Tuesday, August 16, 2022

Significado del Grito de Capotillo 159 años después

NOTIHISTORIADOMINICANA



 Por:  Francisco Modesto Berroa Ubiera

Historiador



Hoy se cumplen 159 años del Grito de Capotillo.  Así se denomina a la segunda rebelión armada de los dominicanos en contra del colonialismo español ocurrida en el cerro David -luego nombrado Capotillo- el 16 de agosto de 1863, dando inicio a la guerra restauradora (1863-1865).

 Aunque muchos entienden que la palabra grito solamente significa “voz muy esforzada y levantada” o “expresión proferida con alta voz”, según el diccionario de la RAE también significa: “manifestación vehemente de un sentimiento general”, y casi nadie sabe que hace un siglo y medio grito significaba “insurrección armada o rebelión armada”, que es el significado que tiene esta palabra cuando se dice Grito de Capotillo en República Dominicana, o Grito de Lares en Puerto Rico, o Grito de Yara en Cuba, o Grito de Dolores en México, para solo poner tres ejemplos sobre su uso similar en otros países.

La historia del movimiento de liberación nacional dominicano a partir del Grito de Capotillo (16 de agosto de 1863), es larga e intensa, aunque, en resumen: José Cabrera mantuvo llameante la antorcha de la libertad con sus acciones guerrilleras en el paraje que hoy lleva su nombre: Loma de Cabrera, y mucho antes del conato de Capotillo, Santiago Rodríguez, Benito Monción y otros patriotas habían mantenido viva en la denominada línea Noroeste -con el apoyo de los vecinos haitianos-, la esperanza de reconquistar la independencia perdida.

Sin lugar a dudas, la guerra restauradora fue el evento histórico-político-militar de mayor trascendencia en el siglo XIX, y en su desarrollo militar se produjeron innumerables batallas y combates, todos dignos de ser divulgados a los pueblos del mundo como ejemplos de heroísmo de los dominicanos, sin embargo, en apego a la verdad histórica, hubo dos batallas que fueron las decisivas:

1o. La batalla de Santiago.  Las tropas nacionalistas lograron el rápido control de varias poblaciones del Cibao: Moca, San José de Las Matas, San Francisco de Macorís y La Vega, iniciándose la batalla por el control de la ciudad de Santiago de los Caballeros -batalla de Santiago-, en 6 de septiembre de 1863.

En esta importante batalla el general Gaspar Polanco, después de haber estado al servicio de los españoles, como parte de las Reservas Dominicanas, dirigió un contingente de 6,000 hombres, distribuidos en los cantones de El Meadero, La Otra Banda, Marilópez y Gurabito, armados con lanzas, fusiles antiguos, varios trabucos, sables, y la mayoría con machetes y garrotes, lograron derrotar al general español Manuel Buceta -el carnicero de la isla de Ceuta-, y a sus asistentes, los oficiales dominicanos generales José Hungría y Antonio Abad Alfau, y a sus tropas.


Los partidarios de España, primero aislados en el fuerte San Luís y luego expulsados del mismo, aún tuviesen los patriotas que proceder a desplegar grandes esfuerzos fuera de la ciudad para impedir que los refuerzos españoles y de las reservas dominicanas a su servicio, procedentes de Puerto Plata, al mando de los generales Juan Suero y Mariano Cappa, con 2,500 soldados, recuperaran el control de la principal urbe cibaeña, siendo igualmente éstos enfrentados enérgicamente por los oficiales restauradores Juan Nuezi Lafit y Juan Bautista Latour al aproximarse a la ciudad.  Santiago fue incendiada posiblemente por órdenes del general Buceta, aunque el fuego se le ha atribuido a ciertas órdenes dadas por el general Gaspar Polanco a fin de impedir que los refuerzos procedentes de Puerto Plata tomaran su control.

2o. La batalla de Arroyo Bermejo. Esta se produjo en 29 de septiembre de 1863, próximo al sitio de San Pedro, en donde el general Gregorio Luperón al frente de 400 aguerridos guerrilleros -en su mayoría monteros dominicanos-, logró imponerse al general Pedro Santana, quien disponía de 1,600 soldados, cuando el traidor hatero intentaba implementar un plan de ataque mediante el cual cruzaría por las poblaciones de San Antonio de Guerra, San Juan Bautista de Bayaguana, Monte Plata, y Guanuma, para luego continuar hacía la loma del Sillón de la Viuda, en plena cordillera, desde donde pretendía caer de sorpresa sobre Cévicos y la villa de Cotuí, dando un golpe de mano que le permitiría avanzar hacía el resto de las poblaciones del Norte (Cibao), plan cuya ejecución final fue paralizado por Luperón al cortar la marcha de Santana con el apoyo de algunas tropas de hombres procedentes de La Vega, Moca, San Francisco de Macorís, Cotuí y otras poblaciones, y por ello, el general Santana, el orgulloso hatero, con sus tropas diezmadas se dio a la retirada, siendo perseguido por el joven y valiente general puertoplateño Gregorio Luperón, quien se distingue y realza mucho más presentándole combate al general Pedro Santana en San Pedro, y, luego en La Luísa -lugar próximo a Guanuma-, y luego en la misma Guanuma, contando Luperón con el apoyo en aquella zona de operaciones militares restauradoras de los valientes generales dominicanos Juan de Jesús Salcedo con 800 hombres reunidos en San Pedro -que es hoy un batey en estado ruinoso-, asimismo Luperón se hizo acompañar de José Chiquito, Marcos Adón y otros, con 400 macheteros, primero reunidos en Bayaguana, desde donde partieron a detener el avance de Santana hacía el Norte; Eusebio Manzueta con sus 300 indios en Yamasá, y José del Carmen Reinoso, Manuel María Castillo, Olegario Tenares, y Jesús Contín con 200 guerrilleros en Boyá; es decir con una fuerza bruta de 1,700 hombres, lograron imponerse a Pedro Santana, en aquella región, y en contra de quien existía un decreto que ordenaba su muerte dado por el gobierno restaurador y que el joven general Gregorio Luperón, contando con 23 años, quería fehacientemente ejecutar.

General Gregorio Luperón

General Pedro Santana


Por lo tanto, los triunfos de los restauradores en la zona próxima a Monte Plata se iniciaron entre el 30 de septiembre al 1o. de octubre de 1863, librándose varios combates entre el general Gregorio Luperón y Pedro Santana en los sitios de Arroyo Bermejo, San Pedro y Guanuma; pocos días después, en 4 de octubre de 1863, se produjeron algunos alzamientos en Samaná encabezados por Eusebio Núñez y José Chiquito, y en varias secciones de Hato Mayor e Higüey dirigidos por los generales Pedro Guillermo y Genaro Díaz, y otro alzamiento en San Juan de la Maguana encabezado por el general Durán, representando estos alzamientos un claro indicio de extensión regional del conflicto, y la perdida de terreno para los españoles.

Los mayores éxitos de las tropas encabezadas por el general Luperón comenzaron en 11 de diciembre de 1863 al ser ocupado un depósito de armas de Santana en aquella zona, obteniéndose para los rebeldes 500 armas, 60,000 tiros, 2 cañones, 70 mulos, 40,000 raciones y 300 prisioneros.

El general Gregorio Luperón de la misma manera se coronó de laureles en los combates de Sabana del Vigía (23 de enero de 1864); en la batalla de Bermejo en 3 de febrero de 1864 en Yerba Buena (11 de marzo de 1864); en el sitio de Paso del Muerto o del Tuerto, en el río Yabacao, afluente del Ozama (el Jueves Santo 19 de marzo de 1864), lugar donde el general Juan Suero fue herido de gravedad, muriendo esa misma noche, y también  en el combate de Los Llanos.

Precisamente, fue en marzo de 1864 cuando los realistas desalojaron Guanuma y Monte Plata, y Luperón, acompañado de Marcos Adón y de Eusebio Manzueta se estableció en las riberas del río Yabacao -afluente del Ozama-en el sitio denominado San Francisco del Higüero; desde el 2 de octubre de 1863 se desarrolla la actividad militar de Marcos Adón en Hato Mayor del Rey; Eusebio Manzueta tomaría luego el control de la población de Guerra en 23 de noviembre de 1864, y ocuparía El  Seybo en 16 de diciembre de 1864.

Posteriormente, el general Luperón, por ordenes del gobierno restaurador, seguiría la ruta La Vega, Bonao, Piedra Blanca, Rancho Arriba, El Maniel (hoy San José de Ocoa), Baní y Azua, para tomar el control de la región Suroeste, contando con la compañía de los guerrilleros sureños Marcos Adón, Santiago Mota, Ángel Feliz (a) Liberata, los hermanos Andrés, Benito y Timoteo Ogando, Olegario Tenares, Eusebio Manzueta y José María Cabral, pudiendo con estas fuerzas proceder a la sustitución del general Pedro Florentino en esa región, considerado por el general Manuel N. Rodríguez Objio un hombre "rapaz, sanguinario, cobarde e inepto", granjeándose el general Luperón el cariño, la admiración y el respecto de la población de Baní, por su cortesía militar y por la protección que le dispensó a los generales dominicanos Modesto Díaz y Demetrio Álvarez, y al Coronel Valera, todos de las Reservas Dominicanas al servicio de España.

En la región Sur también se distingue el general José María Cabral, quien se hallaba en Puerto Rico cuando se inició la guerra restauradora, pero ya avanzado el movimiento retornó al país, y derrotó a los españoles en los combates de La Canela, Neiba, y Fundación (1864).

Otro triunfo significativo fue la derrota y expulsión de Buceta de Puerto Plata (1863), lo que permitió usar la costa Norte como medio de contacto con el mundo exterior y para realizar las exportaciones de tabaco y otros bienes agrícolas, en los cuales descansó la economía del gobierno restaurador.

El costo de la Guerra para España.  Esta guerra le costó a España algo más 23,000 bajas, incluyendo más de 11,000 hombres fallecidos, y unos 35 millones de pesos.  Se considera que las perdidas del ejército español fueron causadas por la insalubridad, y por el contagio con diversas enfermedades tropicales.  En Las Antillas la fiebre amarilla diezmó los ejércitos invasores de franceses, ingleses y españoles.

La lucha restauradora: un ejemplo de guerra de guerrillas.  El cronista militar Adriano López Morillo entendió que la guerra restauradora dominicana era la típica "...guerra de emboscada, tiroteos, sorpresas, y [de] los ataques a los pequeños destacamentos, guerra propia de las Antillas...", y, ciertamente la guerra restauradora dominicana fue una guerra de liberación nacional, anticolonialista, popular, y revolucionaria, basada en la organización de un ejército no profesional, integrado principalmente por campesinos medios, y pobres, y éste ejército adoptó la forma de un ejército irregular, es decir, guerrillero, lo cual le garantizó su victoria.

Sobre este particular existe un circular del gobierno provisional restaurador en la cual se sienta la importancia de la acción guerrillera, es el Núm. 7 del 14 de septiembre de 1864, la que dice sobre la defensa de Santiago en sus artículos 3,4, y 5: "Que lo que se opone a la marcha de gruesos ejércitos, son ejércitos grandes también, y que las guerrillas nunca han podido impedir que un ejército llegue a un punto que se propone"; indicando a seguidas: "Que nosotros no podemos oponer al enemigo grandes masas, no tan sólo porque tropas sin disciplina no deben exponerse a dar batallas campales, cuanto porque nuestras fuerzas tienen que permanecer diseminadas en todo nuestro vasto territorio"; reconociendo que aunque un "sistema de guerrillas es insuficiente" para impedir la marcha del enemigo; es lo más eficaz en medio de las circunstancias de la guerra y lo único a nuestro alcance.

Nuestro prócer febrerista, el general Matías Ramón Mella, como miembro del Ministerio de Guerra del gobierno restaurador escribió unas interesantes instrucciones militares a los oficiales y soldados restauradores, cuya lectura pone en descubierto la capacidad militar excepcional de nuestro dos veces héroe nacional: el de febrero de 1844, y el de la gesta restauradora.  Mella escribió que para el éxito de nuestra guerra de guerrillas era necesario:

1. En la lucha actual y en las operaciones militares emprendidas se necesita usar de la mayor prudencia, observando siempre con la mayor preocupación y astucia [los pasos del enemigo] para no dejarse sorprender [por éste], igualando así la superioridad del enemigo en número, disciplina y recurso.

2. Nuestras operaciones deberán limitarse a no arriesgar jamás un encuentro general ni exponer tampoco a la fortuna caprichosa de un combate la suerte de la República; tirar pronto, mucho y bien, hostilizar al enemigo día y noche; interceptarle sus bagajes, sus comunicaciones, y cortarles el agua cada vez que se pueda, son puntos cardinales, que deben tenerse presente como el credo.

3. Agobiarlos con guerrillas ambulantes racionadas por dos, tres o más días, que tengan unidad de acción a su frente, por su flanco y retaguardia, no dejándoles descansar ni de día ni de noche, para que no sean dueños mas que del terreno que pisan, no dejándolos jamás sorprender ni envolver con mangas y sorprendiéndolos siempre que se pueda, son reglas de las que jamás deberá Ud. apartarse.

4. Nuestra tropa deberá, siempre que se pueda, pelear abrigada por los montes y por el terreno y hacer uso del arma blanca, toda vez que vea la posibilidad de abrirle al enemigo un boquete para meterse dentro y acabar con él; no deberemos por ningún concepto presentarle un frente por pequeño que sea, en razón de que, siendo las tropas españolas disciplinadas y generalmente superiores en número, cada vez que se trate de que la victoria dependa de evoluciones militares, nos llevarían la ventaja y seriamos derrotados.

5. No debemos nunca, nunca dejarnos sorprender y sorprenderlos siempre que se pueda y aunque sea un solo hombre.

6. No dejarlos dormir ni de día ni de noche, para que las enfermedades hagan de ellos más estragos que nuestras armas; este servicio lo deben hacer solo pequeños grupos de los nuestros, y que el resto descanse y duerma.

7. Si el enemigo repliega, averígüese  bien, si es una retirada falsa, que es una estratagema muy común en la guerra; si no lo es, sígasele en la retirada y destaquen guerrillas ambulantes que le hostilicen por todos lados; si avanzan hágaseles caer en emboscada y acribíllese a todo trance con guerrillas como se ha dicho arriba en una palabra, la guerra de manigua y de un enemigo invisible.

8. Cumplidas estas reglas con escrupulosidad, mientras más se separe el enemigo de su base de operaciones, peor será para él; y si intentase internarse en el país, más perdido estará.

9. Organice usted donde quiera que esté situado, un servicio lo más eficaz y activo posible de espionaje, para saber a todas horas del día y de la noche el estado, la situación, la fuerza, los movimientos e intenciones del enemigo.”

Monday, May 17, 2021

Juan de la Cruz afirma que en 1821 la parte Este de nuestra Isla tenía 15 mil almas.

NOTIHISTORIADOMINICANA



Por:
Francisco M. Berroa Ubiera
Historiador


El profesor Juan de la Cruz o Juan Guerrero de la Cruz, de la Escuela de Historia y Antropología de la Facultad de Humanidades de la UASD y docente de otras universidades, ex Director del Instituto de Historia, profesor de posgrado y coordinador de maestrías, galardonado con el Premio Anual de Historia José Gabriel García en el 2017, entrevistado por la periodista Patricia Pérez en su programa «República de la Verdad» en fecha 26 de febrero de 2020, programa que se transmite por RNN Canal 27, y que se halla colgado en You Tube por medio del siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=GNcZP1hfukI



En dicha entrevista, refiriéndose el entrevistado a la Independencia dominicana proclamada por el Doctor José Núñez de Cáceres el día primero de diciembre de 1821, manifestó lo que sigue:

«Se concretiza el proyecto de independencia, en primer momento, pero hubo algunas circunstancias que no permitieron la consolidación de este proceso, entre eso el hecho de no abolirse la esclavitud, que afectaba a cerca de 10,000 esclavos, que vivían en la parte oriental de la Isla de Santo Domingo

Tras oír esta declaración la periodista Patricia Pérez le pregunta:

«-¿De una población de cuánto?  Aproximadamente...»

Y la respuesta del entrevistado Juan de la Cruz no se hizo esperar:

«-Estamos hablando de que en ese momento la población no pasaba de 15,000 personas...»

Ante esa afirmación del entrevistado la periodista Pérez dijo:

«-Ah... pero eran todos [esclavos] entonces, si 10,000 eran esclavos, eran todos...»

El profesor Juan de la Cruz rápidamente le reitera:

«-La población no pasaba de 15,000 personas, como mucho a 18,000 personas, entonces eso significaba que más de la mitad de la población estaba en condición de esclavitud.»

Debo afirmar que la respuesta del académico es totalmente errónea y sin fundamento en la información censal o documental.  Sobre la situación demográfica de Santo Domingo se sabe que un poco antes de la firma del tratado de Basilea (22 de julio de 1795), la parte Este de Santo Domingo tenía una población de aproximadamente 125,000 habitantes, sin embargo, como una consecuencia de las emigraciones que se producen a partir del inicio y durante el desarrollo de la Revolución Haitiana (1790-1804), y sobre todo por escapadas poblacionales provocadas por la firma de dicho tratado, a principios del siglo XIX, en 1809, dicha población descendió a unas 80,000 almas, y en los 10 años siguientes continuó su descenso razón por la cual se estima que en 1819 la población se redujo a sólo 63,000 habitantes.

Posteriormente verificase  un significativo aumento poblacional, contando posiblemente en 1821 con 80,000 individuos[1].

«La población de la parte española seria sobre 60.000 y pico de almas de las cuales más de 50.000 son de color. Las poblaciones se reducen a catorce o dieciséis pueblos, algunos de ellos con el nombre de ciudades, pero unos y otros tan informales que la mayor parte del vecindario, lo tienen repartido en cinco o seis leguas de terreno, habiendo una distancia enorme de unas cesas a otras, y estando reunidas a la que llaman iglesia muy pocas y esas de pajas, que llaman bohíos; de aquí se exceptúan la ciudad de Santiago que es algo más formal y la de Santo Domingo, que contiene siete u ocho mil almas en un recinto en que con la mayor comodidad podían caber 10.000 vecinos o casas.»

«Esta ciudad tiene dentro de sí terrenos grandes sin fábrica alguna, inmensidad de solares, cada casa tiene el suyo que es mucho mayor que ella y todos incultos; pero, sobre todo, lo que la hace a la vista desagradable es la multitud de bohíos o chozas entre otras hermosas casas y edificios regulares.»

«La gente, es poco amiga de cultivar el terreno feraz que posee, y sólo había unas pocas haciendas de europeos que con sus esclavos las sostenían siendo estos los únicos que trabajan en esta clase. Los demás se dedican al corte de caoba, la arriería y la caza de puercos monteses de que abunda el país; de modo que, exceptuando unas cortas raíces que los mismos esclavos siembran cerca de la ciudad y el ganado vacuno que produce el país, todos los demás recursos van de fuera.»[2]

 

Y en 1824 dicha población  descendió a 61,468 habitantes, mientras la parte occidental tenía 696,000 habitantes[3]; en 1838 la población dominicana se estimó en un total de 100,086 habitantes, de los cuales, 57,978 residían en el Norte y 42,108 en la región Sur.[4]

De acuerdo con un informe elaborado por Don José de Navarros dirigido al Excmo. Sr. Secretario de Estado y del Despacho de la Gobernación de Ultramar español en fecha 30 de mayo de 1822, se hace constar que para la fecha la parte oriental estaba ocupada por unos 1,000 soldados y oficiales haitianos de un total de 5,000 hombres que habían consumado la invasión en febrero de 1822, y esos mil soldados haitianos, según el informe, se hallaban «… mal vestidos, mal armados y en completa indisciplina..»[5]

Queda claro que en 1821 la parte Este de la Isla no tenía 15 mil habitantes como afirmara el profesor Juan de la Cruz.



[1] El dato lo ofrece Emiliano Tejera en su artículo Juan Pablo Duarte, en: Boletín del Archivo General de la Nación, año 4, No. 11, Vol. 4, ciudad Trujillo, Octubre 1941.

[2] Becerra Noriega, Laureano.  Compendio de algunos antecedentes que ocurrieron para la revolución de Santo Domingo en 1º de diciembre de 1821.  Recuperado de: https://chdetrujillo.com/compendio-de-algunos-antecedentes-que-ocurrieron-para-la-revolución-de-santo-domingo-en-1o-de-diciembre-de-1821/

[3] Fuente: Placide Justin: Histoire politique et stadistique de L'Ile de Haití, Saint Domingue, París, 1826, p. 503-504, en: Roberto Marte: Estadísticas y documentos históricos sobre Santo Domingo (1805-1890).  Edición del Museo nacional de Historia y Geografía, Impreso en editora Amigo del Hogar, Santo Domingo, 1984.

[4]  Fuente: Charles McKenzie: Notes on Haití, 1830, Vol. I, p. 114, en: Roberto Marte: opus cit.

[5] Independencia de 1821.  Boletín del Archivo General de la Nación, Año IX, Enero-Abril 1946, Núm. 44-45.  Ciudad Trujillo, República Dominicana, P. 59.


Thursday, May 06, 2021

Juan de la Cruz afirma que Pedro Santana incorporó al ejército sus tres mil empleados

NOTIHISTORIADOMINICANA

Por: Francisco Berroa Ubiera
Historiador



Según el profesor Juan de la Cruz o Juan Guerrero de la Cruz, quien al comparecer al programa “Rendición de Cuentas” el 5 de marzo del 2018, y cuya entrevista se halla colgada en la red bajo la URL: https://www.youtube.com/watch?v=0-tkyi48OC8, dijo que Francisco del Rosario Sánchez gobernó la junta Provisional desde la madrugada del 28 de febrero de 1844 hasta el 3 de marzo del mismo año, afirmando que luego fue sustituido por Tomas Bobadilla y Briones «como presidente de la Junta más definitiva», según sus palabras.

Sobre quien sucedió a Francisco Sánchez en la presidencia de la Junta Central Gubernativa recomiendo leer mi artículo titulado: «Sánchez y Mella fueron los primeros presidentes de la Junta Central Gubernativa” publicado en mi blog NOTIHISTORIADOMINICANA bajo el siguiente enlace: http://notihistoriadominicana.blogspot.com/2021/02/.

Juan de la Cruz


En esa misma entrevista el profesor Juan de La Cruz afirma que al producirse el regreso de Juan Pablo Duarte el 14 de marzo de 1844 fue designado como Comandante de de la Plaza de Armas de Santo Domingo y general de Brigada, quien enterado de los  «despropósitos» de los conservadores afrancesados encabezados por Tomás Bobadilla,

«… el 9 de junio de 1844 procedió a deponerlo del poder -a Bobadilla- y colocar nueva vez, en este caso a Sánchez, presidente de la Junta.  En ese contexto hubo una situación de crisis, vamos a decir, ya que Mella había sido designado comandante de la Plaza de Armas de Santiago, y en toda esa zona del Cibao, Mella que era un pro-duartista habría iniciado todo un proceso de exaltación de Duarte a la Presidencia de la República estando Sánchez en el poder, de manera que eso motivo entonces que Sánchez encargara a Duarte para que fuese a calmar los ánimos que se estaban exaltando en la zona del Cibao, y esto lo aprovecho Santana  que estaba en Bani con un ejército de su propiedad, podríamos decir, porque eran unos 3000 efectivos militares que habían pertenecido a su finca  del Prado, y el los enlistó.....»[1]

Comenzaré por la parte final de la declaración de Juan de la Cruz que transcribí.  Es una exageración exageradamente hiperbólica afirmar que Pedro Santana tenía en su finca del El Prado 3000 trabajadores y que a todos los enlistó en el ejército, razón por la cual ese cuerpo armado devino en una propiedad del hatero oriental convertido en General de División.

Juan Bosch, en Composición Social Dominicana, se refiere a los seguidores de Santana, y explica:

«Algunos de los grandes propietarios de la Banda del Sur serían cortadores de madera, como la familia Báez, de Azua, pero otros serían hateros, como los Santana del Seybo. Los cientos de hombres que Pedro Santana llevó a la Capital después del 27 de febrero no eran ni podían ser peones suyos. Pedro Santana podía tener tres, cinco, a lo sumo diez peones, y nunca más. Los muchos hombres que siguieron al futuro jefe militar del país en su marcha hacia la Capital eran campesinos de la región donde estaba su hato El Prado. La autoridad social de los hateros dominicanos no era en 1844 igual a la que habían tenido hasta 1809 o 1812, pero seguían siendo importantes, sobre todo porque sólo fue en 1843 cuando el pueblo vino a conocer algunos nombres de líderes de la pequeña burguesía. Así se explica que a la hora de la acción los hateros tenían más poder que la pequeña burguesía, que era todavía difusa y no gozaba del prestigio necesario para imponerse en el respeto del pueblo por encima de los hateros. Por esa razón la pequeña burguesía que organizó el movimiento separatista tuvo que aliarse desde el primer momento, y sobre todo a partir de marzo de 1843, a los personajes de la sociedad hatera que todavía conservaban prestigio, y sucedía que muchos de éstos eran colaboradores del régimen haitiano. Duarte, que fue la cabeza política de los Trinitarios, se dio cuenta de la situación y negoció con los personajes de la sociedad hatera, lo mismo con los que servían a Haití, como Joaquín del Monte, que con los que no le servían, como los Santana.»[2]

Bosch le atribuye a la composición social existente en el sur del país el éxito político militar del hatero  Pedro Santana y del maderero Buenaventura Báez en los años iniciales de la República, es decir, durante la Primera República (1844-1861).

General de División Pedro Santana



Ciertamente que Santana llegó a tener bajo sus órdenes unos tres mil soldados improvisados, y según Marrero Aristy:

«Las tropas del general dominicano estaban en parte integradas por el núcleo de hateros seibanos, higüeyanos y hatomayorenses, los que formaban una especie de guardia de corps de Santana, así como por fuertes contingentes de Santo Domingo, San Cristóbal, Bani, y del propio Azua, hasta un número que se ha estimado posiblemente ascendente a tres mil hombres.»[3]

Cuando se produjo el golpe de estado del 9 de junio de 1844 en contra de los miembros conservadores y reaccionarios de la Junta Central Gubernativa la misma se hallaba presidida por el doctor José María Caminero, no por Tomás Bobadilla.

Luego, con más tiempo, opinaré sobre otros asuntos.

Una recomendación final: Cuando estén frente a las cámaras opinen pensando que están escribiendo porque lo que se dice también queda grabado.



[1] Juan de la Cruz. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=0-tkyi48OC8.  Subrayado mío.

[2] Bosch, Juan. Composición social dominicana, historia e interpretación.  Alfa y Omega, Santo Domingo, República Dominicana, 1981. 12ª. Edición. P. 159.  Subrayado mío.

[3] Marrero Aristy, Ramón.  La República Dominicana: Periodo de la Unidad Nacional, Vol. II, Ciudad Trujillo, R.D., Editora de El Caribe, 1957. P. 283

 



Wednesday, April 14, 2021

Aclaración a Caamaño sobre la constitución de 1908 y el golpe de estado a Horacio Vásquez en 1930

NOTIHISTORIADOMINICANA



Por:
Francisco M. Berroa Ubiera
Historiador


Ayer, martes 13 de abril del presente año (2021), mientras impartía docencia por medio de una vídeo-conferencia, decidí presentar a mis estudiantes de la asignatura Fundamentos de Historia Social Dominicana (HIS-011) un documental titulado: «HORACIO VASQUEZ Y SU HISTORIA», el cual tiene una duración de 17:07 minutos, producido por Rubén Bichara-El Puerto TV, el cual se halla colgado en YOU TUBE bajo la URL: https://www.youtube.com/watch?v=Ih_i6XoP4_0

        En dicho documental aparece dando unas declaraciones “in voce” sobre el tema el actual Director de la Escuela de Historia y Antropología, Lic. Álvaro Caamaño Santana, quien sobre el proceso de la conspiración que puso fin al gobierno de Horacio Vásquez afirma lo que transcribo a continuación:

«La prolongación fue un hecho, Horacio Vásquez extendió su poder hasta 1930, y en 1930, ya..., Trujillo que aspiraba, Estrella Ureña, Rafael Estrella Ureña, montaron su campaña, montaron el proceso conspirador que se inició en Santiago y prácticamente derrocaron a Horacio Vásquez.  Este, al renunciar, no podía dejar un vicepresidente porque si tu gobiernas con la constitución del ocho, que no hay Vicepresidente, que quien lo sustituía era el jefe de Interior y Policía, y nombraron a Estrella Ureña Jefe de Interior y Policía, el presidente renunció, Estrella Ureña llega a la Presidencia, Horacio Vásquez queda fuera del panorama político, y a partir de ahí se abre otro proceso de transición, donde Trujillo también se va a candidatear.... » (15:16 minutos y siguientes del video “Horacio Vásquez y su historia”)

 

        Sobre dichas declaraciones debo aclarar que el presidente Horacio Vásquez no gobernaba en 1930 con la constitución de 1908.  En los primeros 30 años del siglo XX, antes del asomo de Rafael Trujillo a la presidencia, la constitución dominicana había sufrido seis reformas.  Veamos:

Presidente Ramón Cáceres

Las reformas constitucionales de Ramón Cáceres y la eliminación del cargo de Vicepresidente.  Dos reformas fueron realizadas por el gobierno de Ramón Cáceres: la primera reforma ocurrió el 17 de septiembre de 1907. A tales fines recomiendo ver la Ley Número 4803, publicada en la Gaceta Oficial Núm. 1821 del 11 de septiembre de 1907; la segunda reforma del presidente Cáceres -“la del ocho” como dice Caamaño- fue la promulgada por el congreso constituyente el día 22 de febrero de 1908 por medio de la Ley Núm. 4825, publicada en la Gaceta Oficial Núm. 1876 del 21 de marzo de 1908.  Como se sabe, esta carta constitucional elimina el cargo de Vicepresidente y estableció el periodo seisañal; en su artículo 47 disponía: «EI Poder Ejecutivo se ejerce por el Presidente de la República, quien desempeñara estas funciones por seis años y será elegido por voto indirecto y en la forma que determine la ley.».  La misma en el articulo 49 establecía: «Art. 49. Cuando ocurra el caso de incapacidad, renuncia, destitución o muerte del Presidente de la República, el Congreso por una ley designará qué persona habrá de desempeñar la Presidencia hasta que cese la incapacidad o se elija un nuevo Presidente  Esta situación se mantuvo hasta 1924.

Presidente Horacio Vásquez

Las reformas constitucionales del presidente Vásquez.  Cuando Horacio Vásquez alcanza la presidencia de la República por tercera vez en el año de 1924 logró impulsar desde la cúspide del poder cuatro reformas a la constitución de 1908:

        La primera reforma durante el gobierno de Horacio Vásquez se produce el 13 de junio de 1924 y la misma fue publicada en la Gaceta Oficial número 3550 del 21 de junio de 1924, la cual dispone en su artículo 44 que el poder ejecutivo lo ejerce el Presidente de la República por cuatro años, y además prohíbe la reelección del presidente, tanto para el cargo de Presidente o para el de Vicepresidente para el periodo subsiguiente.  Y el artículo 51 de la misma carta sustantiva restableció el cargo de Vicepresidente.

        La segunda reforma constitucional se produjo tres años después, el 15 de junio de 1927, publicada en la Gaceta Oficial Número 3867 del 17 de junio de 1927, la cual contiene en sus disposiciones transitorias, en la parte “in fine” de su texto, todo lo relativo a la extensión, prórroga o prolongación del mandato del Presidente, del Vicepresidente, de los Senadores y Diputados, Síndicos y Regidores que habían sido elegidos en marzo de 1924, los cuales se mantendrían en sus cargos hasta el día 16 de agosto del año de 1930, exceptuando aquellos que no aceptaran la prolongación de sus mandatos.

        Luego, en 1929, se producen dos nuevas revisiones constitucionales.  Una el día 9 de enero de 1929, publicada en la Gaceta Oficial No. 4048-A, en Santo Domingo, el 19 de enero de 1929, y otra revisión fue la del 20 de junio de 1929 publicada en la Gaceta Oficial Número 4108 del 25 de junio de 1929.

        Esto sin contar la tentativa de reforma constitucional que se produjo bajo los auspicios del presidente provisional Francisco Henríquez y Carvajal en noviembre de 1916 y que dio lugar a que el Almirante Harry S. Knapp declarara el estado de ocupación de la República Dominicana el 29 de noviembre de 1916.

        Queda claro que en febrero de 1930 el Presidente Horacio Vásquez no gobernaba con la constitución de 1908, la cual había sido objeto de varios intentos fallidos de modificación, hasta su reforma en junio de 1924. Y que la de 1924 fue revisada varias veces: en 15 de junio de 1927, el 9 de enero de 1929 y el 20 de junio de 1929.

Una aclaración sobre el Movimiento Cívico del 23 de febrero de 1930.  Para finalizar debo aclarar con relación al denominado Movimiento Cívico de Santiago del 23 de febrero de 1930 que esta conspiración era conocida. Se sabe que el Tercer Secretario de la Embajada norteamericana míster John Moors Cabot, en una visita realizada a la ciudad de Santiago propició un entendido entre los rebeldes de esa plaza con el gobierno el día 22 de febrero de 1930, tratando de evitar los planes insurgentes del general Trujillo, pero sus esfuerzos en tal sentido resultaron infructuosos.

General Rafael L. Trujillo Molina

        El plan de Trujillo estaba muy bien orquestado.  Un nutrido grupo de jóvenes dirigidos militarmente por José Estrella, y políticamente por el jefe del Partido Republicano, doctor Rafael Estrella Ureña decidieron atacar el fuerte San Luis e iniciar una supuesta "rebelión", la cual se hallaba controlada por el propio Trujillo desde la fortaleza Ozama de Santo Domingo y quien había impuesto a los rebeldes dos asesores inescrupulosos: los señores Rafael (Fello) Vidal Torres y Roberto Despradel, quienes habían logrado un fuerte vinculo con el general Rafael  Trujillo mientras guardaban prisión en la fortaleza Ozama en donde el general Trujillo fungía como su carcelero.

Rafael Vidal Torres (a) Fello

        Los supuestos rebeldes simularon un ataque militar sobre el fuerte San Luis de Santiago el día 23 de febrero de 1930.  La comandancia militar de dicho lugar la ejercía el sargento mayor Luis Silverio Gómez,[1] quien tenía instrucciones previas del general Trujillo para realizar la entrega del fuerte sin oponer ninguna resistencia; fue por esta razón que ordenó a los soldados bajo su mando abrir las puertas del recinto militar y realizar la entrega de todas las armas del arsenal a los “insurrectos”, incluyendo las que previamente Trujillo envió desde Santo Domingo en diciembre de 1929.

        Sobre dicho movimiento de rebelión, el Ministro de los Estados Unidos escribió un Informe con el Número 22, dirigido al Departamento de Estado de los E.E. U.U., en fecha 1 de febrero de 1930, en donde explica lo siguiente:

 "Probablemente en diciembre, [Trujillo] vació el fuerte de Santo Domingo de todas las armas prácticamente disponibles y las envió al fuerte de Santiago.  Con toda certeza estaba confabulado con los revolucionarios desde el principio, y nunca rompió su relación con ellos".[2]

Queda demostrado que la dotación militar de Santiago estaba incluida en el complot golpista; ese mismo día (23 de febrero), sin perder tiempo, las fuerzas rebeldes comandadas por José Estrella, Desiderio Arias, Antonio Jorge, Piro Mata, J. Fermín Pérez, Nazario Suardí, iniciaron la marcha hacía Santo Domingo, la capital dominicana, uniéndoseles Elías Brache y su hermano Rafael Brache con un grupo de hombres en La Vega el 24 de febrero, para marchar todos juntos sobre Santo Domingo, capital dominicana y la sede del gobierno.  Hasta el licenciado Joaquín Balaguer se atribuyó (en sus Memorias de un Cortesano de la Era de Trujillo) la redacción del manifiesto de los rebeldes.

General Desiderio Arias
El general José Estrella en su oficina

Los golpistas excepcionalmente fueron enfrentados en Puerto Plata por el comandante Tomás Flores.

Este fue el llamado "Movimiento Cívico de Santiago".  Con el apoyo logístico de Trujillo los rebeldes marchan hacía Santo Domingo.  Horacio Vásquez, después de visitar la Fortaleza Ozama, en donde el general Rafael Trujillo le reitera su fidelidad, por lo cual el Presidente Horacio Vásquez aprovecha la coyuntura para intentar enfrentar a los rebeldes enviando al coronel José Miguel Alfonseca (a) Cambungo a enfrentarlos en el kilómetro 19 de carretera Duarte (Santo Domingo-Santiago), sin embargo, tan pronto el presidente Vásquez se ausenta de La Fuerza el brigadier Trujillo imparte una contra-orden, enviando al coronel Simón Díaz a sustituir al coronel Alfónseca; Horacio Vásquez fue traicionado por Trujillo y la alta oficialidad del ejército.

Las fuerzas rebeldes desde Los Alcarrizos enviaron un ultimátum a Vásquez, y dadas las circunstancias adversas, Francisco J. Peynado, Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno solicita asilo a Legación Norteamericana para Vásquez y su esposa desde el 24 de febrero de 1930, aunque Trujillo aún se decía leal al viejo caudillo tamborileño, quien sabiéndose engañado por todos decide abandonar la mansión presidencial el 25 de febrero de 1930.  Trujillo se mantuvo en silencio con el ejército acuartelado.


Horacio Vásquez en compañía del general Trujillo 

Actitud del Ministro de los U.S.A. ante el golpe contra Vásquez.  El Ministro Curtis en otro Informe de fecha 26 de febrero de 1930 escribió al Departamento de Estado que:

"A pesar de las solemnes promesas dadas a mi predecesor [Young] y a las autoridades, ahora es completamente cierto que el general Trujillo conspiraba con los dirigentes revolucionarios y ha traicionado repetidas veces al gobierno".[3]

El 27 de febrero, con la mediación del mismo Ministro Curtis se produce un acuerdo entre los partidarios de Rafael Estrella Ureña y los horacistas, por medio del cual se aprobó que no hubiera restricciones para la presentación de candidaturas, exceptuando las del doctor José Dolores Alfónseca y la del general Rafael Trujillo Molina.  Se sabe que este acuerdo posteriormente fue violado.

General Antonio Jorge

De hecho, los principales líderes militares del ejército apoyaron el golpe de estado del 23 de febrero de 1930.  Trujillo contó especialmente con el apoyo de los oficiales puertorriqueños Ramón Vásquez Rivera y Rafael Flores; y de los oficiales dominicanos: Fausto Caamaño, Leoncio Blanco, Ernesto Pérez y Pérez, Apolinar Rey y Antonio (Toñito) Jorge.  Entre los que se opusieron al golpe estaban: José Alfónseca y Tomás Flores.  También, Ludovino Fernández se mantuvo leal al Presidente Vásquez.

El arreglo con los horacistas.  Tras el golpe de estado se produce un arreglo con los horacistas depuestos quienes aceptan legitimar a los golpistas desde el punto de vista constitucional.  La reforma a la carta magna realizada en 1929 disponía en su artículo 53 lo siguiente:

“…en caso de falta temporal o definitiva del Presidente y el Vicepresidente de la República desempeñaría las funciones de Presidente de la República, el Secretario de Estado de Interior y Policía y a falta de éste, el Secretario de Estado de la Presidencia”.

El general Trujillo y el presidente Estrella Ureña
El presidente interino Rafael Estrella Ureña

Por ello, desde marzo de 1930 el Licdo. Rafael Estrella Ureña fue encargado del poder Ejecutivo (Presidente), nombrado provisionalmente en 3 de marzo de 1930, tras la renuncia del general Horacio Vásquez y del Vicepresidente doctor José Dolores Alfónseca en fecha 2 de marzo de ese mismo año (1930), quien le nombra previamente Secretario de Estado de Interior y Policía (el 28 de febrero de 1930 por medio del decreto No. 1257) en sustitución del señor Pedro A. Ricart Olives, para aplicar en su favor el mecanismo constitucional de sucesión presidencial.

José Dolores Alfónseca

Horacio Vásquez visita la fortaleza Ozama en 1930




[1] Exiliado desde 1935, regresa al país en 1939, suicidándose en la cárcel en 1941 (nota de Francisco Berroa).

[2] Citado en: Galíndez: La Era de Trujillo, P. 24.

[3] En: Galíndez, Opus cit., P. 24.




Thursday, March 18, 2021

Opiniones de Juan Bosch, Ramón Marrero Aristy y Juan Isidro Jimenes Grullón Sobre la independencia proclamada por el Doctor José Núñez de Cáceres el 1º. De diciembre de 1821

NOTIHISTORIADOMINICANA





«El período de La España Boba terminó el 1ro. de diciembre de 1821, cuando José Núñez de Cáceres proclamó la indepenciencia de Santo Domingo con el nombre de Haity Español y bajo el protectorado de Colombia.»

Juan Bosch: Composición social dominicana.  P 143



«En los tiempos de la España Boba abundaron las conspiraciones, especialmente de esclavos, muchas de ellas tratadas con dureza medieval; pero llegó un momento en que ya no había voluntad de poder en la sociedad hatera. El Dr. Morilla lo dice cuando afirma que "por el mes de Marzo de 1820 se formó otra causa de conspiración contra los mismos que después hicieron la revolución para la independencia en el siguiente año habiendo sido procesado el Diputado Provincial de La Vega D. Antonio Valdés y dos o tres más; pero por falta de pruebas del delito, sin embargo de su notoriedad fueron absueltos"; y dice poco después que se sabía que Núñez de Cáceres iba a proclamar la independencia y que "entre los propietarios y personas de influencia no contaba Núñez sino con pocos partidarios"»

Juan Bosch: Composición social dominicana.  P. 143-144



«El día 1o. de diciembre de 1821, fue proclamada la independencia, asumiendo Núñez de Cáceres el cargo de gobernador político y presidente del Estado, asesorado por una junta provisional de gobierno que integraron los miembros de la antigua diputación provincial que había sido constituida y funcionaba de acuerdo con la rehabilitada constitución española de 1812, la cual quedo automáticamente derogada, entrando en vigor ipso facto un Acta Constitutiva por cuyo medio se creaba el Estado Independiente de la parte Española de Haití, que desde ese momento se consideraba "en alianza con la República de Colombia", y cuyo destino inmediato era entrar "a componer uno de los Estados de la Unión" por medio de un tratado, mediante el cual haría "causa común, y seguirá en un todo los intereses generales de la Confederación".»

Marrero Aristy.  La República Dominicana. Vol. I, P. 265




«Algunos hombres eminentes pensaron que era preferible la independencia a la continuación de ese letal estado de cosas. Pero parecía que la burguesía dominicana de la época, integrada principalmente por escasos campesinos holgados, por funcionarios y comerciantes acomodados o ricos, no estaba aún madura para la germinación de la idea emancipadora. Fue esa burguesía de criollos la que en casi todos los países de Iberoamérica dio una orientación renovadora a la epopeya de la independencia y creó las nacionalidades. En Santo domingo, su impreparación y su consecuente falta de entusiasmo contribuyeron a la frustración, después del triunfo y una vida efímera, del movimiento independentista iniciado y dirigido por el Lcdo. Núñez de Cáceres a fines de 1821. Carecía ese movimiento de perfil democrático; pretendía, exclusivamente, la ruptura de los lazos políticos que unían a las clases poseedoras dominicanas con la Metrópoli. Nada se decía en la plataforma de principios sobre la abolición de la esclavitud. Tratábase, por tanto, de un pronunciamiento independentista, pero de franca esencia reaccionaria. A pesar de ello, aparecía él como un paso de avance en el camino de la evolución político-social; pues era mil veces preferible tener una República esclavista que una colonia. Por otro lado, Núñez de Cáceres suplía su corta visión económico-social con una amplia concepción americanista en el plano internacional. El estaba convencido de que su obra moriría —como murió— en la cuna, si ella no se ataba, cual nuevo anillo, a la cadena de Estados federados creados por Bolívar. Santo Domingo no debía ser, a su juicio, una República independiente de las demás repúblicas iberoamericanas, sino por el contrario, un trozo de tierra libre dentro de una Iberoamérica grande, unida, y libre también. Substituía Núñez de Cáceres el concepto estrecho de la Patria Chica por el ideal robusto y dilatado de la patria Grande. De ahí el que pusiera a la naciente República bajo los auspicios de Colombia, la hija amada del Libertador. Pero Bolívar nada pudo hacer por Santo Domingo, que había adquirido personalidad jurídica sin ponerse a tono con la médula del movimiento libertador bolivariano.»

Jimenes Grullón.  La República Dominicana. P. 47-48



«….desde hace más de tres siglos, el pueblo dominicano ha venido luchando denodadamente por la libertad y la justicia. Constituyó esa lucha el propósito cardinal de su existencia; en sus aras se sacrificaron riquezas y vidas, y se realizaron las más heroicas hazañas.»

«No fue ella infecunda: los lustros señalan sus paulatinas victorias. Victorias parciales, es cierto, pero que denunciaban la marcha segura de la aspiración. Por momentos, esa marcha parecía detenerse; surgían períodos de franco retroceso; más superados éstos, el propósito lograba conquistas mayores. Fue sin duda regresión caer bajo el despotismo de Boyer, después de proclamada la República por Núñez de Cáceres.»

Jimenes Grullón. La República Dominicana. P. 249.