Monday, March 24, 2014

LA INDEPENDENCIA DE REPUBLICA DOMINICANA EL 27 DE FEBRERO DE 1844

NOTIHISTORIADOMINICANA
Por: Francisco M. Berroa Ubiera
Historiador

GRITO DE SANTO DOMINGO

FRANCISCO SANCHEZ DEL ROSARIO

JUAN PABLO DUARTE

MATIAS RAMON MELLA

L
ucha por la independencia.  Reunidos en Azua, Buenaventura Báez y sus partidarios hicieron circular un manifiesto, redactado en aquella ciudad sureña el 1 de enero de 1844, llamando al pueblo a luchar para incorporar el Este de la Isla a Francia.  Los independentistas, para oponérseles, encabezados por el coronel Francisco Sánchez del Rosario, redactaron un manifiesto en 16 de enero de 1844, denominado: "Manifestación de los pueblos de la parte Este de la Isla antes española o de Santo Domingo, sobre las causas de la separación de la República de Haití", el cual se puso a circular y anunciaba, por acuerdo previo, que la separación de Haití se produciría el martes 27 de febrero de 1844.
Sobre los dominicanos, opinaba el cónsul francés Monsieur Eustache de Juchereau de Saint Denys en 5 de febrero de 1844, un poco antes de la proclamación de la independencia, que:
"Cansados del yugo odioso que una administración antipática y preocupante los somete diariamente, la población del Este de Haití, y principalmente la de Santo Domingo, parece decidida, desde hace mucho tiempo, a tomar las armas para dar traste a una dominación que considera tiránica y deshonrosa".[1]
En consecuencia, "reunidos en un comité insurreccional el 26 [de febrero] en la mañana, concibieron el proyecto de apoderarse inmediatamente de la plaza.  El 27 en la noche fue el día fijado para esta audaciosa [sic.] tentativa",[2] y se sabe que:
“...la señal fue dada a las 11 de la noche [del 27 de febrero] por una descarga de mosquetería tirada al aire.  Una media hora después la ciudad respondió con dos cañonazos tirados en señal de alarma.  Cinco piezas de artillería cargadas de metralla fueron apuntadas al mismo tiempo en las calles que desembocan en la plaza.
Los insurrectos que estaban ya en posesión de la entrada de la ciudad sonaron las campanas en la llamada puerta del Conde y de aquella que daba al puerto [o de San Diego].  Se apoderaron de ellas prácticamente sin dificultad.  Una sola victima pagó con su vida la imprudente resistencia.”[3]
La proclamación de la independencia, después de casi cinco años de lucha patriótica, se hizo en 27 de febrero de 1844, estando presentes en el baluarte y puerta del Conde, y en la ciudad murada seis grupos de patriotas: 1) el núcleo principal dirigido por Sánchez y Mella, y que contaba con el apoyo de los afiliados a su movimiento en las principales ciudades de la parte Este, uniéndose al movimiento algunos dominicanos negros -es el caso de los hermanos Puello-, cuyo objetivo era tomar el control de las puertas occidentales de la ciudad, conocidas como puerta de La Misericordia y puerta del Conde; 2) el de los marineros y pescadores dirigido por Juan Alejandro Acosta cuyo objetivo era tomar el control de la comandancia del puerto; 3) el de los artesanos y personas con oficios, dirigido por Ángel Perdomo; 4) el formado por los marginados habitantes de los barrios de San Miguel y San Antón; 5) los habitantes del barrio extramuros de San Carlos con Benito González y Eduardo Abreu a la cabeza; 6) el de los moradores de Haina y San Cristóbal encabezados por don Tomás Bobadilla.
La capitulación de los haitianos.  Esta  se produce con la mediación del Cónsul de Francia, Monsieur Eustache Juchereau de Saint Denys.  La ciudad de Santo Domingo fue tomada virtualmente por los insurrectos quienes asumieron el control del arsenal, defendido por sólo 60 soldados haitianos.  El general de División Pablo Alí, quien había fallecido recientemente - y por lo tanto no participa de los aprestos independentistas-, había sido sustituido en sus funciones de Comandante de Santo Domingo por el General Henri Etienne Desgrottes, quien pidió ayuda y asilo para él y su familia al Cónsul francés por medio de varias cartas en 28 de febrero de 1844, solicitando, además, dos barcos para salir de la parte Este por vía marina, navegando con sus hombres y familias desde Santo Domingo a Jacmel, y pidiendo la mediación para la capitulación del Cónsul francés Saint Denys.  La capitulación haitiana se hizo efectiva en 28 de febrero de 1844.  Para conducir a los haitianos hasta Jacmel se emplearon tres barcos.
El día 29, a las 8:00 A.M. se verificó la rendición de los haitianos, solución negociada previamente con la Junta de Gobierno creada por los dominicanos.  A tales fines la Junta designó a los señores Manuel Cabral Bernal, José María Caminero, Pedro de Mena, Vicente Celestino Duarte y Francisco Javier Abreu como sus representantes.  Los miembros de la Junta Gubernativa eran: Matías Ramón Mella, Remigio del Castillo, Mariano Echavarría, Pedro de Castro y Castro, Wenceslao de La Concha, y Francisco del Rosario Sánchez, considerado por Saint Denys en carta a Guizot desde Santo Domingo de fecha 10 de marzo de 1844 como "el jefe del partido revolucionario, hoy miembro de la Junta Gubernativa".[4]  En cuanto Matías Ramón Mella, con el rango de coronel fue nombrado Delegado de la Junta en el Cibao, y José Joaquín Puello, con el mismo rango, Comandante de armas de Santo Domingo.
Para negociar su salida los haitianos formaron una comisión compuesta por los señores: Deho Hérard (hijo Charles Hérard), coronel ayudante de Campo del Presidente haitiano; Paul Jean Jacques, Jefe del Batallón de Artillería; Doucette, Decano del Tribunal Civil; Arthidor Pointhiux, Jefe de la oficina de dominios; L. A. Roy, Jefe de Escuadrón, Ayudante de Campo del Presidente haitiano, y Director de la aduana de Santo Domingo, quienes contando con la mediación del Cónsul de Francia sometieron a la Junta Dominicana de Gobierno las siguientes demandas:
1) garantía de las propiedades legalmente adquiridas por los nacionales haitianos;
2) respeto y protección a las familias;
3) salida honorable de los funcionarios públicos;
4) salida sin dificultades de todos los ciudadanos;
5) franqueza y lealtad en la conducta de las partes;
6) tiempo necesario para la salida de los ciudadanos.
En respuesta a estas demandas la Junta de Gobierno respondió aceptando las primeras cinco demandas de la lista anterior, y sobre el punto seis, es decir, en lo referente al plazo para la salida de los haitianos se estableció que:
Fijamos para los militares y otros ciudadanos que deseen retirarse, por cualquier embarcación, diez días a partir de la fecha de la capitulación.  Deseamos que todos los oficiales se retiren con sus armas, así como sus subalternos y soldados pertenecientes a cuerpos que no pertenezcan a la Guarnición Dominicana, las armas de éstos últimos deberán quedarse aquí; en cuanto al depósito [de las armas] en vuestras manos [del Cónsul Saint Denys], no tenemos ninguna objeción.”[5]
A los haitianos la Junta de Gobierno les dio un plazo de un mes a partir del 10 de marzo de 1844, estableciendo las siguientes condiciones: 1) la evacuación de la fortaleza La Fuerza (hoy Ozama), y, 2) remisión de los archivos y valores pertenecientes al gobierno dominicano.
Las armas empleadas por el ejercito libertador dominicano para lograr la separación de los haitianos fueron: a) de fuego -carabinas, escopetas, mosquetes, y trabucos-; y, b) blancas -sable, machete, espada, lanzas, y el puñal o bastón de estilete-.
La capitulación de los haitianos se produce entre los días 28 y 29 de febrero, mientras se hacían actos de proclamación de la independencia en todo el país.  Por ejemplo, Vicente Celestino Duarte organizó los actos de proclamación de Bayaguana, Monteplata, Yamasá y Boyá.  Se sabe que la Junta mandó a comprar 2,000 fusiles a Curazao porque carecía de armas.
Características generales de la nueva nación.  La República Dominicana se organiza como un Estado nacional en 27 de febrero de 1844 al proclamar su independencia del vecino Estado haitiano.  En consecuencia, la nueva nación se vio forzada, por las circunstancias de ese momento histórico y por la necesidad de mantener su independencia, a enfrentar el ejército haitiano en varias campañas militares hasta lograr la consolidación de su independencia política.
Durante el periodo comprendido entre 1844 a 1861, antes de la anexión a España, los grupos enquistados en el poder derrochaban los pocos recursos del nuevo país, el anexionismo campeaba por sus fueros, y el conservadurismo, el caudillismo, el autoritarismo y el militarismo se complementaban mutuamente.  Además, durante la Primera República,[6] hubo varias tentativas para obtener empréstitos como más adelante se explica.
El Estado Dominicano germina bajo el dominio de clase de una oligarquía criolla integrada por una burguesía comercial de origen foráneo y por una burguesía nacional aliada a los grandes terratenientes, estos últimos fundamentaban su poder en el latifundio ganadero, tabacalero y cañero.  Desde la fundación de la República sus gobernantes se vieron compelidos a enfrentar los intentos de Francia de cobrar una onerosa deuda contraída por los haitianos en 1825. Como el Estado Dominicano surgió por separación de Haití, tan pronto nace, Francia le hace la reclamación de parte de la deuda haitiana contraída en 1825.  Los franceses entendieron que la deuda que los haitianos habían aceptado ese año, y reconocido en 1844, debía repartirse proporcionalmente entre las dos entidades gubernamentales: la vieja, Haití, y la nueva República Dominicana, infiriendo que la parte desmembrada, vale decir, el nuevo estado, debía cubrir parte de la deuda pública preexistente.
Alegando que la República formada en 1844 no era compromisaria del acuerdo de 1825 entre Francia y Haití, el primer presidente dominicano, general Pedro Santana, envía una misiva al Cónsul francés Monsieur Eustache Juchereau de Saint-Denys, afirmándole que "el pueblo dominicano en general está persuadido de que no está en el caso pagar la más mínima parte de la mencionada deuda".[7]
A pesar del otrora poderío de Francia y de la enorme influencia que ejercía esa potencia europea en la República Dominicana, a los galos no les quedó otro camino que el de reconocer la independencia de la nueva nación, y su reclamación de pago de la supuesta deuda quedaría luego olvidada en los anales de la historia.





[1] Ver: Carta de Saint Denys a Guizot, Santo Domingo, 5 de febrero de 1844, en: Gobierno Dominicano: Correspondencia del Cánsul de Francia en Santo Domingo, 1844-1846.  Tomo I, Santo Domingo, Amigo del Hogar, 1996, p. 14.
[2] De Saint Denys a Guizot, Santo Domingo, 3 de marzo de 1844, en: Gobierno Dominicano: opus cit., p. 19.
[3]  Ibidem, pp. 19-20
[4] De Saint Denys a Guizot, Santo Domingo, 10 de marzo de 1844, en: Gobierno Dominicano: opus cit., p. 55.
[5] Carta de la Junta de Gobierno Dominicana a Saint Denys, Santo Domingo, 28 de febrero de 1844, en: Gobierno Dominicano: opus cit., pp. 31-32.
[6] Así denomina la historiografía dominicana al periodo comprendido entre 1844-1861 (Nota de Francisco Berroa).
[7] República Dominicana: Archivo de la Nación, Departamento de Relaciones Exteriores. Legajo No. 1, Expediente  No. 4.

Monday, March 17, 2014

BATALLA DE AZUA DEL 19 DE MARZO DE 1844

NOTIHISTORIADOMINICANA

Por:  Francisco M. Berroa Ubiera
Historiador


Guerra de independencia antihaitiana.  A partir de 1844 inicia la guerra dominico haitiana, dando lugar a las campañas militares correspondientes a los años de 1844, 1845, 1849, y, 1855-1856; el territorio de la nueva nación, especialmente la frontera terrestre común, fue escenario de una gran cantidad de batallas y combates, imponiéndose el naciente ejército nacional a los vecinos haitianos.  A pesar del triunfo militar de los dominicanos, ellos lograron, a partir de las expediciones de 1849 y 1855-56, la "incorporación a Haití de [los territorios dominicanos de] Hincha, las Caobas y de la llanura entera de Goave hasta las puertas de Bánica".[1]
Los primeros combates y batallas de la campaña militar de 1844.  Los primeros enfrentamientos entre haitianos y dominicanos se producen en febrero de 1844, primero enfrentando las fuerzas dominicanas al general haitiano Auguste Brouard, cuando se traslada con fuerzas militares desde la capital haitiana, Puerto Príncipe, hasta Neyba en 27 de febrero, enfrentándolo el capitán Fernando Tavera y sus tenientes en el sitio de La Fuente del Rodeo -ubicada unos 20 kilómetros al Este de San Bartolomé de Neyba-, en 11 de marzo de 1844, contando éste con el apoyo de Vicente Nobles, Dionicio Reyes, y Nicolás Mañón; otro enfrentamiento de Brouard con los dominicanos se origina en el sitio de Las Cabezas de Las Marías en 13 de marzo de 1844, siendo Neyba ocupada por los batallones haitianos 21 y 22, y por otras fuerzas de infantería.  El siguiente combate se produce en Los Jovillos el 18 de marzo de 1844.  Estas acciones militares formaban parte de una operación táctica para reducir el paso del ejército enemigo a su mínima capacidad, es decir, eran acciones retardatorias.  Tras estos hechos, la Junta Dominicana de gobierno dispuso enviar al frente Sur a los oficiales Manuel Mora -viajó por mar desde Santo Domingo-, y a Manuel de la Regla Mota desde Baní.
La principal acción militar es la batalla de Azua del 19 de marzo de 1844, con sus acontecimientos posteriores.  Se sabe que desde el 4 de marzo de 1844 el congreso de Haití decretó para poner a su Presidente, el general Charles Hérard, a la cabeza de las tropas que reconquistarían la parte Este; en 7 de marzo éste llama a los haitianos a empuñar las armas contra la nueva República, por lo cual la Junta de Gobierno de Santo Domingo dispuso el arresto de varios ex-funcionarios y comerciantes haitianos radicados en esa urbe Sureña, entre ellos Tatin, Joseph Levy, Thompson, Francisco Montás, Pomeirac, Deguan, Glaudon, Lucien, David, Magnon y Arrondeil; inclusive, despacha las primeras avanzadas de tropas hacía la frontera, compuestas principalmente por hábiles lanceros seibanos, calificados por el Cónsul de Francia como los: "Cosacos de Santo Domingo", en su gran mayoría eran peones y campesinos capitaneados y armados por los hateros de la región Sureste u oriental, y por su caudillo principal: el general de división Pedro Santana Familias, considerado por Saint Denys como el verdadero Señor Feudal del  Seybo.[2]  Santana avanzó de Este a Oeste por la región Sur, pidiendo al comerciante Abraham Cohen su intervención para recabar la ayuda del Cónsul francés, e informándole que "a las cuatro de la mañana, camino hacía Azua, acabo de recibir un expreso de esta ciudad con el aviso positivo de que los haitianos marchan hacía nosotros y que los habitantes de San Juan, Matas e Hincha se mantienen inactivos y sin pronunciarse".[3]
 El 17 de marzo de 1844 Santana hizo presencia en Neyba con 700 soldados acompañados del coronel José María Cabral.  Ese día se produjo un combate en el sitio de Los Quemadillos. 
También, Hérard enfrenta a los patriotas dominicanos dirigidos por Lucas Díaz en el Paso del Jura el 18 de marzo de 1844.  El enemigo se presenta en Azua por tres sentidos: por el Camino de San Juan, por el sitio de Los Conucos y por el lado de El Barro el 19 de marzo a las 5:50 A.M.  Los haitianos atacaron vigorosamente Azua por el camino de Puerto Príncipe contando Hérard con 500 hombres; la defensa la realizaron 800 soldados, disponiendo Santana de otros 700 de reserva en las proximidades.
Debe destacarse que el general de división Pedro Santana se hallaba en Azua sin un plan de acción y sin experiencia previa en el arte de la guerra, disponiendo sólo de dos cañones mediocres: uno bajo el encargo del artillero francés Francisco Soñé, y otro a cargo del teniente José Del Carmen García.  Su Estado Mayor lo integraban los comandantes, señores oficiales: Antonio Duvergé, Feliciano Martínez, Manuel Mora, Juan Esteban Ceara, José Leger, Vicente Nobles, Matías de Vargas, Nicolás Mañón, Marco Medina y otros valientes.  Tras este primer enfrentamiento, y atacada la avanzada haitiana con una ráfaga de metralla de 24, las tropas enemigas se retiraron desordenadamente dejando sus muertos sobre el campo de batalla, incluyendo a los generales Souffrance, Thomas Héctor, Tertonge y Bris -ayudante de campo de Hérard-, a tres coroneles, varios oficiales, y decenas de soldados, rumorándose inclusive la muerte del presidente Hérard.
Otro enfrentamiento se produjo en el sitio de La Hicotea en donde el general Soufrant fue derrotado por los oficiales dominicanos Manuel Mora, Manuel de la Regla Mota, José María Cabral y Francisco Soñé.
Santana, incapacitado para de ordenar la persecución de la retaguardia haitiana en fuga, es incapaz de crear servicios de vigilancia y espionaje para conocer los pasos y movimientos de las tropas enemigas.  Esta ineptitud inicial del general Santana lo explica don José Gabriel García, indicando que él: "No tenía conocimientos técnicos, ni práctica todavía en el arte de la guerra".[4]  Después de esta victoria el general Santana ordenó el desalojo de Azua en 20 de marzo de 1844, cayendo esta ciudad bajo poder del enemigo.  Inclusive, al disponer la retirada de manera desordenada, deja abandonadas, a merced del enemigo, algunas tropas que desconocían por completo la orden de retirada hacía la lejana Baní.  Un experimentado militar, el Almirante francés De Moges, consideró un grave error castrense de Santana abandonar Azua para ir a Baní, argumentando el improvisado soldado hatero que lo hizo por la falta de municiones de sus tropas, excusa pueril e ingenua.
Cometido el error de abandonar el terreno de lucha, ganado por la osadía y valentía de los oficiales dominicanos y de los artilleros, la villa de Azua fue reocupada por las tropas haitianas dirigidas por los generales Hérard y Soufrant en 21 de marzo de 1844.
En consecuencia, aislado en Sabana Buey de Baní, el general Santana contaba con 4,500 soldados inmovilizados en una supuesta espera estratégica; a fines de marzo de 1844, sus fuerzas aumentaron al contar con refuerzos procedentes del Sureste, y con los hombres de Suroeste; este aumento de sus tropas le daba a su ejército una mayor capacidad de ofensiva, aunque él no lo comprendía.  Sin embargo, existen informes indicando que en ese momento su ejército disponía de sólo 600 fusiles.
El regreso de Duarte y su inclusión en la Junta.  La Junta de gobierno envió en la goleta Leonor, de matrícula holandesa en 5 de marzo de 1844 una Comisión integrada por Juan Nepomuceno Ravelo, Juan Alejandro Acosta, Enrique Duarte, un hermano de Pina, y otros comisionados para recoger a Duarte, a Pedro a. Pina y a José Joaquín Pérez en el puerto Willemstad de la isla danesa de Saint Thomas; Juan Pablo Duarte recibe una carta firmada por los miembros de la Junta, señores: Tomás Bobadilla (Presidente), Ramón Mella, Mariano Echavarría, Valverde, Félix Mecenario, Carlos Moreno y Silvano Pujols (Secretario), y del Jefe de Operaciones Militares interino Francisco Sánchez, de fecha 2 de marzo de 1844 en donde le explican los pormenores de las acciones que permitieron la proclamación de la independencia.  Juan Pablo y sus compañeros de destierro retornan a la patria desde Saint Thomas en 8 de marzo de 1844, llegan en la noche del 14 de marzo, y el día 15 son recibidos por sus amigos Francisco Sánchez y Matías Ramón Mella, acompañados por Monseñor don Tomás Portes e Infante, y el sacerdote José Antonio Bonilla, declarándolo monseñor Portes "Padre de la patria", y "Fundador de la República".  Designado como miembro de la Junta y general de brigada.
Los generales Duarte y Santana.  Consternada la Junta Central Gubernativa por esta desbandada del ejército del Sur, y por la ineptitud de su Jefe, el general Santana, dispone el organismo colegiado de gobierno la designación del general Juan Pablo Duarte en el frente de guerra del Sur para cooperar con Santana, o reemplazarlo en caso de necesidad, según resolución tomada en 21 de marzo de 1844.
En honor a la verdad, estos generales nunca se pusieron de acuerdo: Santana era amado por sus hombres, un general que no los exponía a los peligros del combate, y se preocupaba por pagarles y darles sus raciones alimenticias, y, Juan Pablo Duarte sólo quería luchar contra los haitianos, y manejaba los fondos a su cargo con cierto constreñimiento.  Tomando en cuenta la pasividad de Santana, Duarte escribió a la Junta solicitándole, en más de una ocasión, autorización para operar por sí solo con la división bajo su mando, y del teniente coronel Pedro Alejandrino Pina.  El general Juan Pablo Duarte explicaba en su carta a la Junta, Baní, 1 de junio de 1844, que: "Hace ocho días que llegamos a Baní, y en vano he solicitado al general Santana que formemos un plan de campaña para atacar al enemigo, que sigue en su depravación oprimiendo a un pueblo hermano[5] que se halla a dos pasos de nosotros".[6]  Afirmando sobre el estado del ejército de Hérard que: "se halla diezmado por el hambre y la deserción".[7]  Finalmente la Junta de gobierno relevaría la Jefe de la Revolución y Padre de la Patria del frente Sur, para dejar a Santana operar a su completa voluntad.
Discretamente los dominicanos recibieron la ayuda del almirante francés De Moges y de los barcos Nereide, Nayade, y del bergantín Enryale.  En la ciudad de Santo Domingo se había logrado fortificar las defensas con varios cañones de mediano calibre distribuidos en distintos puntos estratégicos, aunque carecían de artilleros capaces para maniobrarlos y dispararlos adecuadamente.
Retirados los soldados dominicanos hasta Baní, Hérard distribuyó sus fuerzas por toda Azua desde el 21 de marzo, contando en su Cuartel General -según un informe confidencial del Almirante De Moges (francés)-, con una fuerza bruta de 7,000 a 8,000 soldados, aunque Hérard le comunicó disponía de 12,000 hombres en el Sur; y de 15,000 soldados en el Norte, y esperaba tropas de refuerzo procedentes de Leogane (Haití).  De Moges pudo observar, según se lo comunica a Saint Denys en carta redactada en la Bahía de Ocoa en 2 de abril de 1844,[8] que Hérard sólo disponía de 3,000 a 4,000 hombres en la ciudad de Azua, de 200 a 300 caballos y de 2 ó 3 piezas de artillería mediocres, y que sus fuerzas móviles fuera de Azua (en el camino de Ocoa), eran soldados de los puestos avanzados, forrageadores, las fuerzas de vigilancia, y otros, estimadas en un número entre 3,000 a 4,000 hombres.




[1] Carta de Duarte a don Félix María Delmonte.
[2]  Se sabe que los hermanos gemelos Pedro y Ramón Santana, coroneles del movimiento independentista,  proclamaron la independencia en El Seybo en 26 de febrero de 1844; luego marcharon hacía Santo Domingo con 600 hombres de tropa (Nota de Francisco Berroa).
[3] Carta de Santana a A. Cohen, Camino de Azua, 17 de marzo de 1844, en: Gobierno Dominicano: opus cit., p. 81.
[4] García, José Gabriel: Compendio de historia de Santo Domingo, 2 tomos, Santo Domingo, Sociedad Dominicana de Bibliófilos, 1979, t.I, p. 574.
[5] Se refiere a Hérard como opresor del pueblo haitiano (Nota de Francisco Berroa).
[6] De esta afirmación de Duarte se deduce que su afan libertario procuraba la felicidad y la libertad de los propios haitianos, pueblo al que siempre se refirió con amor y admiración (Nota de Francisco Berroa).
[7] García, José Gabriel: Guerra de separación dominicana, documentos para su estudio, Santo Domingo, Secretaría de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos, 1994, 2a. Edición, pp. 10-11.
[8] En: Correspondencia del Cónsul de Francia en Santo Domingo, 1844-1846, opus cit.

Thursday, March 13, 2014

La Batalla de Santiago del 30 de marzo de 1844 (Aclaración sobre el papel del coronel Matías Ramón Mella en lo concerniente a la defensa de Santiago)

NOTIHISTORIADOMINICANA



Por Francisco Berroa Ubiera
Historiador y Profesor Titular de la Cátedra de Historia Dominicana de la Escuela de Historia, Facultad de Humanidades, UASD.  Ex Director del Instituto de Historia, Facultad de Humanidades.

Dedicatoria: Al  General Vitalicio y héroe nacional  Antonio Imbert Barreras, descendiente del general José María Imbert

De acuerdo con el Boletín El Universitario, Año 3, No. 39, de fecha 6 de marzo de 2014, de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), en declaraciones atribuidas a la directora de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades, doctora Luisa Navarro:
dijo hoy -25 de febrero de 2014-  que Ramón Matías Mella es el verdadero héroe de la Batalla 30 de Marzo y no el general José María Imbert, como dicen los libros de historia dominicana.”
“La doctora Navarro dijo que por un asunto de intereses particulares se ha querido opacar el papel protagónico y determinante de Mella en la Batalla del 30 de Marzo y en todo el proceso de independencia dominicana.”
“Es claro,  Imbert tenia  ojos verdes, descendencia francesa y representante de la burguesía dominicana de ese momento”, subrayó la maestra de historia.”

Esta declaración, atribuida a la Directora de la Escuela de Historia -a la cual pertenezco en condición de profesor titular de la cátedra de Historia Dominicana-, me anima a realizar una aclaración sobre este controversial asunto, aunque sin ánimo de  entrar en polémica, sin embargo, me siento en la obligación de proceder a establecer y destacar el papel desempeñado por  el entonces coronel Matías Ramón Mella en los preparativos de dicha batalla y posteriormente, en la cual no pudo participar por hallarse en ese momento fuera del escenario de los hechos.
Sobre la batalla de Santiago o de la Sabana,[1] del 30 de marzo de 1844, se sabe que el general haitiano Jean Louis Pierrot recibió instrucciones del presidente de Haití, general Charles Herard, para reunir los contingentes a su cargo: las del Norte de Haití y del Departamento de Artibonito, y tropas de auxiliares y voluntarios en 13 de marzo de 1844; el general haitiano partió de la ciudad de El Cabo el 17 de marzo de 1844 con una fuerza bruta de unos 11,000 soldados.
Ese mismo día, 17 de marzo, salió de aquella ciudad el comerciante inglés Theodore Stanley Heneken, quien por coincidencia realizaba negocios comerciales en aquella villa haitiana, y al ver la movilización de las tropas haitianas consideró oportuno viajar en barco hacia la República Dominicana, llegando en el menor tiempo posible, dando la voz de alerta a los dominicanos, específicamente al coronel Ramón Mella, Delegado de la Junta de Gobierno en el Norte.
Las tropas haitianas bajo el mando del general Pierrot cruzaron el río Masacre –antes Dajabón- el 19 de marzo de 1844, para dirigirse a su propia masacre.
Una acción retardatoria ordenada por Mella[2] se produce en Guayubín, otra dirigida por el coronel Francisco Antonio Salcedo (a) Tito con 500 hombres se produce en La Talanquera -sitio de Mao entre los ríos Chacuey y Maguaca- en 21 de marzo de 1844, consistente en un ataque relámpago a la vanguardia haitiana, produciéndose otros ataques en los sitios de Escalante (24 de marzo de 1844), y en Mao (27 de marzo de 1844).
Los preparativos realizados por el coronel Ramón Mella antes de la batalla.  Todos los informes parecen indicar que el coronel Mella no tenía el suficiente control de la situación en la ciudad de Santiago antes de la batalla,[3] sin embargo, tomó las medidas necesarias y oportunas: ordenó la fabricación de cartuchos, disponiendo adecuadamente el reparto de armas blancas entre las fuerzas voluntarias -1,500 lanzas y miles de machetes; dejó a cargo de sus auxiliares 12 potes de pólvora, y, pidió refuerzos a los comandantes militares cibaeños José María Imbert (de Moca), al general Felipe Vásquez, y a Manuel María Castillo, de San Francisco de Macorís; luego se dirigió acompañado de los oficiales coronel Pedro de Mena, y del capitán José Desiderio Valverde a la zona montañosa de San José de Las Matas, buscando gente, ayuda económica, y sobre todo para organizar las guerrillas que se encargarían de atacar la retaguardia de las tropas haitianas bajando desde las lomas de la región central cibaeña para hacer ataques relámpagos con el fin de crear confusión entre los soldados haitianos  y estimular las deserciones, y, por lo tanto, detener su avance -dando tiempo de esta manera a las tropas de la ciudad para preparar las defensas-, recomendando el general Mella a las guerrillas compuestas por hombres muy jóvenes que evitaran las represalias de los enemigos retornando a las lomas después de los ataques para reorganizarse, y emprender nuevos esfuerzos ofensivos contra los rivales afroantilllanos; asimismo dispuso, antes de salir de Santiago, la fabricación de tres clavos de acero en previsión a una posible toma de la ciudad en poder de los haitianos, porque en tal caso, los tres cañones que dejaba dispuestos para la defensa debían ser "clavados", es decir, inutilizados, para impedir que los haitianos los usaran contra las poblaciones nacionales y las tropas criollas.
Por lo visto, el coronel Matías Ramón Mella no fue un ente pasivo como sus enemigos tradicionales han sostenido, pero tampoco se puede sobrevaluar el papel desempeñado a raíz de los hechos analizados.
Ciertamente, el coronel Mella asume la jefatura de la ciudad de Santiago al ausentarse el general Felipe Vásquez de la ciudad por 24 horas para ir de visita a La Vega.  Su carta del 21 de marzo de 1844 dirigida a los Miembros de la municipalidad de San José de Las Matas, pidiéndoles que investigaran con cuáles fuerzas, a cargo del coronel Estévez, de podría contar en la villa de Guayubín, es una muestra de su capacidad militar, y una clara evidencia documental primaria que indica que él preparó las acciones militares que frenaron el avance de los haitianos.  Explica Mella en su carta que las tropas de la ciudad de Santiago las dirigían en ese momento, el general Francisco Antonio Salcedo (a) Tito, y el coronel José Gómez.
La salida de Mella de Santiago se produce en 25 de marzo de 1844, lo cual era imprescindible desde el punto de vista estratégico, dejando en la Comandancia de Santiago al general vegano Felipe Vásquez, quien a las 48 horas de ejercer sus funciones retornó a La Vega. Sobre él dice don Rufino Martínez:
“Fue a Santiago en el mes de marzo de 1844, con todas las tropas de su jurisdicción. Recibió el encargo de dirigir la defensa de la plaza, y tomó las primeras providencias, haciendo construir trincheras. Cargado de años y de achaques, estaba actuando por puro deber, más no porque pudiese llevar sobre sus hombros de General el peso de aquella empresa. Fue sincero. Entregó el mando al Coronel Toribio Ramírez, y se volvió a La Vega. A los pocos días sucedió la Batalla del 30 de Marzo.”[4]

El general José María Imbert entra en escena.  Después del general Vásquez abandonar la plaza la comandancia de la ciudad de Santiago de los Caballeros fue ocupada por el coronel Toribio Ramírez, quien pide auxilio al general francés José María Imbert, comandante de Moca, asumiendo éste la jefatura de la ciudad en 27 de marzo de 1844.[5]
El general Imbert, hombre blanco y francés, es decir, blanco y extranjero -atributos que ciertamente deslumbran al elemento criollo-, concitó el apoyo inmediato de las tropas y también de la burguesía de la ciudad, aunque nadie puede decir empleó su liderazgo circunstancial para obtener prebendas personales.
Imbert era francés pero había residido en Cuba y en Haití, desde donde procedía al momento de establecerse en Moca en condición de Alcalde durante los años de dominación haitiana de Jean Pierre Boyer.  Según el cronista Rufino Martínez, don José María Imbert:
“Encariñado con nuestro suelo, en el cual había formado su hogar, casándose con María Francisca del Monte, compartió lealmente los sentimientos de los separatistas, y aportó a las luchas de la Independencia el prestigio de su personalidad y sus conocimientos militares. Siendo Corregidor de Moca, al adherirse la comarca al movimiento de la Independencia, Imbert se apresuró a levantar el espíritu de sus comarcanos, a los que llamaba españoles, mediante una proclama.  En el crítico momento de hallarse sin jefe supremo las fuerzas dominicanas en Santiago y estando los invasores a no más de tres jornadas, se acudió a él, que circunstancialmente se hallaba en la ciudad, como el hombre más a propósito para salir del aprieto; y haciéndose cargo de la defensa, puesto de acuerdo con los oficiales 'de más experiencia, dispuso las últimas medidas posibles y alcanzó la victoria de la Batalla del 30 de Marzo, venciendo al General haitiano Juan Luis Pierrot.”[6]
Fue el general Imbert quien dispuso la construcción de fosos en los fuertes denominados “Dios”, “Patria” y “Libertad”, emplazando en dichas fortificaciones las piezas de artillería: una pieza de ocho en la batería de la derecha; una pieza de cuatro en la del centro; y una de dos en la izquierda, del lado del río Yaque. Encargando de los cañones al oficial José María López, santiaguero, sobre quien opina Rufino Martínez:
“Antes de fundada la República era conocido como buen Oficial de Artillería; por eso se le confiaron los  cañones empleados en la defensa de la plaza el mes de marzo de 1844, contra el ejército invasor haitiano. Díjose en medio de la exaltación de ánimo de aquellos instantes, que López había dañado algunas piezas, por lo que fue encarcelado y remitido a La Vega. Tan pronto José María Imbert se hizo cargo de la defensa, reclamó al conocido artillero López. Le hizo llevar a Santiago, e inmediatamente le confió las baterías y le dio un mayor grado militar. En la Batalla del 30 de Marzo se portó con verdadera honra.”[7]

En sentido general, los comandantes de las fuerzas militares de la región Norte eran los oficiales superiores Ramón Mella, José María Imbert, Tomás Villanueva, y Felipe Vásquez, José María López, entre otros.
Previo a la batalla, los haitianos fueron derrotados en Talanquera, y, luego en Guayubín, y fuertemente atacados por guerrillas móviles que redujeron considerablemente el número de tropas enemigas que pudieron llegar a la ciudad.  Las tropas del Norte estaban integradas por hombres procedentes de Moca, La Vega, San Francisco de Macorís, y otras comunidades, reconcentrados en la plaza de ciudad de Santiago.  Allí se encontraban un batallón: La Flor de la Juventud, al mando del coronel Ángel Antonio Reyes; una compañía del batallón de Sabana Iglesia al mando de Fernando Valerio; y, Media Brigada de artillería al mando de don José María López.
Sobre el papel desempeñado por el general Don José María Imbert, se sabe muy bien que este se encargó de organizar las defensas de la plaza desde los puntos fortificados denominados: Dios, Patria y Libertad, en los cuales fueron cavados fosos, instalándose en cada uno, una pieza de artillería a cargo de los artilleros capitán José María López, Teniente Dionisio Reyes y Aquiles o Achille Michel (francés).  Además, fue creado un cuerpo de vigilancia y espionaje al mando de del comandante Manuel María Frómeta y del Doctor Bergés.  Al oficial francés Pedro Eugenio Pelletier le fue confiada una avanzada de 400 hombres de infantería, y 100 hombres de caballería, nativos de San Francisco de Macorís al mando de don Manuel María Castillo.
Por su parte, el coronel Mella, en operación conjunta con el general Imbert, procedió a crear una línea defensiva desde Guayubín hasta Guaraguanó -hoy Monción-, creándose destacamentos y colocando avanzadas en Partido, Arroyo Blanco, Los Almácigos, El Guanal, Sabaneta, y Cañafistol, muy lejos de Santiago, razón por la cual no participa en la batalla librada en esta ciudad el 30 de marzo de 1844, y estando ausente del escenario no pudo ser el héroe miltar de tan confrontación bélica.
Cuando los señores Frometa y Bergés, encargados de la vigilancia y espionaje, retornaron a Santiago a las 10:00 A.M. del 30 de marzo de 1844, le informaron  al general Imbert que en número de 10,000 los haitianos cruzaban el río Yaque, siendo alertados inmediatamente los señores oficiales: Pedro Eugenio Pelletier, jefe de las fuerzas de línea o infantería; José María López, encargado de la artillería, Francisco Antonio Salcedo, encargado del fuerte San Luís, de los Cuerpos de Guardia, y, de cubrir la retaguardia; una fuerza mixta móvil (caballería e infantería) avanzada dirigida por Fernando Valerio atacó la vanguardia haitiana cerca del cementerio Viejo.
Las primeras hostilidades de los haitianos las hicieron 100 "maroteros", quienes constituían una avanzada irregular encargada de atacar indiscriminadamente a los habitantes de las vecindades urbanas y de robar sus propiedades (reses, víveres, etc.); Pelletier con su ayudante Achille Michel, ataca a los haitianos en La Sabana con 500 hombres -400 de infantería y 100 de caballería- en 29 de marzo; propiamente la batalla de Santiago se inicia a las 12:00 horas y se prolonga hasta las 17:00 horas en 30 de marzo de 1844, es decir, se peleó durante cinco horas; los enemigos se dividieron en dos columnas de 2,000 hombres cada una, para atacar la ciudad por la izquierda y la derecha.  Las fuerzas de la derecha marcharon por La Herradura, La Otra Banda, por el sitio denominado Emboscada hasta la Cuesta de Rafei y desde ese punto hasta Hoyo de Lima, acampando en el Arroyo de Gurabito.
Sin embargo, el ataque de los haitianos se inicia por la izquierda con caballería e infantería; para frenarlos, los dominicanos, con una efectiva fusilería y armas blancas: lanzas y machetes, contienen este primer ataque provocando un alto número de bajas a los haitianos, quienes hacen una retirada táctica desorganizada, para luego reorganizar sus fuerzas y producir un nuevo ataque, siendo de nuevo rechazados con buen número de bajas provocados por la artillería y la fusilería.  De nuevo se retiran y contraatacan reorganizados con gran armonía; sin embargo, el fuego de metralla y los tiros de fusiles los revientan.
Tras los hechos antes explicados las tropas haitianas ya estaban derrotadas, hambrientas y cansadas.  Las hostilidades fueron suspendidas a solicitud del general haitiano Jean Louis Pierrot en claro gesto de impotencia y derrota, iniciándose los parlamentos en 31 de marzo; Por Haití parlamentan Tiosen o Toussaint Dupuig y Charles Western, y por los dominicanos Pelletier, Imbert y Gómez; los haitianos acogen de buen ánimo su derrota y se marchan.
La batalla de Santiago del 30 de marzo de 1844 fue una defensa de posición que contó con un plan de acción (estrategia), con maniobras tácticas de las tres armas: caballería, artillería e infantería; acompañada de ciertas operaciones militares de fuerzas irregulares o guerrillas, y con una extensión sobre el terreno que abarcó una línea de acción, defensiva ofensiva, extendida desde Gabaón hasta la misma población de Santiago, y su periferia.
Por lo tanto, el triunfo de las armas dominicanas no fue la labor de un hombre, ni siquiera de un sólo comandante; más bien, resultó un esfuerzo colectivo de unos pocos jefes (Ramón Mella -en la fase preparativa-, José María Imbert –convertido en Jefe principal-, y, don José María López), de oficiales operativos (Francisco Antonio Salcedo (a) Tito, Fernando Valerio, Gaspar Polanco Borbón, Manuel María Castillo, Román Franco Bidó, José Nicolás Gómez, Lorenzo y Dionisio Mieses, José Gómez Mallol, Toribio Ramírez, Marcos Trinidad, Manuel Jiménez, Pedro Florentino, Lucas Evangelista de Peña, etc...), y de miles de hombres de tropas, las verdaderamente triunfadoras, porque ellas representan al valiente pueblo dominicano.
Un nombre que debe ser mencionado aislado, es el de la coronela doña Juana Trinidad Saltitopa, nativa de Jamao, La Vega, distinguida patriota que desempeñó el oficio de "aguatera", es decir, se dedicó a cargar agua desde el río Yaque para enfriar los cañones, poniendo en alto con esta acción el nombre y el patriotismo de la mujer criolla.
El general Pierrot y sus oficiales Toussaint Dupuy, y Charles Western dejaron en los campos de Santiago 715 muertos e igual número de heridos, mientras que los dominicanos sufrieron sólo cuatro bajas, calificados por Saint Denys como: "Ciudadanos oscuros cuyos nombres han quedado desconocidos".[8]  Pierrot en su retirada precipitada abandonó tambores, calderos, víveres y otros objetos de valor.  Su prisa se debía a que durante las negociaciones Pelletier le informó que Hérard había fallecido en Azua, y él quería asumir el control del Oeste.  En carta de Imbert a Pierrot, Santiago, 31 de marzo de 1844 -comunicación que nunca recibió-, Imbert le decía: "Ud no puede considerar las hostilidades terminadas, entre los dominicanos y los haitianos, mientras que estén detenidos los dominicanos arrestados en cualquiera parte de la república haitiana".[9]  En su retirada los haitianos fueron atacados entre Guayubín y Talanquera por los comandantes Francisco Caba y Bartolo Mejía de la División de Emboscada, quienes derrotan a los generales Charrié y Cadet Antoine, y, los restos del ejército invasor.
Poco tiempo después de la retirada del general Pierrot la Junta Central Gubernativa comunicaba a la población nacional haber recibido del general Vásquez -Comandante de La Vega- una comunicación de 17 de abril de 1844 con información procedente de Haití, haciendo constar que "una proclama y manifiesto anunciaba que la parte Norte se declaraba dividida de la del Sur".[10]

Bibliografía mínima:

1.      García Lluberes, Alcides: Mella y la guerra de guerrillas en Homenaje a Mella, Santo Domingo, Academia Dominicana de la Historia, Editora del Caribe, 1964.
2.      García, José Gabriel -Guerra de la separación dominicana (documentos para su historia), Santo Domingo, reimpresión de la Edición de 1890, Secretaría de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos, 1994.
3.      García, José Gabriel: Compendio de historia de Santo Domingo, 2 tomos, Santo Domingo, Sociedad Dominicana de Bibliófilos, 1979.
4.      Gobierno Dominicano: Correspondencia del Cónsul de Francia en Santo Domingo, 1844-1846; 1846-1850.  2 tomos, Edición Amigo del Hogar, Santo Domingo, 1996.
5.      Martínez, Rufino.  Diccionario biográfico-histórico dominicano (1821-1930), editora UASD, Santo Domingo, 1971.
6.      Rodríguez Demorizi, Emilio: Hojas de servicios del ejército dominicano, 1844-1865, Vol. I, Santo Domingo, Editora del Caribe, 1968.




[1] El general Juan Luís Franco Bidó la denomina "Batalla de la Sabana".  Ver: Rodríguez Demorizi, Emilio: Hojas de servicios del ejército dominicano, 1844-1865, Vol. I, Santo Domingo, Editora del Caribe, 1968, p. 141.
[2] Estas acciones no las pudo ordenar Imbert, él llegó a Santiago procedente de Moca en 27 de marzo de 1844, por lo tanto, Mella fue el que creó la llamada División de Emboscada, y organizó las guerrillas que retardaron el ataque a Santiago hasta fines de Marzo (Nota de Francisco Berroa).
[3] Ver carta de don Pedro Eugenio Curiel a Segundo Imbert, Puerto Plata, 30 de septiembre de 1881, en la obra: García, José Gabriel: Guerra de separación dominicana..., 1994, 2a. Edición.
[4] Martínez, Rufino.  Diccionario biográfico-histórico dominicano (1821-1930), editora UASD, Santo Domingo, 1971.
[5] Ver: Carta de José María Imbert a la Junta de Gobierno de Santo Domingo, Santiago, 5 de abril de 1844, en: Ibidem.
[6] Ibídem.
[7] Ibídem.
[8] Carta de Saint Denys a Guizot, Santo Domingo, 17 de mayo de 1844, en: Correspondencia del Cónsul de Francia en Santo Domingo, p. 130.
[9] Ibídem, p. 14.
[10] Ibídem, p. 26.