por hallarse parcialmente mutilada y consumida por la polilla, se halla firmada por don José Núñez de Cáceres y es de fecha 21 de febrero de 1811. Las palabras entre corchetes me corresponden, y los subrayados son míos (Nota de Francisco Berroa). AGPR: RG. 186: Records of the Spanisch Governors of Puerto Rico, Political and Civil affairs, Cónsules, Santo Domingo, 1796-1858. Entry 16, Box 34.
[22] Ardoin, Opus Cit., P. 25.
[23] De la reunión de la ci-devant partie Espagnole á la Republique d’Haití. Periódico Le Propagateur Haitien, Puerto Príncipe, 1º. De junio de 1821.
[24] Modiou, Histoire d’Haití, Tome Troisieme, Port-au-Prince, 1922, P. 386.
[25] Beabrum Ardoin: Opus Cit., Tome neuviéme, P. 13.
[26] Kingston, Jamaica, 1843.