Tuesday, April 27, 2010

LA GUERRA DE SANTO DOMINGO DEL 24 DE ABRIL DE 1965



El presidente constitucional Caamaño firma los acuerdos que pusieron
fin a las hostilidades bélicas entre dominicanos




TRINCHERAS DE CAMIONES PARA EVITAR QUE LAS TROPAS DEL CEFA CRUZARAN EL PUENTE DUARTE


CIVILES REBELDES PREPARAN BOMBAS MOLOTOV EN ABRIL DE 1965

NOTIHISTORIADOMINICANA

Por: Francisco Modesto Berroa Ubiera
Historiador
Con dedicatoria especial a nuestro amigo el doctor LEONEL FERNANDEZ, presidente constitucional, por haber hecho justicia con los militares constitucionalistas



LOS ANTECEDENTES DE LA GUERRA

El gobierno del Triunvirato

Tras el golpe de estado a Juan Bosch, la Embajada de Estados Unidos envía un telegrama confidencial al Departamento de Estado en fecha 26 de septiembre de 1963 en donde se informa sobre la propuesta de una Junta de Gobierno hecha por los partidos y los militares.

Los propuestos para la Junta de Gobierno eran los señores: doctor Emilio de los Santos, vinculado a Viriato Fiallo, quien durante el Consejo de Estado presidió la Junta Central Electoral; doctor Ramón Tapia Espinal, ex-Secretario de la Presidencia del Consejo de Estado anterior, y estrechamente vinculado al grupo de Bonnelly, y socio de éste; doctor René Puig, decano de la Facultad de Odontología -en el extranjero-; otros propuestos fueron: el Ingeniero Manuel Tavarez Espaillat, Secretario de Fomento en el Consejo de Estado, y, Max Henríquez Ureña, diplomático trujillista.

El gobierno que fuese establecido gobernaría teóricamente hasta el 27 de febrero de 1967.

Los primeros miembros del Triunvirato (designados por los cívicos, los militares, y la iglesia católica dominicana, con el visto bueno de la Embajada de los Estados Unidos) fueron los señores: Dr. Emilio de los Santos, presidente; Dr. Ramón Tapia Espinal, y, el Ing. Manuel Enrique Tavarez Espaillat, miembros, quienes toman posesión de sus cargos a la 1:00 P.M. del 26 de septiembre de 1963; de inmediato se producen airadas protestas con un saldo de varios muertos y de 650 presos en todo el país.

Con Bosch en el exilio el presidente del Senado Juan Casanovas Garrido logra reunir el Congreso en San Pedro de Macorís y se proclama presidente de la República el 12 de octubre de 1963, desconociendo el régimen de facto.

Asimismo, el 14 de octubre de 1963, Juan Bosch pide a los organismos internacionales y a los dominicanos desde Puerto Rico que se reconociera el gobierno de Casanovas Garrido.

La resistencia popular al golpe y la guerrilla de Manolo

La oposición del Movimiento Revolucionario del 14 de Junio al nuevo gobierno no se hizo esperar.

Los dirigentes de esta organización, Manolo Tavarez y Juan Miguel Román quienes habían vivido en la clandestinidad desde el golpe de septiembre, iniciaron el 28 de noviembre de 1963 una guerrilla con seis focos guerrilleros en distintos puntos del país:

1. el "Frente Guerrillero Enrique Jiménez Moya" operó en Las Manaclas;
2. el Gregorio Luperón estuvo ubicado en El Limón;
3. el Mauricio Báez, en la Berrenda, Miches;
4. el Juan de Dios Ventura Simó, en La Horma, San José de Ocoa;
5. el Francisco del Rosario Sánchez en Baoruco, Enriquillo;
6. Y otro en Los Quemados de Bonao, con una participación de 250 hombres en total.

Los jóvenes guerrilleros inexpertos en asuntos militares, con armas dañadas, fueron capturados y ejecutados por las tropas militares. Por ejemplo: El domingo 15 de diciembre de 1963 la guerrilla de Miches se enfrenta a patrullas del ejército; mueren cinco guerrilleros, entre ellos Rafael Faxas Canto y Luís Ibarra Ríos.

En Santo Domingo, la capital dominicana, operó con ciertas dificultades un Frente Urbano del MR-14 de Junio conformado por los señores: doctores: Juan B. Mejía, Roberto Duvergé, Benjamín Ramos, y Mario Fernández Muñoz, y por el Ingeniero Pedro Bonilla. La Juventud del 14 de Junio, dirigida por Luís Montás (a) Pin, le brindó apoyo operativo al Frente Urbano, aunque con poco éxito.

Se produce un informe del Consejo de Estado, usando como vocero a Manuel Tavarez Espaillat, informando el 20 de diciembre que en el país se había producido una guerrilla armada dirigida por Manolo Tavarez y Juan Miguel Román; que operaban en el país de seis focos guerrilleros; que sólo quedaba en operación el foco que se localizaba en El Rubio.

El 23 de diciembre fueron muertos 15 guerrilleros, incluyendo a Tavarez Justo; Fidelio Despradel y el Dr. Emilio Cordero Michel, Comisario político de la guerrilla, fueron capturados. Ese día se produce la renuncia del Triunviro Emilio de los Santos, sustituido por el Canciller Donald Read Cabral, quien quedaría gobernando casi solo tras la renuncia de los dos triunviros restantes: Ramón Tapia Espinal fue sustituido por Manuel Cáceres Troncoso, y luego se produce la renuncia de Manuel Enrique Tavarez Espaillat, y por lo tanto, Read Cabral y Manuel Cáceres Troncoso conforman el gobierno de facto "El Triunvirato", cuando era realmente un Duunvirato.

El día 31 de diciembre fueron suspendidas las garantías constitucionales en todo el territorio nacional. Los principales partidos de aquel entonces: el Partido Revolucionario Dominicano (PRD.), el Partido Reformista (PR.), el Partido Revolucionario Social Cristiano (PRSC.) -llamados popularmente Social pistolas-, el Movimiento Popular Dominicano (MPD), y el Movimiento Revolucionario 14 de Junio (MR-1J4), hicieron una fuerte oposición a Donald Read y a su gobierno, organizando protestas callejeras y huelgas que eran reprimidas y sus dirigentes perseguidos, siendo algunos apresados y otros asesinados.


El nuevo giro político y la situación económica

Norman Gall escribió en 17 de febrero de 1964 que:

"La República Dominicana, cinco meses después del derrocamiento del presidente Juan Bosch, está volviendo hacía un estado policiaco, con creciente evidencia de brutalidad y corrupción".

Donald Read Cabral gestionó créditos internacionales ante el Fondo Monetario Internacional (FMI.), y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID.), por un monto ascendente a los US $63.0 millones de dólares, endeudando enormemente la nación y destinando estos fondos a obras invisibles. El Gobierno del Dr. Donald Read Cabral, diciembre-1963, abril- 1965, aumentó la deuda externa de US$ 37.30 millones a US$140.40 millones de dólares.

Durante su mandato la corrupción se alzó galopante y fue generalizada. Este gobierno se caracterizó por su interés en promover el negocio particular y familiar de vehículos de motor y otros de intereses familiares, tal el caso de grandes compras por parte del gobierno de vehiculos importados por la firma Read & Pellerano. La corrupción penetró a las Fuerzas Armadas e instituciones del Estado mientras la crisis económica creció y con ella el descontento popular provocando varios conatos de rebelión que finalmente en 1965, generó la guerra de abril de ese año.

precio del azúcar bajó considerablemente; las exportaciones de café se redujeron de un 13 a un 11 por ciento entre 1962 a 1963; la situación económica en 1963 se caracteriza porque las importaciones fueron de RD $225.9 millones de pesos, y en 1964 por RD $265.7 millones, lo que indica un déficit en la balanza comercial de mas de 60 millones. La deuda externa fue ascendiendo hasta llegar a 200 millones en el 1964. El desempleo era del orden de cerca de un 32 por ciento, y una sequía afectaba la producción agrícola y ganadera, sin contar con presas y sin canales de riego. Hasta las ciudades se quedaron sin agua.

El país vivía con mucha corruptela oficial, los bienes de los Trujillo se los repartían los mas "vivos", y el Estado estaba afectado por muchas deudas, queriendo el gobierno imponer la austeridad en medio del despilfarro.

Además los contrabandos de mercancías beneficiaron a los comerciantes vinculados al gobierno del Triunvirato, y en los cuarteles militares surgieron las llamadas Cantinas Militares aprovisionadas con mercancías que ingresaban al país sin pagar aranceles, por lo cual, establecieron una competencia desleal frente al comercio importador nacional, perjudicando severamente a los importadores tradicionales.

Guerra civil y patria de Santo Domingo (1965)

La conspiración de los civiles y militares constitucionalistas en favor de un contragolpe se inicia en 1964 con el liderato del Dr. Rafael Molina Ureña y del coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez.

Este contragolpe tenía como objetivos restaurar la constitución de 1963 y traer de nuevo a Bosch al gobierno.

Molina Ureña contaba con el respaldo del joven líder popular José Francisco Peña Gómez, y de los señores Manuel Espinal, Lembert Peguero, Antonio Guzmán y Leopoldo Espaillat Nanita, quienes organizaron a su alrededor a intelectuales y profesionales partidarios del contragolpe, y a quienes se unieron don Pedro Casals Victoria (ex ministro de Finanzas) y Virgilio Mainardi Reyna (ex-gobernador de Santiago).

En mayo de 1964 se organiza la huelga general con el apoyo de los grupos sindicales ASOCHOIN, FOUPSA y POASI, influenciadas por el PRD. y por sus líderes: Miguel Soto, Pedro Julio Evangelista y Marcos Vargas.

En 14 de mayo de 1964 se produce el retorno del coronel Fernández Domínguez (EN). Desde el mes de junio de ese año el coronel Hernando Ramírez (EN) se hallaba en Puerto Rico sosteniendo conversaciones con Juan Bosch.



El pacto de Río Piedras y el movimiento constitucionalista

En enero de 1964 fue firmado el pacto de Río Piedras, comprometiéndose el Partido Revolucionario Social Cristiano (PRSC.) con el PRD para restablecer la constitución de 1963 guiados por la consigna: “Retorno a la constitucionalidad sin elecciones”.

Poco tiempo después se dio inicio a un movimiento rebelde que contó con la participación de los militares.

El cor. Fernández Domínguez, permanentemente vigilado, fue sacado hacía España, luego enviado a Chile, y otros fueron cancelados: el mayor Núñez Nogueras, el capitán Héctor Lachapelle Díaz y el capitán Quirós Pérez. Fue cuando Hernando Ramírez se convirtió en el organizador de los militares.

Por lo menos existían cuatro focos conspirativos:

a) un primer grupo en donde se encontraban los oficiales: coronel Fernández Domínguez, mayor Núñez Nogueras, capitán Lachapelle Díaz, coronel Quirós Pérez y coronel Hernando Ramírez;
b) un segundo grupo dirigido por el capitán Peña Táveras;
c) un tercer grupo dirigido por el coronel Neit Rafael Nivar Seijas; y,
d) un cuarto grupo dirigido por don Nicolás Silfa.

La rebelión militar y el contragolpe constitucionalista

A pesar de las diferencias entre los distintos grupos y clanes militares cuando el Secretario de las Fuerzas Armadas general Marcos A. Rivera Cuesta (EN) se presentó al campamento 16 de agosto de la primera brigada del Ejército Nacional el 24 de abril de 1965 para intentar desarticular la conspiración, fue detenido por los coroneles Álvarez Holguín y Hernando Ramírez; la lucha siguió con la revuelta encabezada por el coronel Giovanni Gutiérrez en el campamento 27 de Febrero del Ejercito (ubicado en la margen oriental de la ría del Ozama, hoy de la M. de G.), y ese mismo día se produce un movimiento insurreccional organizado por el coronel Enrique Herrera Marín.

El 24 de abril de 1965 se produce la toma del Palacio Nacional por parte de los militares constitucionalistas siendo arrestado el presidente del Triunvirato (convertido en “Diunvirato”) Donald Read Cabral, conjuntamente con don Manuel Cáceres Troncoso.

las 10:30 AM a 8:00 PM del 24 de abril de 1965 gobernó un Comando Militar Revolucionario integrado por los señores Vinicio Hernández Pérez, Giovanni Gutiérrez Ramírez, Francisco Caamaño Deñó, Eladio Ramírez y Pedro Bartolomé Benoit. Del 25 al 27 de abril de 1965 fue Presidente Constitucional Dr. José Rafael Molina Ureña.

Por lo tanto, los días 25, 26, 27 y 28 de abril de 1965 se manifiesta una cruda lucha por el poder entre los partidarios del retorno a la constitución de 1963, y los partidarios de que se mantuviera un régimen de facto acorde con los intereses de los grupos que se beneficiaban y cebaban de la corrupción

Entre los días 25 al 28 de abril se producen fuertes enfrentamientos entre los militares rebeldes, denominados constitucionalistas porque auspiciaban el retorno del Juan Bosch al poder, y los militares conservadores y golpistas del año 1963 quienes fueron militarmente derrotados en la batalla del Puente Duarte y en otros escenarios donde se registraron enconados combates.

San Isidro en las primeras horas de la tarde del 25 de abril (domingo), despegaron de la pista militar dos aviones de combate Mustang P-51 y un jet Gloster Meteor que fueron enviados por el coronel Wessin para iniciar el ametrallamiento y bombardeo del Palacio sede del gobierno de Rafael Molina Ureña. Simultáneamente se inició la movilización de tropas de artillería, tanques y de la infantería para atacar la ciudad de Santo Domingo.



Para incrementar sus fuerzas los militares los rebeldes comenzaron a repartir armas entre elementos civiles que las requerían a fin de sumarse a la lucha contra el gobierno de Read Cabral.

Buscando evitar los ataques de la aviación una comisión del PRD dirigida por don Antonio Guzmán Fernández visitaron la sede diplomática de los Estados Unidos. Dada la ausencia del embajador Tapley Bennet, el encargado de la embajada Mister William Connet se negó a recibirlos, por lo cual se entrevistaron con el segundo secretario Arthur E. Breiski quien califico a los rebeldes de irresponsables y de ser comunistas.

Por lo tanto, al fracasar esta mediación del PRD, los enfrentamientos se concentraron en el puente Duarte, dado el hecho de que era el único medio de comunicación entre las dos riberas del río Ozama que separaba con sus aguas la zona controlada por los rebeldes y la controlada por los militares partidarios de los Estados Unidos y de los sectores reaccionarios y conservadores.

El martes 27 de abril se incrementaron notablemente los bombardeos de la aviación sobre la cabecera occidental del puente Duarte usando los Mustang P-51 y los Vampiros que cobraron cientos de vidas en un sólo día.

Hubo una nueva tentativa de mediación tras producirse el regreso al país del embajador Tapley Bennet el 27 de abril de 1965, cuando el presidente Molina Ureña visita la embajada de los Estados Unidos con un grupo nutrido de constitucionalistas, civiles y militares. Entre los militares no se encontraba el teniente coronel Caamaño, motivo por el cual el Embajador le hace una llamada telefónica (a Caamaño) diciéndole que sólo él faltaba en la reunión, Caamaño respondió: “Dígale a Wessin que detenga los bombardeos”, pero el embajador Tapley Bennett respondió diciéndole: “Este no es el momento de negociar, sino de rendirse de inmediato”, lo cual fue considerado un insulto por Caamaño y otros militares con honor y amor patrio.

Tras este incidente algunos de los líderes del movimiento constitucionalista buscaron refugio en las delegaciones diplomáticas extranjeras; Molina Ureña refugió en la sede diplomática de Colombia, el coronel Hernando Ramírez también pidió asilo diplomático, sin embargo el coronel Caamaño se presenta en la Embajada y antes de retirarse de la Embajada le dijo al Embajador: “Señor Embajador, permítame decirle que seguiremos combatiendo en el puente Duarte, seguiremos la lucha suceda lo que suceda”.


La batalla del Puente Duarte

Tropas del ejercito, el pueblo dominicano y su líder militar el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó , iniciaron el martes 27 de abril de 1965 una contraofensiva militar contra las tropas del CEFA y del general Elías Wessin conjuntamente con los oficiales de la Cuarta Brigada del Ejército, Coronel Manuel Ramón Montes Arache, Mayor Lora Fernández, Capitán Alejandro Deñó Suero, quienes logran tomar en poco tiempo el control del puente Duarte.

Las luchas entre los leales y los rebeldes se produjeron durante tres días, y finalmente, los leales al Triunvirato, las tropas del CEFA dirigidas por el coronel golpista Wessin y Wessin fueron derrotadas. El puente Duarte fueron cruzados varios camiones que sirvieron de trinchera para impedir el avance de las tropas del CEFA, y cientos de civiles dispuestos a luchar se congregaron en la cabecera occidental del puente Duarte

El coronel Caamaño inspiraba por su arrojo y valentía la confianza de los combatientes civiles y militares, y en muy poco tiempo llego a tener bajo su mando más de 4,000 combatientes, muchos de los cuales fueron encuadrados en unidades político-militares denominadas Comandos.

El miércoles 28 de abril los rebeldes tenían pleno control de la ciudad de Santo Domingo, fueron colocadas ametralladoras calibre 50 y 70 mm., en los techos de los edificios, jóvenes y adolescentes fabricaban bombas molotov para atacar los tanques del CEFA, y tan pronto lograban capturar algún uno de ellos le pintaban la palabra PUEBLO.



La intervención de los marines de los Estados Unidos


Sin embargo el imperio no podía permitir que en su traspatio se restableciera un gobierno que aunque democrático no era de su complacencia, por lo cual el presidente Lyndon B. Johnson ordena a los Marines desarrollar la Operación de invasión denominada Power Pack que movilizo la 82 División Aerotransportada de infantería de Marina bajo el comando del teniente general Bruce Palmer. Esta operación militar seria justificada con el alegato de que el movimiento constitucionalista estaba infiltrado por más de 50 supuestos comunistas, entre los cuales se incluyeron estos nombres: Antonio Abreu Fiallo, Luís Acosta Tejeda, José Estrella J. Armach, Andrés Avelino García, Máximo Bernard Vásquez, Moisés Blanco Genao, Norge Botello Fernández, Benjamín Bujosa Mieses, Pedro Conde Sturla, Lourdes Contreras Pérez, Jaime Capell Bello, Asdrúbal Domínguez G., Félix Servio Ducodray M., Rafael Estévez Weber, Luís Gómez Pérez, Homero Hernández V., Pedro Mir, Diomedes Mercedes B, Dato Pagan Perdomo, Juan Miguel Román Díaz, Jesús de la Rosa, Rafael Taveras Rosario, Hugo Tolentino Dipp, Abelardo Vicioso G., Emma Tavarez Justo, Fidelio Despradel Roque, Delta Bohemia Soto de V., Tony Isa Conde, Narciso Isa Conde, Euclides Gutiérrez Feliz, etc.




El 28 de abril de 1965 se produjo la intervención militar de los “Marines” de los Estados Unidos lanzando tropas de paracaidistas en el hotel El Embajador, y desembarcando inicialmente unos 500 hombres desde helicópteros y otros llegaron por tierra desde el puerto de Haina los cuales se establecieron en el mismo hotel El Embajador y sus inmediaciones para supuestamente salvar las vidas de 2,500 norteamericanos, aunque luego fueron desembarcados miles de hombres.

Según el corresponsal de guerra Tad Szulc:

“Para fines de la primera semana, habían desembarcado 5.000 infantes de marina y tropas paracaidistas. Durante el fin de semana que coincidió con el 19 de mayo, las fuerzas alcanzaron un número mayor del doble, 12.000 soldados. A fines de la segunda semana, el 8 de mayo, se llegó al máximo con 22.000 tropas de los Estados Unidos en la República Dominica y 8.000 marineros que tripulaban 40 barcos a la vista de sus costas.”

Estados Unidos llego a desembarcar un poderoso contingente de cerca de 42,000 soldados, casi todos de la 82 División de Infantería Aerotransportada que establecio su base de operaciones en la base aerea de San Isidro.

Para justificar la agresión se usó como fachada la Fuerza Interamericana de Paz (FIP) que aporto fuerzas militares de varios países americanos: Costa Rica aporta 20 soldados-policías; la Junta Militar de Honduras aporta 250 Soldados; el gobierno del dictador Somoza de Nicaragua aporta 170 soldados; la Junta Militar de Brasil aporta 1,250 soldados.


De acuerdo con Szulc:

“A bordo del Boxer, el comandante de las fuerzas, capitán James A. Dare, despejaba cualquier duda acerca del motivo por el cual habían desembarcado los marines en Santo Domingo. Al informar a los periodistas dijo que las fuerzas norteamericanas permanecerían allí el tiempo suficiente "para asegurar que se estableciera un gobierno no comunista".

Los norteamericanos contaron con el apoyo de los militares conservadores aglutinados en torno a un gobierno títere denominado Gobierno de Reconstrucción Nacional apoyado por Washington y presidido por el general Antonio Imbert Barreras.

De hecho, en el país existían tres gobiernos:

1) El del general Imbert Barreras que era la versión “Made in USA”:
2) La Junta Militar de San Isidro conformada por los oficiales Coronel Pedro Bartolomé Benoit (AMD); Capitán Olgo Santana Carrasco (MdeG), cor. Enrique A. Casado Salomón (EN), también versión “Made in USA”, establecido desde el 1ro al 7 de mayo de 1965. se estableció.
3) Paralelamente desde el 4 de mayo hasta el 3 de septiembre de 1965 fue Presidente Constitucional el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó (EN) en sustitución del presidente doctor Rafael Molina Ureña.

Aunque luego la Junta de San Isidro fue disuelta, desde el 7 de mayo al 30 de agosto de 1965 fue creado un gobierno de facto de Reconstrucción Nacional, cuyo presidente fue el general Antonio Imbert Barreras, y sus miembros títeres de los Estados Unidos los señores: Carlos Grisolía Poloney, Alejandro Zeller Cocco, Bartolomé Benoit, y Julio D. Postigo; el 10 de agosto ingresa Leonte Bernard Vásquez que coexistía con el gobierno presidido por el coronel Caamaño. Este gobierno recibio la suma de US $750,000,00 para pagar el sueldo de los militares y empleados de Imbert.

El 15 de mayo el presidente Johnson envía a Santo Domingo a los señores Mc George Bundy y Thomas C. Mann para intensificar las labores de búsqueda de una solución a la crisis.

La misión de Bundy consistía en negociar un gobierno constitucional comprometido con los Estados Unidos y con sus intereses en el Caribe. Originalmente la persona escogida para ser presidente fue don Antonio Guzmán, ex ministro de agricultura bajo el gobierno del profesor Bosch, quien sugirió su nombre a Bundy para que ocupara el cargo en la entrevista de ambos en Puerto Rico. Caamaño aceptaría el gobierno de Guzmán pero Imbert se opuso, y aprovecha las negociaciones para lanzar un ataque a los rebeldes en el norte de Santo Domingo, situación que aprovechan el teniente general Bruce Palmer para establecer un cordón de seguridad que corría en línea bisectriz de Este a Oeste, y aislaba a los jefes rebeldes en la parte baja de la ciudad.

Un observador norteamericano opinó que:

En el transcurso de la negociación Guzmán-Bundy y mientras aún seguía en efecto la tregua arreglada por la OEA, las fuerzas de Imbert montaban otra ofensiva contra los rebeldes, esta vez en el sector norte de Santo Domingo. Los tanques y la artillería de Imbert lanzaron un asalto en plena escala que costó centenares de vidas dominicanas, principalmente de mujeres y niños.” (Tad Szulc)

Luego "la fórmula Guzmán" -en favor de la cual había trabajado Bundy por espacio de diez días con todo el prestigio derivado de su cargo en la Casa Blanca- cayó por el suelo en virtud de órdenes recibidas de Washington. El FBI había interceptado una conversación telefónica entre el doctor Bosch y un amigo. Esta conversación, según se informó, incluía la declaración de que si el régimen de Guzmán era instaurado podría haber un nuevo gobierno en el plazo de cinco días. Más o menos en estos momentos el Departamento de Estado envió un memorando a la Casa Blanca recordando que en 1933 se había acusado a los Estados Unidos de imponer un gobierno a Cuba y de que la administración Johnson debía cuidarse de no dar motivo a un cargo semejante.”


Intento constitucionalista de asalto militar al Palacio Nacional

19 de mayo un comando constitucionalistas intenta tomar por asalto el Palacio Nacional como la intención de dar un golpe psicológico al enemigo en tanto este edificio significaba ante el pueblo la representación del poder político-militar, el cual se hallaba en ese momento en poder de las tropas del Gobierno de Reconstrucción Nacional del general Imbert.

En el momento en que las fuerzas revolucionarias constitucionalistas se hallaban avanzando hacia su objetivo militar fueron sorprendidas por francotiradores norteamericanos quienes les hicieron fuego de manera implacable, frustrando la tentativa de asalto del símbolo del poder: el palacio.

En el intento de asalto perdieron la vida el Coronel Rafael Tomas Fernández Domínguez, Ministro de interior y policía del gobierno constitucionalista, el lider revolucionario doctor Juan Miguel Román, alto dirigente del Movimiento Revolucionario 14 de Junio, Euclides Morillo, un importante cuadro del Movimiento Revolucionario 14 de Junio e Illio Capocci entrenador de los hombres ranas, entre otros destacados constitucionalistas.


Un cordón de seguridad aisló las tropas rebeldes en la parte Sur de Santo Domingo, y el Norte fue ocupado por las tropas del CEFA al mando del general Antonio Imbert Barreras, nombrado por los norteamericanos presidente del gobierno de Reconstrucción Nacional y quien dirige con apoyo logístico de los Estados Unidos la “Operación Limpieza” con un costo para los rebeldes de unos 5,000 muertos.

En 15 de junio de 1965 se verifica el ataque de las tropas de Estados Unidos y de la denominada Fuerza Interamericana de Paz (FIP) a las fuerzas constitucionalistas concentradas en ciudad Nueva, en el Sur de la antigua ciudad de Santo Domingo, resistiendo estoicamente los rebeldes. Héctor Aristy, André Riviere, Manolo González, Pichirilo Mejía, Fafa Táveras, y otros, quienes participan en la resistencia contra los norteamericanos.

Después de varios meses de resistencia, el 31 de agosto de 1965 fue firmado el “Acto Institucional”, y en 11 de septiembre el “Acto de Reconciliación” que pone fin a las hostilidades entre ambos bandos.



Anexo documental:
Discurso del presidente constitucional Francisco Alberto Caamaño durante la entrega del mandato presidencial al pueblo en la Fortaleza Ozama en septiembre de 1965




Señores miembros del Congreso Nacional
Pueblo dominicano:
Porque me dio el pueblo el poder, al pueblo vengo a devolver lo que le pertenece. Ningún poder es legítimo si no es otorgado por el pueblo, cuya voluntad soberana es fuente de todo mandato público. El 3 de mayo de 1965, el Congreso Nacional me honró eligiéndome Presidente Constitucional de la República Dominicana. Solamente así podía aceptar tan alto cargo, porque siempre he creído que el derecho a gobernar no puede emanar de nadie más que no sea del pueblo mismo.
Bien legítimo era ese derecho, forjado por nuestras grandes mayorías nacionales en las elecciones más puras de toda nuestra historia, y depositado en mis manos en momentos en que el pueblo dominicano se batía, a sangre y fuego, para reconquistar sus instituciones democráticas. Estas instituciones, surgidas de la consulta electoral del 20 de diciembre de 1962, fueron devoradas por la infamia y la ambición de una minoría que siempre ha despreciado la voluntad popular.
Los dominicanos se batían a sangre y fuego, porque esa minoría le arrebató sus libertades el 25 de septiembre de 1963. Esa minoría es la misma que siempre ha robado, encarcelado, deportado y asesinado a nuestro pueblo. Y esa minoría, representada por el Triunvirato que presidió Donald Reid, se llegó a creer que este país le pertenecía y que sus habitantes eran sus esclavos.
Todos esos vicios y errores significaban mayores dolores y miseria para el pueblo. La vida se hacía insoportable. Ni una sola esperanza cabía en el alma de los dominicanos mientras se mantuvieran gobernando los usurpadores del poder. Para que renaciera esa esperanza se hacía necesario volver al gobierno libremente electo, es decir, a la democracia de la Constitución de 1963. Todo indicaba que la minoría gobernante, que pensaba y actuaba como propietaria de la nación, permanecería en el poder aún en contra de los más vivos reclamos populares, orientados hacia el rescate del régimen democrático.
La rebelión armada contra la ilegitimidad de su mando se convirtió entonces en una imperiosa necesidad social. Fruto de esa necesidad, y de la determinación de los dominicanos a ser libres, sin importarles la cuantía del precio, estalla el glorioso movimiento 24 de abril.
Ese Movimiento, inspirado en el más noble espíritu democrático, no era un cuartelazo más. Razón tenía el profesor Juan Bosch cuando dijo, desde su obligado exilio en Puerto Rico, que los dominicanos estábamos librando una revolución social. Así era porque los sectores democráticos del pueblo, tras mucho sufrimiento y mayores frustraciones, habían tomado profunda conciencia de su papel histórico y, hermanados con los militares que respetamos el juramento de defender la majestad de las leyes, se lanzaron a la calle en busca de su libertad perdida.
Heroicamente, con más fe que armas, y con enorme caudal de dignidad, el pueblo dominicano abría de par en par las puertas de la Historia para construir su futuro. Hondas, muy profundas eran las raíces de esa lucha. Desde la Independencia, desde la Restauración, caminaba el pueblo muriendo y venciendo tras su derecho a ser libre. El 24 de abril era un paso gigantesco hacia la construcción de ese derecho y hacia la democracia que lo consagra plenamente.
Los enemigos del pueblo, aquellos que por encima de los intereses de la Patria colocan sus propios intereses en un vano empeño por mantenerse en el poder, hacían correr, como ríos, la sangre generosa. Pero sobre nuestros muertos, nos levantamos siempre con mayor fuerza. La Revolución avanzaba triunfante. América entera miraba con admiración hacia esta tierra, esperando ansiosa nuestro triunfo, porque en él veía una victoria de la democracia sobre las minorías opresoras que azotan, como plagas, todo el Continente Americano.
Desgraciadamente, el 28 de abril, cuatro días después de iniciada la Revolución, cuando la libertad renacía vencedora, cuando todo un pueblo se volcaba fervorosamente hacia el encuentro con la democracia, el Gobierno de los Estados Unidos de América, violando la soberanía de nuestro Estado Independiente, y burlando los principios fundamentales que sostienen la convivencia internacional, invadió y ocupó militarmente nuestro suelo.
¿Qué derecho podían invocar los gobernantes norteamericanos para atropellar así la libertad de un pueblo soberano? ¡Ninguno! Se hacían culpables de un gravísimo delito, que atentaba contra nuestra nación. Contra América y contra el resto del mundo. El principio de No Intervención, base fundamental de las relaciones entre los pueblos civilizados, fue tan brutalmente desconocido que aún se escucha por toda la vastedad del planeta el eco de la más dura repulsa contra los invasores.
En este continente de hermanos, al lado del clamor de los Gobiernos de Chile, Uruguay, México, Perú y Ecuador, que encauzaron su actuación internacional haciendo honor al sentimiento de fraternidad continental de sus respectivos pueblos, se escucha así mismo, en defensa de la No Intervención y de la soberanía de nuestro país, la vibrante y solidaria protesta de millones de latinoamericanos indignados.
La humillación que el gobierno de los Estados Unidos de América del Norte hacía sufrir a la República Dominicana, militarmente invadida, significa también una dolorosa humillación para toda América. ¿Qué normas, qué principios pueden servir a las naciones americanas para hacer valer su vocación y su derecho a la independencia, cuando los gobernantes norteamericanos decidan, con vanas excusas y apoyados en la fuerza de sus cañones, imponerles su destino político? ¿A dónde ir a reclamar para que reconozca el derecho de un pueblo a ser independiente y dueño de su propia vida? ¿Qué organismos, qué instituciones serán capaces de defender esos derechos y de alentar a los pueblos a ejercerlos, sin temor a la intrusión de los que se han erigido en árbitros de la determinación ajena?
Para desgracia de la República Dominicana y para desgracia de América, la Organización de Estados Americanos, en vez de asumir la defensa de nuestra soberanía, en vez de sancionar severamente la intervención militar para hacer de este modo honor a los principios que dice sustentar, no sólo se colocó de espaldas a su propia Carta Constitutiva, sino que también empujó, aún más, el puñal que hoy se clava en el corazón de nuestra patria.
Cuatro días después de la intervención militar norteamericana, la Organización de Estados Americanos decidió que se hiciera «todo lo posible para procurar el restablecimiento de la paz y la normalidad en la República Dominicana». En el texto de la Resolución que expresa lo citado nada se decía acerca de la violación de nuestra soberanía. ¡Nada! Ni una sola palabra hace referencia al monstruoso crimen del 28 de abril de 1965, que por largo tiempo conmoverá a los frágiles cimientos del orden jurídico interamericano. Todo lo contrario. La Organización de Estados Americanos se empeñaba entonces, ignorando y torciendo los principios, en justificar y validar la intervención militar norteamericana. Y así creyó hacerlo creando la Fuerza Interamericana. La Resolución que consagra esa funesta medida, registrada como Documento Rec.2 de la Décima Reunión de Consulta de Ministros Americanos, revela muy a las claras la actitud del organismo regional a ese respecto. En efecto, en ella se lee lo siguiente: «Que la integración de una Fuerza Interamericana significará, ipso facto, la transformación de las fuerzas presentes en territorio dominicano en otra fuerza que no será de un Estado sino de un organismo inter-estatal...»
¡Transformación! He ahí la palabra que delata la convivencia de la Organización de Estados Americanos con los invasores. Se transformaban los «marines» en Fuerza Interamericana. Aquello fue la institucionalización del delito político como norma de las relaciones internacionales de nuestro continente.
La intervención norteamericana vino, pues, a detener el triunfo de la democracia dominicana y a apuntalar a la minoría que le niega y le disputa sus derechos a nuestros pueblos. Tras el llamado Gobierno de Reconstrucción Nacional, obra de los funcionarios de la intervención extranjera, se echó al desprecio al pueblo, se fortaleció la corrupción, y el crimen se extendió por todo el país.
A pesar de la frustración momentánea que en esos trágicos días sufriera la Revolución, el Gobierno Constitucional decidió defender sus derechos. Naturalmente, ante la violencia y la fuerza del poderío norteamericano, representado por más de 40 000 soldados, ya no era posible el triunfo armado del movimiento democrático dominicano. Tuvimos que negociar con los invasores a fin de conservar parte del tesoro de democracia que habíamos comenzado a crear.
En la mes de negociaciones defendimos siempre los principios. Si abandonamos algunas de las conquistas por las que el pueblo dominicano se lanzó a la lucha, no se debió a que los negociadores de la Organización de Estados Americanos trajeran proposiciones de un mayor contenido democrático que el perseguido en nuestros objetivos iniciales. Cedimos solamente ante la realidad que nos imponía la intervención americana. El corredor que las tropas extranjeras establecieron, arbitraria e injustificadamente, dividiendo la ciudad en dos, no tuvo otra razón que la de evitar que nuestra lucha se extendiera, desde esta gloriosa ciudad, hacia todo el resto del país.
Las ansias democráticas habían hecho vibrar la República entera. La causa que con las armas en las manos defendía el pueblo de Santo Domingo era la causa nacional. Esta ciudad cuatro veces centenaria fue la vanguardia, y desde ella nos lanzamos, triunfantes contra los opresores criollos. Se vislumbraba ya la victoria de las armas democráticas, y cuando estábamos a punto de lograrla plenamente, Estados Unidos de América se interpone, invadiéndonos para salvaguardar los peores intereses y las más ruines ambiciones.
Fue entonces cuando tuvimos que ceder en algunos de nuestros objetivos, porque no podíamos vencer con las armas. Pero a pesar de toda la fuerza y de toda la violencia del poderío militar norteamericano, no cedimos por temor o por miedo a ser vencidos. Testigo es el mundo de la lucha que libramos, del coraje y la valentía de ese pueblo en el terreno del honor y en el campo de batalla.
Oportuno es que me detenga aquí para rendir homenaje a los héroes que entregaron sus vidas luchando por la democracia y la soberanía nacionales. Ese Combatiente Desconocido, que reposa en esta Plaza de la Constitución, es el símbolo del sacrificio y del amor de los dominicanos por su libertad. Como él, murieron miles. De ese semillero de héroes crecerá vigoroso el futuro de la patria. Porque héroes son los que dieron la vida tratando de evitar que se creara el corredor internacional que detuvo nuestra marcha victoriosa. Porque héroes son los que, con piedras en las manos, detuvieron los tanques de acero en el Puente Duarte. Héroes son los que defendieron hasta el último aliento la Zona Norte de la ciudad; héroes son los que recibieron, impávidos, los ataques aéreos al Palacio Nacional; héroes los que durante los días 15 y 16 de junio recibieron valientemente la metralla extranjera; héroes los del 29 de agosto; héroes también los que han muerto en todos nuestros frentes, en campos y ciudades defendiendo la integridad nacional.
Nunca tal vez en la vida de los dominicanos se había luchado con tanta tenacidad contra un enemigo tan superior en número y en armas. Luchamos, sí, con bravura de leyenda, porque íbamos desbrozando con la razón el camino de la Historia.
No pudimos vencer, pero tampoco pudimos ser vencidos. La verdad auspiciada por nuestra causa fue la mayor fuerza y el mayor aliento para resistir. ¡Y resistimos! Ese es nuestro triunfo porque sin la tenaz resistencia que opusimos, hoy no pudiéramos ufanarnos de los objetivos logrados.
Nosotros cedimos, es cierto, pero ellos, los invasores que vinieron a impedir nuestra revolución, a destruir nuestra causa tuvieron que ceder también ante el espíritu revolucionario de nuestro pueblo.
Ahí están, hablando por sí solas, las conquistas alcanzadas y que constan, engrandecidas por la sangre de los caídos, en el Acta Institucional y en el Acta de Reconciliación Dominicana. Se nos han reconocido múltiples derechos económicos y sociales. Hemos logrado la fijación de elecciones libres a breve plazo. Hemos conquistado las libertades públicas, el respeto a los derechos humanos; el regreso de los exiliados políticos, el derecho de todo dominicano a vivir en su patria sin temor a ser deportado. Pero, por encima de todo, hemos logrado una conquista inapreciable, de fecundas proyecciones futuras: ¡La conciencia democrática! Conciencia contra el golpismo, contra la corrupción administrativa, contra el nepotismo, contra la explotación y contra el intervencionismo. Hemos conquistado conciencia de nuestro propio destino histórico. En suma, conciencia del pueblo en su fuerza, que si el 24 de Abril le sirvió para derrotar a las oligarquías civil y militar, hoy, nutrida por esa maravillosa experiencia y esta lucha asombrosa le permitirá forjar, en la paz o en la guerra, su libertad y su independencia. ¡Despertó el pueblo porque despertó su conciencia!
Esos son los logros de esta revolución. No solamente nuestros, sino también de América. Los principios que aquí han sido defendidos son los mismos que hoy conmueven a todas sus naciones. Cuando los pueblos situados al sur del Río Bravo expresaban su solidaridad con nuestra lucha, junto al estímulo fraternal iban también, profundamente unidas, sus más caras e íntimas aspiraciones. Desde México hasta Argentina la democracia es el sueño de millones de hombres que quieren convertir en realidad. Sueño de paz creadora, de paz y libertad decorosa. Pero ese bello sueño es turbado, hasta convertirse en pesadilla, por la codicia y la explotación de minorías ajenas al noble ideal de la convivencia humana.
Si algún mérito me cabe por haber participado preeminentemente en esta revolución democrática, gracias al honroso mandato presidencial que me otorgara el Honorable Congreso Nacional, no es otro que el de haber comprendido esa dolorosa realidad de nuestro pueblo, y haber luchado ardientemente por tratar de transformarla en un porvenir cargado de esperanzas.
Creo firmemente que el pueblo dominicano terminará por lograr su felicidad, y el 24 de Abril será siempre un símbolo estimulante hacia la consecución definitiva de ella. Es nuestra obligación, como defensores de la democracia, abonar la siembra generosa que comenzó en esa fecha inmortal. Pero abonarla con entusiasmo creciente, con todo el espíritu, sin vacilaciones, sin descanso. El mejor modo de hacerlo está en la unidad de todos nosotros, en la vigilancia de todos nosotros, dispuestos mañana, como lo hemos estado hoy, a correr todos los riesgos en defensa de la democracia dominicana y del honor nacional.
Ante el pueblo dominicano, ante sus dignos representantes que aquí encarnan el Honorable Congreso Nacional, renuncio como Presidente Constitucional de la República. Dios quiera y el pueblo pueda lograrlo, que esta sea la última vez en nuestra historia que un Gobierno legítimo tenga que abandonar el poder bajo la presión de fuerzas nacionales o extranjeras. Yo tengo fe en que así será.
Finalmente, invito al pueblo aquí reunido a hacer el siguiente juramento:
En nombre de los ideales de los Trinitarios y restauradores que forjaron la República Dominicana.
Inspirados en el sacrificio generoso de nuestros hermanos civiles y militares caídos en la lucha constitucionalista.
Interpretando los sentimientos del pueblo dominicano.
Juramos luchar por la retirada de las tropas extranjeras que se encuentran en el territorio de nuestro país.
Juramos luchar por la vigencia de las libertades democráticas y los derechos humanos y no permitir intento alguno para restablecer la tiranía.
Juramos luchar por la unión de todos los sectores patrióticos para hacer a nuestra nación plenamente libre, plenamente soberana, plenamente democrática.
Francisco Caamaño
Tomado de:
Caamaño, Hugo Ríus Blein y Ricardo Sáenz Padrón, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1984.

1 comment:

Ivan said...

En la Rep Dominicana nunca hubo aviones Gloster Meteor, si no DeHavillan Vampire Mk 1 y mk5