Tuesday, June 09, 2020

LAS GUARDIAS DE MON

NOTIHISTORIADOMINICANA


Por Francisco M. Berroa Ubiera
Historiador


Ramón Cáceres
Introducción
La historiografía tradicional dominicana ha puesto sobre el papel blanco con caracteres oscuros que Ramón Cáceres reprimió a sus opositores, sobre todo a los que él denominaba como los de “Monte Cristi”, usando exclusivamente a su “Guardia Republicana” o “Guardia de la Muerte” o “Guardia de Mon.”
            Sin embargo, la verdad histórica es que la Guardia Republicana fue uno de los varios cuerpos armados empleados por el dictador mocano para permanecer en el poder.  Por esa razón abordo este asunto siguiendo las enseñanzas del profesor Roberto Cassá quien en sus cátedras de “Metodología de la Historia” siempre aconsejaba la adhesión del investigador a la “heurística”, es decir, a la investigación documental profunda, al buen decir de Langlois y Seignobos, dos historiógrafos positivistas documentalistas galos.[1]  Y aunque corro el riesgo de ser acusado de documentalista, así lo prefiero antes de recurrir a la ficción frente al desconocimiento del dato explicativo del hecho.
            Lo cierto es que Ramón Cáceres fue un dictador militarista que gobernó con mano férrea la República Dominicana desde fines de 1905 hasta su magnicidio ocurrido en Santo Domingo el 19 de noviembre de 1911.
            El presidente Cáceres basó su quehacer gubernativo en la represión despiadada de sus opositores políticos.  Por eso fue capaz de organizar toda clase de fuerzas militares y para-militares con gran capacidad punitiva-represiva, con el propósito de regodearse en el poder sin temer la posibilidad de que sus enemigos políticos turbasen la paz y el orden públicos instaurados por él manu militari.

I.  La primera Guardia formada por Mon Cáceres.  Ramón Cáceres fue el Vicepresidente de los horacistas en el “gobierno híbrido” integrado por don Juan Isidro Jimenes más los Estados Unidos con Morales como representante, y, de los horacistas representados por Mon.
            En el momento en que Morales inicia su mandato el país se hallaba muy dividido y ello era notorio.
            Finalizada la Guerra de La Unión, cuando las tropas triunfantes entraron a la capital lo hicieron por la Puerta del Conde.  Lucían divididas, por los colores de las columnas, y porque cada grupo de soldados lanzaba vivas a su caudillo preferido.  La división entre bolos y coludos continúo tanto en el país como en el gobierno.
Carlos Morales

            Sí Morales Languasco alcanzó el poder del Estado Dominicano el 24 de noviembre de 1903, con el apoyo dual de jimenistas y horacistas, es decir, de Bolos y Coludos, y en franca traición al presidente General Alejandro Woss y Gil, quién le había confiado tras su ascenso al poder el 23 de marzo de 1903 el importante cargo de Gobernador de la provincia Puerto Plata, no menos cierto resulta que Morales traicionara muy pronto a Jimenes y a sus seguidores políticos: Los Bolos.
            Cuando fueron organizadas las elecciones de enero de 1904 el candidato preferido y más votado fue Juan Isidro Jimenes, pero lamentablemente no fueron los votos depositados en las urnas las que escogieron al presidente sino las botas y las balas, es decir, los hombres y las armas de los partidarios de Horacio Vásquez unidos a Carlos Morales Languasco quien trataba de gobernar con el país dividido.
Juan Isidro Jimenes

Por esa razón, Juan Isidro Jimenes, engañado y burlado, reaccionó más como hombre que como político, llamando a la rebelión contra el gobierno desde la ciudad de Santiago.  El eco de su voz resonó en todos los campos y ciudades de provincias, a excepción de la capital.  Al grito de ¡Guerra!, de parte de don Juan Isidro Jimenes, los partidarios de Horacio Vásquez reaccionaron de inmediato y se fueron a la manigua con actitud defensiva quedando iniciada la “Guerra de la Desunión”.
Aunque según el historiador Domínguez:
El mismo día que Morales Languasco tomó posesión de la presidencia, el 24 de noviembre de 1903, tuvo que enfrentar la insurrección denominada "La Desunión". La protagonizaban los Jimenistas, quienes consideraban que era a ellos a quienes les correspondía gobernar. En los meses que duró la rebelión, los horacistas apoyaron a Morales Languasco, para evitar que Jimenes tomara el poder.”[2]
            Se conoce muy bien que siendo Ramón Cáceres el Vice-Presidente de la República en el gobierno presidido por el ex sacerdote Carlos Felipe Morales Languasco (24 de noviembre de 1903 - 24 de diciembre de 1905)[3], le fue asignada adicionalmente la Secretaria de Estado de Interior y Policía, porque Carlos Morales constituyó su Gabinete en fecha 19 de junio de 1904, y fueron sus Secretarios de Estado los señores: Ramón Cáceres en Interior y Policía; General Juan Francisco Sánchez, en Relaciones Exteriores; Lic. Pelegrín Castillo en Justicia e Instrucción Pública; Manuel Lamarche García, en Agricultura; Federico Velázquez Hernández en Hacienda y Comercio; general Epifanio Rodríguez en Guerra y Marina; Bernardo Pichardo en Correos y Telégrafos,[4] siendo Mon encargado por el presidente Morales, dadas sus funciones adicionales, para realizar la formación de una guardia civil denominada “Guardia Rural” creada el 9 de junio de 1905.  De hecho, la única firma ejecutiva que aparece en la “Ley de Guardia Rural” es la de Cáceres, quien dispuso la creación de un cuerpo civil con organización militar.[5]
            Cáceres alcanza la Presidencia, con malas artes, de manera formal, el 12 de enero de 1906 porque el poder lo ejercía siendo el Vice-Presidente de Morales Languasco.  Impone un estado de excepción cuando decide el 5 de enero de 1906 –Mon era Vicepresidente encargado del Poder Ejecutivo- suspender por medio de un Decreto las garantías constitucionales, y es bien sabido que ejerció el poder a fuerza de los palos, macanazos, planazos, culatazos y tiros.
            Inclusive expulsó del país a mediados de marzo de 1906 a los distinguidos ciudadanos: Arturo Zeno, Alberto Brador, Antonio Morales L., Candelario de la Rosa, Carlos Reinoso, Desiderio Arias, Domingo Antonio Mateo, Francisco Catrain, Francisco X. Arache, Juan Francisco Sánchez, Luis Bernard, Manuel de J. Pérez, Pedro Lázala, Pedro María Archambault, Pedro Peña, Ramón Almonte, Ricardo Martínez, Tomás Frías, y Juan Muñoz, estableciendo en su decreto que ellos “…no podrán regresar al país sin el correspondiente salvo-conducto.”  Y el pasaporte con el salvoconducto lo proveía Cáceres.
Durante los primeros meses de su gestión presidencial utiliza su Guardia Rural para enfrentar las guerrillas surgidas en la región noroeste.  Su consigna del momento fue: “Que no queden vivos ni los lagartos.”

II.  La segunda Guardia del presidente Cáceres.  Mon decide reorganizar sus recursos represivos y fusiona en un solo cuerpo a la policía urbana con la guardia rural naciendo la Guardia Republicana el 26 de junio de 1907.  Sobre este tema aconsejamos leer este título: “La Guardia Republicana o la Guardia de Mon”, siguiendo este enlace: http://notihistoriadominicana.blogspot.com/

III.  La tercera Guardia de Cáceres.  La “Ley de Guardia campestre” fue promulgada por el presidente Ramón Cáceres el 26 de junio de 1907 con el fin de favorecer a la oligarquía latifundista del país y a los ricos empresarios extranjeros dedicados al cultivo de caña y a la producción azucarera, es decir, haciéndose aliado de la sacarocracia oligárquica establecida en el país.

IV.  Jerarquización y vestuario distintivo del ejército. Otra Guardia del gobierno de Mon.  Fue el día 27 de junio de 1907, cuando el Congreso de bolsillo de Ramón Cáceres llamado “Congreso Nacional” –un sello gomígrafo en sus rústicas manos de ganadero o criador de reses - aprueba un reglamento para la Secretaria de Guerra Marina sobre Jerarquía militar y uniforme para el ejército de mar tierra, las fuerzas regulares con organización castrense y encuadramiento militar.  Esta ley, que comentaremos en otra ocasión es un claro ejemplo de cómo Cáceres hizo uso del ejército tradicional y de la marina de guerra en su ejercicio del poder.

V.  Fondos para la ampliación de la Guardia Republicana.  El 20 de septiembre de 1907 se apropia de fondos públicos para destinarlos a la ampliación de su Guardia Republicana.  La Resolución del Congreso Nacional decía: “Votar, a cargo de los ingresos generales del Fisco, un crédito de ciento un mil quinientos  veinte pesos, para la organización de cuatro compañías de la Guardia Republicana.”
            Con el tiempo, esta guardia se hizo una institución policial, de hecho, y de derecho, porque se sabe que el Presidente Cáceres hizo definir una dependencia orgánica de la Guardia Republicana con la Secretaria de Estado de Interior y Policía, a tales fines, por medio del Decreto número 4864 del 19 de octubre de 1908, estableció que “La facultad que le da el artículo 14 de la Ley de la Guardia Republicana a la Secretaria de Estado de Guerra, debe limitarse normalmente, a su organización interior del Cuerpo, a1 armamento, a la policía judicial militar y a la supervigilancia ejercida sobre los militares ausentes de su Cuerpo; y, anormalmente, A todos los casos expresados en el artículo 14 de dicha Ley en los lugares en que el orden público por causa de guerra se hubiere alterado.”
            Y el citado Decreto expone en su artículo 2º.: “La Guardia Republicana depende, de acuerdo con el artículo 15 de la referida Ley, como Cuerpo Policial que es, únicamente de la Secretaria de Estado de lo Interior y Policía, con excepción de los diferentes casos normales o anormales a que hace referencia el artículo anterior.”

VI.  La cuarta Guardia de Cáceres.  A fines del año 1910, el Dictador Cáceres decide revivir una ley de Guardia Nacional del 15 de mayo de 1876, y a tales fines decide promulgar el decreto Núm. 4972 del 29 de diciembre de 1910 sobre la formaci6n de la Guardia Nacional y el otorgamiento de grados.  La otra Guardia de Mon.

VII.  La policía de Cáceres: La quinta Guardia.  Asimismo el Presidente Cáceres crea en marzo de 1911 una poderosa fuerza policial usando como base legal una nueva “Ley de Policía”, que consta de 10 capítulos y 108 artículos que analizaremos y comentaremos en otra entrega.

            Como queda evidenciado, fueron CINCO las “GUARDIAS” creadas por Ramón Cáceres, aparte de las fuerzas regulares tradicionales que fueron reorganizadas durante su gestión de gobierno a inicios del siglo pasado.



[1] Langlois, C. V. y Seignobos C.  Introducción a los estudios históricos.  Editorial La Pléyade.  Buenos Aires, 1972.
[3] Su renuncia efectiva ante el Congreso fue el 12 de enero de 1906 (nota de Francisco Berroa).
[4]. Fuente: 58 Congress, 2d. Session, House of Representatives, Doc. No. 458, Part. 7, Whole No. 130, Vol. XVII.  No. 1.  Monthly Bulletin of the International Bureau of the American Republics.  International Union of American Republics. July, 1904.  Washington, D.C., USA, Governent Printing Office.  1904. PP. 86-87.
[5] República Dominicana.  Colección de Leyes y decretos. Ley Núm. 4576 que crea la Guardia Rural.-G. 0. Núm. 1597 del 10 de Junio 1905.

Wednesday, May 27, 2020

LA GUARDIA REPUBLICANA O GUARDIA DE MON

NOTIHISTORIADOMINICANA
Presidente Ramón Cáceres (1906-1911)
Guardia Republicana.  Puerto Plata, 1910.


Por Francisco M. Berroa Ubiera
Historiador
 
Efectivos de la Guardia Republicana marchando por la calle El Conde

Hoy, 27 de mayo de 2020, se cumplen 113 años de que el Congreso Dominicano presidido por Ramón Ovidio Lovatón Mejía hiciera la aprobación de la ley No. 4793 de 1907, por medio de la cual se creó la denominada “Guardia Republicana”, mejor conocida como la “Guardia de Mon” dado el hecho de que el presidente dominicano en ese momento lo era Ramón Cáceres Vásquez (Mon), quien promulga dicha Ley en fecha 26 de junio de 1907 después de haber sido debidamente refrendada por el Ministro de Interior y Policía don Manuel Lamarche García, haciéndola publicar en la Gaceta Oficial Núm. 1803 del 10 de Julio 1907.

            Esta ley se halla dividida en seis capítulos y consta de un total de 43 artículos, incluyendo algunas disposiciones transitorias.

            Se conoce que en el país existían una “Guardia Rural” y una “Policía Gubernativa” a nivel urbano.  Por medio de la “Ley de Guardia Republicana” fueron fusionadas la fuerza policial urbana y la tosca guardia rural en un solo cuerpo denominado “Guardia Republicana”.

            Según el artículo 1º. De la Ley Núm. 4793, dicha Guardia “…es una fuerza instituida para vigilar por la seguridad pública y para asegurar el mantenimiento del orden y la ejecución de las leyes. Una supervigilancia continua y represiva constituye la esencia de su servicio.”  Era, por lo tanto, más que una fuerza militar, una fuerza policial interna represiva que ejercía funciones marciales.

            Desde el punto de vista de su estructura la Guardia estaba constituida “por una plana Mayor con los batallones que anualmente fije la Ley de Gastos Públicos.”(Artículo 2º), y dicha “… Plana Mayor de la Guardia Republicana se compondrá de un general de Brigada, Jefe Superior, un Coronel, segundo jefe; dos Coroneles, jefes de regimiento; dos Comandantes, ayudantes; un Alférez, Secretario; y un Corneta de Ordenes.” (Artículo 3º)

            La Guardia como tal dependía de dos ministerios: el de Guerra y Marina y el De Interior y Policía.  Con relación al segundo, ejercía funciones policiales y de vigilancia sobre los individuos que habían sido enjuiciados y condenados, etc. , para garantía de la seguridad y del orden público.

            Originalmente estuvo compuesta por dos batallones, pero luego fueron creadas cuatro compañías.  A tales fines fue promulgada la Resolución del Congreso Nacional Núm. 4809 de fecha 20 de septiembre de 1907, que apropia fondos para la organización  de la Guardia Republicana, otorgando un crédito de R.D. $1,520.00 destinados para la creación de las cuatro nuevas compañías.


Guardia Republicana.  Santiago, 1908.


Saturday, August 10, 2019

La muerte de Eugenio María de Hostos en Santo Domingo

NOTIHISTORIADOMINICANA

Por:
Francisco M. Berroa Ubiera
Historiador

El educador puertorriqueño don Eugenio María de Hostos murió en Santo Domingo el 11 de agosto de 1903 viviendo en la más absoluta pobreza.  Ni siquiera tenía una casa propia dónde vivir, razón por la cual salió a caminar por la ciudad muy temprano para buscar una casa de alquiler el día 24 de abril de 1903.
            En esa búsqueda recorrió algunas calles de la ciudad de Santo Domingo, y ese mismo día escribió en su Diario estas líneas:
«Ayer, yendo en busca de casa de alquiler, recorrí algunas calles de la ciudad. Me dejaron la impresión de lugares desolados: poca gente transitando; muchas de ellas con armas en las manos, y algunas miradas torvas.»
«Que eso suceda entre gentes sin cultura, armada para satisfacer hambres y pasiones, nada extraño; pero que yo mismo, poco después, conversando con un casi extraño, pudiera mostrarme tan apasionado, aunque era pasión de bien descargándose igualmente sobre todos, eso sí que es extraño.»[1]
            El maestro reflexiona y escribe:
«Pero vistas de cerca las causas de las miradas torvas de los incultos y la causa del sañudo apasionamiento de los apasionados del bien, tan naturales son las unas como las otras causas. Es que en un tal medio social, actúa con tal fuerza la sensibilidad orgánica, u obsta a la sensibilidad psíquica una tal fuerza de presión social, que los unos, la inmensa mayoría, exhalan neurosidad y los otros, los poquísimos, tienen que redoblar con esfuerzos nerviosos la fuerza de razón y de conciencia que se gasta y se desgasta contra la pasividad que tienen para el bien las multitudes obsesionadas por la tradición de odios y sangre». [2]
«Yo mismo, que no he hecho en este pobre país otros esfuerzos que los indispensables para vencer la apatía de las gentes e inducirlas a combatir contra la ignorancia, yo mismo me siento rodeado de animosidades. A poco de regresar descontento de la calle, una de las madres de antiguos normalistas me mando a decir que me fuera cuanto antes para Cuba. El porqué de aquella urgente recomendación era que había oído decir a individuos cualesquiera que pasaban por delante de la Escuela Normal, en donde he tenido que acogerme [a vivir con su familia]: “Deberían obligarlo a salir de ahí.»[3]
            Otro día el maestro se quejaba de la indolencia de los gobiernos para pagarle sueldos atrasados, diciendo:
«Esa causa de natural y aun urgente resolución para un padre de familia es la negligencia que todas las administraciones muestran en pagarme: la de Jimenes quedo debiéndome tres o cuatro mensualidades; la de Vásquez, dos o tres, después de haberme rebajado en un treinta y tantos por ciento un sueldo que era de ley. Esta [Woss y Gil] comienza por rebajarme en treinta por ciento el ya rebajado sueldo, y por no pagarme ni un solo día de los ya pasados desde el donoso decreto en que se somete a ración o pago diario el sueldo de los civiles, como el de los militares.»[4]
            De Hostos se refiere luego a las promesas que personalmente le hizo el presidente Alejandro Woss y Gil para resolver el problema de su salario, y al intercambio epistolar que sostuvieron, en donde el maestro llegó a decirle al presidente que: «Aquí hay gentes que opondrán cualquier cosa, y de cualquier modo a mis deseos de reforma.»
            Y luego dijo: «En resumidas cuentas, nunca se llega a cuentas con estos políticos. El presidente de hoy hará lo que el de ayer y lo que el de antes de ayer[5]
            El 16 de mayo de 1903 Hostos visita al Ministro Enrique Henríquez para que se hiciera cargo de sus créditos en contra del estado a cambio de una suma que le alcanzara para viajar a Cuba.  Este le dijo con palabras y números que era imposible.
            Más adelante Hostos diría: «Yerba es lo que necesitan nuestros pueblos», refiriéndose a los de nuestro origen en América.
            Y luego agrega:
«No yerba en forma de colonización y de educación”, como allí dije: lo que necesitan nuestros  pueblos, además de colonización para darles ejemplo de trabajo y orden, y además de educación, para iluminarles la conciencia, es don de gentes para esclarecer el que ellos tienen, y ciencia de buen gobierno para poner a producir riqueza moral en esta almas sociales, que, al fin y al cabo, son como estos suelos nacionales: todo riqueza en bruto.»
            El 1ro de junio llega el día de las elecciones y don Eugenio escribe:
«El sábado por la noche fue primer día de la diversión electoral. Comenzaron los comités electorales a funcionar, y entre cohetes, comparsas, música para el acompañamiento y discursazos se dio principio a la repetición de la comedia que se ha estado representando en el país desde que él es él.»
            Otro día se quejaba del dolor que sentía en las piernas y en la ingle o dolor inguinal, posiblemente ocasionado por la gran distancia que tenía que caminar diariamente, algunas veces bajo copiosa lluvia y transitando por caminos polvorientos o enlodados. Desde donde vivía en una estancia en las proximidades de Güibia el maestro Hostos debía caminar cada día cuatro veces el mismo trayecto: dos en la mañana y dos en la tarde, para ir y regresar de la casa a la escuela.
            En el trayecto se alegraba viendo volar las mariposas multicolores y respirando aire puro de la campiña o los olores salitres que del mar le llegaban.
            De esa manera la vida se le iba poco a poco trabajando y amando este pueblo dominicano.  Los sacrificios que hacía no le importaban, y escribía en su intimidad: Dice haberle comunicado a un hijo de Enrique Henríquez que persistía en su idea de abandonar el país porque:
«1. En que es inútil mi permanencia en un país a donde sólo me trajo la esperanza de hacerle el bien que yo compendio en la idea de la colonización y la educación; 2. A la guerra abierta o solapada que me han hecho algunos de los llamados notables del país; 3. En el sitio por hambre a que me han reducido[6]
            Aquí lo tenemos enterrado y olvidado en sus ideas. Sabemos que se quiso marchar pero sus precarias condiciones económicas lo impidieron.
            Poco antes de morir entre nosotros hizo este soliloquio:
«…Al fin y al cabo, dice razón la voz que de continuo razona en mi conciencia la necesidad de alejarme de un país en donde ya no se sirve para el bien.»
«La creciente convicción de la imposibilidad de hacer ninguno de los bienes que yo quería para este pobre querido país, me patentiza la necesidad de arrancarme de él; pero lo quiero tanto, y me he arraigado tanto en él la costumbre de vivir en su oscuridad, que me va a costar trabajo arrancarme de él. Por eso, y porque conviene que mi pobre familia salga de este medio, aunque sin mí, hasta a proyectar he llegado el modo de quedarme a trabajar aquí para que ella pueda vivir en otra parte[7]
            El 6 de agosto de 1903 escribió en su diario por última vez. Falleció pocos días después en Santo Domingo, hastiado y cansado, el 11 de agosto de 1903.
            Don Pedro Henríquez Ureña definiría su estadía en la República con estas palabras:
« Volvió a Santo Domingo en 1900, a reanimar su obra. Lo conocí entonces: tenía un aire hondamente triste, definitivamente triste. Trabajaba sin descanso, según su costumbre. Sobrevinieron trastornos políticos, tomó el país aspecto caótico, y Hostos murió de enfermedad brevísima, al parecer ligera. Murió de asfixia moral.»[8]
.


[1] Eugenio María de Hostos. Obras completas: Ed. conmemorativa del gobierno de Puerto Rico, 1839-1939.Editor             Cultural, s. a., La Habana, 1939. Vol. II. Diario. P. 394.

[2] Eugenio María de Hostos. Obras completas: Ed. conmemorativa del gobierno de Puerto Rico, 1839-1939.Editor              Cultural, s. a., La Habana, 1939. Vol. II. Diario. PP. 394-395.
[3] Ibídem, P. 395.
[4] Ibídem.
[5] Ibídem.
[6] Ibídem. P. 400
[7] Ibídem. P. 402.
[8] Eugenio María de Hostos. Antología. Prologo por Pedro Henríquez Ureña, selección, arreglo y apéndice por Eugenio Carlos de Hostos. Imprenta, Litografía y Encuadernación J u a n  B r a v o, 3 Madrid, 12 de octubre de 1952. P. 18

Monday, July 15, 2019

La Muerte de Juan Pablo Duarte Diez y su fotografía



NOTIHISTORIADOMINICANA
Por: Francisco Berroa Ubiera
Historiador



Nuestro dilecto amigo, el historiador y profesor Filiberto Cruz Sánchez escribió estas líneas en su portal de Facebook en fecha 15 de julio del 2019:
DUARTE MURIÓ EL 16 DE JULIO. Algunos medios impresos y ciertos periodistas dominicanos, repiten cada año, sin indagar nada, que el general Juan Pablo Duarte, nuestro único Padre de la Patria, murió en Caracas, Venezuela, el 15 de julio de 1876, repitiendo de ese modo un desliz de su devota hermana Rosa Duarte que, al igual que mucha gente de su tiempo, pensaba que los días iniciaban con la "salida" del Sol. Hoy sabemos que los días empiezan a las 12:01 A. M. y que el ilustre General murió EN LA MADRUGADA del 16 de julio de 1876.”[1]
            Sobre la muerte de Juan Pablo Duarte se sabe que se produce después de varios días de agonía hallándose el patricio instalado en una casa propiedad de su tío Mariano Díez, ubicada en la Parroquia de Santa Rosalía, entre las esquinas de Pájaro y Zamuro, No. 54. en compañía de sus hermanas más queridas: Rosa y Francisca, y que su deceso se registra en la madrugada del 15 de julio de 1876 siendo las 3:00 de la mañana.  Rosa Duarte hizo constar la hora y el día en su diario.  Pero ella no fue la única en dejar constancia de su fallecimiento.
            Su Acta Civil de Defunción de fecha 15 de julio de 1876 es como sigue:
Registro Principal, Caracas. Parroquia de Santa Rosalía. Defunciones 1876, Acta N° 106, Folio 28.
Miguel Piña, primera autoridad civil del municipio de Santa Rosalía hago constar: que hoy quince de julio de mil ochocientos setenta y seis se ha presentado ante mi Vegas Fernández y Compañía, industriales y vecinos de la Catedral, manifestando que ha fallecido el GENERAL JUAN PABLO DUARTE, hoy a las tres de la madrugada entre las esquinas de Zamuro y El Pájaro; de las noticias que he podido adquirir aparece que el finado tenía sesenta años de edad, soltero, industrial y natural de la República de Santo Domingo e hijo legítimo de Juan José Duarte y Manuela Díez, difuntos.- El Jefe Civil M. Piña- E. Secto. Andrés Socarrás”[2]

            Además, El Diario de Avisos de Caracas, en su edición vespertina, de fecha 15 de julio de 1876, publicó la siguiente noticia:
Ha fallecido el Jeneral (Sic.) JUAN PABLO DUARTE, Caudillo de la Independencia Dominicana; y sus deudos y amigos que suscriben esperan de usted los acompañe a la inhumación del cadáver mañana a las 9 a.m. en la P. de Santa Rosalía. Caracas, julio 15 de 1876. Manuel Duarte, Enrique Duarte, José Ayala, Pdo. Francisco Tejera, Dr. Federico Tejera, A. S. de Vizcarrondo, Francisco Tejera, Marcos Guzmán, Felipe Tejera, Miguel Tejera, Andrés Tejera. Entre el Zamuro y el Pájaro.”[3]
Otra necrología escrita por don Félix María Delmonte fue publicada en el periódico El Observador número 5, Santo Domingo, sábado 29 de julio de 1876, cuyo texto reproduzco a continuación:
“JUAN PABLO DUARTE (NECROLOGIA)”
“El vapor venezolano Caracas nos trajo la infausta noticia del fallecimiento de ilustre compatriota el general D. Juan Pablo Duarte y Diez, acaecido en la cuidad de Caracas.”
“Dedicado desde sus más tiernos años al estudio y la meditación, aquel joven alma libre y entusiasta no pudo resignarse a vivir tranquilo al ruido de las cadenas de la patria. La idea de libertarla del yugo de Haití llegó a ser su único pensamiento; y a él lo sacrificó todo.”
“Infatigable en su propósito inició un número de amigos que ejercieron con su difícil apostolado: de levantar el ánimo de un pueblo subyugado y empobrecido durante veintidós años, y custodiado por las hordas feroces que la tradición de crímenes horrendos hacían más y más temibles.”
“Brilló por fin la aurora del 27 de Febrero de 1844, cuyo éxito colmó la noble aspiración de aquel patriota desinteresado, que no soñó jamás con otra gloria que con la de lavar la mancha de la ocupación y afrenta de su país.”
“Sin embargo: una parte de éste quiso por gratitud elegirle como su primer magistrado. El hombre de la idea redentora, era muy capaz de haber dado dirección a la cosa pública. El llevaba en su mente aquella creación política, encarnación feliz de sus largos ensueños, y sólo el por aquel entonces hubiera podido imprimir a la Revolución de Febrero el sello de su magnífica concepción, e impedido sus primeros desvíos y sus posteriores claudicaciones. El solo conato de aquella elección le valió un decreto de muerte conmutado en el de su destierro y de su familia: destierro que para ésta lleva la larga fecha de treinta años; y para él. . . la de toda la vida, exornado con la miseria, el desdén, la calumnia y la muerte en la tierra hospitalaria!!!”
Como el general Duarte brilló semejante a un meteoro, desapareció enseguida, puede decirse que era para esta generación un personaje casi extraño. Más aun: un ser a quien los odios políticos y la hiel de la persecución que todo lo envenenan, se propusieron hacer aparecer cubierto con el ridículo, para cercenar su gloria y empequeñecer la obra gigantesca de haber realizado sin recursos en 1844 lo que en 1824 fue de todo punto imposible a una generación en opulencia y que rebasaba en elementos de toda especie.
“Así pues, la juventud actual no ha podido tener puntos de contacto con el hombre de abnegación y sacrificio a quien la patria debe su existencia política y el puesto que ocupa entre los pueblos libres de América; porque no tuvo la ocasión de apreciar por sí misma la extensión de su talento y sus relevantes cualidades; y porque sólo ha podido aprender a juzgarle a favor de los relatos de enconados enemigos y de émulos envidiosos, empeñados en presentarle como un hombre sin mérito alguno, como una verdadera momia.”
“Pero a despecho de unos y otros, el general Duarte crecerá con los tiempos, mejor dicho, se elevará a sus verdaderas proporciones de héroe tallado a la antigua; y la posteridad, más justa siempre con los grandes hombres (porque no le importuna su presencia) concederá a su memoria el tributo de admiración y respeto que con tanto tesón le negaron sus contemporáneos.”
“Las grandes iniciaciones son siempre dolorosas; porque por una ley fatal entrañan el sacrificio del iniciador. Eso aconteció a nuestro ilustre conciudadano, para quien pedimos al Dios de justicia el eterno reposo de su alma pura y desinteresada.”
Año 1876”
            El doctor Federico Tejera certificó que Duarte murió de Tisis, en Caracas el 16 de julio de 1876.
Don Manuel de Jesús Galván a la sazón Ministro de Relaciones Exteriores escribió en la Gaceta Oficial del año 1876 lo siguiente: “...la historia al formar juicio sobre los actos de tan insigne patriota, no encontrará en toda su existencia, bien que fecunda y trascendental como pocas, ni una gota de sangre, ni una mancha de lodo.  Su memoria tiene derecho absoluto a las lagrimas y a la veneración de todos los dominicanos.”
Su entierro se produjo al día siguiente de su muerte, en 16 de julio de 1876 exactamente a los 38 años de fundar la organización política que liberó la nación de la dominación haitiana.
Sus restos mortales fueron enterrados en el Cementerio General del Sur, conocido para entonces como Tierra de Jugo.
Este camposanto había sido inaugurado por el Presidente Guzmán Blanco, seis días antes de su muerte. En la Oficina de Registros de dicho cementerio se halla su Acta de Inhumación registrada en el Libro de Actas 1, Folio 2 Vto., N° 23, del año 1876. (Frías Gálvez 1976: 17). Textualmente, dice así:
Julio 16. En esta fecha fue presentada a esta Oficina una papeleta de inhumación autorizada por el Señor J. B. Ochoa, actuario de la Jefatura Civil del Municipio de Santa Rosalía, por la cual consta que ayer á las tres de la madrugada falleció el adulto Juan Pablo Duarte entre las esquinas del Zamuro y el Pájaro, y que según certificación del Doctor Federico Tejera murió de tisis pulmonar. Firman: El Administrador. S. Quintero. El Adjunto. Manuel Yrazabal.”[4]
A los pocos días de su sepelio apareció una necrología de Juan Pablo Duarte escrita por el distinguido prócer puertorriqueño don Andrés Salvador de Vizcarrondo y Ortiz de Zárate el 17 de julio, luego publicada en el Diario de Avisos de Caracas el 24 de julio de 1876, sublimizando y elevando a su amigo antillano.

Tras su entierro, se ha dicho que:
“Rosa y Francisca atendían con amoroso cuidado la tumba de su hermano, al que consideraban un santo, y juzgaban sus restos "como una reliquia santa que las protegía, inspirándoles valor y resignación para llevar con dignidad y heroísmo su penuria y su martirio”': Así permanecieron las cosas hasta que a los ocho años de su muerte, en el 1883, el Gobierno Dominicano dispuso el traslado de sus restos a la Patria. Las Duarte se sintieron felices, y vieron en eso, una intervención de la Providencia que hizo a los "magistrados dominicanos abrir el libro de los inmortales para escribir en sus páginas la gloriosa apoteosis de uno de sus más preclaros hijos”.[5]
Cuando los comisionados del gobierno dominicano presidido por el general Ulises Heureaux fueron a Venezuela con el fin de repatriar los restos del general Juan Pablo Duarte, señores: Álvaro Logroño y José Francisco Pellerano, ellos encaminaron sus pasos a la residencia del general independentista puertorriqueño don Andrés Salvador Vizcarrondo quien vivía en Caracas en condición de exiliado político, como Duarte, y ambos se habían convertido en amigos entrañables.
El general independentista puertorriqueño Don Andrés Salvador de Vizcarrondo fue el líder militar de la primera conspiración independentista puertorriqueña, la del Regimiento de Granada acaecida en San Juan de Puerto Rico de 1838, y quien luego formó parte de la Revolución de Lares del 23 de septiembre de 1868 para liberar a Puerto Rico del colonialismo español.
Una vez le fue informada la misión de los comisionados, tras el papeleo burocrático necesario para la inhumación, el general Vizcarrondo, con su barba blanca y caminando con pasos lentos pero firmes, los guió y acompañó hasta el cementerio de Tierra de Juego, en el paraje Del Valle de Caracas en donde los restos de Duarte habían sido inhumados, correspondiéndole también contemplar su  exhumación, en 1884, de su inolvidable amigo y compañero de armas en la empresa de la independencia de las Antillas.
Y una vez fueron “Extraídos los restos del cementerio de Tierra de Jugo, se colocaron en una urna, y en la iglesia de Santa Rosalía, se celebró un servicio fúnebre en memoria de Duarte. La comisión dominicana presidió el duelo y al acto religioso asistieron diversas autoridades venezolanas.”[6]
Sus restos sacrosantos retornaron en una urna cineraria traídos de La Guaira en la goleta Leonor el 25 de febrero de 1884 por una comisión compuesta por los señores José Francisco Pellerano y Álvaro Logroño.  Al llegar los restos a Santo Domingo, el Ayuntamiento en pleno se trasladó al muelle del Ozama, donde los recibió de manos de la comisión que los trajo de Caracas.”
Antes de morir el patricio expresó: "Dios ha de concederme bastante fortaleza para no descender a la tumba sin dejar a mi patria, libre, independiente y triunfante".[7]  Corresponde a las nuevas generaciones responder a estas expectativas del padre de la nación dominicana.
Se conoce bien que una vez los restos del Patricio fueron sepultados en la Capilla de Inmortales en la Catedral Primada de América. Allí se celebró una Apoteosis donde se le rindieron grandes honras y honores.[8]
La imagen de Duarte en blanco y negro.


Dos años antes de su partida definitiva (en 1874) el fotógrafo venezolano Próspero Reyes captó con su cámara un rostro desgastado por los años y la tisis.  Posiblemente esta es la única fotografía del patricio.  Se observa un Duarte, en blanco y negro, de rostro enjuto; luce triste, melancólico, demacrado, y apagado; sus orejas son grandes como sus vuelos; su bigote espeso y abundante; como muestra de orgullo y de amor propio cubrió su calvicie con su propio pelo; era su cuello delgado y corto, sus hombros caídos, ojos profundos, perdidos, con párpados desplomados, con su frente amplia, mostrando sus huesos frontales, sin manchas y sin odios, era un hombre limpio aunque casi cadavérico.
            De Juan Pablo Duarte no se conocen otras fotografías aunque existe una amplísima iconografía duartiana, destacándose entre ellas la pintura de un Duarte joven hecha de memoria por Alejandro Bonilla, aprobada por su ex-novia, la señorita María Antonia Bobadilla (otra novia de Duarte fue Prudencia Lluveres, hermana del general Félix Mariano Lluveres.
            Además son bien conocidas las pinturas hechas por Luís Sanz (1890), Abelardo Rodríguez Urdaneta (1926), y Radhamés Mejía (1975)


Bibliografía mínima y referencias:
Ayala Lafée, Cecilia, Werner Wilbert, Ariany Calles.  Juan Pablo Duarte en la Venezuela del siglo XIX : historia y leyenda [texto] / – 1a. ed. – Santo Domingo : Banco Central de la República Dominicana, 2014.

Cruz Sánchez, Filiberto. DUARTE MURIÓ EL 16 DE JULIO.  Recuperado de https://www.facebook.com/filiberto.cruzsanchez?epa=SEARCH_BOX.

Patín Veloz, Enrique.  La muerte de Duarte.  Revista Proyecciones 19. Junta Central Electoral. Junio, 1970.

Pedro L. Bergés Vidal  Cronología de Duarte.  Tena Reyes, Jorge.  Duarte en la historiografía dominicana. Recopilación y notas bio-bibliográficas: Jorge Tena Reyes.  Índices Bibliográfico, Onomástico y de Materia: José Alcántara Almánzar.  SEEBAC.  Taller. 1976.

Tena Reyes, Jorge.  Duarte en la historiografía dominicana. Recopilación y notas bio-bibliográficas: Jorge Tena Reyes.  Índices Bibliográfico, Onomástico y de Materia: José Alcántara Almánzar.  SEEBAC.  Taller. 1976.




[2] Ayala Lafée, Cecilia, Werner Wilbert, Ariany Calles.  Juan Pablo Duarte en la Venezuela del siglo XIX : historia y leyenda [texto] / – 1a. ed. – Santo Domingo : Banco Central de la República Dominicana, 2014. P. 112.

[3] Ayala. Ibíd.
[4] Ayala. Ibíd. P. 113
[5] Patín Veloz, Enrique.  La muerte de Duarte.  Revista Proyecciones 19. Junta Central Electoral. Junio, 1970.
[6] Patin Veloz, Enrique, Ibídem.
[7] En: Espaillat, Ulises Francisco: opus cit., pp. 403-404.
[8] Ayala. Ibíd.